19-07-2026, 06:08 PM
Bai atendió a las palabras de Devon en silencio, mientras pensaba en lo mucho que le habría gustado poseer ese tipo de libros en su maleta. De hecho, ahora que lo pensaba, lo primero que haría en cuanto tuviera oportunidad sería inspeccionar alguna librería autóctona que tuviera libros, ya fuera con ilustraciones o escritos en su lengua.
—¿Fuego cruzado? —preguntó Bai, antes de dejar escapar una risa breve y meliflua—. No entiendo por qué deberíamos iniciarlo —contestó con completa honestidad—. Supongo que, mientras no llames demasiado la atención, estaremos bien. Los Marines suelen fijarse primero en quien parece más sospechoso. Pero si no te fías, podemos fingir que somos dos ciudadanas ejemplares tomando cerveza en paz.
Tras aquellas palabras hubo un breve silencio.
—Espera, ¿estás coqueteando conmigo? —Bai volvió a reír, incapaz de contenerse—. Lamento decirte que ese tipo de comentarios no suelen tener efecto sobre mí.
Tras aquello sonrió y se reacomodó en la silla.
—Aunque debo admitir que ha sido un intento interesante —añadió, observando a Devon con una atención serena—. La mayoría de la gente suele recurrir a cumplidos mucho menos elaborados.
En aquel momento, cuando se acercó la camarera, Bai agradeció con la cabeza que le trajera la bebida, tomó el porrón y, al ver a Devol alzar el vaso, alzó también el suyo aceptando el brindis.
—Bai —respondió —. El gusto es mío, Devon.
Tras ello sus ojos se afinaron con interés tan pronto como la otra comenzó a enumerar historias.
— Así que coleccionas historias —dijo al final, antes de beber un pequeño sorbo—. Es una forma curiosa de viajar... Aunque la mía no es para nada interesante. Provengo de una isla llamada Ohara y esta es la primera vez que piso otro sitio que no sea mi hogar.
En aquel momento dejó el vaso sobre la mesa y lo observó durante un instante antes de volver a hablar.
—¿Sabes? La mayoría de la gente solo recuerda lo que le resulta útil pero tú, en cambio, recuerdas calamares bailarines, caballos sin pezuñas y, me aventuro a decir, que incluso a cada una de las personas que te han gustado.
Se inclinó un poco hacia adelante y continuó.
—Pareces interesante, así que no, no creo que me aburras contando cosas de ti. De hecho, sospecho que eres de esas personas que dicen tener historias insignificantes y luego terminan hablando de algo que no pueden olvidar.
Tras decir aquello, volvió a relajar el cuerpo dejando que su espalda reposara en el reposaespaldas de la silla. Después, miró hacia la plaza y suspiró como si estuviera viendo lo más bello del mundo.
—Yo... Apenas estoy empezando a buscar mi propia historia. No soy nadie —. En ese momento su mirada se volvió un poco más cálida, aunque conservando ese brillo inquisitivo que parecía atravesar su ser —. Lo único que quiero es conocer el mundo y crear la mayor enciclopedia de la historia.
En aquel momento levantó la cerveza y le dio un suave trago antes de volver a hablar.
—Si no he entendido mal, salgo hacia Sorbet el jueves. Sinceramente, no iba a parar por aquí. Pero resulta que el capitán no se encontraba demasiado bien y hemos tenido que parar forzosamente en Baterilla —se llevó una mano al mentón y pensó durante un rato —. Sospecho que podríamos habernos quedado en el barco, ahora que lo pienso. O al menos reclamar de alguna forma pero... La verdad es que no estoy muy segura de ello ya que no los entiendo —sentenció encogiéndose de hombros para restarle importancia al hecho.
—¿Fuego cruzado? —preguntó Bai, antes de dejar escapar una risa breve y meliflua—. No entiendo por qué deberíamos iniciarlo —contestó con completa honestidad—. Supongo que, mientras no llames demasiado la atención, estaremos bien. Los Marines suelen fijarse primero en quien parece más sospechoso. Pero si no te fías, podemos fingir que somos dos ciudadanas ejemplares tomando cerveza en paz.
Tras aquellas palabras hubo un breve silencio.
—Espera, ¿estás coqueteando conmigo? —Bai volvió a reír, incapaz de contenerse—. Lamento decirte que ese tipo de comentarios no suelen tener efecto sobre mí.
Tras aquello sonrió y se reacomodó en la silla.
—Aunque debo admitir que ha sido un intento interesante —añadió, observando a Devon con una atención serena—. La mayoría de la gente suele recurrir a cumplidos mucho menos elaborados.
En aquel momento, cuando se acercó la camarera, Bai agradeció con la cabeza que le trajera la bebida, tomó el porrón y, al ver a Devol alzar el vaso, alzó también el suyo aceptando el brindis.
—Bai —respondió —. El gusto es mío, Devon.
Tras ello sus ojos se afinaron con interés tan pronto como la otra comenzó a enumerar historias.
— Así que coleccionas historias —dijo al final, antes de beber un pequeño sorbo—. Es una forma curiosa de viajar... Aunque la mía no es para nada interesante. Provengo de una isla llamada Ohara y esta es la primera vez que piso otro sitio que no sea mi hogar.
En aquel momento dejó el vaso sobre la mesa y lo observó durante un instante antes de volver a hablar.
—¿Sabes? La mayoría de la gente solo recuerda lo que le resulta útil pero tú, en cambio, recuerdas calamares bailarines, caballos sin pezuñas y, me aventuro a decir, que incluso a cada una de las personas que te han gustado.
Se inclinó un poco hacia adelante y continuó.
—Pareces interesante, así que no, no creo que me aburras contando cosas de ti. De hecho, sospecho que eres de esas personas que dicen tener historias insignificantes y luego terminan hablando de algo que no pueden olvidar.
Tras decir aquello, volvió a relajar el cuerpo dejando que su espalda reposara en el reposaespaldas de la silla. Después, miró hacia la plaza y suspiró como si estuviera viendo lo más bello del mundo.
—Yo... Apenas estoy empezando a buscar mi propia historia. No soy nadie —. En ese momento su mirada se volvió un poco más cálida, aunque conservando ese brillo inquisitivo que parecía atravesar su ser —. Lo único que quiero es conocer el mundo y crear la mayor enciclopedia de la historia.
En aquel momento levantó la cerveza y le dio un suave trago antes de volver a hablar.
—Si no he entendido mal, salgo hacia Sorbet el jueves. Sinceramente, no iba a parar por aquí. Pero resulta que el capitán no se encontraba demasiado bien y hemos tenido que parar forzosamente en Baterilla —se llevó una mano al mentón y pensó durante un rato —. Sospecho que podríamos habernos quedado en el barco, ahora que lo pienso. O al menos reclamar de alguna forma pero... La verdad es que no estoy muy segura de ello ya que no los entiendo —sentenció encogiéndose de hombros para restarle importancia al hecho.
Karma
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
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Nv.23 — Silogista
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