[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte IV)
#10
[personajeinvalido=3941]
—”Por fin… ¡Me toca!” —pensé con entusiasmo mientras el elocuente dirigente nos anunciaba como la primera fase de los juegos estaba llegando a su fin. La primera fase de las pruebas, por supuesto, y ahora me tocaba a mí dar lo mejor de mí para que mi equipo, mi pedazo de equipo, fuera capaz de llegar a lo más alto. Haciendo recuento, ¡¿íbamos los primeros?!—. ”Ojala que esta prueba se me de bien, vamos Akira, vamos, confía, confía…”

—¡Esta es la prueba de la Certeza!

—¡¡VAMOS HOSTIA!! Espera, ¿qué? ¿Certeza? —cagadón máximo. Había dejado que mis compañeros dieran lo mejor de sí en sus respectivas áreas y ¿me había tocado, en serio, algo de lo que nunca en mi vida, y cuando digo nunca, es nunca, me había preocupado?—. A tomar por culo. ¡¡¡Tchakikikiyah!!! —empecé a reirme de manera un poquito desquiciada… Siendo realistas, no era ni el más fuerte, ni el más rápido, ni el más resistente de mi equipo, pero estaba claro que tal vez en fuerza o velocidad hubiera podido rascar algún punto, ¿pero en precisión? ¿Realmente ninguno de mis compañeros era mejor que yo en esto?—. ”No me lo puedo creer… Pero bueno, a darlo todo, aunque…” —empecé a maquinar rápidamente mientras el dirigente explicaba la prueba. Si no podía dar un buen espectáculo mostrando mi puntería, daría un buen espectáculo mostrándome a mí haciendo lo que más me gustaba, el macaco.

La prueba consistía en disparar a una mosca, una mosca que salía del cuerpo podrido de un den den mushi—. Pero pobre caracol, que le dejan pudrirse, pero qué es esto… ¿No se preocupan por los animales aquí o que? —me quejé junto con mi grupo al tiempo que veía al animal eructar y ver como salía una mosca de su interior. Los participantes debíamos situarnos a la altura de las líneas blancas del suelo que mejor nos conviniera para atinar a darle a aquella mosca que había eructado el pobre caracol. Estaba claro que no iba a ser capaz de atinarle si le disparaba con una de las pistolas que nos quería prestar el dirigente.

—¿Realmente tengo que usar una pistola? No me gusta eso, no es honesto, además, no quiero matar a esa mosca, me niego. Lo siento. Participo, y con muchísimas ganas, pero lo haré a mi manera, no necesito un arma, ya verás que también podrás medir mi precisión sin necesidad de usarla —le expresé al dirigente acercándome a él una vez terminó de explicar la prueba—. La pistola cuando se saca es pa disparar, el que la saca pa enseñarla es un parguela.

Y con orgullo y confianza, me coloqué en mi marca. Lo siguiente que vi fue como el resto de compañeros de los cubículos contiguos al nuestro se organizaban de la mejor manera posible para empezar con sus pruebas. Yo estaba cien por cien convencido de que no era mi punto fuerte lo que era la certeza, así que dejaría que todos se lucieran de la mejor forma que pudieran para terminar con la primera fase de los juegos por todo lo alto. Si realmente estos juegos eran porque el soberano de Zaritsuki disfrutaba de un buen espectáculo, eso iba a darle. Lo gracioso e increíble era que no sabía que el empezar era un chimpancé y que seguramente al verlo me iba a volver loco queriendo aprender de él.

—¡¡Mucho ánimo a todos chicos, si no os importa, me esperaré a participar el último!! —me expresé al resto de mis compañeros de prueba mientras me adelantaba un paso para que me escucharan. Y entonces fue que un tal “tonto” subcapitán de los Sepultura que tomó la iniciativa con la prueba—. ¿Se llama tonto a sí mismo? Bueno también se llama increíble… Que tipo más raro… —y en posición con su fusil de francotirador, se colocó en la marca más lejana de la mosca y más cercana a nosotros, los participantes.

—”¡INCREÍBLE!” —pensé con los ojos abiertos como platos a ver como realmente acertaba en la mosca y el retroceso le hacía alejarse cinco metros hacía atrás de la marca—. ”Nah, nah, nah, solo me queda disfrutar de participar y hacer que el público también disfrute conmigo, ese disparo ha sido increíble.”

El siguiente fue Bertram, nuestro querido elfo de los bosques de la Marina, seguro que se lo encontraron dándose un baño en un riachuelo rodeado de plantas, ciervos y con musiquita de hadas y le ofrecieron unirse al mejor cuerpo militar que el mundo conocía, para lucir el blanco y el azul allá por donde fuera. El elfo emitió un haz de luz iluminando con sus ojos que me hizo apartar rápidamente la mirada para no quedarme ciego, y menos mal, aunque también el rápido movimiento de Sinosuke al taparme los ojos me hubiera librado de la ceguera en caso de dejarlos abiertos. Ahora si que me tocaba ehh, y sin yo buscarlo—. Pero bueno… ¿Todos los marines brillan o qué? Tchakikikiyah, venga va, que yo también quiero brillar, tchakikikiyah —me reí absurdamente con mi broma, también absurda, pero después de ese poder tan curioso que tenía el elfo y sumándole también el poder del brilli-brilli, pues era gracioso y curioso. Y es que tras eso, el elfo también lo hizo increíblemente bien con sus flechas eléctricas y haciendo que una impactara tras la otra—. ¡¡MUY BIEN LEGOLAS, LO HAS HECHO ESPECTÁCULAS!!

Y es que hoy estábamos de suerte y en racha con los arqueros, la siguiente en disparar fue una mujer con la cabellera naranja que respondía al nombre de Miyori… Espera… ¿Miyori?—. ¡¡TÚ ERES EL AMOR DE MI COLEGA CILL!! —grité mientras se colocaba en su marca y alzaba los brazos sosteniendo su arco, pero sin interponerme entre ella y su prueba. No sería justo distraer, y mucho menos a una persona tan importante como lo era para mi mejor amigo… Siempre que hablaba con él me hablaba sobre aquella melodía de violín que llenaba de paz su corazón mientras recordaba su rostro, su sonrisa, sus momentos juntos…—. ”Vamos Miyori…” —pensé con una sonrisa mientras me enorgullecía de aquel disparo, con Cill en mi mente y deseando que ojalá pudiera estar aquí con todos nosotros. Si esta mujer había sido capaz de hacer sentir tanto a mi mejor amigo, tanto como para romperlo en mil pedazos al dejarla marchar, sin duda estaba convencido de que valía la pena como persona.

Tras ella, el siguiente en participar fue un panda de género dudoso, parecía un panda hembra, pero era un macho. O al menos así lo recordaba yo de haber jugado a algún juego de fantasía alguna vez—. ”¿Cómo que atacar? ¿se refiere a Bertram? Este panda está colgao…” —pensé mientras me rascaba el moflete y me secaba unos mocos transparentes con el brazo, que mágicamente estaban empezando a brotar de mi nariz. ¿Realmente aquel haz de luz lo había considerado un ataque? ¿Realmente cegaba aquella luz que había lanzado por sus ojos? ¿Realmente me acababa de poner malo sin motivo aparente? Miré a Ryota, y él estaba igual—. ”Hmmm, nos hemos constipado, sí” —y solté todos los mocos que pude en dirección al suelo. El siguiente fue un tipo rubio. ¿Cuántos quedaban? Miré a Enji, que seguía subido en uno de esos gólems de arcilla que al parecer el rubio de larga melena había creado, para colocarse en posición y disparar, asegurando que era más de cuerpo a cuerpo. Eso me hizo sentir alivio, aunque a pesar de todo había disparado al grito de fuego.

Quedan únicamente tres personas por delante de mí, Masami, Nyra y alguien más que ni idea de quién era—. ¡¡EESAAA MASAAMIII, DISPARA COMO ME DISPARAS A MI!! —el tesorito se transformó en su forma híbrida de serpiente mientras abría lentamente sus alas, ¡se estaba ganando el amor del público! Y con una sonrisa confiada acomodó el revólver y sujetándolo con las dos manos, disparó en dirección a la mosca. La siguiente fue Nyra, aquella chica que se había puesto tan nerviosa con Akira nada más verlo, una muchacha bastante agradable.

—¡¡No te preocupes Nyra!! ¡¡Hazlo lo mejor que sabes, pon tu mayor esfuerzo!! —intenté animarla al confesar que era la primera vez que disparaba en su vida y le estaba costando entender un poco el funcionamiento del gatillo y del seguro. Sin duda, los marines éramos más de puño limpio.

Para finalizar, pero no la prueba, sino los concursantes que participarían antes que yo, una tal Mahou—. EH, EH, UN MONO, ES UN MONO —sin ninguna duda, era un mono. Y los monos eran sabios, habían conseguido evolucionar a los humanos, que también éramos sabios. Me apuntaba su nombre a fuego en mi cabeza, era una mink con la que me gustaría poder hablar más adelante, quiero decir, físicamente éramos muy similares, pero de alguna forma u otra ellos conseguían moverse mucho mejor que yo saltando de rama en rama entre los árboles. Era estrictamente necesario que hablara con ella tras terminar la prueba, o al menos, los juegos—. ”Todos mis respetos, Mahou Chikao” —el nombre que tenía de cerveza madrileña sin duda hizo que me volviera a acordar del salaryman y mi propuesta de tomar con él un gyudon.



Y por fin, llegó mi turno. Mi esperado y aclamado turno.

Ryota me dio un empujón, ya que estaba tardando más de la cuenta, y tenienedo en mente la amenaza de Sigurd de volverme parte de la cena, me coloque en posición, en la línea más próxima al primer rango de disparo de los concursantes y la más alejada del tocón y del den den mushi podrido—. ”¿Así se siente Juan cuando le llamamos comida de emergencia? Bueno.. Tú a lo tuyo Akira… Los marines estamos brillando, ¿no? Bien Akira, ahora es tu momento de brillar. Demúestrale al público que no solo brilla tu melena dorada y tus ojitos lindos” —me dije a mí mismo mientras respiraba profundamente con los ojos cerrados. Y entonces los abrí y miré al público, expectante del último participante, expectante de mi.

¡¡¡GENTE DE SHANDORA!!!
¡¡¿QUERÉIS UN BUEN ESPECTÁCULO?!!
¡¡¿A ESO HEMOS VENIDO, VERDAD?!!

Empecé a animar dando palmadas sobre mi cabeza que hacían que, acompañadas de mi buen conocedor hasshoken, vibrara el aire y haciendo que los más sensibles pudieran notar la vibración de mis aplausos.

¡¡¡VAMOS SHANDORA!!!
¡¡¡EH, EH, EH, EH!!!

Mirada al frente, concentración, y espectáculo—. A darlo todo —me susurré mientras me agachaba y me llenaba los bolsillos de varios puñados de arena. Tras eso, flexioné las rodillas, tensé todos los músculos de mi cuerpo, y con confianza y estilo: si Zarutsuki era el monkey king, yo iba a ser el monkey kid—. ¡VUAMOS!


Y entonces la arena batida se levantó bajo mis pies, y una línea invisible que separaba las marcas de disparo desde mi posición hasta el tocón se trazó en mi mente—. Demuestra lo que sabes hacer, has venido a lucirte en estos juegos —el ritmo de las palmas de la gente y sus vítores marcaba el ritmo, y entonces, respirando hondo y tras un momento de calma, vino la tormenta. Una tormenta viva, una tormenta en movimiento.

Mi carrerilla comenzó con toda la potencia que me permitían mis piernas, con cada zancada, un latido acelerado y una propulsión hacia delante que desbordaba energía. Y ahí es cuando flexioné las rodillas y lancé mi cuerpo con una precisión al milímetro, ejecutando una doble voltereta vertical en el aire que haría que mi cuerpo girara 540º para así rebotar con mis manos en el suelo y proyectar mis pies hacia atrás con una fuerza increíblemente precisa. Y sin apenas interrupción, mis manos volvieron a golpear con fuerza el suelo, dos volteretas verticales más ultra-rápidas y rítmicas con energía que me hicieron volar al ras del suelo en un torbellino de movimientos antes del broche final de mis acrobacias.

Y ese cierre, fue un tercer salto que me impulsaría hacia el cielo con una potencia que parecía ir en contra de la fuerza de la gravedad, unos movimientos que solo pocos atletas eran capaces de hacer, los más experimentados en gimnasia. Y eso era lo que estaba haciendo ahora mismo, y como un profesional.

En el aire, con mi cuerpo elevado por encima de las cabezas de hasta los más altos y en el mismísimo centro de la arena donde se estaban llevando a cabo las pruebas, en la cima de lo más alto del reino de los cielos, en ese preciso momento, y con mi cuerpo suspendido en el aire… Hice lo propio de un medallista olímpico que iba a ganar el oro en su categoría: una doble mortal hacia atrás mientras rotaba otros 360º en el aire sobre mí mismo, horizontalmente, con mis manos colocadas en mi pecho y formando una magnífica y brillante onda en forma de corazón rosa desde el momento en el que inicie el salto y hasta llegar a lo más alto que me permitía mi cuerpo. Un corazón que cada vez se hacía más y más grande, y que dejé allí, suspendido en el aire.

¡¡¡OS QUIERO SHANDORAAAA!!!

Para mí, todo esto que acababa de pasar había sido como si sucediera a cámara lenta. Nunca antes en mi vida había realizado mis entrenadas acrobacias delante de tanta gente y para dar espectáculo, y las ovaciones estaban siendo increíbles. Daba un gusto… Y mientras caía, con la vista puesta en el corazón y dándole la espalda al suelo, me metí nuevamente las manos en los bolsillos sacando los puñados de arena, y esta se la lancé a la enorme onda de color rosa. Con un poco de suerte, todo saldría bien.

Mis acrobacias clavaron el aterrizaje en la línea más próxima al tocón con el den den que eructaba moscas. Caí al suelo con un nuevo giro completo de 360º sobre mi eje vertical, y terminé con un último mortal con otra doble voltereta lateral, clavando el aterrizaje final sin menearme ni un centímetro, para así señalar, desde abajo, al corazón que había dejado suspendido en el aire. Y con toda la confianza del mundo y apostándolo todo a este poder nuevo que había descubierto momentos atrás, conseguir que la fusión entre la onda rosa con forma de corazón y los granos de arena se revelaran en el cielo como si fueran fuegos artificiales gracias al potente reflejo de la luz del sol.

Y así fue.
Y fue precioso.

[Imagen: dxudnss.jpeg]
Imagen de referencia hecha lo mejor que se ha podido con el chaty, vosotros os imagináis que es de día

Tras disiparse la onda en el cielo, lo siguiente que hice en caer fue buscar a Yuuki entre las gradas para guiñarle un ojo y lanzarle un beso, y tras ella, guiñarle un ojo al dirigente, avisándole de que ya estaba listo para realmente dar lugar a la prueba de certeza, y ahí volví a colocar mis manos sobre mi pecho, haciendo la forma de un corazón y concentrándome para crear los máximos posibles, esta vez diminutos, del tamaño de mi mano, con intención de que impactaran tanto en la mosca como en el pobre den den con mala digestión. Soplé en el hueco con forma de corazón que había formado con mis manos, y como si fuera un pompero, lancé una ráfaga de corazones a chorro que al ser tantos, tal vez, de rebote, alguno acertaría en el objetivo. Desconocía si pasaría las eliminatorias de esta prueba, pero una cosa tenía clara, esta gente quería disfrutar, y yo había conseguido que lo hicieran.

Y así es como Akira completó su prueba de certeza...
Negándose a disparar a una mosca y repartiendo todo el amor posible.

Tras todo este emotivo momento y por culpa de la presión de mis compañeros de equipo de que disparara a la jodida mosca, ya que sino nos quedaríamos fuera, no me quedó más remedio que enganchar la pistola y atinarle con un sucio disparo. El comandante no dejaba de hacer aspavientos con los brazos y obligarme a disparar o que si no me echaba de la Marina, ¿podía hacer eso al ser un superior? ¿Dónde estaba Enji, famosamente conocido como el capitán calzoncillos, para cantarle las cuarenta? No podía permitir que me echaran del cuerpo, si eso pasara dejaría de ser el orgullo de mi señora madre… Maldito brilli-brilli… Me volví a secar el moqueo con el brazo para no pasar vergüenza delante de tanta gente y me giré con rabia mirando a Shin y le saqué el dedo, poniéndoselo a la altura de su cara, para que lo viera bien.

¡¡¡EXPÚLSAME ESTA!!!



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano (Parte IV) - por Akira Raito - 24-07-2026, 11:40 AM

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