20-07-2026, 10:29 PM
[personajeinvalido=3941]
Aún oía ese molesto sonido en su mente. Opacaba cada palabra del hombre sobre la nube, cada canción o ánimo de los participantes hacia sus compañeros de grupo, incluso llegaba a volverlo sordo ante los vítores y la emoción que se demostraba a su alrededor.
Mientras que él estaba lejos, incapaz de participar en aquello que debía llevarlo a la gloria.
Levantó su vista un poco, lo suficiente para observar la palma de su mano derecha. Las 4 marcas de sus uñas todavía se veían ahí, todavía ardía su piel y carne si intentaba acariciarla con las yemas de sus dedos. Su sangre se había secado, ahora formaba un material endurecido y molesto entre sus dedos, pero que por algún motivo no se dignaba en limpiar.
Vio a más gente avanzar desde los cubículos hacia una nueva prueba, la estática en su cabeza no le había permitido escuchar de qué se trataba, pero sí podía distinguir a los participantes. Un marine, la mujer que los había interceptado antes en la jungla, el idiota cuyo wanted había igualado el suyo cuando paso hacia el Grand Line, otro marine de los que se cruzaron con él en Little Garden, es estúpido de Onizuka Jin, incluso Heras y María, a quienes no veía desde hace muchos meses, tal vez años.
Parecía ser una clase de prueba de velocidad, pues la mujer alada no hizo más que pasar a gran velocidad por una zona y después volver a su lugar. Los participantes tampoco iban a sorprenderlo, a la mayoría no podría verlos así que simplemente devolvió su mirada al suelo. Al menos hasta que un destello llamó su atención.
En cuanto levantó la vista nuevamente, ese participante ya había finalizado la prueba. El marine que desconocía, el peliblanco, pero conocía bien esos destellos de luz. Se había cruzado con el usuario del que, suponía, era el mismo poder. Rosse había capitaneado una banda pirata y acabó en la misma situación que él en los Cabos Gemelos. Era alguien temeroso, no parecía muy preparado para lo que una vida así pudiera traerle, por lo que descubrir que estaba muerto no era una sorpresa.
Con este descubrimiento, ya dos participantes de su lucha contra Sakana habían caído. Uker seguía ahí, vivo y habiendo llegado hasta este punto, pero algo en su interior le decía que tampoco era la gran cosa.
Sakana podría haberlos matado, Sohem podría haberse hartado de todos y provocar una masacre en esa playa de Little Garden, su camino podría haber terminado en el agua helada de Drum o en los desiertos de Arabasta, pero no lo hizo. ¿Por qué? ¿Porque era fuerte? Si no había podido hacer nada contra esos imbeciles bendecidos por el destino, no había podido demostrar su valía en los tan ansiados juegos ni podía matar a esos que intentaron meterse en su camino.
Volvió a escuchar ese molesto ruido, mientras su mente seguía llenándose de preguntas. ¿Podría matar a Sakana si lo enfrentara ahora? ¿Cuántas veces más debía dejar que otros lo pisoteen? Si la vida fuera más justa podría estar con su familia, muerto y en paz. ¿Por qué estaba vivo? ¿Por qué…?
Unas palabras se abrieron paso entre el agónico sonido que ocupaba su mente. Su rostro se giró lentamente, siguiendo a esa voz que llegaba desde uno de sus lados. Se trataba de esa birkaniana que los había encontrado en la jungla, antes de llegar a la ciudad.
No estaba de humor para hablar, tampoco es como que le entendiera a qué se refería cuando hablaba de “traerle algo”, por lo que simplemente devolvió su mirada a las pruebas y escuchó lo siguiente que ella tenía para decir.
¿Una apuesta? Varo estaría más que contento de conocer a esa mujer,pero el cocinero no era un apostador como el explorador de la tripu. - Apuesto 100 berries a que Kiyoshi Maeda consigue el primer puesto en la prueba en la que vaya a participar -. No sabía que clase de elecciones, o no elecciones, había hecho el equipo de su compañero, pero estaba seguro de que Kiyoshi no aceptaría participar en nada que requiera algo físico. Si existía una prueba para medir la precisión, el medico iba a lograr aquello que él estaba esperando conseguir en cuanto llegaron a la isla.
Mente de Uker (Recomiendo bajar el volumen)
Aún oía ese molesto sonido en su mente. Opacaba cada palabra del hombre sobre la nube, cada canción o ánimo de los participantes hacia sus compañeros de grupo, incluso llegaba a volverlo sordo ante los vítores y la emoción que se demostraba a su alrededor.
Mientras que él estaba lejos, incapaz de participar en aquello que debía llevarlo a la gloria.
Levantó su vista un poco, lo suficiente para observar la palma de su mano derecha. Las 4 marcas de sus uñas todavía se veían ahí, todavía ardía su piel y carne si intentaba acariciarla con las yemas de sus dedos. Su sangre se había secado, ahora formaba un material endurecido y molesto entre sus dedos, pero que por algún motivo no se dignaba en limpiar.
Vio a más gente avanzar desde los cubículos hacia una nueva prueba, la estática en su cabeza no le había permitido escuchar de qué se trataba, pero sí podía distinguir a los participantes. Un marine, la mujer que los había interceptado antes en la jungla, el idiota cuyo wanted había igualado el suyo cuando paso hacia el Grand Line, otro marine de los que se cruzaron con él en Little Garden, es estúpido de Onizuka Jin, incluso Heras y María, a quienes no veía desde hace muchos meses, tal vez años.
Parecía ser una clase de prueba de velocidad, pues la mujer alada no hizo más que pasar a gran velocidad por una zona y después volver a su lugar. Los participantes tampoco iban a sorprenderlo, a la mayoría no podría verlos así que simplemente devolvió su mirada al suelo. Al menos hasta que un destello llamó su atención.
En cuanto levantó la vista nuevamente, ese participante ya había finalizado la prueba. El marine que desconocía, el peliblanco, pero conocía bien esos destellos de luz. Se había cruzado con el usuario del que, suponía, era el mismo poder. Rosse había capitaneado una banda pirata y acabó en la misma situación que él en los Cabos Gemelos. Era alguien temeroso, no parecía muy preparado para lo que una vida así pudiera traerle, por lo que descubrir que estaba muerto no era una sorpresa.
Con este descubrimiento, ya dos participantes de su lucha contra Sakana habían caído. Uker seguía ahí, vivo y habiendo llegado hasta este punto, pero algo en su interior le decía que tampoco era la gran cosa.
Sakana podría haberlos matado, Sohem podría haberse hartado de todos y provocar una masacre en esa playa de Little Garden, su camino podría haber terminado en el agua helada de Drum o en los desiertos de Arabasta, pero no lo hizo. ¿Por qué? ¿Porque era fuerte? Si no había podido hacer nada contra esos imbeciles bendecidos por el destino, no había podido demostrar su valía en los tan ansiados juegos ni podía matar a esos que intentaron meterse en su camino.
Volvió a escuchar ese molesto ruido, mientras su mente seguía llenándose de preguntas. ¿Podría matar a Sakana si lo enfrentara ahora? ¿Cuántas veces más debía dejar que otros lo pisoteen? Si la vida fuera más justa podría estar con su familia, muerto y en paz. ¿Por qué estaba vivo? ¿Por qué…?
Unas palabras se abrieron paso entre el agónico sonido que ocupaba su mente. Su rostro se giró lentamente, siguiendo a esa voz que llegaba desde uno de sus lados. Se trataba de esa birkaniana que los había encontrado en la jungla, antes de llegar a la ciudad.
No estaba de humor para hablar, tampoco es como que le entendiera a qué se refería cuando hablaba de “traerle algo”, por lo que simplemente devolvió su mirada a las pruebas y escuchó lo siguiente que ella tenía para decir.
¿Una apuesta? Varo estaría más que contento de conocer a esa mujer,pero el cocinero no era un apostador como el explorador de la tripu. - Apuesto 100 berries a que Kiyoshi Maeda consigue el primer puesto en la prueba en la que vaya a participar -. No sabía que clase de elecciones, o no elecciones, había hecho el equipo de su compañero, pero estaba seguro de que Kiyoshi no aceptaría participar en nada que requiera algo físico. Si existía una prueba para medir la precisión, el medico iba a lograr aquello que él estaba esperando conseguir en cuanto llegaron a la isla.
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