17-07-2026, 09:43 AM
(Última modificación: 17-07-2026, 09:53 AM por Hyákinthos.)
[personajeinvalido=3941]
Desde el borde de su cubículo, más dentro de la arena que otra cosa, había presenciado todas y cada una de las actuaciones de aquellos sujetos, hombres y mujeres, que se hicieron presente para la prueba de fuerza y lo único que en ese momento pasó por la mente del doctor era una cosa muy simple: ERAN AUTÉNTICOS MONSTRUOS.
Con fuerza, cosa que necesitaría para esa prueba, mordió su propia lengua… ¿En verdad su grupo pretendía que compitiera contra esos?
Giró su cabeza para mirar a sus improvisados compañeros, con una cara que denotaba un visible desconcierto, incluso levantó una ceja, como si quisiera hacerles entender que no pretendía pasar al frente para entrar a una competencia que ya estaba ganada.
—Es una broma ¿Verdad? ¡Vamos Burro, eres un mink, seguro que los tuyos tienen fuerza! ¡Tú también, huroncito! No dudaría que debe haber músculos tras toda esa capa de ropa ¿Verdad? ... ¡Oh!… Ya sé… ¿Qué hay de ti, pollo? Eres enorme, seguro que algo puedes hacer, aunque sea ganarte al público, mira que parecen adorar a los suyos —. Sabía que era inútil convencerlos de lo contrario, porque precisamente, si le tocó ser el “sacrificio” para esta ronda, fue por lo que ocurrió solo un par de minutos antes.
—Hyákinthos, ese es mi nombre, sin apellido porque no puedo recordarlo —. Se presentó ante el Burro, el Hurón y el Pollo. ¿Por qué parecía que lo suyo era estar en grupos cuyo tema central fueran los animales? Bueno, no importaba ahora, al menos tenía algo claro: los minks y los lunarians eran razas fuertes, así que fueran cuales fueran los juegos, seguro podían hacer algo, en especial si se trataba de fuerza bruta ¿O no?
—Y lo lamento, Han —. Se refería a Heras. —Tal vez recuerdo a alguien parecido a ti, aunque… —Miró a su alrededor, específicamente a las gradas y volteó a ver de regreso al lunarian. —…es difícil decirlo realmente con tanta gente parecida por aquí —. Le sonrío al más alto y le extendió la mano a modo de saludo para luego girarse hacia los dos minks.
—Anciano —. No pudo memorizar su nombre tampoco. —¿No nos vimos antes en el camino? Creo que le recetaste crema para la alopecia a mi capitana —. Aun sentía ganas de reír cada vez que recordaba eso. —Y tu… ¿Var? Creo que tu capitán, el chico tímido, nos presentó en las gradas…Creo —. Ahora que lo veía de cerca empezaba a dudarlo. —Bueno, da igual, ya memorizaré sus nombres después, por ahora, espero que podamos ganar algo para poder pedir el deseo del que habló el enmascarado y…
Pensó en seguir hablando, pero entonces los vítores que acompañaban a la voz de “El Dirigente” resonaron en el estadio y con ello siguieron las reglas para el primero juego… ¿Fuerza? Je, con dos minks y un lunarian eso debería estar fácil. Sonrío.
—¿Y bien? Ustedes se ven fuertes ¿Quién pasará al frente? ¿O prefieren hacer un pulso para definir al participante? —Colocó su mano en alto frente a él, esperando que lo rechazaran o esperando que el que aceptara le girara el brazo en un segundo, pero…sorprendentemente, eso no ocurrió, al contrario, fue él quien terminó girando el brazo de los tres hombres con bastante facilidad.
Casi sintió que un tic en el ojo se apoderaba de él… ¿Por qué había abierto la boca?
Eso es lo que lo traía ahora al presente, un simple pulso que lo definió como el “más apto” para la prueba de la que habló el enmascarado, pero debía ser una maldita broma si pretendían que se enfrentara a gente que se convertía en animales, a una mujer super poderosa, a una birkiniana, un marine y al más buscado del South Blue.
Aun así, con todo en contra, todos se veían tan animados, menos Uker, que algo de eso terminó contagiándosele, más al estar tan cerca del cubículo 9, en donde alcanzó a ver a María Merlot haciendo un baile para apoyar a su compañera que, justamente, acababa de dar un golpe que hizo creer al médico que rompería el madero, aunque, hubiera agradecido eso, así se libraba de participar.
—Bien, supongo que no hay de otra —. Terminó por bajar de su cubículo y se dirigió al medio de la arena, eso sí, por más que supiera que no era rival para ninguno de los participantes, se encargó de dar toda una pasarela desde el cubículo del grupo 8 hasta estar frente al madero, convirtiendo la arena, por ese instante, más en un escenario para un concurso de belleza que para una prueba de fuerza y todo sin dejar que el fino velo que cubría parte de su rostro se alzara, pues prefería mantener las apariencias, más aún estando rodeado de tantos marines.
—Favorito de la Gente! ¡Hola, por acá! —Sin importar si el enmascarado le respondía o no el médico se encargó de mover su cabello con su mano, haciendo que las hebras se agitaran con gracia hacia el público y dejando un leve olor mentolado con el movimiento. —Solo diré que esta no es mi mejor versión, pero si en algún momento tienen pensado hacer un concurso de belleza, llámenme, ahí si que podría brillar mil veces más, daría un excelente espectáculo —. En ese momento se giró hacia el alado público y colocó un par de dedos sobre la parte del velo en donde debería estar su boca e imitó el lanzar un beso, acompañado de un guiño directo hacia un grupo de chicas, algunas con alas negras y otras con alas más pequeñas y blancas, quienes se sonrojaron al instante por el gesto y empezaron a animar con más ánimos… ¿Le gustaban las mujeres? No, ni por asomo, pero eso no quitaba el hecho de que sabía bien que tenía una divina belleza para conquistarlas y ponerlas de su lado. —Seguro el público lo agradecería, siempre se disfruta de un un buen show y seguro que usted sabe eso mejor que nadie, no lo dudo.
Fue lo último que dijo antes de cerrar uno de sus puños y golpear el dial con el dorso de su mano, en un golpe que pareció más elegante que brutal, aunque de todos modos hizo que el madero se estremeciera, tal vez no tanto como lo que habían logrado otros participantes, pero si lo suficiente como para que la cuenta no fuera un completo cero. A pesar de todo, el médico hizo una leve reverencia directo hacia las gradas.
—Gracias por su atención, público del cielo —. Pronunció en voz alta mientras se erguía de nuevo para empezar a caminar directamente hacia el cubículo 8, en donde sus peculiares nuevos compañeros los estarían esperando.
¿El lado bueno de todo esto? Bien, entre tantos marines, demostrar ser un peligro menos lo hacía destacar menos, eso evitaría que se colocara una diana sobre su espalda, después de todo: ¿Quién iría tras alguien con apariencia angelical y que aparentaba ser completamente inofensivo?
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