25-07-2026, 01:20 AM
La envergadura y el tamaño de Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Segundo convertido en Yojimbo Lemarcus Cornell Yamamura Primero fue una amenaza lo suficientemente grande como para que el Alcaide de Impel Down, famoso por su dureza y crueldad con los presos, sintiera un miedo atroz al verlo lanzarse en su dirección. Fue suficiente como para que el Almirante Tucrow, famoso por su confianza y su entrega completa al deber y a la justicia, se sintiese aterrado ante la simple presencia de tal ser. Un monstruo de las leyendas, un guerrero para los guerreros.
Yayojimbo - como vamos a llamarle cariñosamente desde ahora - podía él sólo con su espada Samsara encargarse de mantener a raya a la persona más fuerte de esta prisión, la más grande y segura del mundo, y a una de las tres personas más fuertes de la Marina, al mismo tiempo y sin complicaciones. Sólo ese tajo con la espada obligó a Tucrow a alzar su nodachi Notorious Big apoyando la mano en el reverso del filo y frenando el ataque con los ojos abiertos como platos, mientras Imsiul recubría de haki de armamento sus dos brazos para anteponer sus manos junto a la espada de Tucrow y ayudarle frenando el ataque.
El impactó lanzó al Alcaide y a Tucrow unos pocos metros hacia atrás, derrapando en el suelo sin perder el equilibrio, mientras Yayojimbo daba dos pasos al frente crujiéndose el cuello y preparándose con su espada en ristre. Tucrow lanzó su capa de Almirante al aire mientras Imsiul se recubría de unas llamas negras todo el cuerpo y comenzaba a transformarse en algo enorme y de múltiples extremidades en su tren inferior, brotándole dos grandes cuernos de su cabeza... algo que por suerte ninguno de nosotros íbamos a ver en acción, pues era bastante horrendo — Eso sí que es un poder interesante... — dijo Yojimbo padre por medio de los labios de Yayojimbo, y su combate comenzó a darse tras la puerta de acceso al nivel uno.
Aspros tenía su propia batalla contra Nicholas Vangeance, un admirador/odiador profesional de la belleza y la fama de la reina de los okamas. Un fan frustrado, lleno de admiración absoluta y rencor irracional. Alguien que, fuera de su apariencia, tenía una fama de ser más brutal y sanguinarie que el propio Imsiul, considerado realmente como el verdadero demonio de este infierno. Un enfrentamiento que sin duda iba a hacer sudar tinta a la Reina Okama.
Por otra parte, Candice Bonbon dentro de su impenetrable armadura de Karamel Knight se había topado en su propio intento de fuga de lleno con los Bomberbells en el nivel dos de Impel Down, y estaba disputando una batalla terrible contra todos ellos al mismo tiempo, recibiendo puñetazos, patadas, zancadillas, empujones, mordiscos y un sin fin de insultos extraños en su lengua indómita. Una batalla campal que sólo ganaría el más fuerte.
Y por otra parte, el final de la batalla entre Urutora y el duo de Uki y Sheit era inminente... pero eso ya os lo contaré en otro momento.
De esta forma y gracias al sacrificio y los encuentros de un sin fin de personas que se habían dado cara a cara con sus némesis, verdugos, o nuevos futuros enemigos jurados, el caos y la batalla campal de Impel Down perduraba y había permitido que una única persona llegase hasta la puerta de salida. Y habiendo dejado el recibidor vacío, estando allí sólo Yojimbo, nuestro protagonista, pudo abrir la pesada doble puerta que lo llevaba al muelle de entrada tras apoyar sus dos manos en ellas y empujar con todas sus fuerzas.
El crujido de la madera de las puertas abriéndose se mezcló con las olas del mar chocando contra los muros de Impel Down, y también el crujir de los barcos anclados en el puerto. Pero nada de eso podía ver el de los Alas Negras, pues el sol del atardecer, por primera vez en años, bañaba su rostro y su cuerpo y le obligaba a cerrar los ojos hasta que pudiera acostumbrarse a la intensidad de la luz.
En ese sufrimiento fotofóbico, percibió vagamente una figura al fondo del muelle, de pie, erguida y con los brazos cruzados. Una silueta negra y una gran sombra gracias a la posición del sol a sus espaldas.
Yayojimbo - como vamos a llamarle cariñosamente desde ahora - podía él sólo con su espada Samsara encargarse de mantener a raya a la persona más fuerte de esta prisión, la más grande y segura del mundo, y a una de las tres personas más fuertes de la Marina, al mismo tiempo y sin complicaciones. Sólo ese tajo con la espada obligó a Tucrow a alzar su nodachi Notorious Big apoyando la mano en el reverso del filo y frenando el ataque con los ojos abiertos como platos, mientras Imsiul recubría de haki de armamento sus dos brazos para anteponer sus manos junto a la espada de Tucrow y ayudarle frenando el ataque.
El impactó lanzó al Alcaide y a Tucrow unos pocos metros hacia atrás, derrapando en el suelo sin perder el equilibrio, mientras Yayojimbo daba dos pasos al frente crujiéndose el cuello y preparándose con su espada en ristre. Tucrow lanzó su capa de Almirante al aire mientras Imsiul se recubría de unas llamas negras todo el cuerpo y comenzaba a transformarse en algo enorme y de múltiples extremidades en su tren inferior, brotándole dos grandes cuernos de su cabeza... algo que por suerte ninguno de nosotros íbamos a ver en acción, pues era bastante horrendo — Eso sí que es un poder interesante... — dijo Yojimbo padre por medio de los labios de Yayojimbo, y su combate comenzó a darse tras la puerta de acceso al nivel uno.
Aspros tenía su propia batalla contra Nicholas Vangeance, un admirador/odiador profesional de la belleza y la fama de la reina de los okamas. Un fan frustrado, lleno de admiración absoluta y rencor irracional. Alguien que, fuera de su apariencia, tenía una fama de ser más brutal y sanguinarie que el propio Imsiul, considerado realmente como el verdadero demonio de este infierno. Un enfrentamiento que sin duda iba a hacer sudar tinta a la Reina Okama.
Por otra parte, Candice Bonbon dentro de su impenetrable armadura de Karamel Knight se había topado en su propio intento de fuga de lleno con los Bomberbells en el nivel dos de Impel Down, y estaba disputando una batalla terrible contra todos ellos al mismo tiempo, recibiendo puñetazos, patadas, zancadillas, empujones, mordiscos y un sin fin de insultos extraños en su lengua indómita. Una batalla campal que sólo ganaría el más fuerte.
Y por otra parte, el final de la batalla entre Urutora y el duo de Uki y Sheit era inminente... pero eso ya os lo contaré en otro momento.
De esta forma y gracias al sacrificio y los encuentros de un sin fin de personas que se habían dado cara a cara con sus némesis, verdugos, o nuevos futuros enemigos jurados, el caos y la batalla campal de Impel Down perduraba y había permitido que una única persona llegase hasta la puerta de salida. Y habiendo dejado el recibidor vacío, estando allí sólo Yojimbo, nuestro protagonista, pudo abrir la pesada doble puerta que lo llevaba al muelle de entrada tras apoyar sus dos manos en ellas y empujar con todas sus fuerzas.
El crujido de la madera de las puertas abriéndose se mezcló con las olas del mar chocando contra los muros de Impel Down, y también el crujir de los barcos anclados en el puerto. Pero nada de eso podía ver el de los Alas Negras, pues el sol del atardecer, por primera vez en años, bañaba su rostro y su cuerpo y le obligaba a cerrar los ojos hasta que pudiera acostumbrarse a la intensidad de la luz.
En ese sufrimiento fotofóbico, percibió vagamente una figura al fondo del muelle, de pie, erguida y con los brazos cruzados. Una silueta negra y una gran sombra gracias a la posición del sol a sus espaldas.
