21-07-2026, 09:49 PM
30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde
Don't send me no angel, this city's too cold. 'Cause I need a man with a black heart of gold
─ ♚ ─
El movimiento de Nyx hacia la otra puerta del pasillo había sido su defensa para no terminar con ese pensamiento que abordaba lo que él podría significar en medio de ese “esto” que ella definió con anterioridad en las escaleras. Prefería concentrarse en la deficiencia de una segunda cama que Kane pudiese usar para descansar, y el hecho de que ella se negase a compartir ese minúsculo sofá al mismo tiempo que él, porque ya lo había dicho: no cometería el error de cerrar los ojos con un depredador en la casa. Cuando habló a su espalda, ella se cruzó de brazos bajo el pecho antes de volver en su dirección ¿el sueño le estaba afectando el pensamiento o acababa de decirle impaciente e impulsiva como si tuviese un fundamento?
La molestia creció en su interior, y ese gesto, ese sutil arqueo de ceja convertía su molestia gélida en una visual de majestuosidad orgullosa. En todas las situaciones a las que se veía enfrentada ella mantenía el control de lo que sucedía, no cedía terreno ni daba la razón y siempre encontraba la forma de solucionarlo ¿Por qué? Porque así era ella, esa era su naturaleza, difícil, compleja, filosa, asumiendo problemas y cosas que no le pertenecían pero que, sencillamente, no podía mirar hacia un lado y él, Barald Kane tenía la osadía de llamarla impaciente e impulsiva, como si fuese un calificativo que la definiera hasta los cimientos.
Si ella era impaciente e impulsiva…¿Qué quedaba para él que respondía a sus exigencias?
No dijo nada mientras la escolta hablaba de la información que ella le solicitó anteriormente, esos eran los hechos que necesitaba para saber a qué se enfrentarían por ayudar a otros niños y al hermano de Sara. Y, la sombra de una sonrisa casi se le escapa de los labios carmesí cuando añadió con total naturalidad que los bandidos que las habían atacado en la playa, no merecían vivir en el mismo mundo que él.
Y Nyx…
La molestia creció en su interior, y ese gesto, ese sutil arqueo de ceja convertía su molestia gélida en una visual de majestuosidad orgullosa. En todas las situaciones a las que se veía enfrentada ella mantenía el control de lo que sucedía, no cedía terreno ni daba la razón y siempre encontraba la forma de solucionarlo ¿Por qué? Porque así era ella, esa era su naturaleza, difícil, compleja, filosa, asumiendo problemas y cosas que no le pertenecían pero que, sencillamente, no podía mirar hacia un lado y él, Barald Kane tenía la osadía de llamarla impaciente e impulsiva, como si fuese un calificativo que la definiera hasta los cimientos.
Si ella era impaciente e impulsiva…¿Qué quedaba para él que respondía a sus exigencias?
No dijo nada mientras la escolta hablaba de la información que ella le solicitó anteriormente, esos eran los hechos que necesitaba para saber a qué se enfrentarían por ayudar a otros niños y al hermano de Sara. Y, la sombra de una sonrisa casi se le escapa de los labios carmesí cuando añadió con total naturalidad que los bandidos que las habían atacado en la playa, no merecían vivir en el mismo mundo que él.
Y Nyx…
Nyx no se había equivocado cuando percibió esa calma letal que él cargaba consigo, esa que lograba hacer que el mundo contuviese el aliento en su presencia.
Espero que continuase, atenta.
Espero que continuase, atenta.
“Error, Kane”
Ella no necesitaba cumplir un papel que él le estaba designando, creía que eso ya había quedado claro en la agradable conversación que sostuvieron en el primer piso ¿o necesitaba devolverle el golpe para recordárselo? Nyxara Archeron no iba a dejarlo pasar y mucho menos cuando la molestia se volvió viva al momento que Barald mencionó la recompensa de Sara ¿Realmente… él creía… que ella… iba a tomar… el dinero…? Dio un paso firme hacia él … ¿Realmente…él creía…que ella era…esa clase de escoria…que se aprovechaba de una niña? Los dedos de sus manos se enterraron con fuerza sobre su antebrazo donde se mantenian desde que se habia cruzado de brazos, que lo dioses lo libraran de…
Pero su contra ataque nunca llegó.
La Archeron no sabría definir si fue la acción que le pareció demasiado cercana, ese gesto sencillo donde extendía aquel collar que lo había visto sostener entre sus dedos cuando ella lo abordo por la espalda frente a la ventana, o fue esa mirada que reflejaba un dolor demasiado conocido aquello que aplacó su enfado de tormenta.
Quizás…fue una mezcla de ambos.
Tomo el collar con su mano izquierda, como si en ese gesto, quisiera responder con la contención silenciosa que las palabras no podrían entregar. Y sus ojos del color del mar se encontraron con otra niña que sonreía con esa alegría infinita que solo la inocencia de quien no ha sido tocada por la crudeza del mundo podría otorgar. Era una niña hermosa, una que poseía los mismos ojos de fuego y el cabello del color de la noche; el no necesitaba decirlo para que ella lo entendiese todo en ese preciso instante.
Su pecho amplio subió y bajo. Un solo gesto. Esa acción vieja y demasiado arraigada en ella en la que intentaba desesperadamente tomar aire para sobrevivir a la angustia que se apoderaba de su garganta mientras ella se mantenía en pie a base de carácter.
Ahí, entre sus manos que cargaban lo más preciado para Barald Kane.
Ahí, entre la perdida y la ausencia.
Pensó en Seren, su hermana que ya no estaba con ella y el duelo, ese dolor silencioso que sería algo con lo que viviría hasta su último aliento. Pensó en Aelira, su hermana a quien ni siquiera sabía por dónde comenzar a buscar. Pensó en Nesta, su madre, quien había depositado en ella la esperanza de salvar a la otra hija que le quedaba viva. Pensó en Cassian, su padre, quien no debía enterarse jamás de lo que ella había decidido sacrificar para encontrar a su hermana y para mantenerlos a ellos a salvo.
Pensó en él, en Barald Kane.
En la angustia, la perdida y el dolor que podría estar sintiendo al pensar que su hija podría estar allí.
Pensó en él, en Barald Kane.
En la acción necesaria de recolectar los pedazos que dejaban las escorias que la habían tomado para armar ese puzzle, esperando por encajar una pieza que no fuera fatal mientras debía aguantar apretando los dientes…
Pensó en él, en Barald Kane.
En esa mentira que era inevitable decirse a uno mismo. Esa que ella se decía todas las noches mientras se destruía a sí misma solo para sostenerse un poco más, aun sabiendo que era algo totalmente irracional pero que tozuda se aferraba con las uñas a ese sentimiento que anidaba en su pecho, ese que le diría que su hermana estaba viva, estaba bien.
Como si un sentimiento, una corazonada, fuera una certeza.
Pensó en él, en Barald Kane.
En cuantas veces se habría dicho a sí mismo: Está viva…está bien.
Comprendió la falta de descanso, comprendió el peso de la situación…pero, sobre todo, sintió su dolor como propio. Solo allí, solo en ese momento volvió a mirarlo, y temió que la grieta que esa foto acababa de abrir en ella revelara demasiado fácil, demasiado evidente, el símil de su dolor mientras esa maldita sensación de sobreprotección que ella mantenía a ralla a base de carácter anidaba con fuerza propia en su pecho.
Volvió a inhalar, sosteniendo, por un momento más de lo necesario ese espacio que el aire luchaba por encontrar en ella.
Deseo arrancarle el dolor de la mirada, porque decirle que todo estaría bien sería hacer una promesa que no podría cumplir. Deseo arrancarle el dolor de la mirada y por ello, sostendría una paz armada con ese hombre, todo por salvar las vidas de aquellos niños…
Iba a entregarle el colgante y mandarlo a dormir, si, esa era la acción más sensata. Lo que cualquier mujer que acababa de escuchar que ese hombre estaba buscando a su hija por todo el south blue haría. Quizás, otras también hubiesen buscado consolarlo en el camino, pero ella…
Pero Nyx…
Ella no podía tolerar que el fuego de esa mirada…
Que Barald, quien se había encargado de mirarla directamente al rostro después de que ella le había dicho que le faltaban agallas para hacerlo…
Cuando le entregó el collar midiendo la presión de sus dedos como si sostuviera un recuerdo hecho de cristal, sus dedos se detuvieron apenas un instante sobre la palma de su mano, en ese roce deliberado, en ese credo silencioso de dos almas golpeadas por la pérdida, pero la piedad y el reconocimiento duraron un suspiro. Nyxara Archeron irguió la espalda y la herida de su hombro cruzó con una punzada por el centro de su espalda, aun así, no le importó, avanzó hacia él como el depredador que era. Fue por ello por lo que presionó y jugo para volver a colocarlo en su lugar mientras ella se posicionaba por encima de él con su forma de ser. No, no iba a darle tregua, e iba a arrancarle el dolor de esa mirada a base de desafío, orgullo y tensión, porque así era ella.
Si el buscaba un refugio tibio que acunara sus heridas con lágrimas compasivas se había equivocado de criatura. Ella no sabía compadecer, menos a un hombre como él…con quien acaba de entender como Barald Kane era capaz de tener sangre en sus manos y la verdad en sus ojos.
Además, necesitaba su katana.
Y ella realmente lo había hecho para mandarlo a dormir a ese sofá en el primer piso.
Y ella realmente no creyó que la escolta le respondiera.
Y lo vio extender sus dedos que se posicionaron en su rostro de líneas finas y pecas dispersas. Y el contacto contra su piel volvió a quemar. Y su cuerpo avanzó hacia el…
Sus labios volvieron a separarse con suavidad…
Allí, en la osadía, las brasas que se habían transformado sus ojos volvían a encenderse ante ella. La angustia en su pecho desapareció ante la advertencia ¿Qué el mordía? Casi se le escapa una sonrisa.
“No, Kane”
Barald Kane no sabía lo que era morder porque ella no se había cruzado antes en su camino. El la soltó y ella estaba preparada para responder a esa maldita y seductora osadía…
Entonces la besó.
Y Nyx…
A Nyx su cuerpo la traicionó.
Sintió como sus rodillas amenazaron con ceder ante la intensidad de ese beso ¿no había dicho ella que no cerraría los ojos si tenía a un depredador en la sala? Debía apartarlo, debía encararlo, debía…
Y por deber, Nyxara Archeron, había incendiado más de una cosa.
Ahí en medio de ese pasillo oscuro ella se quedó inmóvil cuando él se alejó. Intentando que su cuerpo dejara de traicionarla volviéndose oro líquido bajo la intensidad de su boca para ser nuevamente una sola entidad eficiente, pero…sencillamente ¿Cuánto tiempo había pasado desde que un hombre la había besado así? Inconsciente llevo sus dedos a sus labios en medio de esa oscuridad como si buscara retener el calor del cuerpo ajeno mientras veía la espalda de Barald Kane alejarse…
¿Cinco, seis años, tal vez? Había sucedido el año que Seren falleció y todo lo que ella era y conocía hasta ese momento, murió con su hermana.
El problema era el tiempo… había pasado tanto tiempo en que su cuerpo había sentido la calidez de otro que había olvidado por completo la sensación, y, si no la recordaba, no tenía por qué desearla.
No.
No lo había olvidado.
Ni esa sensación, ni el deseo que crepitaba inagotable en su interior.
Simplemente había guardado todo en ese cofre oxidado muy dentro de sí misma, colgándose la llave al cuello para asegurarse de que jamás volviese a encontrarse con un hombre capaz de hacerle frente, con las agallas suficientes para cometer la insensates de no retroceder ante ella, ante su personalidad fuerte, filosa, directa, detrás de su lengua de plata capaz de desafiarlo todo sin pestañar...
Y creía que lo había logrado…
Hasta que los niños del mar y su propia perdida decidieron ponerla en el camino de Barald Kane. Y él arrogante, atractivo e increíblemente irritante Barald Kane había decidido arrebatarle aquella llave que ella defendía con garras y colmillos…
La molestia creció en su interior y burbujeo hasta volverse ira, mientras era ese impulso el que la hacía caminar hacia él. Lo alcanzó en la escalera y antes de que diera otro paso más Nyx se colocó a su lado, afirmándolo de la gabardina oscura que llevaba lo estampó contra la pared en la que se sostenía la escalera. Cada curva de su cuerpo reconoció la firmeza del cuerpo contrario, no había espacio entre su vientre, no había brecha de aire entre su pecho generoso y el torso del espadachín, ya no había distancia, ya no había medio paso de “seguridad”, estaba vez, el calor del cuerpo de Nyx, lo invadía todo.
Estaba furiosa con él por besarla de esa forma, con esa osadía arrogante que había causado estragos en su interior, estaba furiosa con él por raptarla, estaba furiosa con él por asumir que ella jugaría el juego que él estaba marcando, estaba furiosa con él por decirle que era impulsiva, estaba furiosa con él por decirle que se quedara con el dinero de Sara, estaba furiosa con él por hacerle bajar sus defensas con la fotografía de su hija, estaba furiosa con él por lanzarle un nuevo desafío que le haría arrancarle la katana de las manos, solo para demostrarle que no iba a ceder terreno ante él, estaba furiosa con él por hacerle frente sin siquiera pestañar, estaba furiosa con él por recordarle que el deseo existía…pero sobre todo, estaba furiosa con él por hacerle desearlo desde que la violencia de esa calma impropia que el llevaba consigo, irrumpió en medio de la playa.
Desde que se dio cuenta que él, Barald Kane, no pensaba ceder ante ella.
Desde que se dio cuenta que ella, Nyxara Archeron, no pensaba ceder ante él.
El mar de sus ojos recorrió ese rostro varonil, esa mirada de fuego y el cansancio debajo de ella, la forma de su nariz, esos labios cargados de audacia que acababan de arrebatarle el aliento – ¡Eres un…! – El insulto murió sin terminar, estrangulado en su propia garganta cuando el fuego le gano a la furia. Nyx no espero que Barald procesara su acción, estrello sus labios contra la boca del pirata. Sus dedos se clavaron en la tela del abrigo que el llevaba cuando lo atrajo hacia ella y su cuerpo se apretó contra el contrario, no le importó que en ese gesto ella sostuviera el peso de ambos al apegarlo contra la pared, no le importó que su nariz se embriagara con esas notas varoniles, no le importó inclinar su rostro hacia arriba a causa de la distancia física y, ciertamente, no le importó tirar de esa tela pesada para obligarlo a acotar la distancia de ella, empujándolo contra la madera de la escalera sin darle la oportunidad de erguirse ni retroceder; su boca se encargó de tomar cada espacio de la contraria con un hambre acumulada. En ese ritmo feroz que no pedía permiso, sino que reclamaba el territorio de la boca de Barald Kane como propio, los labios húmedos de Nyx se encargaron de recorrer y sellar cualquier brecha.
En medio de esa mezcla de respiraciones entrecortadas y fuego líquido que devoraba su aliento, hasta dejarlo sin otra arma más que su boca para defenderse.
Su pecho amplio subió y bajo mientras chocaba una y otra vez con el torso de la escolta en medio de ese beso. Para tratar de recuperar el aliento del fuego que ella acababa de verterle en la garganta, se separó apenas, succionando el labio inferior de Barald en el proceso – Necesito la katana para hacer la guardia, Kane – susurró, mirando directo al incendio que había en esos ojos, y se aseguró que su boca rozara la contraria a cada silaba que acababa de pronunciar. Podía percibir el calor de sus labios y el incendio que ella había impreso en los contrarios – Así que, juega al chico bueno y entrégamela – sonrió, con esa gracia devoradora y magnética; la visión cautivadora donde el rojo de sus labios, húmedos tras el beso, combinaba la belleza de la tentación con la promesa implícita de una ejecución, mientras su mano izquierda se deslizaba desde el cuello de su gabardina, rozaba su torso y descendía hasta la muñeca donde él sostenía el arma. Con una caricia calculada, se aseguró de colocar su mano sobre la contraria, alrededor del mango de la espada – Porque tú necesitas dormir –
Y porque ella no estaba segura como iba a terminar esa tensión que había entre ambos si el volvía a besarla.
Ella no necesitaba cumplir un papel que él le estaba designando, creía que eso ya había quedado claro en la agradable conversación que sostuvieron en el primer piso ¿o necesitaba devolverle el golpe para recordárselo? Nyxara Archeron no iba a dejarlo pasar y mucho menos cuando la molestia se volvió viva al momento que Barald mencionó la recompensa de Sara ¿Realmente… él creía… que ella… iba a tomar… el dinero…? Dio un paso firme hacia él … ¿Realmente…él creía…que ella era…esa clase de escoria…que se aprovechaba de una niña? Los dedos de sus manos se enterraron con fuerza sobre su antebrazo donde se mantenian desde que se habia cruzado de brazos, que lo dioses lo libraran de…
Pero su contra ataque nunca llegó.
La Archeron no sabría definir si fue la acción que le pareció demasiado cercana, ese gesto sencillo donde extendía aquel collar que lo había visto sostener entre sus dedos cuando ella lo abordo por la espalda frente a la ventana, o fue esa mirada que reflejaba un dolor demasiado conocido aquello que aplacó su enfado de tormenta.
Quizás…fue una mezcla de ambos.
Tomo el collar con su mano izquierda, como si en ese gesto, quisiera responder con la contención silenciosa que las palabras no podrían entregar. Y sus ojos del color del mar se encontraron con otra niña que sonreía con esa alegría infinita que solo la inocencia de quien no ha sido tocada por la crudeza del mundo podría otorgar. Era una niña hermosa, una que poseía los mismos ojos de fuego y el cabello del color de la noche; el no necesitaba decirlo para que ella lo entendiese todo en ese preciso instante.
Su pecho amplio subió y bajo. Un solo gesto. Esa acción vieja y demasiado arraigada en ella en la que intentaba desesperadamente tomar aire para sobrevivir a la angustia que se apoderaba de su garganta mientras ella se mantenía en pie a base de carácter.
Ahí, entre sus manos que cargaban lo más preciado para Barald Kane.
Ahí, entre la perdida y la ausencia.
Pensó en Seren, su hermana que ya no estaba con ella y el duelo, ese dolor silencioso que sería algo con lo que viviría hasta su último aliento. Pensó en Aelira, su hermana a quien ni siquiera sabía por dónde comenzar a buscar. Pensó en Nesta, su madre, quien había depositado en ella la esperanza de salvar a la otra hija que le quedaba viva. Pensó en Cassian, su padre, quien no debía enterarse jamás de lo que ella había decidido sacrificar para encontrar a su hermana y para mantenerlos a ellos a salvo.
Pensó en él, en Barald Kane.
En la angustia, la perdida y el dolor que podría estar sintiendo al pensar que su hija podría estar allí.
Pensó en él, en Barald Kane.
En la acción necesaria de recolectar los pedazos que dejaban las escorias que la habían tomado para armar ese puzzle, esperando por encajar una pieza que no fuera fatal mientras debía aguantar apretando los dientes…
Pensó en él, en Barald Kane.
En esa mentira que era inevitable decirse a uno mismo. Esa que ella se decía todas las noches mientras se destruía a sí misma solo para sostenerse un poco más, aun sabiendo que era algo totalmente irracional pero que tozuda se aferraba con las uñas a ese sentimiento que anidaba en su pecho, ese que le diría que su hermana estaba viva, estaba bien.
Como si un sentimiento, una corazonada, fuera una certeza.
Pensó en él, en Barald Kane.
En cuantas veces se habría dicho a sí mismo: Está viva…está bien.
Comprendió la falta de descanso, comprendió el peso de la situación…pero, sobre todo, sintió su dolor como propio. Solo allí, solo en ese momento volvió a mirarlo, y temió que la grieta que esa foto acababa de abrir en ella revelara demasiado fácil, demasiado evidente, el símil de su dolor mientras esa maldita sensación de sobreprotección que ella mantenía a ralla a base de carácter anidaba con fuerza propia en su pecho.
Volvió a inhalar, sosteniendo, por un momento más de lo necesario ese espacio que el aire luchaba por encontrar en ella.
Deseo arrancarle el dolor de la mirada, porque decirle que todo estaría bien sería hacer una promesa que no podría cumplir. Deseo arrancarle el dolor de la mirada y por ello, sostendría una paz armada con ese hombre, todo por salvar las vidas de aquellos niños…
Iba a entregarle el colgante y mandarlo a dormir, si, esa era la acción más sensata. Lo que cualquier mujer que acababa de escuchar que ese hombre estaba buscando a su hija por todo el south blue haría. Quizás, otras también hubiesen buscado consolarlo en el camino, pero ella…
Pero Nyx…
Ella no podía tolerar que el fuego de esa mirada…
Que Barald, quien se había encargado de mirarla directamente al rostro después de que ella le había dicho que le faltaban agallas para hacerlo…
Cuando le entregó el collar midiendo la presión de sus dedos como si sostuviera un recuerdo hecho de cristal, sus dedos se detuvieron apenas un instante sobre la palma de su mano, en ese roce deliberado, en ese credo silencioso de dos almas golpeadas por la pérdida, pero la piedad y el reconocimiento duraron un suspiro. Nyxara Archeron irguió la espalda y la herida de su hombro cruzó con una punzada por el centro de su espalda, aun así, no le importó, avanzó hacia él como el depredador que era. Fue por ello por lo que presionó y jugo para volver a colocarlo en su lugar mientras ella se posicionaba por encima de él con su forma de ser. No, no iba a darle tregua, e iba a arrancarle el dolor de esa mirada a base de desafío, orgullo y tensión, porque así era ella.
Si el buscaba un refugio tibio que acunara sus heridas con lágrimas compasivas se había equivocado de criatura. Ella no sabía compadecer, menos a un hombre como él…con quien acaba de entender como Barald Kane era capaz de tener sangre en sus manos y la verdad en sus ojos.
Además, necesitaba su katana.
Y ella realmente lo había hecho para mandarlo a dormir a ese sofá en el primer piso.
Y ella realmente no creyó que la escolta le respondiera.
Y lo vio extender sus dedos que se posicionaron en su rostro de líneas finas y pecas dispersas. Y el contacto contra su piel volvió a quemar. Y su cuerpo avanzó hacia el…
Sus labios volvieron a separarse con suavidad…
Para volver a saborear la tensión electrizante que se respiraba entre ambos.
Allí, en la osadía, las brasas que se habían transformado sus ojos volvían a encenderse ante ella. La angustia en su pecho desapareció ante la advertencia ¿Qué el mordía? Casi se le escapa una sonrisa.
“No, Kane”
Barald Kane no sabía lo que era morder porque ella no se había cruzado antes en su camino. El la soltó y ella estaba preparada para responder a esa maldita y seductora osadía…
Entonces la besó.
Y Nyx…
A Nyx su cuerpo la traicionó.
Sintió como sus rodillas amenazaron con ceder ante la intensidad de ese beso ¿no había dicho ella que no cerraría los ojos si tenía a un depredador en la sala? Debía apartarlo, debía encararlo, debía…
Y por deber, Nyxara Archeron, había incendiado más de una cosa.
Ahí en medio de ese pasillo oscuro ella se quedó inmóvil cuando él se alejó. Intentando que su cuerpo dejara de traicionarla volviéndose oro líquido bajo la intensidad de su boca para ser nuevamente una sola entidad eficiente, pero…sencillamente ¿Cuánto tiempo había pasado desde que un hombre la había besado así? Inconsciente llevo sus dedos a sus labios en medio de esa oscuridad como si buscara retener el calor del cuerpo ajeno mientras veía la espalda de Barald Kane alejarse…
¿Cinco, seis años, tal vez? Había sucedido el año que Seren falleció y todo lo que ella era y conocía hasta ese momento, murió con su hermana.
El problema era el tiempo… había pasado tanto tiempo en que su cuerpo había sentido la calidez de otro que había olvidado por completo la sensación, y, si no la recordaba, no tenía por qué desearla.
No.
No lo había olvidado.
Ni esa sensación, ni el deseo que crepitaba inagotable en su interior.
Simplemente había guardado todo en ese cofre oxidado muy dentro de sí misma, colgándose la llave al cuello para asegurarse de que jamás volviese a encontrarse con un hombre capaz de hacerle frente, con las agallas suficientes para cometer la insensates de no retroceder ante ella, ante su personalidad fuerte, filosa, directa, detrás de su lengua de plata capaz de desafiarlo todo sin pestañar...
Y creía que lo había logrado…
Hasta que los niños del mar y su propia perdida decidieron ponerla en el camino de Barald Kane. Y él arrogante, atractivo e increíblemente irritante Barald Kane había decidido arrebatarle aquella llave que ella defendía con garras y colmillos…
La molestia creció en su interior y burbujeo hasta volverse ira, mientras era ese impulso el que la hacía caminar hacia él. Lo alcanzó en la escalera y antes de que diera otro paso más Nyx se colocó a su lado, afirmándolo de la gabardina oscura que llevaba lo estampó contra la pared en la que se sostenía la escalera. Cada curva de su cuerpo reconoció la firmeza del cuerpo contrario, no había espacio entre su vientre, no había brecha de aire entre su pecho generoso y el torso del espadachín, ya no había distancia, ya no había medio paso de “seguridad”, estaba vez, el calor del cuerpo de Nyx, lo invadía todo.
Estaba furiosa con él por besarla de esa forma, con esa osadía arrogante que había causado estragos en su interior, estaba furiosa con él por raptarla, estaba furiosa con él por asumir que ella jugaría el juego que él estaba marcando, estaba furiosa con él por decirle que era impulsiva, estaba furiosa con él por decirle que se quedara con el dinero de Sara, estaba furiosa con él por hacerle bajar sus defensas con la fotografía de su hija, estaba furiosa con él por lanzarle un nuevo desafío que le haría arrancarle la katana de las manos, solo para demostrarle que no iba a ceder terreno ante él, estaba furiosa con él por hacerle frente sin siquiera pestañar, estaba furiosa con él por recordarle que el deseo existía…pero sobre todo, estaba furiosa con él por hacerle desearlo desde que la violencia de esa calma impropia que el llevaba consigo, irrumpió en medio de la playa.
Desde que se dio cuenta que él, Barald Kane, no pensaba ceder ante ella.
Desde que se dio cuenta que ella, Nyxara Archeron, no pensaba ceder ante él.
El mar de sus ojos recorrió ese rostro varonil, esa mirada de fuego y el cansancio debajo de ella, la forma de su nariz, esos labios cargados de audacia que acababan de arrebatarle el aliento – ¡Eres un…! – El insulto murió sin terminar, estrangulado en su propia garganta cuando el fuego le gano a la furia. Nyx no espero que Barald procesara su acción, estrello sus labios contra la boca del pirata. Sus dedos se clavaron en la tela del abrigo que el llevaba cuando lo atrajo hacia ella y su cuerpo se apretó contra el contrario, no le importó que en ese gesto ella sostuviera el peso de ambos al apegarlo contra la pared, no le importó que su nariz se embriagara con esas notas varoniles, no le importó inclinar su rostro hacia arriba a causa de la distancia física y, ciertamente, no le importó tirar de esa tela pesada para obligarlo a acotar la distancia de ella, empujándolo contra la madera de la escalera sin darle la oportunidad de erguirse ni retroceder; su boca se encargó de tomar cada espacio de la contraria con un hambre acumulada. En ese ritmo feroz que no pedía permiso, sino que reclamaba el territorio de la boca de Barald Kane como propio, los labios húmedos de Nyx se encargaron de recorrer y sellar cualquier brecha.
En medio de esa mezcla de respiraciones entrecortadas y fuego líquido que devoraba su aliento, hasta dejarlo sin otra arma más que su boca para defenderse.
Su pecho amplio subió y bajo mientras chocaba una y otra vez con el torso de la escolta en medio de ese beso. Para tratar de recuperar el aliento del fuego que ella acababa de verterle en la garganta, se separó apenas, succionando el labio inferior de Barald en el proceso – Necesito la katana para hacer la guardia, Kane – susurró, mirando directo al incendio que había en esos ojos, y se aseguró que su boca rozara la contraria a cada silaba que acababa de pronunciar. Podía percibir el calor de sus labios y el incendio que ella había impreso en los contrarios – Así que, juega al chico bueno y entrégamela – sonrió, con esa gracia devoradora y magnética; la visión cautivadora donde el rojo de sus labios, húmedos tras el beso, combinaba la belleza de la tentación con la promesa implícita de una ejecución, mientras su mano izquierda se deslizaba desde el cuello de su gabardina, rozaba su torso y descendía hasta la muñeca donde él sostenía el arma. Con una caricia calculada, se aseguró de colocar su mano sobre la contraria, alrededor del mango de la espada – Porque tú necesitas dormir –
Y porque ella no estaba segura como iba a terminar esa tensión que había entre ambos si el volvía a besarla.
Léeme
