Ratas en las paredes [P. abs.|| T1]
#5
Al acercarte a la vivienda, podrás observar cómo un hombre te espera bajo el pequeño porche de piedra, sentado en una mecedora mientras fuma de una vieja pipa y mira hacia el horizonte.

Es alto, de cabello negro, aunque extremadamente canoso y, a juzgar por la amplitud de sus hombros y el tamaño de sus manos, resulta evidente que en otro tiempo fue un hombre corpulento y fuerte. Ahora, sin embargo, apenas queda un reflejo de aquel vigor en sus fibrosas piernas. Su piel está cetrina, los pómulos se marcan bajo el rostro demacrado y unas profundas ojeras oscurecen su mirada. Al igual que su hijo, parece consumido por una falta de sueño tan prolongada que ha terminado por convertirse en parte de él.

También, al acercarte a la casa, podrás observar dos detalles clave. El primero es una grieta en la estructura de la vivienda, que resulta bastante llamativa por la forma en que se hunde. El segundo es que no hay nadie más que el padre y el hijo.

Tras las presentaciones, durante las cuales el hombre se presenta como el cabeza de familia de los Delapore, te explicará que el resto de la familia ya no vive allí.

Su esposa y los más pequeños se han refugiado en casa de la abuela materna, mientras que la hija mayor permanece con su prometido, acompañada de otra de sus hermanas. Los otros dos muchachos, de edad similar al hijo de los Delapore, se encuentran faenando en alta mar desde hace varios días.

—Alguien tiene que cuidar de ella... —murmurará con resignación al tiempo que toca las paredes, antes de hacerse a un lado para dejarte pasar.

El recibidor es estrecho y modesto. Nada más cruzar el umbral, un pequeño altar doméstico podría llegar a llamar tu atención. Sobre él descansa el retrato de un anciano de semblante severo, acompañado por una pequeña figura tallada, varias ofrendas de comida ya reseca y un incensario cuyo humo perfuma tenuemente el ambiente.

—Ese era mi abuelo... —te indicará el joven con una sonrisa cansada por el esfuerzo físico del trabajo—. Y esa cosa es lo único que nos queda de mi abuela —continúa señalando una pequeña estatuilla.

—Desgraciadamente, ninguno de nosotros conoció a mi madre —continúa el cabeza de familia mientras te hace un gesto para que te adentres en el comedor.

La estancia es sencilla y está presidida por una enorme mesa de madera capaz de acomodar a toda la familia. Sin embargo, en lugar de sillas hay largos bancos desgastados por el uso y, al fondo, una vieja chimenea de hierro, oxidada por los años, que parece sostenerse por pura fuerza de voluntad. Apenas hay decoración y, si la hay, consiste en juguetes de madera que permanecen olvidados en un rincón. Al otro lado de la estancia, una escalera asciende hacia la planta superior. Frente a ella se abre una cocina pequeña y austera, lo bastante reducida como para imaginar que la chimenea sirve tanto para cocinar como para calentar la vivienda durante el invierno.

—Mi abuelo contaba que era una mujer hermosa, pero que falleció al darme a luz. Supongo que por eso nunca quiso deshacerse del tótem...

—Papá... —interrumpe el hijo.

—Ah, sí, claro. No has venido hasta aquí para escuchar las historias de mi familia —comenta mientras apaga las briznas de tabaco que todavía están prendidas—. Adelante, toma asiento.

Y, mientras te acomodas, el joven se abrazará a sí mismo, nervioso, y comenzará a hablar.

—Mis hermanos pequeños nunca quisieron venir a vivir aquí. Ellos no querían mudarse del pueblo. Así que, al principio, cuando decían escuchar cosas, pensamos que nos estaban engañando.

El padre sale de la habitación para tirar el tabaco ennegrecido y, desde la cocina, hace un pequeño apunte.

—Los gemelos siempre han sido demasiado... revoltosos, ¿sabe? Así que siempre hemos tenido que ir con pies de plomo a la hora de tomárnoslos en serio.

—Así es, señorita —continúa el hijo—. Por eso enviamos a mi hermana María, que es un poco mayor que ellos, a comprobar si lo que decían era verdad. Las primeras noches no escuchó nada, pero a la tercera sintió los rasguños de los que los gemelos se quejaban.

—María es una buena niña —le corta el padre, entrando de nuevo—. Así que le creímos y decidimos que nos turnaríamos con nuestra esposa para dormir con ellos.

—Creo que eso es lo peor que pudieron hacer, padre.

El hombre asiente.

—En cuanto empezamos a dormir con los niños, la cosa fue a peor. Se extendió como un veneno. Y, aunque pusimos trampas, rompimos paredes y tratamos de dar caza a esas malditas alimañas, no hemos encontrado nada...

El hombre se acerca a una de las paredes y apoya los nudillos sobre la madera.

—Aquí... también ahí... y, sobre todo, arriba. Están por todas partes...

Permanece unos segundos en silencio, como si esperara que el sonido volviera a repetirse.

—Gruñen. Arañan la madera. A veces parecen caminar de una habitación a otra... y otras juraría que llaman a la puerta desde dentro de las paredes.

Por un instante, padre e hijo cruzan una mirada cargada de cansancio. Ninguno de los dos añade nada más.

Finalmente, el hombre vuelve la vista hacia ti.

—Hemos estado sobreviviendo, pero ya no podemos más. Si no lo resuelves, tendremos que venderla... —El hijo saca unas llaves y las deja sobre la mesa—. La casa es tuya. Explora cuanto necesites. Nosotros dormiremos esta noche en casa de los Enderson. Solo un consejo: si esas malditas ratas existen, te recomiendo que las encuentres antes de que anochezca.

Dicho esto, ambos hombres se miran y el padre, haciéndole un gesto al hijo, le indica que vaya a por sus cosas.

—Aunque tampoco nadie se quejaría si desapareces...

En ese momento, podrás observar cómo el muchacho va de un lado a otro con una mochila de tela en la mano.

—En fin... Si necesitas cualquier cosa, estamos a una hora a pie en dirección este.

Tras esas palabras, escucharás los pasos del hijo rondando por el piso de arriba. Si en ese momento miras el reloj, podrás ver que son las cinco de la tarde.

—Por cierto, ¿has traído el cartel? —preguntará el padre —Bueno, en cualquier caso, cuando termines, vuelve a la taberna y dile a Adán que William ya puede volver a casa. El sabrá lo que esto significa —. Mientras te habla el joven reaparece y se acerca a vosotros.

—¿Vamos? —le preguntará a su padre para luego despedirse de ti y dejarte a solas en una casa que no parece contener nada de valor.

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Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
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Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por Bai Mudan - 09-07-2026, 03:16 PM
RE: Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por Vex - 11-07-2026, 06:26 PM
RE: Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por Vex - 15-07-2026, 12:22 PM
RE: Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por Bai Mudan - 17-07-2026, 11:43 AM
RE: Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por Vex - 22-07-2026, 08:36 PM
RE: Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por Vex - 30-07-2026, 01:41 AM
RE: Ratas en las paredes [P. abs.|| T1] - por PX-6 - 01-08-2026, 10:05 AM

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