24-07-2026, 07:17 PM
48 de Primavera, Año 18 ❥ En algun lugar de la isla
Now handle your Emerald Sword
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Karate los recibió con ese clima primaveral que buscaba hacer notar el cambio de estación. El aire tibio, que acompañaba una brisa, se extendía por sus calles y arrozales, llevando consigo esa mezcla de aromas dulces que incluso una nariz como la suya era capaz de distinguir. Y, aunque ya llevaba varios días en ese lugar, seguía sin acostumbrarse a utilizar la casa de la abuela de su compañera de división para pernoctar.
A pesar de la hospitalidad de la señora, se sentía una intrusa en ese lugar, como si estuviese usando una chaqueta que no terminaba de calzarle del todo. Viendo como esa naturalidad que solo daba una familia y sus costumbres, se extendía ante el azul de sus ojos…esa naturalidad que ella había decidido dejar en el olvido cuando Nyssa Vale tomó su lugar. Esa naturalidad que ella había decidido dejar atrás junto a su apellido y a las personas que amaba.
Era demasiados recuerdos compartidos de una vida que ya no existía para ella.
Por ello, había utilizado todo el tiempo que tenía en karate para hacer lo que esa precisa mañana, de pie frente a su compañero de división, estaba a punto de volver a hacer: Entrenar
Y había sido un desafío hacer que Alex lograse entenderle lo que ella había querido decirle; Kagura la había ayudado sin dudas, su compañera de la ochenta y uno le había indicado que al gigante le gustaban los combates y le había enseñado algunas palabras y señas para que ella pudiese decirle que buscaba entrenar con él
¿Por qué él? Porque enfrentarse a Alex era un desafío de veinticinco metros que tendría que descubrir, sobre la marcha, como abordar.
¿Por qué él? Porque aún recordaba con absoluta claridad, esa facilidad insultante con la que la había despojado de su control en el primer encuentro que sostuvieron como división. Ese movimiento que para el gigante podría ser natural, para ella significó dejarla sin poder de decisión y aquello, esa simple acción por parte de él, había golpeado algo demasiado profundo en ella: su orgullo.
Si Alex no hubiese sido quien era, si Alex no hubiese estado dentro de la ochenta y uno como el resto de sus compañeros, aquella acción hubiese sido una deuda pendiente para ella, algo que no perdonaría con facilidad. Pero era un miembro valioso de su división y prefería enfrentarlo en combate.
Y aprender de él, para ser capaz de enfrentar a otros como él.
La explanada donde se encontraban al aire libre era lo suficientemente amplia como para permitirle a ambos moverse, Nyx había buscado el antiguo ring por algunos días antes de proponerle entrenar juntos y resultó ser el lugar idóneo. Consumido por el tiempo, el pasto de primavera se mecía tranquilo con el viento, los postes y las cuerdas viejas delimitaban el espacio ¿Cuánto sería? Ella calculaba que al menos eran ciento veinte metros de largo y de ancho, pero esas cuerdas gastadas seguían firmes ahí, dispuestas a mantener el límite de un ring que se negaba a consumirse con el tiempo.
A su alrededor no habían casas ni talleres, ni comercios, nada que pudiese ser daño colateral de lo que estaba a punto de suceder. Si Alex terminaba atravesando alguna estructura, no serían las casas, sino los árboles a su alrededor, y ellos, no tendrían que responder ni civiles a ni a la marina por eso.
Sus dedos encontraron el cuero de las empuñaduras de sus katanas, esa sensación familiar sobre sus manos. No las desenfundo, no de inmediato, simplemente dejo que las palmas de sus manos percibieran el cuero de sus katanas, de Astra, mientras el mar de sus ojos se elevaba hacia el rostro del gigante y en ese rostro de líneas finas y pecas dispersas solo se podía leer la belleza de la determinación serena, casi fría, de sus facciones.
Su pecho amplio subió y bajo en esa inhalación profunda, lenta. No era nerviosismo, era método, ese gesto consciente de disminuir el ritmo y centrar cada uno de sus sentidos al cien por ciento en su objetivo. Y su objetivo, por ese entrenamiento, era Alex – ¿Listo? – no estaba segura de que Kagura ya le hubiese enseñado lo que eso significaba, pero Nyx asintió. Un gesto sencillo, uno que le indicara a su compañero de división que estaba por comenzar
Avanzó la distancia que los separaba, ella se había encargado que desde un inicio que esta no superase el metro. Llevaba tanto tiempo entrenando que había comenzado a entender sus puntos débiles y quería probar como se desenvolvería el gigante si ella se mantenía en un rango corto.
Desenfundo sus dos katanas y el aroma a romero, cedro y lavanda tomó el aire primaveral cuando la hoja oscura de Astra brillo con su constelación de estrellas bajo el sol de primavera; el movimiento fue una danza, un destello oscuro acompañado de su figura. Avanzaría hacia él flexionando sus piernas, sus músculos respondieron a la acción al instante para impulsarla hacia adelante. Con ambas katanas por el frente, buscaba realizar aquel corte en su pie izquierdo con precisión.
Léeme
