20-07-2026, 05:09 AM
Hace algunos minutos...
Partí el cuello de aquella quimera pingüino, el más duro de todos los contrincantes que habían bajado a por mi en ese nivel. El hombre jabalí yacía ensartado con las patas del mono extraño, quien se desangraba sin poder desplazarse. La maza del jabalí había servido para aplastar al guardia babosa, y ahora el pingüino veía su final tras una batalla en la que me había puesto contra las cuerdas, pero de la que no salía especialmente herido, aunque si algo cansado. Esto quitaba de en medio a cinco enemigos que podían poner problemas en la fuga y su desempeño, y nos facilitaba bastante las cosas. Entonces un estruendo y un grito parecieron indicar que la batalla al otro lado de este lugar llegaba a su fin, mientras yo me erguía jadeando y miraba en esa dirección secándome algo de sangre de la boca con la manga del brazo izquierdo.
Cuando Steiner dio el golpe de gracia y acabó con esa bestia, pensé en que quizá sería una buena idea usar su apariencia para poder desbaratar las tropas de Impel Down desde dentro y con su confianza, así que me dirigí hacia él. Pero lo que sentí al llegar fue cuanto menos desolador. Aquel hombre arrodillado sobre el gigante, con un aura mutilada sin brazo, lo había dado todo por tratar de parar aquella bestia. Su estado era deplorable, y el mayor problema de todos es que le faltaba un brazo... pero era mi mejor carta para salir de aquí, y no iba a ser la primera vez que enfrentaría dificultades técnicas con la ausencia de algún miembro. Había sido tantas personas ya.
Así fue como de un poderoso salto impulsado con mis alas me lancé, aprovechando estar oculto bajo el velo de la nieve del nivel cinco, para emerger de la tormenta como una exhalación y tocar con mis dedos las sienes del rostro del derrotado guardián, copiando su apariencia en el acto, y conectando de seguido un rodillazo doble contra su rostro que lo dejó fuera de combate al instante y lo bajó de encima del gigante, y a mi con él por la inercia del golpe. Sentí como su aura se estaba apagando lentamente, y sin dilación ni espera agarré su cuerpo inconsciente y lo lancé contra el gigante, quedando oculto entre su cabello cayendo por su cuello — Hay que darle mucha caña a algo tan grande para que ya no se pueda levantar más... — dije sacudiéndome las manos, y sonreí — ¡Eso dijo ella! — y llevé mis dedos a mi rostro
Me sacudí el polvo de la nieve de encima con mi ahora única mano mientras observaba aquel gigante en el suelo y los despojos junto a él, sangrando profusamente por el brazo arrancado y por el ojo perdido — Mmmmm — murmuré mirando la enorme espada clavada en el cráneo del gigante — Tendría que haberla bajado conmigo... — añadí, trepando a duras penas sobre la cabeza para poder extraer la espada con dificultad y volver a descender con ella. El rastro de las pisadas del jefe de la prisión aun seguía marcado en la nieve del nivel, y este dirigía directamente hacia la zona de acceso de las escaleras. El mejor atajo posible para salir de este infierno helado y volver a unirme a la batalla... y no tenía mucho tiempo si quería que las cosas saliesen bien.
En la actualidad
Para cuando Tucrow terminó con su rap, las puertas comenzaron a abrirse y mostraron tras ellas sólo a dos personas: Aspros, la Reina de los Okama, y Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Tercero, el protagonista de esta fuga.
Todos se pusieron tensos en ese instante, y mientras recubría mi espada con haki de armamento haciendo acopio de todas mis fuerzas, di un paso adelante y cargué con todo el peso de mi cuerpo con el filo en ristre, mientras el sonido de una pluma sonaba en la habitación, hueca y muda por el momento, delatando el inicio de mi ataque.
— ¡CERVANTES CROSS! —
Grité, y clavé la inmensidad de mi hoja en la espalda del Almirante Tucrow, perforándole desde la espalda y saliendo el filo por el estómago propinándole un tajo inmenso y soltando mi espada tras el ataque. Balanza equilibrada.
— ¡Qiqiqiqi! —
Reí mientras, fruto del agotamiento de mi forma actual como Steiner, y al drenar toda la energía de este cuerpo, el poder de mi akuma no mi desaparecía y me devolvía forzosamente a mi apariencia real. Un regalo de la fortuna, pues si no, al no tener brazo como Steiner, estaría atrapado en esa forma hasta que cayese inconsciente. Pero hoy no iba a ser el caso, y la apariencia del noble y bueno Jefe de la Guardia de Impel Down me había abierto las puertas para llegar hasta este lugar y conseguir cambiar las cosas hasta este punto. No había sido un golpe especialmente letal, pero había sido suficiente como para decantar las cosas a nuestra favor y sorprender a aquel trío de monstruos que, de no estar yo aquí, habrían vapuleado por completo a mi hijo y su valiente compañero — ¡Sal de aquí Yoji! ¡Te compensaré todos los años que no estuve! — grité con determinación agarrando de la nuca a Tucrow y lanzándome a golpear con el otro puño hacia la que había visto antes, hermosa calva brillante de Imsiul. Iba a enfrentar a esos dos hasta la última gota de mis fuerzas si con eso conseguía que mi hijo volviese a mirar la luz del sol directamente.
Porque mi revolución era la libertad. Y la libertad de mi hijo traería el amanecer del mundo.
— ¡¡PAPÁ ESTÁ AQUÍ!! —
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