20-07-2026, 07:00 PM
Yuuki lo hizo bien a ojos de Kiyoshi, pues sin duda se movió a una velocidad mayor a la suya. Sin embargo, tal como quedó sorprendido en la primera prueba, en esta segunda no hay excepciones. Uno a uno, los participantes fueron enseñando sus talentos, la habilidad física que tantas veces el médico ha envidiado de sus compañeros. En más de una ocasión muerde el cigarrillo ubicado entre sus labios con la finalidad de otorgarle calma, pero parece ser que este recurso no tendrá el efecto deseado.
Tal como Eros, muchos demostraron la capacidad de transformarse en animales. Aún con la aguda vista que tienes, la mayoría fueron solo un rayo que desapareció y apareció en un insta, sobre todo el tipo gritón del destello amarillo que superó por mucho lo que vendría a ser velocidades increíbles como las de sus compañeros Varo y Uker. — Este lugar está lleno de sucios fenómenos. — Y él solo es un doctor con un rifle.
Llegado el momento en que se anunció el resultado de las pruebas, ocurre algo que le desanima un poco. Tal como pasó antes con Uker y la lagarta, en esta oportunidad Yuuki también debe regresar a las gradas. Al menos sumó puntos para el equipo, pero ser eliminado debe ser bastante doloroso. — Descuida, seguramente pronto vaya a hacerte compañía por allá... — Es eso lo que debería decir, ¿no? Por mucho que quiera demostrarle a sus compañeros lo que ha mejorado, ¿realmente tiene una oportunidad entre tanta gente increíble que está en este evento? No tiene sentido alguno.
Sin embargo, para cuando se da cuenta y vuelve en sí, la mochila que sostuvo todo este tiempo fue tomada por su dueña y ya se está retirando del cubículo. Eso sí, le dedica unas últimas palabras a Kiyoshi antes de irse.
“Vas a sorprendernos a todos”.
— No, yo… — No culmina su respuesta, pues la birkaniana ya no está. — ¿De verdad soy uno de los más tontos de este lugar? Qué vergüenza. — En lo que sus ánimos siguen disminuyendo, el presentador exclama la nueva prueba, una en la que deben resistir un empuje, poniendo a prueba la resistencia de su cuerpo. — Bien, Kibai, supongo que me tocará dejártelo a ti. — Lo vio en los Cabos Gemelos. Era rápido, fuerte, valiente. Sin duda un individuo mucho más capaz que él para dar guerra en esta prueba. Necesitan puntos, pero ¿servirán? Llevan pocos, no tiene fe de que él vaya a conseguir muchos cuando le toque. Kibai debería conseguir un puesto considerado hazaña para ellos si es que quieren abandonar la última posición que tienen actualmente. — Es raro que deba decirle esto a un marine, pero asegúrate de regresar aquí. — Normalmente deberían ser enemigos. Un pirata y un marine son como perros y gatos, pero tras ver la eliminación de Uker y, sobre todo, la de Yuuki, quien ha depositado sus esperanzas en él, está dolido. Llega el punto en que, más que su grupo destaque, es no ver compañeros yéndose sin haber logrado nada.
Quizás sea la última vez que le desee un bien al mink, pero, en este momento, espera de todo corazón con que pueda seguir en el cubículo con él y Bai.
Entre tanto desánimo, no se ha percatado de que, contrario a su creencia, Varo Ganchin no participó en la prueba de velocidad. Vio a un Mink utilizar la misma habilidad, o parecida, para no asegurar nada no asegurable, pero no era Varo Ganchin.
Mientras se desarrolla la prueba, queda a solas con Bai, quien, por ahora, es la única del grupo con la capacidad de haber sobrevivido al juego y regresado hasta ahí. No le ha hablado más que con mímica por lo dicho por Kibai hace un rato, aunque notó que entre ellos lograron comunicarse. ¿Será que el soldado le mintió? Necesita distraerse de alguna forma, así que decide arriesgarse y transmite unas palabras, aún sabiendo que quizás no le entienda nada. — ¿Crees que Kibai pueda regresar? Espero que lo haga. — No posee la mejor vista, pero intenta ver en las gradas a Yuuki, a quien no puede sacarse de la cabeza.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Termina el cigarrillo y lo guarda dentro de una bolsa hermética. A su alrededor todo es fiesta. Música, gritos, bailes, emoción. Pero Kiyoshi no lo está pasando muy bien. Quiere demostrar su esfuerzo, que este haya valido la pena. Desea dar un paso adelante en su vida, en su rol como sepulturero, pero como siempre, duda de si tiene esa capacidad. Procede a tomar el rifle que está en su espalda, sujetándolo con las manos hacia arriba y manteniéndolo paralelo a su cuerpo, a la altura de su vientre.
No es un arma cualquiera, es el regalo que le dio su padre antes de morir. También es la herramienta que ha usado para proteger su vida y llegar hasta aquí. Sus compañeros han sido, son y serán importantes, también aquellos que estuvieron y ya no navegan a su lado. Pero es este rifle el que está con él desde el principio, desde que al fin pudo controlar su enfermedad y salir de casa. Con él enfrentó el mundo, con él conoció la verdadera vida.
— Somos tú y yo, tonto amigo. — Solo le queda entregarse a él, confiar en la fuerza que posee y lo acompaña desde más arriba del plano terrenal. No sabe qué deberá enfrentar en la siguiente prueba, si estará a la altura o no, si jalar el gatillo estará permitido. Pero si algo le pidiese su capitán, sería que, pase lo que pase, lo haga con la frente en alto, dando un único puñetazo con todas sus fuerzas.
O, en el caso de Kiyoshi, una bala.
Ir a las gradas o seguir adelante. Eros aún está en competencia, Kiyoshi quiere superarlo.
¿La prueba del Bastión? Pues otro animal. Esto ya parece La Ley de la Selva.
Pero si un animal debe regresar a su plataforma… — Debe ser Kibai.
Tal como Eros, muchos demostraron la capacidad de transformarse en animales. Aún con la aguda vista que tienes, la mayoría fueron solo un rayo que desapareció y apareció en un insta, sobre todo el tipo gritón del destello amarillo que superó por mucho lo que vendría a ser velocidades increíbles como las de sus compañeros Varo y Uker. — Este lugar está lleno de sucios fenómenos. — Y él solo es un doctor con un rifle.
Llegado el momento en que se anunció el resultado de las pruebas, ocurre algo que le desanima un poco. Tal como pasó antes con Uker y la lagarta, en esta oportunidad Yuuki también debe regresar a las gradas. Al menos sumó puntos para el equipo, pero ser eliminado debe ser bastante doloroso. — Descuida, seguramente pronto vaya a hacerte compañía por allá... — Es eso lo que debería decir, ¿no? Por mucho que quiera demostrarle a sus compañeros lo que ha mejorado, ¿realmente tiene una oportunidad entre tanta gente increíble que está en este evento? No tiene sentido alguno.
Sin embargo, para cuando se da cuenta y vuelve en sí, la mochila que sostuvo todo este tiempo fue tomada por su dueña y ya se está retirando del cubículo. Eso sí, le dedica unas últimas palabras a Kiyoshi antes de irse.
“Vas a sorprendernos a todos”.
— No, yo… — No culmina su respuesta, pues la birkaniana ya no está. — ¿De verdad soy uno de los más tontos de este lugar? Qué vergüenza. — En lo que sus ánimos siguen disminuyendo, el presentador exclama la nueva prueba, una en la que deben resistir un empuje, poniendo a prueba la resistencia de su cuerpo. — Bien, Kibai, supongo que me tocará dejártelo a ti. — Lo vio en los Cabos Gemelos. Era rápido, fuerte, valiente. Sin duda un individuo mucho más capaz que él para dar guerra en esta prueba. Necesitan puntos, pero ¿servirán? Llevan pocos, no tiene fe de que él vaya a conseguir muchos cuando le toque. Kibai debería conseguir un puesto considerado hazaña para ellos si es que quieren abandonar la última posición que tienen actualmente. — Es raro que deba decirle esto a un marine, pero asegúrate de regresar aquí. — Normalmente deberían ser enemigos. Un pirata y un marine son como perros y gatos, pero tras ver la eliminación de Uker y, sobre todo, la de Yuuki, quien ha depositado sus esperanzas en él, está dolido. Llega el punto en que, más que su grupo destaque, es no ver compañeros yéndose sin haber logrado nada.
Quizás sea la última vez que le desee un bien al mink, pero, en este momento, espera de todo corazón con que pueda seguir en el cubículo con él y Bai.
Entre tanto desánimo, no se ha percatado de que, contrario a su creencia, Varo Ganchin no participó en la prueba de velocidad. Vio a un Mink utilizar la misma habilidad, o parecida, para no asegurar nada no asegurable, pero no era Varo Ganchin.
Mientras se desarrolla la prueba, queda a solas con Bai, quien, por ahora, es la única del grupo con la capacidad de haber sobrevivido al juego y regresado hasta ahí. No le ha hablado más que con mímica por lo dicho por Kibai hace un rato, aunque notó que entre ellos lograron comunicarse. ¿Será que el soldado le mintió? Necesita distraerse de alguna forma, así que decide arriesgarse y transmite unas palabras, aún sabiendo que quizás no le entienda nada. — ¿Crees que Kibai pueda regresar? Espero que lo haga. — No posee la mejor vista, pero intenta ver en las gradas a Yuuki, a quien no puede sacarse de la cabeza.
“Vas a sorprendernos a todos”.
Termina el cigarrillo y lo guarda dentro de una bolsa hermética. A su alrededor todo es fiesta. Música, gritos, bailes, emoción. Pero Kiyoshi no lo está pasando muy bien. Quiere demostrar su esfuerzo, que este haya valido la pena. Desea dar un paso adelante en su vida, en su rol como sepulturero, pero como siempre, duda de si tiene esa capacidad. Procede a tomar el rifle que está en su espalda, sujetándolo con las manos hacia arriba y manteniéndolo paralelo a su cuerpo, a la altura de su vientre.
No es un arma cualquiera, es el regalo que le dio su padre antes de morir. También es la herramienta que ha usado para proteger su vida y llegar hasta aquí. Sus compañeros han sido, son y serán importantes, también aquellos que estuvieron y ya no navegan a su lado. Pero es este rifle el que está con él desde el principio, desde que al fin pudo controlar su enfermedad y salir de casa. Con él enfrentó el mundo, con él conoció la verdadera vida.
— Somos tú y yo, tonto amigo. — Solo le queda entregarse a él, confiar en la fuerza que posee y lo acompaña desde más arriba del plano terrenal. No sabe qué deberá enfrentar en la siguiente prueba, si estará a la altura o no, si jalar el gatillo estará permitido. Pero si algo le pidiese su capitán, sería que, pase lo que pase, lo haga con la frente en alto, dando un único puñetazo con todas sus fuerzas.
O, en el caso de Kiyoshi, una bala.
Ir a las gradas o seguir adelante. Eros aún está en competencia, Kiyoshi quiere superarlo.
¿La prueba del Bastión? Pues otro animal. Esto ya parece La Ley de la Selva.
Pero si un animal debe regresar a su plataforma… — Debe ser Kibai.
Lávense las manos
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