18-07-2026, 11:41 PM
[personajeinvalido=3941]
No necesitaba ver el marcador para asumir su derrota. Lo sabía, lo supo en el momento en el que le tocó dar un paso al frente por ese grupo. Su labio aún le dolía, sus dientes aún se presionaban con mucha fuerza entre sí, sus ojos se inyectaron en sangre en el momento en el que el presentador del evento fue anunciando los resultados.
Perder contra Eros no era la gran cosa, el capitán ya lo había vencido en muchas ocasiones antes. Pero tuvo que ver el nombre de ese marine rubio, el de la mujer y el tipo que conoció en el South Blue, incluso ver a Bai sobrepasarlo. No podía ser verdad, no podía quedar eliminado así. Podía aceptar perder contra su tripulación, ellos si eran mejores que él, pero toda esta gente…
Sus dientes chirriaron en el momento que informaron de su derrota, con el suficiente volumen como para ser escuchado por los cubículos a su lado. Podría decirles algo a su grupo, pero lo cierto es que solo podría maldecirlos con toda su alma. ¿Debía ser él quien fuera sacrificado? ¿Ninguno de ellos planeaba dar un paso al frente? ¿De qué servía competir para ser reconocido si debía participar en una prueba que no podía ganar? Simplemente se alejó, caminando hacia las gradas mientras sus manos se cerraban en un puño, que presionaba cada vez más sus uñas contra la carne de sus palmas.
Pero alguien debía llegar a él, una voz que se animó a intentar decirle que todo estaba bien. Lo confundió por un momento, pero supo que era Eros, incluso si simplemente detuvo su caminata y no se dignó a darse la vuelta para ver a su capitán. ¿Qué no iban a caer sin dar batalla? ¿Qué iban a ganar por él? Eros incluso abandonó su timidez tan propia del topo y se animó a gritarlo para todos.
Sus uñas traspasaron la piel y la carne de sus palmas, dejando que sangre corra de las heridas y cayera al suelo como pequeñas gotas imperceptibles para nadie más.
¿Qué lo iban a hacer por él? ¿Tan mal lo veía que Eros debía hacer algo que no haría nunca en la vida? Las palabras eran claramente de aliento, pero no evitaron que la mente del pirata tomara otro rumbo, el camino que siempre tomaba.
Había perdido, el propio destino le había puesto frente a si un muro insuperable y ahora todos le decían que no podía hacer más, que otros se encargarían de lograr lo que él no logró. Se había hecho fuerte para no depender de nadie, para poder ir en busca de su objetivo incluso si eso significaba separarse de sus compañeros una y otra vez. Y ahí estaba, con los ojos inyectados en sangre, con las manos sangrando y con su mente, la cual no dejaba de atormentarlo con un sonido de estática que le impedía ver las cosas de otra manera.
“Porque ese camino no te traerá felicidad”, esas fueron las palabras de su maestro. ¿Acaso esto era mucho mejor? ¿Verse derrotado y tener que observar como otros cumplen sus objetivos? Las tripulaciones no importaban en ese evento, los grupos no eran necesarios, si el destino fuera justo podría…
Pero no lo era, nunca lo sería.
Sin siquiera girar para ver a su capitán o a aquellos que parecían hablarle, como si no los escuchara, volvió a avanzar hacia las gradas. Tomó su lugar y se sentó, apoyando sus codos en sus rodillas y juntando sus manos para que sus dorsos sirvan de apoyo para su frente. Simplemente observo el suelo, como las últimas gotas de sangre caían a la madera en el momento en el que sus heridas terminaron por cerrarse, sin prestarle atención a la prueba siguiente o las que fueran a venir.
Sus heridas físicas eran leves, pero su mente no iba a dejar de torturarlo por el otro tipo de cicatrices que llevaba consigo.
No necesitaba ver el marcador para asumir su derrota. Lo sabía, lo supo en el momento en el que le tocó dar un paso al frente por ese grupo. Su labio aún le dolía, sus dientes aún se presionaban con mucha fuerza entre sí, sus ojos se inyectaron en sangre en el momento en el que el presentador del evento fue anunciando los resultados.
Perder contra Eros no era la gran cosa, el capitán ya lo había vencido en muchas ocasiones antes. Pero tuvo que ver el nombre de ese marine rubio, el de la mujer y el tipo que conoció en el South Blue, incluso ver a Bai sobrepasarlo. No podía ser verdad, no podía quedar eliminado así. Podía aceptar perder contra su tripulación, ellos si eran mejores que él, pero toda esta gente…
Sus dientes chirriaron en el momento que informaron de su derrota, con el suficiente volumen como para ser escuchado por los cubículos a su lado. Podría decirles algo a su grupo, pero lo cierto es que solo podría maldecirlos con toda su alma. ¿Debía ser él quien fuera sacrificado? ¿Ninguno de ellos planeaba dar un paso al frente? ¿De qué servía competir para ser reconocido si debía participar en una prueba que no podía ganar? Simplemente se alejó, caminando hacia las gradas mientras sus manos se cerraban en un puño, que presionaba cada vez más sus uñas contra la carne de sus palmas.
Pero alguien debía llegar a él, una voz que se animó a intentar decirle que todo estaba bien. Lo confundió por un momento, pero supo que era Eros, incluso si simplemente detuvo su caminata y no se dignó a darse la vuelta para ver a su capitán. ¿Qué no iban a caer sin dar batalla? ¿Qué iban a ganar por él? Eros incluso abandonó su timidez tan propia del topo y se animó a gritarlo para todos.
Sus uñas traspasaron la piel y la carne de sus palmas, dejando que sangre corra de las heridas y cayera al suelo como pequeñas gotas imperceptibles para nadie más.
¿Qué lo iban a hacer por él? ¿Tan mal lo veía que Eros debía hacer algo que no haría nunca en la vida? Las palabras eran claramente de aliento, pero no evitaron que la mente del pirata tomara otro rumbo, el camino que siempre tomaba.
Había perdido, el propio destino le había puesto frente a si un muro insuperable y ahora todos le decían que no podía hacer más, que otros se encargarían de lograr lo que él no logró. Se había hecho fuerte para no depender de nadie, para poder ir en busca de su objetivo incluso si eso significaba separarse de sus compañeros una y otra vez. Y ahí estaba, con los ojos inyectados en sangre, con las manos sangrando y con su mente, la cual no dejaba de atormentarlo con un sonido de estática que le impedía ver las cosas de otra manera.
“Porque ese camino no te traerá felicidad”, esas fueron las palabras de su maestro. ¿Acaso esto era mucho mejor? ¿Verse derrotado y tener que observar como otros cumplen sus objetivos? Las tripulaciones no importaban en ese evento, los grupos no eran necesarios, si el destino fuera justo podría…
Pero no lo era, nunca lo sería.
Sin siquiera girar para ver a su capitán o a aquellos que parecían hablarle, como si no los escuchara, volvió a avanzar hacia las gradas. Tomó su lugar y se sentó, apoyando sus codos en sus rodillas y juntando sus manos para que sus dorsos sirvan de apoyo para su frente. Simplemente observo el suelo, como las últimas gotas de sangre caían a la madera en el momento en el que sus heridas terminaron por cerrarse, sin prestarle atención a la prueba siguiente o las que fueran a venir.
Sus heridas físicas eran leves, pero su mente no iba a dejar de torturarlo por el otro tipo de cicatrices que llevaba consigo.
"Váyanse todos a la mierda"
Libro de recetas
