18-07-2026, 08:03 PM
(Última modificación: 18-07-2026, 08:05 PM por Masato Ami.)
Al final, la pirata terminó quedando fuera de la competencia. Había sido la última en la prueba, la del golpe más débil, y eso bastó para dejarla eliminada, por extraño que pareciera, no pude evitar sentir un poco de pena. Sí, era una pirata y sí, probablemente volveríamos a enfrentarnos si nuestros caminos se cruzaban en otras circunstancias, pero en ese momento no era mi enemiga, sino que era parte del mismo equipo y verla salir significaba que nuestro grupo acababa de perder a uno de sus integrantes antes incluso de que los juegos comenzaran de verdad.
Suspiré mientras dirigía la mirada hacia los dos compañeros que aún seguían conmigo, ahora solo quedábamos tres, el contramaestre Moja, Kael y yo. —Ay, tesoro, esto acaba de ponerse un poquito más difícil. —murmuré mientras acomodaba una de mis maracas en la cintura. No podía cambiar lo que había pasado, lo único que quedaba era hacer mi parte para que el equipo siguiera adelante, aunque siguiera pensando que era el más débil de los tres, honey, aunque despues de acomodar una de mis maracas me percate de algo importante, puedo darles animo.
En un acto casi teatral, saqué mis maracas y las hice girar entre los dedos con la soltura de quien llevaba toda una vida sobre un escenario. Subían, bajaban, cambiaban de mano y describían pequeños círculos en el aire antes de regresar a mis palmas como si la música las guiara por sí sola. Giré apenas el rostro hacia el contramaestre y le dediqué una sonrisa. —¿Ha estado en Samba, contramaestre Moja? —pregunté con curiosidad, sin dejar de mover las maracas, no esperé respuesta honey, cuando la música llamaba, yo simplemente respondía.
Las maracas comenzaron a marcar un compás alegre y contagioso. Mis hombros siguieron el ritmo con naturalidad, una de mis botas golpeó suavemente el suelo y mis alas se balancearon apenas, acompañando el movimiento de todo mi cuerpo. —¡SUEEEEENA LA MARACA SUAVEEEE! —canté con entusiasmo.—¡CHACA CHACA, CHACA CHÁ!— La melodía comenzó a llenar el ambiente mientras mi cuerpo se movía casi por instinto. Fufufufu... si iba a enfrentar aquellas pruebas, tesoro, prefería hacerlo exactamente como era yo, con música, con una sonrisa y con el corazón latiendo al mismo compás que mis maracas.
—¡SALSITA PRECIOSA, VEEEEN A BAILAR! — Seguí rodeando al contramaestre Moja y a Kael con una sonrisa de oreja a oreja. Mis maracas no dejaban de sonar mientras mis botas marcaban el compás sobre el suelo, girando de un lado a otro con la naturalidad de quien nació para estar sobre un escenario, que se escuchara. Que todo el mundo la escuchara, esta era la forma en la que había decidido vivir, tesoro. Los más cercanos a mí ya lo sabían, tarde o temprano terminaría cantando sin importar dónde estuviéramos. En un barco, durante un entrenamiento, en mitad de una batalla o incluso en una competencia como aquella. La música siempre encontraba la manera de salir de mi pecho.
Levanté una de las maracas por encima de mi cabeza mientras continuaba con la siguiente parte de la canción. —¡POR LA CALLE VA SONANDOOOO, UNA RISA SABROSONAAAA! —Mi voz comenzó a elevarse por encima del murmullo del público mientras seguía moviéndome alrededor de mis compañeros —¡MARACAS QUE VAN CONTANDOOOO, QUE LA NOCHE ESTÁ JUGUETONAAAA!— El ritmo era imposible de ignorar. Varias personas comenzaron a girar la cabeza hacia nosotros, algunas sonriendo, otras simplemente observando con curiosidad a aquel marine que había decidido convertir una prueba en un pequeño carnaval honey y yo no podía evitarlo. —¡COLORES EN CADA ESQUINAAAA, SERPENTINAS EN EL SUELOOOO! —seguí cantando mientras daba una vuelta completa sobre mí mismo, extendiendo las alas durante un instante antes de volver a cerrarlas con elegancia —¡CUANDO LA MARACA GIRAAAA HASTA BAILA EL MISMO VIENTOOOO!— Sacudí las maracas con más fuerza.
—¡SALSITA PRECIOSA, VEN A BAILAAAR! ¡QUE LA MARACA LLAMA SIN DESCANSAAAAAR! ¡CHACA-CHACA SUENA, VEN SIN PENSAAAR, QUE EL CARNAVAL NOS QUIERE ABRAZAAAAAR!— Mi pie derecho golpeó el suelo siguiendo el ritmo mientras señalaba al contramaestre con una enorme sonrisa. —¡RITMO Y SABOOOR! ¡LA CALLE ARDIENDO CON PURO TAMBOR! ¡PERO LA REINA DEL SON TROPICAAAAL!— Levanté ambas maracas hacia el cielo y después volví a pasar cerca de Moja, esta vez dándole un par de golpecitos amistosos con el hombro antes de seguir bailando. —¡Vamos, contramaestre! ¡Que esas piernas todavía no han dicho la última palabra, tesoro! — El puente llegó casi sin que me diera cuenta, las letras dieron paso únicamente al sonido de las maracas. —¡CHACA CHACA CHACA-CHÁ! —Mis manos comenzaron a moverse con una velocidad mucho mayor, haciendo que el sonido se volviera continuo mientras mi cuerpo seguía el mismo ritmo —¡CHACA CHACA CHACA-CHÁ! ¡QUE NADIE SE QUEDE ATRÁAAAÁS!—
Suspiré mientras dirigía la mirada hacia los dos compañeros que aún seguían conmigo, ahora solo quedábamos tres, el contramaestre Moja, Kael y yo. —Ay, tesoro, esto acaba de ponerse un poquito más difícil. —murmuré mientras acomodaba una de mis maracas en la cintura. No podía cambiar lo que había pasado, lo único que quedaba era hacer mi parte para que el equipo siguiera adelante, aunque siguiera pensando que era el más débil de los tres, honey, aunque despues de acomodar una de mis maracas me percate de algo importante, puedo darles animo.
En un acto casi teatral, saqué mis maracas y las hice girar entre los dedos con la soltura de quien llevaba toda una vida sobre un escenario. Subían, bajaban, cambiaban de mano y describían pequeños círculos en el aire antes de regresar a mis palmas como si la música las guiara por sí sola. Giré apenas el rostro hacia el contramaestre y le dediqué una sonrisa. —¿Ha estado en Samba, contramaestre Moja? —pregunté con curiosidad, sin dejar de mover las maracas, no esperé respuesta honey, cuando la música llamaba, yo simplemente respondía.
Las maracas comenzaron a marcar un compás alegre y contagioso. Mis hombros siguieron el ritmo con naturalidad, una de mis botas golpeó suavemente el suelo y mis alas se balancearon apenas, acompañando el movimiento de todo mi cuerpo. —¡SUEEEEENA LA MARACA SUAVEEEE! —canté con entusiasmo.—¡CHACA CHACA, CHACA CHÁ!— La melodía comenzó a llenar el ambiente mientras mi cuerpo se movía casi por instinto. Fufufufu... si iba a enfrentar aquellas pruebas, tesoro, prefería hacerlo exactamente como era yo, con música, con una sonrisa y con el corazón latiendo al mismo compás que mis maracas.
—¡SALSITA PRECIOSA, VEEEEN A BAILAR! — Seguí rodeando al contramaestre Moja y a Kael con una sonrisa de oreja a oreja. Mis maracas no dejaban de sonar mientras mis botas marcaban el compás sobre el suelo, girando de un lado a otro con la naturalidad de quien nació para estar sobre un escenario, que se escuchara. Que todo el mundo la escuchara, esta era la forma en la que había decidido vivir, tesoro. Los más cercanos a mí ya lo sabían, tarde o temprano terminaría cantando sin importar dónde estuviéramos. En un barco, durante un entrenamiento, en mitad de una batalla o incluso en una competencia como aquella. La música siempre encontraba la manera de salir de mi pecho.
Levanté una de las maracas por encima de mi cabeza mientras continuaba con la siguiente parte de la canción. —¡POR LA CALLE VA SONANDOOOO, UNA RISA SABROSONAAAA! —Mi voz comenzó a elevarse por encima del murmullo del público mientras seguía moviéndome alrededor de mis compañeros —¡MARACAS QUE VAN CONTANDOOOO, QUE LA NOCHE ESTÁ JUGUETONAAAA!— El ritmo era imposible de ignorar. Varias personas comenzaron a girar la cabeza hacia nosotros, algunas sonriendo, otras simplemente observando con curiosidad a aquel marine que había decidido convertir una prueba en un pequeño carnaval honey y yo no podía evitarlo. —¡COLORES EN CADA ESQUINAAAA, SERPENTINAS EN EL SUELOOOO! —seguí cantando mientras daba una vuelta completa sobre mí mismo, extendiendo las alas durante un instante antes de volver a cerrarlas con elegancia —¡CUANDO LA MARACA GIRAAAA HASTA BAILA EL MISMO VIENTOOOO!— Sacudí las maracas con más fuerza.
—¡SALSITA PRECIOSA, VEN A BAILAAAR! ¡QUE LA MARACA LLAMA SIN DESCANSAAAAAR! ¡CHACA-CHACA SUENA, VEN SIN PENSAAAR, QUE EL CARNAVAL NOS QUIERE ABRAZAAAAAR!— Mi pie derecho golpeó el suelo siguiendo el ritmo mientras señalaba al contramaestre con una enorme sonrisa. —¡RITMO Y SABOOOR! ¡LA CALLE ARDIENDO CON PURO TAMBOR! ¡PERO LA REINA DEL SON TROPICAAAAL!— Levanté ambas maracas hacia el cielo y después volví a pasar cerca de Moja, esta vez dándole un par de golpecitos amistosos con el hombro antes de seguir bailando. —¡Vamos, contramaestre! ¡Que esas piernas todavía no han dicho la última palabra, tesoro! — El puente llegó casi sin que me diera cuenta, las letras dieron paso únicamente al sonido de las maracas. —¡CHACA CHACA CHACA-CHÁ! —Mis manos comenzaron a moverse con una velocidad mucho mayor, haciendo que el sonido se volviera continuo mientras mi cuerpo seguía el mismo ritmo —¡CHACA CHACA CHACA-CHÁ! ¡QUE NADIE SE QUEDE ATRÁAAAÁS!—
Mi Estúpido y Sensual Off
![[Imagen: xFGuWOj.jpeg]](https://i.imgur.com/xFGuWOj.jpeg)
