24-07-2026, 02:28 PM
(Última modificación: 24-07-2026, 02:29 PM por Maria Merlot.
Razón: Un codigo rebelde.
)
Narrador / María Merlot
El tartamudeo, el sonrojo, los gestos y la expresión del hombre la hubieran hecho reír pero tenía una promesa que cumplir: Besarlo. Claro, nunca contó con que la corbata blanca se interpusiera, siendo en su adorable carita de hurón albino dónde terminaron los labios de la semi sirena — ¡Omi-san! — exclamó con una enorme sonrisa — Si querías un beso tenías solo que pedírmelo, pensé que ya éramos amigos luego de todo lo que me contaste — bromeó sobre lo que habló con la mascota, realmente María Merlot no hablaba hurones. Soltó las mejillas del oficinista y con la diestra acaricio el mentoncito del animalito — … eres una cosita adorable, te daría todos los mimos que quieras — le susurró con ternura como si en ese cubículo solo existieran ellos dos — … Omi-san espero te hagas responsable de mi corazón — las risas encantadoras se dejaron escuchar cuando el pequeñito le lamió la mejilla, a la mestiza realmente le gustaban mucho los animales aunque si se portaban mal, no dudaría en disciplinarlos con unas palmaditas de amor muy muy muy fuerte.
Palabras fueron, palabras vinieron. ¿Con que nunca había logrado nada decente? Esas palabras la hicieron pensar en si misma. ¿Qué había logrado ella? Tampoco nada relevante, tal vez hacer que medio mataran a la Valkiria Besada por El Sol en la isla de los animales gigantes. Eso, y casi ahogarla en alta mar cuando la empujó del barco. También estaba aquella otra vez, cuando la expusó a unos contrabandistas en Isla Karate dónde hizo explotar todo. Si, en retrospectiva los únicos logros eran hacía enviar a su hermana a la próxima vida. Pero también estaban los niños que adoptó en Drum, aquellos que dejó con Trhym y cuya otra parte los esperaban en Arabasta, o los amigos que hizo en el camino con los que siempre conversaba por Den Den Mushi. Por supuesto, ser sociable y chismosa no eran logros en si pero la entretenía muchísimo, y la llevó a buscar el conocimiento formal e informal, aunque el primero se le diera fatal. Aun recordaba su estudio sobre las armas o las estrellas que guiaban a los navegantes. Tal vez, y solo tal vez, si había logrado un par de victorias personales, eso la hizo sonreír — … hay que disfrutar del barro — musitó más para si misma que para sus compañeros, no sabría como explicarlo sin enredarse en su ensoñación: el único logro decente, es ensuciarse. Sino, nunca disfrutaste del viaje.
María buscó con la mirada el cubículo de al lado, dónde estaba su Algodón de Azúcar. Él siempre la entendía, aunque fuera confusa, el hombre sabía desenredar sus pensamientos. Luego llevó sus ojos ámbar a las gradas donde la calva cabeza brillante de su hermana resplandecía con soberbia. Ella también sabía traducir sus palabras, aunque lo negará. María esperaba que la estuvieran viendo, y disfrutando al igual que ella de esos juegos tan curiosos.
Las palabras de sus compañeros se perdieron cuando sus orbes ámbar captaron un destello pelirrojo caminando por frente de los cubículos. La cabeza de la mestiza se inclinó algunos grados procesando la imagen que se formaba en su cabeza, y relacionándola con cierto hombre.
Palabras fueron, palabras vinieron. ¿Con que nunca había logrado nada decente? Esas palabras la hicieron pensar en si misma. ¿Qué había logrado ella? Tampoco nada relevante, tal vez hacer que medio mataran a la Valkiria Besada por El Sol en la isla de los animales gigantes. Eso, y casi ahogarla en alta mar cuando la empujó del barco. También estaba aquella otra vez, cuando la expusó a unos contrabandistas en Isla Karate dónde hizo explotar todo. Si, en retrospectiva los únicos logros eran hacía enviar a su hermana a la próxima vida. Pero también estaban los niños que adoptó en Drum, aquellos que dejó con Trhym y cuya otra parte los esperaban en Arabasta, o los amigos que hizo en el camino con los que siempre conversaba por Den Den Mushi. Por supuesto, ser sociable y chismosa no eran logros en si pero la entretenía muchísimo, y la llevó a buscar el conocimiento formal e informal, aunque el primero se le diera fatal. Aun recordaba su estudio sobre las armas o las estrellas que guiaban a los navegantes. Tal vez, y solo tal vez, si había logrado un par de victorias personales, eso la hizo sonreír — … hay que disfrutar del barro — musitó más para si misma que para sus compañeros, no sabría como explicarlo sin enredarse en su ensoñación: el único logro decente, es ensuciarse. Sino, nunca disfrutaste del viaje.
María buscó con la mirada el cubículo de al lado, dónde estaba su Algodón de Azúcar. Él siempre la entendía, aunque fuera confusa, el hombre sabía desenredar sus pensamientos. Luego llevó sus ojos ámbar a las gradas donde la calva cabeza brillante de su hermana resplandecía con soberbia. Ella también sabía traducir sus palabras, aunque lo negará. María esperaba que la estuvieran viendo, y disfrutando al igual que ella de esos juegos tan curiosos.
Las palabras de sus compañeros se perdieron cuando sus orbes ámbar captaron un destello pelirrojo caminando por frente de los cubículos. La cabeza de la mestiza se inclinó algunos grados procesando la imagen que se formaba en su cabeza, y relacionándola con cierto hombre.
PA BERTRAM
Cabello rojo.
Ropa Marine.
Arco.
Seriedad.
Ropa Marine.
Arco.
Seriedad.
Los ojos se abrieron como plato, y la boca igual. ¡EL PERFECTO MARINE PELIRROJO! ¿Qué hacia ahí? María llevó las manos a su boca, la sorpresa era visible en su precioso rostro de sirena. Nunca pensó que se lo encontraría de nuevo, y menos después de todas las locuras que le escribió… ¿Le habrán llegado las postales y las cartas? ¿Le habrá gustado recibirlas o las habrá quemado en la hoguera por ser de una terrible pirata? No lo sabía, le gustaría descubrirlo porque en los días más oscuros, cuando el refugio de su mente no era suficiente solía escribir mucho: en sus notas, en los lados de sus libros y también desahogarse en aquellas postales que prometió enviarles luego de su matrimonio falso en el foso.
¡Su esposo!
Aquello la hizo sonreír, dejando que la sorpresa se esfumará dando paso al saber que estaba bien, en una pieza e igual de pelirrojo perfecto. Y su cabello estaba más largo, mucho más largo, y no iba a mentir, eso lo hacia ver… muy guapo. Su serio esposo de mentirías seguro robaba uno que otro suspiro entre las damas, y eso la llevó a sonreír recordando aquella risa tan particular que la impactó y embelesó en Tequila Mani. “Trehehehe”, si… a pesar de su porte impenetrable e impasible había alguien cálido debajo, nadie que se riera de esa forma tan genuina podría no serlo. Si él supiera, cuantas veces intento imitar aquellas carcajadas mientras su recuerdo le hacia compañía, y la inexistente proximidad la abrazaba como un amigo invisible. Bertram Gaufrid causaba contradicciones en ella. Le parecía frio pero cálido, suave pero amargo, cercano pero distante.
María bajó la mirada viendo los anillos en su mano izquierda. El primero en el anular. El segundo en el dedo pulgar. No eran joyas increíbles ni con acabados perfectos. Solo aros dorados con unas pequeñas inscripciones en su interior. Los fabricó pensando en su esposo, en como cada vez que contaba que estaba casada todos lo juzgaban sin motivos como si fuera un villano por no estar a su lado. Eso la divertida, y mucho, pero también le molestaba, no le gustaba que se metieran con el perfecto marine pelirrojo, solo ella podía decirle que era un mal esposo de mentiras en su imaginación y sus cartas. Claro, nunca lo había dicho a su circulo cercano, lo que pasó en el foso y como terminó arrastrando a ese pobre sujeto a su locura… la locura que solo estaba en su cabeza.
María bajó la mirada viendo los anillos en su mano izquierda. El primero en el anular. El segundo en el dedo pulgar. No eran joyas increíbles ni con acabados perfectos. Solo aros dorados con unas pequeñas inscripciones en su interior. Los fabricó pensando en su esposo, en como cada vez que contaba que estaba casada todos lo juzgaban sin motivos como si fuera un villano por no estar a su lado. Eso la divertida, y mucho, pero también le molestaba, no le gustaba que se metieran con el perfecto marine pelirrojo, solo ella podía decirle que era un mal esposo de mentiras en su imaginación y sus cartas. Claro, nunca lo había dicho a su circulo cercano, lo que pasó en el foso y como terminó arrastrando a ese pobre sujeto a su locura… la locura que solo estaba en su cabeza.
¿Se sentiría mal si su esposo de mentirías no la reconocía?
Claro pero si sucedía es porque ahora era pelirrosada y él la conoció con cabello azul celeste, no sería culpa del perfecto marine pelirrojo. Además, dos años cambian a las personas, tal vez ella se viera diferente, ahora era una cebra… Así que si él no la recordaba no habría problemas ni dolor ¿Verdad? No era su culpa. ¿Debió desteñirse el cabello? No, no importaba, si él no la recordaba… ella podría hacerlo recordar o tal vez no. Cuando alzó la mirada más allá de él, al cubico #6 pensó en lo distinto que eran ambos hombres. No iba a negarlo, los comparo más de una vez. ¿A cuál le gustaría más su padre muerto? Seguro al perfecto pelirrojo, todo en él era lo que María imaginó le gustaría al buen cangrejo: seriedad inquebrantable, la postura, la ética al deber, su buen corazón.
¿Ella seria un Marine si su padre no hubiera muerto?
Seguramente si, lo fuera perseguido al fin de mundo porque el cangrejo era su universo. Y cuando murió todas las estrellas se extinguieron con él: días, semanas, meses, años… oscuros dónde solo los grillos le permitieron permanecer “cuerda”. Entonces, sería compañera del pelirrojo, del de ojos “ciruelas”, del tomate… de aquel gigante de cabellera azulada. No, no, no… porque eso significaría que su adorado Hyakinthos y su Unnie no estarían en su órbita, eso la entristeció enseguida. Se llevó las manos a las mejillas propias, dándose un par de palmaditas. De nada serviría pensar en lo que nunca sería. Su padre estaba muerto, ella era una malvada pirata y su esposo de mentiras estaba frente a ella…
¡SU ESPOSO DE MENTIRAS ESTABA FRENTE A ELLA!
¿QUÉ LE DECÍA A SU ESPOSO DE MENTIRAS LUEGO DE TANTO TIEMPO?
¿Qué champú usas? ¿Es el mismo que Rassmusen? ¡Que bien te sienta!
¡NO LO SABÍA!
ACTÚA NATURAL MARÍA.
¿CÓMO SE ACTUABA NATURAL?
Sonríe, sonríe, sonríe.
Cállate, cállate, cállate.
¿QUÉ LE DECÍA A SU ESPOSO DE MENTIRAS LUEGO DE TANTO TIEMPO?
¿Qué champú usas? ¿Es el mismo que Rassmusen? ¡Que bien te sienta!
¡NO LO SABÍA!
ACTÚA NATURAL MARÍA.
¿CÓMO SE ACTUABA NATURAL?
Sonríe, sonríe, sonríe.
Cállate, cállate, cállate.
María sonrió hacia el sujeto llevando su diestra al cabello para colocarlo detrás de su oreja, una acción que no necesitaba hacer pero que hizo porque estaba en cortocircuitos intentando gestionar la revuelta que verlo le causó, honestamente no pensó en volver a verlo… aunque muy en el fondo si quisiera.
Hiciste un espléndido trabajo en tu prueba sir, lamentablemente solo vi el resultado pues fuiste demasiado rápida para que mis ojos pudieran seguir tu belleza.
Su voz llego en forma de susurró, uno que la hizo parpadear de lo irreal que parecía escucharlo y verlo nuevamente, y menos con aquella suave y controlada sonrisa que le dedicó. ¿Dónde estaba su “Trehehehe”? Tendría que hacerle cosquillas para que le regalará esas carcajadas que tanta la cautivaban. Así que él la había visto convertida en cebra corriendo en esa absurda prueba. Él era un cazador… ¿habría cazado una cebra alguna vez? Esperaba que no, porque ahora las sentía como una parte de ella.
¿Bella?
¡Bella!
¿Le acababa de decir bella?
¡Bella!
¿Le acababa de decir bella?
Hyakinthos le había prohibido besar, entonces estando falsamente casada solo con su esposo podría… ¿Era su momento para dejar la abstinencia de besos? ¿Besaba al pelirrojo ahí para decirle hola y adiós, para agradecerle por decirle bella? No, el perfecto marine pelirrojo… no se tocaba, no se ensuciaba, solo se admiraba de lejos. En su cabeza él tenía la vida perfecta que a ella se le arrebató, vivirla a través de él, de su imaginación y las cartas la hacía feliz, no sería codiciosa. No con el esposo que seguro a su padre le encantaría — … desoxihemoglobina — le devolvió el susurro, diciendo una palabra rarisima que escucho una vez de Hyakinthos y que por alguna razón su subconsciente asocio con el pelirrojo. La dejo sin palabras...
Lo vio irse. ¿Iba a participar? María dio un paso delante, estiro la mano buscando sujetarlo de sus prendas pero la acción llegó tarde. Así que la retiró. ¿Por qué quiso detenerlo? Porque había algo que quería darle, algo que creo con sus propias manos como un símbolo de lo sucedido en el foso “Wabi-Sabi”…
La mestiza lo vio participar, aplaudió ante su desempeño. Por primera vez se quedo tranquila, disfrutando de la Prueba mientras tocaba el anillo dorado de su dedo pulgar. Sin embargo, despertó cuando vio a Vivi salir a la arena. ¿Iba a participar? Si, se olvidó de ella por completo. ¡No podía olvidarse de ella! Vivi iba a terminar debajo de su cama, lo había decidido desde que la encontró — … ¡VAMOS VIVI, VAMOS! — la animó regresando a su jovialidad poco a poco — … ¿Oigan, les gusta la música? Vivi es increíble tocando el violín, la escuche durante toda una sesión de música instrumental en la casa de uno de mis amos. Fue maravilloso, aunque algo melancólico entonces luego toco algo más movido y fue muy divertida la velada. ¿La podemos invitar a comer Tofu con nosotros? — les explicó, aunque no le preguntaron, sobre la mujer de cabellera anaranjada sin darse cuenta que dejo caer la palabra “amo”, no le incomodaba su pasado como prisionera y/o muñeca.
Luego otra sorpresa la asaltó: ¡EL PELUCHE INDEFENSO! También estaba ahí, eso la hizo sonreír, saber que estaba sano y salvo luego de que sufriera tanto en el foso pero su emoción vino acompañada de una sensación de malestar… algo que la hizo llevar la mano a su cabeza y relamer sus labios. Se estaba empezando a sentir mal. ¿Se habrá contagiado de algo? No, no había comido nada extraño. Por un momento, los grillos le gritaron que ya paso por algo así antes… ¿Dónde, cuándo? No sabía, necesitaba tiempo para pensar y la verdad, sintiéndose así no quería hacerlo. ¿Hyakinthos tendría algo para aliviarla?
Quiso ir a preguntarle pero era el turno de Ukikikiki, no podía abandonar a su futura mejor amiga mona — ¡Vamos, Ukikikiki, vamos! — la animó con el mismo encanto pero un poco más apagada, después de todo se estaba sintiendo mal físicamente. Vio la participación de su compañera. No se entero de nada.
Lo vio irse. ¿Iba a participar? María dio un paso delante, estiro la mano buscando sujetarlo de sus prendas pero la acción llegó tarde. Así que la retiró. ¿Por qué quiso detenerlo? Porque había algo que quería darle, algo que creo con sus propias manos como un símbolo de lo sucedido en el foso “Wabi-Sabi”…
La mestiza lo vio participar, aplaudió ante su desempeño. Por primera vez se quedo tranquila, disfrutando de la Prueba mientras tocaba el anillo dorado de su dedo pulgar. Sin embargo, despertó cuando vio a Vivi salir a la arena. ¿Iba a participar? Si, se olvidó de ella por completo. ¡No podía olvidarse de ella! Vivi iba a terminar debajo de su cama, lo había decidido desde que la encontró — … ¡VAMOS VIVI, VAMOS! — la animó regresando a su jovialidad poco a poco — … ¿Oigan, les gusta la música? Vivi es increíble tocando el violín, la escuche durante toda una sesión de música instrumental en la casa de uno de mis amos. Fue maravilloso, aunque algo melancólico entonces luego toco algo más movido y fue muy divertida la velada. ¿La podemos invitar a comer Tofu con nosotros? — les explicó, aunque no le preguntaron, sobre la mujer de cabellera anaranjada sin darse cuenta que dejo caer la palabra “amo”, no le incomodaba su pasado como prisionera y/o muñeca.
Luego otra sorpresa la asaltó: ¡EL PELUCHE INDEFENSO! También estaba ahí, eso la hizo sonreír, saber que estaba sano y salvo luego de que sufriera tanto en el foso pero su emoción vino acompañada de una sensación de malestar… algo que la hizo llevar la mano a su cabeza y relamer sus labios. Se estaba empezando a sentir mal. ¿Se habrá contagiado de algo? No, no había comido nada extraño. Por un momento, los grillos le gritaron que ya paso por algo así antes… ¿Dónde, cuándo? No sabía, necesitaba tiempo para pensar y la verdad, sintiéndose así no quería hacerlo. ¿Hyakinthos tendría algo para aliviarla?
Quiso ir a preguntarle pero era el turno de Ukikikiki, no podía abandonar a su futura mejor amiga mona — ¡Vamos, Ukikikiki, vamos! — la animó con el mismo encanto pero un poco más apagada, después de todo se estaba sintiendo mal físicamente. Vio la participación de su compañera. No se entero de nada.
¡Ya está-uki! ¿Dónde está nuestro tofu-uki?
Cuando regreso, su energía agradable hizo sonreír a la mestiza — En algún sitio del cielo, solo debemos buscarlo. Esperemos a que acabe de una vez por todas y vayamos todos juntos — le respondió acercándose a ella y alzando ambas manos para que chocaran los cinco, aunque su semblante se veía algo pálido — ¡Dame esos diez! — bromeó por la cantidad de dedos. Lo cierto es que en precisión ella no lo hubiera hecho mejor, la ultima vez que lanzó algo termino yendo al lado contrario — Me sentaré un rato, yo... me siento rara. No se preocupen, no es nada. Quizás sean las emociones desbordantes de todo esto y del futuro tofu que comeremos. — le indico y luego resto importancia, no deseaba arruinarles la diversión a sus compañeros.
Luego de eso María se internó al cubículo, sentándose imagino hay sillas?, sacando su Den Den Mushi y llamando a sus personas favoritas del mundo, quizás ellos podrían ayudarla. Hyakinthos es médico. Maki siempre sabe qué hacer. No intento ocultar la llamada, así que su grupo podría escucharla perfectamente:
Luego de eso María se internó al cubículo, sentándose imagino hay sillas?, sacando su Den Den Mushi y llamando a sus personas favoritas del mundo, quizás ellos podrían ayudarla. Hyakinthos es médico. Maki siempre sabe qué hacer. No intento ocultar la llamada, así que su grupo podría escucharla perfectamente:
— Algodón de Azúcar… no me estoy sintiendo bien. ¿Puedes hacer tu magia en mi? Por favor, quiero seguir divirtiendome con mis nuevos amigos — comentó con su encantadora voz que poseía en esa oportunidad un matiz lastimero y muy enternecedor. Él era su médico de cabecera, el único que tenía realmente, seguro algún medicamento le daba — ¡Unnie te juro que no he comido nada de nada! — abordó a la calva antes que sacara conclusiones….
ESQUIZO ESQUIZO MERLOT
Karma Fanático: Hyakinthos.
![[Imagen: mmocheja.png]](https://i.ibb.co/WNPnSwH9/mmocheja.png)
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