20-07-2026, 09:46 PM
Pequeños cascotes y trozos del edificio que se había derrumbado caían a un lado y a otro, como pequeños meteoritos, si bien fueron impactando únicamente en el suelo, y ninguno de gran tamaño, pero suficiente como para dispersar un poco más la multitud que allí se había acumulado, y a la que continuaban llegando nuevos cotillas y transeúntes que se desplazaban a toda velocidad desde cada punta de la isla para enterarse de las noticias más frescas. El anciano fue a decir algo sobre el nombre de Tenoch, pero algo más llamó su atención, que parecía ir siempre varias frases por detrás. "¿Los honores? ¿Q-quién en Nicolás?," balbuceaba el viejo, en el suelo, aterrado, observando a los Mushoku. Sin embargo, había pasado a estar en un segundo plano.
La voz que se había erigido entre la multitud, preguntando quién lo buscaba, pertenecía a un hombre hirsuto, desaliñado, sobre el par de metros de altura, de torso grueso, manos grandes y muñecas delgadas y huesudas, de un olor corporal que únicamente podría describirse como contundente, cubierto por un viejo y andrajoso abrigo negro con charreteras doradas sobre los hombros. Tenoch había podido verlo un rato antes, junto a la Taberna Black Tooth, reclutando hombres para su nueva tripulación. Venía con una botella de ron medio vacía en una de sus manos, pero su ademán era de una seriedad absoluta. "La Catástrofe y el Heraldo de la Santa Muerte," dijo, respondiendo a la pregunta del primero con lo que había dicho el segundo. "Mis lores Mushoku," dijo con teatralidad, aun sin caer en la parodia, efectuando una suerte de reverencia con un equilibrio que no hubiese cabido esperar de él. Pese a su aspecto, su aura, grisácea y negra, era tranquila, apesadumbrada y, en esencia, pacífica.
"Soy aquel al que llaman Grin," dijo, presentándose y situándose frente a Ashura y Tenoch, delante de toda la multitud. Alzó una ceja y recogió un pedazo de gárgola que había caído sobre el suelo, tomando aquel pedrusco como si apenas pesase medio kilo y observando la grotesca cara esculpida que presentaba, agrietada y con algunas de sus protuberancias destrozadas por la caída sobre el suelo. La observó con atención, examinándola casi como lo haría un arqueólogo, y luego dirigió su mirada al enorme edificio —o, al menos, al montón de escombros que lo había sustituido en mitad de una polvareda que se resisistía a desaparecer—, como atando cabos y entendiendo lo que seguramente acababa de ocurrir. Observó a Ashura, arqueando ambas cejas, y volvió a mirar la cabeza de la gárgola, antes de guardársela en uno de sus enormes bolsillos. "Me gustaba mucho ese sitio. ¿Habéis visitado las criptas? En la de más abajo solían tener una excelente colección de aguardientes. Bocato di cardinale," afirmó, agitando ligeramente su mano derecha con delicia y uniendo las puntas de cada uno de sus cinco dedos, deleitado ante el recuerdo de las jornadas allí transcurridas. Pero sabía que ya no era momento de aquello. "Creo que me estabais buscando, señores Mushoku," dijo, como volviendo a bajar a la tierra de aquella dulce remembranza. "A ti te vi antes," dijo, haciendo un ademán hacia Quetzalli Junior. "Intuyo que esos Marines que te decían los chiquillos han tenido algo que ver con...," señaló hacia el montón de escombros que solía ser el Galleon's Grotto, "... eso, ¿eh? No me malinterpretéis, no me extraña en absoluto. Me alegro de que os hayáis encargado de ellos. Hachinosu vive días extraños, se dice por ahí. Los rumores circulan rápido, pero circulan mal, y he oído al menos cinco versiones distintas de mi propia historia, así que no sé qué habréis oído o dejado de oír," explicó, antes de descorchar la botella de ron que portaba y dar un sorbito con el que pareció enjuagarse la boca, antes de tragarlo y exhalar afiladamente. "Un espadachín," dijo, poniéndose muy serio de pronto, al tiempo que alzaba un único y nudoso dedo índice, "un solo espadachín. No hace ni una semana, navegábamos rumbo a casa, a apenas unas millas de aquí," dijo, extendiendo su mano abierta hacia el mar en un barrido circular. "Un hijo de puta con un sable fue suficiente para mandar a todos mis hombres al fondo del océano," dijo, a medida que su ademán se tornaba en uno de repulsa y tristeza. Cuando Tenoch había cruzado su destino con él, efectivamente, el tal Grin parecía haber estado en busca de una tripulación. Y si un capitán buscaba una tripulación, algo tenía que haberle ocurrido a la anterior en primer lugar.
"Y luego está lo del almacén, claro," dijo, haciendo un ademán, como si aquella fuese una historia interminable. Ante aquellas palabras, comenzaron a circular los murmullos en torno a la totalidad del gentío, pero Grin pareció ignorarlos. "Uno nunca sabe cómo de fiables son los dichosos rumores, pero parece que alguna pandilla ha reventado uno por Rocky Port, seguramente la misma que había estado comprando pólvora como para el fin del mundo. No habéis sido vosotros, ¿no?," inquirió, alzando una ceja y gesticulando con la botella. Se cruzó de brazos, pensativo, como recolectando sus propios pensamientos al respecto. "Señor Ashura, señor Quetzalli... Cuéntanme, ¿en qué puedo ayudarles?," inquirió, pasando a ustedearlos repentinamente. "¿Buscan un nuevo grumete en los Mushoku, por un casual?"
La voz que se había erigido entre la multitud, preguntando quién lo buscaba, pertenecía a un hombre hirsuto, desaliñado, sobre el par de metros de altura, de torso grueso, manos grandes y muñecas delgadas y huesudas, de un olor corporal que únicamente podría describirse como contundente, cubierto por un viejo y andrajoso abrigo negro con charreteras doradas sobre los hombros. Tenoch había podido verlo un rato antes, junto a la Taberna Black Tooth, reclutando hombres para su nueva tripulación. Venía con una botella de ron medio vacía en una de sus manos, pero su ademán era de una seriedad absoluta. "La Catástrofe y el Heraldo de la Santa Muerte," dijo, respondiendo a la pregunta del primero con lo que había dicho el segundo. "Mis lores Mushoku," dijo con teatralidad, aun sin caer en la parodia, efectuando una suerte de reverencia con un equilibrio que no hubiese cabido esperar de él. Pese a su aspecto, su aura, grisácea y negra, era tranquila, apesadumbrada y, en esencia, pacífica.
"Soy aquel al que llaman Grin," dijo, presentándose y situándose frente a Ashura y Tenoch, delante de toda la multitud. Alzó una ceja y recogió un pedazo de gárgola que había caído sobre el suelo, tomando aquel pedrusco como si apenas pesase medio kilo y observando la grotesca cara esculpida que presentaba, agrietada y con algunas de sus protuberancias destrozadas por la caída sobre el suelo. La observó con atención, examinándola casi como lo haría un arqueólogo, y luego dirigió su mirada al enorme edificio —o, al menos, al montón de escombros que lo había sustituido en mitad de una polvareda que se resisistía a desaparecer—, como atando cabos y entendiendo lo que seguramente acababa de ocurrir. Observó a Ashura, arqueando ambas cejas, y volvió a mirar la cabeza de la gárgola, antes de guardársela en uno de sus enormes bolsillos. "Me gustaba mucho ese sitio. ¿Habéis visitado las criptas? En la de más abajo solían tener una excelente colección de aguardientes. Bocato di cardinale," afirmó, agitando ligeramente su mano derecha con delicia y uniendo las puntas de cada uno de sus cinco dedos, deleitado ante el recuerdo de las jornadas allí transcurridas. Pero sabía que ya no era momento de aquello. "Creo que me estabais buscando, señores Mushoku," dijo, como volviendo a bajar a la tierra de aquella dulce remembranza. "A ti te vi antes," dijo, haciendo un ademán hacia Quetzalli Junior. "Intuyo que esos Marines que te decían los chiquillos han tenido algo que ver con...," señaló hacia el montón de escombros que solía ser el Galleon's Grotto, "... eso, ¿eh? No me malinterpretéis, no me extraña en absoluto. Me alegro de que os hayáis encargado de ellos. Hachinosu vive días extraños, se dice por ahí. Los rumores circulan rápido, pero circulan mal, y he oído al menos cinco versiones distintas de mi propia historia, así que no sé qué habréis oído o dejado de oír," explicó, antes de descorchar la botella de ron que portaba y dar un sorbito con el que pareció enjuagarse la boca, antes de tragarlo y exhalar afiladamente. "Un espadachín," dijo, poniéndose muy serio de pronto, al tiempo que alzaba un único y nudoso dedo índice, "un solo espadachín. No hace ni una semana, navegábamos rumbo a casa, a apenas unas millas de aquí," dijo, extendiendo su mano abierta hacia el mar en un barrido circular. "Un hijo de puta con un sable fue suficiente para mandar a todos mis hombres al fondo del océano," dijo, a medida que su ademán se tornaba en uno de repulsa y tristeza. Cuando Tenoch había cruzado su destino con él, efectivamente, el tal Grin parecía haber estado en busca de una tripulación. Y si un capitán buscaba una tripulación, algo tenía que haberle ocurrido a la anterior en primer lugar.
"Y luego está lo del almacén, claro," dijo, haciendo un ademán, como si aquella fuese una historia interminable. Ante aquellas palabras, comenzaron a circular los murmullos en torno a la totalidad del gentío, pero Grin pareció ignorarlos. "Uno nunca sabe cómo de fiables son los dichosos rumores, pero parece que alguna pandilla ha reventado uno por Rocky Port, seguramente la misma que había estado comprando pólvora como para el fin del mundo. No habéis sido vosotros, ¿no?," inquirió, alzando una ceja y gesticulando con la botella. Se cruzó de brazos, pensativo, como recolectando sus propios pensamientos al respecto. "Señor Ashura, señor Quetzalli... Cuéntanme, ¿en qué puedo ayudarles?," inquirió, pasando a ustedearlos repentinamente. "¿Buscan un nuevo grumete en los Mushoku, por un casual?"
Off

![[Imagen: 7oac6oR.gif]](https://i.imgur.com/7oac6oR.gif)
![[Imagen: pDWijAU.png]](https://i.imgur.com/pDWijAU.png)