20-07-2026, 10:08 AM
(Última modificación: 20-07-2026, 10:17 AM por Ryota Miyamoto.)
Ryota no pudo evitar soltar una ligera risa ante la reacción de Akira. Lejos de molestarse por el préstamo indebido, el marine pareció verse animado y aceptar con cierta vacilación el beneficio del dinero. “Acéptalo, de todas formas, el dinero siempre va a estar sucio, lo obtengas de donde lo obtengas.” Respondió con un tono comprensivo, llevando su diestra al bolsillo. Sin embargo, el sonido a su espalda detuvo su acción, obligándole a girarse para ver cómo la amazona encantaba al público con su participación.

Suspiró ante lo inevitable, con la resignación de quien sabía lo que vendría, pero aun así esperaba un resultado diferente.
Una lástima por el chico de cabellos rosas y hermosa sonrisa que vino después, porque hiciera lo que hiciera, todos estaban condenados a los lugares detrás de la Kuja de piel morena. La cual, tras su exhibición no tardo en aproximarse hasta el cubículo seis, para entregar los guantes y dedicarle algunas palabras a su capitán.
“Quizás darle los guantes fue mala idea...” Pensó ante la vacilante y descarada actitud de la ganadora. No obstante, la cercana despedida dejo flotando una promesa sugerente por el aire, obligándolo a replantear su pensar.

“Bueno, se lo merece, se esforzó… no se puede negar que tiene buenos argumentos para ganar es…”
Conforme la veía alejarse, mantuvo su mirar fijo sobre aquella curvilínea figura amazónica, hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos por la gigantesca mano que lo sujetó. “¿Eh? Oye, espe…” Sin poder articular un diálogo coherente, fue llevado por la mano del vikingo hasta que ambos estuvieron frente a frente.
-Ryota, malnacido... ¿¿Cómo un tipo escuálido como tú ha seducido a una mujer así??-

“¿Uhhhhhhhh?”

“¿Uhhhhhhhh?”
Una combinación de sorpresa y preocupación se dibujó en el rostro del pirata al escuchar cómo Sigurd exigía una verdadera razón por la que una mujer como Runin podría llegar a fijarse en alguien que escapaba a sus cánones convencionales de admiración o belleza. Incluso exigía saber el secreto o artimaña detrás de ello y amenazaba con comérselo de un bocado si se negaba a revelarlo.
Ryota era muchas cosas, pero jamás se burlaría de quienes poseían la seguridad para buscar consejos sobre el amor o las relaciones. Sabía por él mismo lo difícil que era en ocasiones, dar con la chica indicada en un mundo lleno de rosas con espinas y respetaba a todo aquel que se esforzaba para encontrar una propia. “Bro…” Dijo usando un tono personal de admiración. “Está bien, bro, te diré cuál es el secreto.” Una hermosa sonrisa iluminó su rostro, sus ojos se tornaron brillantes y la brisa meció sus cabellos con ligeras caricias.

“Solo sé tú mismo, bro, eso nunca me falla.”
Dio el consejo más estúpido que ninguna persona deseaba escuchar y el verdadero problema, era que hablaba en serio.
El siguiente en tomar la palabra fue el resplandeciente comandante Shin, quien se acercó usando el brazo del gigante como puente para felicitar al oji ambarino por su presentación. “Kekeke gracias, sí, hay que darlo todo.” Respondió con agrado, aún sujeto por la mano del gigante. Y es que por raro que pareciera, había abandonado toda preocupación previa tras ver que Sigurd era un tipo sensible en alguna parte de su violento ser.
Ryota no pudo interactuar más con sus compañeros ante la intromisión del Dirigente, esperando volver al suelo a medida que el anfitrión revelaba uno a uno los puestos del ranking de la prueba. Todos los participantes sin lugar a dudas eran adversarios fuertes, sus recompensas y renombres eran evidencia de sus capacidades, mientras que sus rankings en esa prueba podrían ser tan solo la evidencia de que sus verdaderas capacidades no se regían por el poder destructivo.
Al final fue Runin la que se proclamó como la ganadora absoluta en la prueba del coloso y toda la arena cantó su nombre haciendo temblar el suelo a sus pies. “Tercer lugar, el segundo de los perdedores.” Dijo, tratando de ignorar la sensación de orgullo que afloraba en su pecho por la peli negra. “A por la próxima.” Asevero, uniéndose a la celebración que cantaba el nombre de su nakama con unos cuantos aplausos.
Maki D. Zenin y Rackham Uker por otro lado, fueron los primeros descalificados, teniendo que abandonar la competencia. Una lástima por el chico de cabellos bitono, pensó, viéndole abandonar la arena con la sensación de que todos habían tenido suerte al poder sacarlo pronto de la competición.
Lejos de extender por más minutos la prueba, el dirigente avanzó a la siguiente arrojando a la arena sus particulares objetos explosivos. Una nueva capa de humo volvió a dar paso a otra extraña maquinaria de medición, la cual constaba de un grueso pilar de madera coronado por un gran den den mushi equipado con un casco y cristales de aumento que hacían ver de forma exagerada el tamaño de los ojos. La extraña caracola del equipo anterior también estaba presente, aunque equipada de una manera distinta junto a la misma pantalla.
Esos aparatos tenían el nombre de Den den mushi frame y serían los jueces de la próxima prueba “La prueba de Cefiro” que consistía en cruzar frente al censor de la máquina con la máxima velocidad a la que se pudiera optar, con el fin de marcar el mayor número de skylometros posible.
Ni bien había terminado el maestro de ceremonias sus palabras, cuando los participantes ya se encontraban decidiendo quién sería el más indicado para la prueba. Ryota levantó la mirada hacia Sigurd y Shin, este último parecía querer hacerse cargo de la prueba con una mejor analogía que “te sirven mis botas.” Y con la energía que lo caracterizaba desde que le conoció, le pidió algo de suerte. “Claro, viejo.” Respondió para juntar ambas manos e imitar la pose de una kame hame ha, cargando una especie de “energía imaginaria” y finalizar extendiendo sus manos hacia el de cabellos blancos.

“Rómpete una pierna.”
La expresión era el epítome de buena suerte.
Con su mirada puesta ahora sobre la arena, Ryota pudo ver el inicio de la prueba. La primera en participar fue Yuuki, Se le veía bastante emocionada por su participación, incluso saludaba al público y se mostraba muy enfocada cuando se colocó en posición antes de iniciar. “Vamos, Yuuki, tú puedes…” Fue el pensamiento que surgió en apoyo por su amiga, antes de recordar que podría ayudarla. “Ah espera… ¡No espe…! ¡Yuuu…!” Tarde tomó su Keytar, pues la joven de cabellos sonrosados atravesó el sensor a gran velocidad antes de que pudiera tocar la primer tecla. “Mierda… que mal timing…” Suspiró con desaliento, para soltar el instrumento y unirse a los cientos de aplausos hacia su alada amiga.
“¿La más pequeña?” Parpadeó un par de veces justo después de escuchar eso. “¿No tenía como 35?” Sin entender por qué se restó edad, Ryota continuó aplaudiendo y chiflando para ella. Varios de los locales, junto con algunos extranjeros, parecían mostrar gran interés en su amiga. Entre estos últimos se encontraba Akira. “Varios, ¿por qué? ¿Te gusto Yuuki? Si quieres te la presento, creo que esta soltera picaron.” Se apoyó en Akira empujándolo ligeramente con cierta malicia, haciendo hincapié en la palabra “Soltera.”
“Ah, casi lo olvido, toma tu dinero.” Recordó entonces lo que prometió llevando la diestra al bolsillo interno de su camisa para sacar un fajo de billetes que le entregó en las manos. “Bien, estamos a mano ahora.”
A continuación, vinieron dos participantes más, uno detrás de otro. El primero poseía un aura imponente que emitía una presencia digna del rey de la isla y el segundo era Heras.
Kuro Vongola atravesó el censo con una velocidad tan absurda que los ojos del castaño no pudieron siquiera ver el recorrido, tan solo notó cómo se envolvió en un aura que imitó las fauces de un lobo y lo siguiente fue verlo al otro lado. “A su madre… si me hubiera atacado con eso, ahora mismo estaría viendo doble…” Estaba sorprendido al ver a alguien tan rápido, preguntándose cómo habría lidiado con ello de tenerlo enfrente, mientras, de fondo, la alegría parecía invadir a Akira al haber presenciado algo como eso.
Después de esos dos, llegaría el turno del comandante marine. Su egocentrismo debía estar respaldado por sus habilidades, así que Ryota mantuvo los ojos puestos en la prueba. Primero vino un potente brillo que se mantuvo alrededor de su cuerpo y, al igual que el chico de ojos bicolores, prácticamente desapareció y apareció al otro lado de la prueba.

“Waos, sí que es rápido…”
Una velocidad que escapaba de su capacidad de reacción, era la primera vez que lo experimentaba de esa manera tan exagerada. Sin embargo, le agradaba el haber presenciado la prueba desde esa posición.
Los vítores llenaron la arena a las palabras de Shin, profesando el sueño de convertirse en el mejor marine de la historia. Un logro ambicioso que escapaba de su propia comprensión, así que guardó silencio al tiempo que aplaudía en honor a su compañero de equipo. “Buena prueba, viejo, lo hiciste genial.” El recibiendo corrió por cuenta de Akira que elogiaba los poderes de fruta del oji azul, para luego envidiar las de los demás y finalizar zarandeando a Ryota de lado a lado.

“Arrojar corazones suena genial, bro, yo te envidio a ti.”
Dijo sin ofuscarse en lo más mínimo mientras era zarandeado entre quejas.
Cuando el agradable volcán Akira se relajo un poco, Shin tomó asiento sobre el suelo de manera relajada. Tenía razones para actuar como lo hacía, su marca fue increíble, por lo que el peso ahora caía sobre Sigurd y Akira.
Por su parte, Ryota volvió a juntar sus manos cargando un poder imaginario similar al Kame hame ha de nuevo, y lo arrojó hacia Sigurd y luego a Akira.

“Buena suerte, buena suerte.”
Repitió el proceso con cada uno, viéndose algo tonto en el transcurso y así romper la tensión que pudiera formarse ante la soberbia del de cabellos blancos. “Me pregunto quiénes serán los primeros y segundos perdedores, siempre he visto más interesantes a los under dogs.” Expreso, ahora volviendo a poner su atención sobre la arena.
Uno a uno los participantes continuaron llegando, el siguiente fue un hombre pantera con traje de marine que tras cubrirse de una extraña capa de estática se lanzo a gran velocidad sobre el sensor. “Qué habilidad tan particular, ¿no? Como lo hará…” expresó a sus compañeros, sin perder de vista a los que venían.
Tras el Marine pantera, vino un gran hombre de cuatro metros. “Flint Bartolomeow…” Cuya reputación le precedía desde mares muy lejanos. El coloso se convirtió en un águila para atravesar el sensor a una gran velocidad de vuelo, elevándose a las posiciones más altas. “Porque no pude ser un águila yo…” Pensó con pesar.
El siguiente fue el semidesnudo comodoro de la marina Enji, quien también apareció en el mismo periódico en el que se dio a conocer la existencia de Ryota, no obstante, era mucho más afamado. “También es rápido…” Dijo, notando la extraña sustancia que cayó al suelo emitiendo un extraño vapor.

“Kekeke qué bueno que no participé en esta, habría perdido.”
Rio junto con Akira en un tono relajado y jovial, como si genuinamente le agradara haber sido empujado por el de cabellos rubios.
Tras el comodoro, vino una hermosa mujer de cabellera color rosa. Ryota no pudo identificarla, pero se trataba de Maria Merlot, una sanguinaria pirata de cabellera Azul en su wanted. La dama perteneciente al grupo de Runin, se transformó en una cebra y galopó hasta el censor sin descanso.
La marca en el sensor alentó al público a gritar, al igual que su belleza. Sin embargo, esa no sería la verdadera sorpresa. La chica de larga cabellera se dirigió hacia el grupo 6; más concretamente, hacia Shin.
“Sigurd, no mires esto…” Advirtió Ryota sabiendo lo que podría llegar a cruzarse por la cabeza del pobre gigantón, ahora si tendría más razones para odiar al marine de cabellera blanca. “¡Vamos Akira!, ¡tápale los ojos a Sigurd!” Tomo al rubio, para lanzarlo contra la cara del coloso, sin la fuerza para hacer daño, pero con la suficiente para que este pudiera llegar a él fácilmente.
Así, Sigurd podría vivir sin saber que en su grupo, dos de ellos parecían tener suerte con las chicas.
“Oye, chica amante del malvavisco.” Llamó a la joven antes de que los abandonara, cuando ya hubiese terminado su momento. Obviamente no la iba a interrumpir en medio de algo tan íntimo, pues no le competía. “¿Tienes alguna amiga para presentarle a mi compa el grandote?” Exclamo apuntando al bucanner de hachas enfundadas. “Es un buen chico, quizás puedas presentarle a alguien.” Era una forma para ayudar al rubio a encontrar el amor, seguramente una experta casamentera como la peli rosa parecía ser, podría ayudarlo.
Y finalmente llegaría el último participante, un hombre de cabellos oscuros, ojos negros, arma enfun... “A, es solo el novio de Tezca.” Pudo identificarlo cuando pasó cerca de su cubículo. “Mmmmmmm en realidad quería hacerlo antes, pero perdí mi oportunidad...” Los pensamientos de Ryota ocurrieron al mismo tiempo en el que tomaba su Keytar y comenzaba a tocar con soltura una rítmica y contagiosa melodía que pocas veces solía escucharse. Un sonido eléctrico, vibrante, lleno de energía resonó en el ambiente al compás de vivaces acordes de teclado.
“A ver qué haces under dog.” Quiso haberlo tirado desde antes para que la competencia se rompiera, pero todos eran tan rápidos que lo superaron antes de lanzarlo.
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