22-07-2026, 09:02 AM
La Prueba del Bastión comenzó.
—Estamos jodidos —dijo, anunció, sonriente. Después de escuchar la explicación de El Dirigente y comprender, como todos, lo que se necesitaba para destacar en esa prueba, un nombre vino a su cabeza. Un pensamiento tan claro como fugaz: estaban jodidos. Y no solo él, ni su grupo, sino todos. Todos excepto los compañeros de esa persona. En ese instante de iluminación, recordó los entrenamientos, las peleas, las docenas de golpes que había conectado en esa coraza. Aunque lo intentó, y Dios sabe que puso todo de si en ello, no existía un momento, un instante, dónde Juan Sebastian diera un paso atrás frente a la adversidad. El bastión de la octogésima división... No le sorprendió ver que era el primero en dar un paso al frente.
—¡Presta atención, Uvita! —Enji se acuclilló en el límite de su cubículo, la mirada fija en el gyojin ( tortuga ) que se acercaba al centro del escenario—. Ese que ves ahí es… —Juan se cayó—. Ese… —¿Estaba fumando?—. ¡EH, JUAN! —La vena de la frente se le infló como un globo al instante—. ¿Y TÚ DESDE CUÁNDO FUMAS? —Volteó y a todo el grupo uno le dedicó una mirada asesina—. ¿QUIÉN FUE EL HIJO DE PUTA QUE LE DIÓ UN CIGARRO?
¿Demasiado paternal? Demasiado fraternal, en realidad. Enji se sentía, por momentos, el hermano mayor de sus compañeros de división, y por otros muchos ratos era el revoltoso hermano menor. Todo dependía de las circunstancias. En ese caso, ver a Juan, con quién viajaba desde hacía más de un año y que NUNCA le había pedido probar cigarro, fumar, a poco de que fuera arrancado de ellos para formar equipo con extraños…
Estaba siendo influenciado, claramente. Mal influenciado.
—¿Cómo carajos le dan de fumar a una tortuga? ¡Es una abominación! —farfulló, indignado, mientras la prueba daba inicio—. Es como… no sé, ponerle tetina a una petaca y darle whisky a un bebé. Degenerados.
La prueba de Juan Sebastian, cómo esperaba, fue excelente. El escudo de su división podía haberse tomado unas vacaciones delante de ese chorro de aire y relajarse una temporada, pues, a comparación de quienes vinieron después, Juan destacó de forma evidente. Lo envidiaba un poco en ese momento, porque era el enemigo, pero no podía evitar, al mismo tiempo, sentirse orgulloso de su rendimiento. Sería el mejor de los nueve grupos. «Y yo me llevé un quinto lugar… fuck, Juan, te voy a tener que dar una paliza la próxima vez que entrenemos». Sonrió al pensar en ello. Siempre era divertido pelearse entre ellos.
El rubio del grupo, tras una simple orden, obligó a emerger de la tierra a dos seres humanoides enteramente compuestos de tierra. Enji lo vio, alzó una ceja y, curioso, se acercó.
¿Una fruta del diablo?
—Mierda… shihahahaha, tengo que admitir que tienes estilo, rubiecito. —De un pequeño salto se subió a la espalda del golem que quedaba libre, se sentó encima y cruzó las piernas—. Me siento todo un déspota tirano aquí arriba.
![[Imagen: 1QyRUg9.jpeg]](https://i.imgur.com/1QyRUg9.jpeg)
Tezca y Enji durante la Prueba del Bastión. Enji se encuentra en boxers en ese momento.
Lo inesperado ocurrió después. Enji reconoció una voz que los saludaba, una voz a la que le puso rostro al voltearse y mirar por encima del hombro a Onizuka Jin, el Yakuza de Karate. Había escuchado su nombre en la presentación de los grupos y durante la Prueba de Céfiro, pero era la primera vez que lo veía lo suficientemente cerca como para confirmar su identidad.
En efecto, era él. El único criminal al que le debía un favor.
—Un quinto lugar no es excelente, Scarface —señaló y se encogió de hombros, al tiempo que su atención regresaba a la arena—. Después de estos juegos me voy a tomar un whisky y ahí van a ver lo rápido que puedo ser. Shihaha…
Y dejó de prestar atención a Jin para fijarse en Dharma, el que parecía ser su opción para la prueba. Tezca claramente no se iba a arruinar el pelo con ese secador gigante.
—Rompete una pierna, Come Abuelas. ¡O las dos! Pero que no te tumbe ese vientito de mierda.
—Estamos jodidos —dijo, anunció, sonriente. Después de escuchar la explicación de El Dirigente y comprender, como todos, lo que se necesitaba para destacar en esa prueba, un nombre vino a su cabeza. Un pensamiento tan claro como fugaz: estaban jodidos. Y no solo él, ni su grupo, sino todos. Todos excepto los compañeros de esa persona. En ese instante de iluminación, recordó los entrenamientos, las peleas, las docenas de golpes que había conectado en esa coraza. Aunque lo intentó, y Dios sabe que puso todo de si en ello, no existía un momento, un instante, dónde Juan Sebastian diera un paso atrás frente a la adversidad. El bastión de la octogésima división... No le sorprendió ver que era el primero en dar un paso al frente.
—¡Presta atención, Uvita! —Enji se acuclilló en el límite de su cubículo, la mirada fija en el gyojin ( tortuga ) que se acercaba al centro del escenario—. Ese que ves ahí es… —Juan se cayó—. Ese… —¿Estaba fumando?—. ¡EH, JUAN! —La vena de la frente se le infló como un globo al instante—. ¿Y TÚ DESDE CUÁNDO FUMAS? —Volteó y a todo el grupo uno le dedicó una mirada asesina—. ¿QUIÉN FUE EL HIJO DE PUTA QUE LE DIÓ UN CIGARRO?
¿Demasiado paternal? Demasiado fraternal, en realidad. Enji se sentía, por momentos, el hermano mayor de sus compañeros de división, y por otros muchos ratos era el revoltoso hermano menor. Todo dependía de las circunstancias. En ese caso, ver a Juan, con quién viajaba desde hacía más de un año y que NUNCA le había pedido probar cigarro, fumar, a poco de que fuera arrancado de ellos para formar equipo con extraños…
Estaba siendo influenciado, claramente. Mal influenciado.
—¿Cómo carajos le dan de fumar a una tortuga? ¡Es una abominación! —farfulló, indignado, mientras la prueba daba inicio—. Es como… no sé, ponerle tetina a una petaca y darle whisky a un bebé. Degenerados.
La prueba de Juan Sebastian, cómo esperaba, fue excelente. El escudo de su división podía haberse tomado unas vacaciones delante de ese chorro de aire y relajarse una temporada, pues, a comparación de quienes vinieron después, Juan destacó de forma evidente. Lo envidiaba un poco en ese momento, porque era el enemigo, pero no podía evitar, al mismo tiempo, sentirse orgulloso de su rendimiento. Sería el mejor de los nueve grupos. «Y yo me llevé un quinto lugar… fuck, Juan, te voy a tener que dar una paliza la próxima vez que entrenemos». Sonrió al pensar en ello. Siempre era divertido pelearse entre ellos.
El rubio del grupo, tras una simple orden, obligó a emerger de la tierra a dos seres humanoides enteramente compuestos de tierra. Enji lo vio, alzó una ceja y, curioso, se acercó.
¿Una fruta del diablo?
—Mierda… shihahahaha, tengo que admitir que tienes estilo, rubiecito. —De un pequeño salto se subió a la espalda del golem que quedaba libre, se sentó encima y cruzó las piernas—. Me siento todo un déspota tirano aquí arriba.
![[Imagen: 1QyRUg9.jpeg]](https://i.imgur.com/1QyRUg9.jpeg)
Tezca y Enji durante la Prueba del Bastión. Enji se encuentra en boxers en ese momento.
Lo inesperado ocurrió después. Enji reconoció una voz que los saludaba, una voz a la que le puso rostro al voltearse y mirar por encima del hombro a Onizuka Jin, el Yakuza de Karate. Había escuchado su nombre en la presentación de los grupos y durante la Prueba de Céfiro, pero era la primera vez que lo veía lo suficientemente cerca como para confirmar su identidad.
En efecto, era él. El único criminal al que le debía un favor.
—Un quinto lugar no es excelente, Scarface —señaló y se encogió de hombros, al tiempo que su atención regresaba a la arena—. Después de estos juegos me voy a tomar un whisky y ahí van a ver lo rápido que puedo ser. Shihaha…
Y dejó de prestar atención a Jin para fijarse en Dharma, el que parecía ser su opción para la prueba. Tezca claramente no se iba a arruinar el pelo con ese secador gigante.
—Rompete una pierna, Come Abuelas. ¡O las dos! Pero que no te tumbe ese vientito de mierda.
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