20-07-2026, 12:16 PM
Nos invade un espíritu de camaradería general, al punto de que se me pasa por alto que estoy formando equipo con un desconocido que no me llega ni a la rodilla y dos soldados de la Marina. Por norma estos tipos y yo deberíamos estar matándonos con tan solo cruzar miradas y, sin embargo, aquí nos tienes, disfrutando cada momento como si fuéramos críos pequeños detrás de un balón. Supongo que esta es la magia de la competición, que uno la siente hasta los huesos y, con tal de ganar, se hace amistad con cualquiera que se sienta parte del grupo.
Entre risas, animamos a los ganadores de la Prueba del Coloso hasta quedarnos mudos, insultamos a quien nos apetece sin miedo a las consecuencias, zarandeo a Ryota, ganador en la vida, por ser un ligón que da buenos consejos y utiliza expresiones en ese idioma sureño de mi hermano con palabras como "Bro". -Ser yo mismo suele espantar pueblos y ciudades. Los amoríos no están hechos para mí. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- disfruto de forma sincera con todos los hombrecillos... En otra vida, celebramos cada domingo con un festín por el hecho de viajar juntos, levantando cuernos de cerveza y preparando asado. Lástima que, al acabar este evento, todo quede en anécdotas y cada quien tenga que representar sus ideales y su forma correcta de vivir. ¿Qué decir? Jamás lo entenderán. Jamás sabrán lo que es la libertad, la virtud y el privilegio de la verdadera fuerza.
Es El Dirigente quien me devuelve a la realidad con el anuncio de la siguiente prueba. Con los ojos como platos, se me esboza un atisbo de ilusión en la cara, una sonrisa tímida pero traviesa bajo la idea de que me toca participar. Para mi desgracia, presentan lo que se llama La Prueba del Céfiro. Un desafío que consiste en llegar tan rápido como puedas a la meta, en una carrera por ver quién es más veloz. Lo que en un primer momento era una promesa ahora me provoca una gota de sudor fría que resbala por mi frente con el firme deseo de que se abra la tierra en dos y me trague. Pero un héroe da el paso al frente.
Con una determinación férrea y espíritu jovial, el Comandante toma la delantera y se postula para presentarse candidato. Se le ve seguro de sí mismo, convencido de que va a ganar. No le doy más vueltas y le cedo el turno. -Adelante, tío, ¡demuestra quién manda!- le invito a participar. Lo que de primeras era un soldado dicharachero y fanfarrón se transforma de repente en una criatura estoica, completamente enfocado en su objetivo. -Madre...- musito mientras lo veo marchar hacia la prueba, encontrando algo de alivio al voltear la cabeza y encontrar a Akira sumamente emocionado.
Una vez más, participantes de todas partes del mundo y de cada facción. Aquellos que se dejan identificar con sus trajes blancos y su escudo de gaviotas azul, y los que no, que depende de las pintas intuyes si son más o menos propensos a la batalla. Pero esta vez, mis ojos están enfocados en él. En ese pequeño soldado de pelos blancos y mirada celeste. Algunos se transforman. Otros usan sus alas para impulsarse o corren directamente a pie. Él no. Shin empieza a brillar como una centella viviente. Luz propia, como una estrella. -¿Qué cojones...?- mascullo entre dientes, con cara de pocos amigos. De forma involuntaria me levanto y doy un paso al frente, con el pecho inflado, mentón alto y los puños cerrados, apretando con fuerza. Una señal de alerta se enciende en lo más profundo de mi ser, como si me sintiera abiertamente desafiado.
El joven marine no parece ni cansado. Ha recuperado su actitud divertida y despreocupada. Y, con el ego desmedido, se busca una ovación general, proclamándose como la futura leyenda indiscutible del brazo armado del mundo. Y no es para menos. Puede permitírselo. Puede cargar con el peso de esa promesa después de lo que acaba de demostrar aquí. Yo lo haría, por supuesto. Con ese poder... Si tan solo es una fracción de lo que puede llegar a hacer... El destino ha querido presentarme a mi némesis de forma irónica y exquisita. Pero ya estás en el punto de mira, futuro de la Marina, Shin. Eres la mayor amenaza de la libertad en el mundo...
Vuelve al cubículo con toda la naturalidad del mundo, bromeando y alentando al equipo a darlo todo para ganar. Yo estoy tan emocionado que las uñas se clavan sobre mi propia mano cerrada. Vivo esa sensación indescriptible de haber encontrado un rival a la altura después de tantos años. Uno incluso más temible y mortífero que Musashi, que ya ha demostrado clemencia un par de veces. Dudo que este tipo tenga esa debilidad. Solo me aplaca una normativa demasiado estricta y un resquicio de mareo que me queda pendiente tras el malestar. Es lo único que me separa de lanzarme con Yggdrasil. Aunque sé que él siente lo mismo por mí. Tiempo al tiempo. -Ha sido increíble, criatura.- me atrevo a decirle con sinceridad. -Me has dejado sin palabras. ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- me río.
Luego doy un par de pasos al frente, orgulloso de mi tamaño y envergadura, dejando atrás al resto de mis compañeros. La siguiente prueba me pertenece. Pero hasta que me avisen... -Aunque espero que el día de mañana no uses tu poder para salir huyendo así de rápido.- provoco al soldado, en tono burlesco y ácido. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- Si alguien puede frenar mi hambre de destrucción, sin duda es él. Pero si alguien puede matar a la luz de la justicia, ese soy yo. Ese es Ubbe. Ese es el Ragnarok.
Durante la espera de los resultados, aunque previsibles, comienza una mezcla heterogénea de interacciones entre varios participantes que, más amables y menos competitivos que yo, se divierten con miembros de otros equipos. Shin y Ryota siguen a la suya con los ligoteos. No les veo porque los muy desgraciados me han lanzado un marine a la cara. -Quita, coño. ¡Jarul!- me lo saco de encima con un manotazo, al igual que uno aparta a una mosca, pero con bastante más delicadeza y sin dejar morir la broma. Supongo que esa es la clave de esta gran fiesta: disfrutar el momento.
Entre risas, animamos a los ganadores de la Prueba del Coloso hasta quedarnos mudos, insultamos a quien nos apetece sin miedo a las consecuencias, zarandeo a Ryota, ganador en la vida, por ser un ligón que da buenos consejos y utiliza expresiones en ese idioma sureño de mi hermano con palabras como "Bro". -Ser yo mismo suele espantar pueblos y ciudades. Los amoríos no están hechos para mí. ¡Jarul Jul Jul Jul...!- disfruto de forma sincera con todos los hombrecillos... En otra vida, celebramos cada domingo con un festín por el hecho de viajar juntos, levantando cuernos de cerveza y preparando asado. Lástima que, al acabar este evento, todo quede en anécdotas y cada quien tenga que representar sus ideales y su forma correcta de vivir. ¿Qué decir? Jamás lo entenderán. Jamás sabrán lo que es la libertad, la virtud y el privilegio de la verdadera fuerza.
Es El Dirigente quien me devuelve a la realidad con el anuncio de la siguiente prueba. Con los ojos como platos, se me esboza un atisbo de ilusión en la cara, una sonrisa tímida pero traviesa bajo la idea de que me toca participar. Para mi desgracia, presentan lo que se llama La Prueba del Céfiro. Un desafío que consiste en llegar tan rápido como puedas a la meta, en una carrera por ver quién es más veloz. Lo que en un primer momento era una promesa ahora me provoca una gota de sudor fría que resbala por mi frente con el firme deseo de que se abra la tierra en dos y me trague. Pero un héroe da el paso al frente.
Con una determinación férrea y espíritu jovial, el Comandante toma la delantera y se postula para presentarse candidato. Se le ve seguro de sí mismo, convencido de que va a ganar. No le doy más vueltas y le cedo el turno. -Adelante, tío, ¡demuestra quién manda!- le invito a participar. Lo que de primeras era un soldado dicharachero y fanfarrón se transforma de repente en una criatura estoica, completamente enfocado en su objetivo. -Madre...- musito mientras lo veo marchar hacia la prueba, encontrando algo de alivio al voltear la cabeza y encontrar a Akira sumamente emocionado.
Una vez más, participantes de todas partes del mundo y de cada facción. Aquellos que se dejan identificar con sus trajes blancos y su escudo de gaviotas azul, y los que no, que depende de las pintas intuyes si son más o menos propensos a la batalla. Pero esta vez, mis ojos están enfocados en él. En ese pequeño soldado de pelos blancos y mirada celeste. Algunos se transforman. Otros usan sus alas para impulsarse o corren directamente a pie. Él no. Shin empieza a brillar como una centella viviente. Luz propia, como una estrella. -¿Qué cojones...?- mascullo entre dientes, con cara de pocos amigos. De forma involuntaria me levanto y doy un paso al frente, con el pecho inflado, mentón alto y los puños cerrados, apretando con fuerza. Una señal de alerta se enciende en lo más profundo de mi ser, como si me sintiera abiertamente desafiado.
Y desaparece
Como si el universo lo hubiera borrado de su existencia, se esfuma delante de nuestras narices. Tan solo queda una estela amarillenta que lo delata, pero nadie es capaz de seguirle el ritmo. No hay ser vivo que lo vea pasar. Un destello. Un haz de luz. De un segundo a otro se encuentra en la meta, como si se hubiera teletransportado. -¿Qué? -tartamudeo. No doy crédito.![[Imagen: lW2fDto.png]](https://i.imgur.com/lW2fDto.png)
El joven marine no parece ni cansado. Ha recuperado su actitud divertida y despreocupada. Y, con el ego desmedido, se busca una ovación general, proclamándose como la futura leyenda indiscutible del brazo armado del mundo. Y no es para menos. Puede permitírselo. Puede cargar con el peso de esa promesa después de lo que acaba de demostrar aquí. Yo lo haría, por supuesto. Con ese poder... Si tan solo es una fracción de lo que puede llegar a hacer... El destino ha querido presentarme a mi némesis de forma irónica y exquisita. Pero ya estás en el punto de mira, futuro de la Marina, Shin. Eres la mayor amenaza de la libertad en el mundo...
Vuelve al cubículo con toda la naturalidad del mundo, bromeando y alentando al equipo a darlo todo para ganar. Yo estoy tan emocionado que las uñas se clavan sobre mi propia mano cerrada. Vivo esa sensación indescriptible de haber encontrado un rival a la altura después de tantos años. Uno incluso más temible y mortífero que Musashi, que ya ha demostrado clemencia un par de veces. Dudo que este tipo tenga esa debilidad. Solo me aplaca una normativa demasiado estricta y un resquicio de mareo que me queda pendiente tras el malestar. Es lo único que me separa de lanzarme con Yggdrasil. Aunque sé que él siente lo mismo por mí. Tiempo al tiempo. -Ha sido increíble, criatura.- me atrevo a decirle con sinceridad. -Me has dejado sin palabras. ¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- me río.
Luego doy un par de pasos al frente, orgulloso de mi tamaño y envergadura, dejando atrás al resto de mis compañeros. La siguiente prueba me pertenece. Pero hasta que me avisen... -Aunque espero que el día de mañana no uses tu poder para salir huyendo así de rápido.- provoco al soldado, en tono burlesco y ácido. -¡¡¡JARUL JUL JUL JUL...!!- Si alguien puede frenar mi hambre de destrucción, sin duda es él. Pero si alguien puede matar a la luz de la justicia, ese soy yo. Ese es Ubbe. Ese es el Ragnarok.
![[Imagen: 5GTkViK.png]](https://i.imgur.com/5GTkViK.png)
Durante la espera de los resultados, aunque previsibles, comienza una mezcla heterogénea de interacciones entre varios participantes que, más amables y menos competitivos que yo, se divierten con miembros de otros equipos. Shin y Ryota siguen a la suya con los ligoteos. No les veo porque los muy desgraciados me han lanzado un marine a la cara. -Quita, coño. ¡Jarul!- me lo saco de encima con un manotazo, al igual que uno aparta a una mosca, pero con bastante más delicadeza y sin dejar morir la broma. Supongo que esa es la clave de esta gran fiesta: disfrutar el momento.
En efecto, cajita feliz
