22-07-2026, 04:10 PM
Resoplé con una ronca exhalación ante la palabra lores, mientras desde la distancia miraba a Grin salir de entre las multitudes, rostro serio, paso tranquilo... Seguí caminando hacía él con mi paso lento, mientras hacía retumbar el suelo bajo mis pies hasta quedar frente a él con Quetzalli a mi lado. Se presentó como si fuera necesario.
Un hombre teatral, sin duda, pero lo sorprendente fue ver como agarraba aquella roca moldeada como si fuera papel. Me centré más en su aura, de un tono oscuro y apagado... Matices de tristeza y desidia, pero no fui capaz de encontrar violencia en nuestra contra. Rechiné levemente los dientes mientras observaba como Grin evaluaba la situación, observaba la roca, después a mi y gesticulaba de una forma que no fui capaz de descifrar, después se guardo la cabeza de la criatura pétrea como un recuerdo de lugar que acaba de destruir, quise entender.
- Creo que te acaba de comparar con la cosa fea esa de roca Churrita. No quisiera malmeter yo, pero me ha dado tooda la impresión - dijo matizando Nicolás con ironía.
- Tsh - rechisté mirando a aquel hombre de cuerpo deforme, que quedaba a la altura de mi cintura, intentando ignorar por completo a Nicolás. Sin necesidad de pedirlo el hombre empezó a hablar, primero entristeciendose por la perdida de aquel cuchitril. Si quisiera podría levantar diez como ese para que mis hombres siguieran el camino del vicio y la locura, aquella perdida había sido poca, pero las palabras danzaron entre nosotros como hilos que se entrelazaban y la historia de este tal Grin, se entrelazó con los Mushoku hasta enredarse por completo.
Un espadachín. En mis costas. Capaz de acabar con la tripulación de un hombre capaz de cargar rocas como si fueran guijarros. No hubo expresión en mi tez, ni de alegría, ni de rabia ni de euforia como mucho cabrían esperar de mi.
Una explosión. En mi puerto. Hombres comprando la pólvora que extraemos de las minas para destruir nuestro hogar. Mi tez esta vez se endureció, mi frente se arrugó mientras mi ojo se achicaba.
Un ataque. Bajo Haibu. Diablos enviados a acabar conmigo y con mis hombres. El delirio se adueño de mi por completo, esto había sido suficiente.
Mi ojo furioso miró a Grin y después a Quetzali mientras le contestaba... Algo no cuadraba. No había relación en nada de eso. Grin... Me acababa de hacer una pregunta estúpida, me acababa de ver destruir un edificio sin necesidad de pólvora. Si vivía en esta isla sabía que cualquiera de mis hombres más cercanos podría destruir media isla si se lo propusiera.
- ¿Y como es que sobreviviste? - Le respondí sin moverme, observándole y analizándole - ¿Solo tú sobreviviste sin ganar el combate? Eso es muy fortuito... ¿No crees? - dejé un silencio leve entre mis palabras, intentando entender que se me escapaba. Que relacionaba a Grin, el espadachín, el atentando en Rocky Port y el ataque de la taberna... Una arenga, una misión, la promesa del oro y la muerte de Quetzalli. Este hombre había caminado tranquilo hacia nosotros, fortuitamente cerca del infesto lugar que acabábamos de destrozar, un hombre que camina sin miedo hacia dos de las personas más fuertes de la isla. Aunque el haki no desvelaba mentira en su palabras, algo no estaba bien en todo aquello. Nadie había salido vivo de aquel lugar, la gente de nuestro alrededor no entendía que estaba pasando... Pero él... - ¿Cómo sabes que nos han atacado Grin? - Miré con furia al capitán completamente preparado para matarle.
Un hombre teatral, sin duda, pero lo sorprendente fue ver como agarraba aquella roca moldeada como si fuera papel. Me centré más en su aura, de un tono oscuro y apagado... Matices de tristeza y desidia, pero no fui capaz de encontrar violencia en nuestra contra. Rechiné levemente los dientes mientras observaba como Grin evaluaba la situación, observaba la roca, después a mi y gesticulaba de una forma que no fui capaz de descifrar, después se guardo la cabeza de la criatura pétrea como un recuerdo de lugar que acaba de destruir, quise entender.
- Creo que te acaba de comparar con la cosa fea esa de roca Churrita. No quisiera malmeter yo, pero me ha dado tooda la impresión - dijo matizando Nicolás con ironía.
- Tsh - rechisté mirando a aquel hombre de cuerpo deforme, que quedaba a la altura de mi cintura, intentando ignorar por completo a Nicolás. Sin necesidad de pedirlo el hombre empezó a hablar, primero entristeciendose por la perdida de aquel cuchitril. Si quisiera podría levantar diez como ese para que mis hombres siguieran el camino del vicio y la locura, aquella perdida había sido poca, pero las palabras danzaron entre nosotros como hilos que se entrelazaban y la historia de este tal Grin, se entrelazó con los Mushoku hasta enredarse por completo.
Un espadachín. En mis costas. Capaz de acabar con la tripulación de un hombre capaz de cargar rocas como si fueran guijarros. No hubo expresión en mi tez, ni de alegría, ni de rabia ni de euforia como mucho cabrían esperar de mi.
Una explosión. En mi puerto. Hombres comprando la pólvora que extraemos de las minas para destruir nuestro hogar. Mi tez esta vez se endureció, mi frente se arrugó mientras mi ojo se achicaba.
Un ataque. Bajo Haibu. Diablos enviados a acabar conmigo y con mis hombres. El delirio se adueño de mi por completo, esto había sido suficiente.
Mi ojo furioso miró a Grin y después a Quetzali mientras le contestaba... Algo no cuadraba. No había relación en nada de eso. Grin... Me acababa de hacer una pregunta estúpida, me acababa de ver destruir un edificio sin necesidad de pólvora. Si vivía en esta isla sabía que cualquiera de mis hombres más cercanos podría destruir media isla si se lo propusiera.
- ¿Y como es que sobreviviste? - Le respondí sin moverme, observándole y analizándole - ¿Solo tú sobreviviste sin ganar el combate? Eso es muy fortuito... ¿No crees? - dejé un silencio leve entre mis palabras, intentando entender que se me escapaba. Que relacionaba a Grin, el espadachín, el atentando en Rocky Port y el ataque de la taberna... Una arenga, una misión, la promesa del oro y la muerte de Quetzalli. Este hombre había caminado tranquilo hacia nosotros, fortuitamente cerca del infesto lugar que acabábamos de destrozar, un hombre que camina sin miedo hacia dos de las personas más fuertes de la isla. Aunque el haki no desvelaba mentira en su palabras, algo no estaba bien en todo aquello. Nadie había salido vivo de aquel lugar, la gente de nuestro alrededor no entendía que estaba pasando... Pero él... - ¿Cómo sabes que nos han atacado Grin? - Miré con furia al capitán completamente preparado para matarle.
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