Flores que no conocen la guerra [Pasado] [Miyori]
#5

Aquellas primeras palabras levantaron en el escondido civil cierto atisbo de interés. ¿Tierras lejanas? Una consecuencia inusual para alguien que se encuentra posiblemente encerrada en las corrientes del Grand Line, ahora obligada a continuar avanzando o vivir en una isla como esta de forma permanente.

Aquel pensamiento no se hizo negativo en absoluto; pensar en dejar que el resto de sus días fueran entregados a esta bella tierra llena de flores y parque de atracciones era un plan de ensueño, un lugar dulce y cálido para aquellos que consideren de este supuesto mar un verdadero sacrificio.

Quizás era triste, pero al mismo tiempo...cálido. Una ola en un mar templado, dispuesto a relajar a una persona hasta el fin de sus días.

Pero el sonido de la verdad se hizo presente en aquellas palabras pocos segundos después, revelando la verdad sobre aquellas tierras lejanas de las que había comenzado a hablar.

—¿Baterilla? Así que venís del South Blue...ya veo.—Las casualidades llegaban a ser pequeñas en una tierra lineal. Ni siquiera tuvo a bien hacer el esfuerzo de cuestionar su razonamiento. Una tierra rocosa, tropical en su centro, y coronada con un volcán dormido durante milenios, reposando en silencio, mientras la gente con humildad se mantiene a través del turismo y de la pesca.—Tenéis razón, sin duda. Esta tierra es con diferencia la más hermosa que he tenido la dicha de conocer en todos mis años.

Llegaba a ser intrusivo pensar en esa idea como cierta. Comparar Matsuri con su tierra natal era algo que quizás en futuras ocasiones no llegaría a admitir en voz alta, pero de todas formas nadie se había preocupado por la verdadera procedencia del marine fuera de servicio. Kael parecía cómodo en el silencio del anonimato, entregando su atención a la dama de las flores en lugar de a sí mismo.

Si no atiende sus propios pensamientos estando fuera del trabajo, quizás pudiese descubrir una faceta nueva de sí mismo...

Pesadillas.

Aquella palabra inundó su mente como una niebla oscura y espera. Lejos de generar miedo, tan solo incitaron a la curiosidad de aquel que siempre vivía ensimismado, firme y preocupado. No supo por qué alguien como ella, en apariencia carente de cualquier problema verdadero de la sociedad, podría estar siendo víctima de unas pesadillas tan dolorosas como para provocar una ausencia de sueño tan severa, y eso, una vez más, levantó la curiosidad del hombre.
 
—Lamento mucho oír eso. Espero tengas a alguien en casa que pueda llegar a cuidar de una dama como tú. Debe de ser duro soportar unas pesadillas como esas y no saber que hacer. ¿Te ocurren a menudo?—Quizás era su sentido del deber, su interés por saber algo más, o quizás simplemente era un momento distinto a lo que suele habituar aquel hombre, pero definitivamente, no todos los días llegaba a mostrar verdadero y genuino interés por algo tan banal como aquello.

Esa tarde, el de cabello alargado se estaba comportando ciertamente de maneras muy diferentes a las que suele habituar.

Dió un paso hacia ella, luego otro, y después uno más, esta vez, admitiendo incluso para sí mismo el recorte de distancia que estaba llegando a emitir. En el fondo de su cuerpo comenzó a emanar un nuevo sentimiento, aflorando suavemente en su pecho. ¿Lástima? ¿Culpa quizás? No...aquel sentimiento era un poco más genérico, ligeramente distinto, sin llegar a mostrar algo tan concreto ni cercano. El caballero de armadura gruesa tan solo mostraba algo de humanidad...pero eso ya era más de lo que suele habituar.

Hasta que de pronto...la chica se desvanece.

Víctima del peso de su propia conciencia, la falta de sueño y el cansancio terminaron venciendo a la joven en un combate el cual libraba bajo su propio lecho en solitario. La dama de cabellos del atardecer había estado ocultando su condición durante la conversación, dejando entrever ciertos detalles hasta que, finalmente, el reloj de su destino terminó por terminar aquella cuenta atrás que la desvanecía de todas sus fuerzas, y ahora solo podía pedirle descansar.

La muchacha sin nombre acabó reposando sobre Kael, sujetando su cuerpo antes de que cayese rendida en aquel suelo cargado de flores blancas. El marine tuvo que pensar con rapidez el motivo de su desfallecer, y las pesadillas llegaron a su mente para entregar la respuesta. Una persona normal podría desfallecer en el suelo por un alto nivel de cansancio acumulado. 

Ahora, quedaba él en soledad ahí, con una mujer desconocida, sin entender qué debía hacer, o cómo podría proceder. 

"Llevarla a la base de la marina solo le traería problemas innecesarios. Ella solo necesita reposo, pero...no sé donde duerme, y no quiero dejarla sola." Su mente divagaba en posibilidades. Cargarla hasta la ciudad podría incluso generarle problemas al caballero, recibiendo miradas indiscretas cargadas de juicio inquisitivo por llevar consigo a una dama inconsciente. 

Al final, tuvo que tomar una complicada decisión. Ninguna respuesta era correcta en aquel momento, pero tenía que tomar la que consideraba menos negativa. 

Con sutileza y cuidado, dejó que sus piernas se plegasen en dirección hacia el suelo, manteniendo el contacto estable con la mujer mientras buscaba terminar sentando sobre aquel suelo, ignorando aquella cama floral hasta que, al final, terminó por entender que aquello era mucho más suave de lo que había imaginado. Mantuvo la espalda firme hasta que, cuando por fin encontró la postura deseada, arrebataba de su cabeza el sombrero a la dama, permitiendo así a su rostro descansar, reposando sobre las piernas del soldado, únicamente para evitarle así acabar encontrando en su despertar petalos de flores, tallos o incluso tierra por la desconsideración del hombre, la cual no estuvo en ningún momento dispuesto a permitir. Allí, recostada de lado junto a él, mantuvo a aquella dama descansando, quizás durante lo que esperaba fueran unos minutos, o tal vez unas horas.

No importaba el tiempo que durase, ni tampoco cuanto tendría que esperar. Él se mantendría a su lado por una cuestión de principios, cuidando que al menos no quedase en solitario velando porque aquella desconocida no despertase completamente sola.

Solo el murmullo del viento acariciando los pétalos y el lejano canto de algunos pájaros rompían, muy de vez en cuando, la quietud de aquel único momento. Las flores se mecían con suavidad alrededor de ambos, como si la propia isla hubiese decidido guardar silencio para concederle a aquella joven el descanso que llevaba demasiado tiempo negándosele a ambos. Ella había sido invadida por sus propios malos sueños, y él, sin saberlo, estaba acechado por la inclemencia de su trabajo, sin ofrecerse a sí mismo tan siquiera, la posibilidad de un breve descanso, maldecido por su propio sentido del deber.

Aquella quietud se sentía inesperadamente agradable, porque por primera vez en mucho tiempo, no había informes que redactar, órdenes que cumplir, ni delincuentes a los que perseguir. Aquel pequeño momento, escondido de toda vista del mundo entero, era solo contemplada por el lento transcurrir de los minutos, el perfume de las flores y la respiración tranquila de dos personas que, sin conocerse, al fin, parecían haber encontrado un lugar donde descansar sin miedo.
[Imagen: jGxJg3p.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: Flores que no conocen la guerra [Pasado] [Miyori] - por Kael Omuyaga - 18-07-2026, 06:17 AM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)