Tomar la manzana había sido lo más fácil, si lo comparamos con el esfuerzo que tuve que aplicar para ''serpentear’’ entre la gente para alcanzar el puesto, había sido casi orgánico, imposible de percibir si no se prestaba la debida atención, el cómo el gentío se había acrecentado en la calle…*Vamos…* Aun con una complexión física que se podría tachar de delgada, la distancia hasta la manzana indicada se volvió tortuosa.* Ya casi…* Unos pocos centímetros me faltaban para alcanzarla, mi brazo parecía que no daba de más para recortarlos. Hasta que de repente… *AHORA SI.* Conseguí estirarme de golpe para realizar el hurto con éxito. *Ya era hora de que los estiramientos diesen fruto por fín…* Concluí con satisfacción al pensar que mis entrenamientos y ejercicios estuviesen surtiendo efecto después de tanto tiempo.
Pero…esa doble gloria duró bien poco, pues mientras guardaba la manzana en el bolsillo de mi pantalón (pensando en qué dirección tomar para buscar la posada anteriormente mencionada) , fue al elevar el hombro que note algo en exceso extraño…no sentía peso alguno.*Un momento...*. Tomé mi mochila, con una facilidad que no tenía lógica alguna teniendo en cuenta la carga…que tenía, nunca mejor dicho, pues estaba vacía, y rajada de cuajo. Quien posara su mirada en mi vería un rostro pálido por lo que acababa de pasar: me habían robado. A raíz del pánico me puse a observar a todo mi alrededor, empezando por donde estaba dando la espalda durante el robo de la fruta (sospechaba que el hurto fue cuando conseguí estirarme de más), y entonces pude ver una figura de tonalidades plateadas y moradas, la cual me parecía escuchar una risa de su parte, una que desentonaba algo descarada entre todo el bullicio del mercado…pero más me llamó la atención es que parecía ir muy cargada, casi como yo al llegar a la…*¡¡Malandra del copón!!* No necesité meditar más, me puse a perseguirla lo más rápidamente que podía, serpenteando entre las figuras de los presentes, aguantando unas ganas inmensas de gritar a la ladrona, pero no me interesaba en absoluta llamar la atención y que se de una posible intervención de la marina, me convenía que fuese yo quien la atrapase.
Era casi tan ágil como yo, tomándome algo de tiempo acercarme a la huidiza bribona, pero al final la conseguí alcanzar [12 AGI], colocándome frente a ella, bloquearle el paso, y mi mirada fijada y en guardia para que, de intentar escapar, no me pasara desapercibido, y memorizando los rasgos de su apariencia que no vi antes: sus ojos también eran de color morado, como parte de su vestimenta, un adorno florar blanco en su cabello que combinaba con el resto. - Te lo diré sin rodeos: Devuélveme todas mis pertenencias, por tu propio bien.- En un contexto distinto habría sido más amigable, pero tal y como habían empezado las cosas esa opción había quedado relegada por la seriedad que se requería ahora.
Pero…esa doble gloria duró bien poco, pues mientras guardaba la manzana en el bolsillo de mi pantalón (pensando en qué dirección tomar para buscar la posada anteriormente mencionada) , fue al elevar el hombro que note algo en exceso extraño…no sentía peso alguno.*Un momento...*. Tomé mi mochila, con una facilidad que no tenía lógica alguna teniendo en cuenta la carga…que tenía, nunca mejor dicho, pues estaba vacía, y rajada de cuajo. Quien posara su mirada en mi vería un rostro pálido por lo que acababa de pasar: me habían robado. A raíz del pánico me puse a observar a todo mi alrededor, empezando por donde estaba dando la espalda durante el robo de la fruta (sospechaba que el hurto fue cuando conseguí estirarme de más), y entonces pude ver una figura de tonalidades plateadas y moradas, la cual me parecía escuchar una risa de su parte, una que desentonaba algo descarada entre todo el bullicio del mercado…pero más me llamó la atención es que parecía ir muy cargada, casi como yo al llegar a la…*¡¡Malandra del copón!!* No necesité meditar más, me puse a perseguirla lo más rápidamente que podía, serpenteando entre las figuras de los presentes, aguantando unas ganas inmensas de gritar a la ladrona, pero no me interesaba en absoluta llamar la atención y que se de una posible intervención de la marina, me convenía que fuese yo quien la atrapase.
Era casi tan ágil como yo, tomándome algo de tiempo acercarme a la huidiza bribona, pero al final la conseguí alcanzar [12 AGI], colocándome frente a ella, bloquearle el paso, y mi mirada fijada y en guardia para que, de intentar escapar, no me pasara desapercibido, y memorizando los rasgos de su apariencia que no vi antes: sus ojos también eran de color morado, como parte de su vestimenta, un adorno florar blanco en su cabello que combinaba con el resto. - Te lo diré sin rodeos: Devuélveme todas mis pertenencias, por tu propio bien.- En un contexto distinto habría sido más amigable, pero tal y como habían empezado las cosas esa opción había quedado relegada por la seriedad que se requería ahora.
Resumen
