25-07-2026, 06:23 AM
Explotando de risa ante mi semejante atrevimiento, no sentí vergüenza alguna de mis actos hasta que él comenzó a reirse y a burlarce de manera explosiva, comenzando a sentir como mis mejillas ardian por la situación, quise retirar la mano pero por algún motivo (mi fetiche) estaba adhrerida a semejante pedazo de pan,digo, pectoral (mmm...pectoral). Debo confesar que quizás esta vez…solo esta vez…se me fue un poco la mano con los impulsos, es cierto que mis acciones contradicen mis emociones pero…¿Quien ofrece semejante festín a quien carece de razonamiento?, en mi defensa y para no parecer una total atrevida, quería justificarme…pero las palabras de este hombre eran tan afiladas que me hacía balbucear sin sentido, viéndolo reírse por algún motivo termine acompañandole con una risa forzada y leve –Jeje…simplemente quería saber si eran reales– mentí, simplemente menti, la carne es débil.
Con un gesto totalmente digno de un caballero, me sorprendí un poco cuando su mano tomó gentilmente mi mano para guiarla hacia otra parte de su cuerpo, precisamente a su brazo, cuando mis dedos tocaron la superficie de aquella masa firme, no pude evitar quedarme maravillada ante semejante cuerpazo, al sentir como el músculo se tensaba bajo mis dedos no pude evitar apretarlo para comprobar de que también fueran reales –Madre de Dios…– dije asombrada ante tal atributo, no era fanática de los bíceps, pero había que reconocer que el sujeto era una maravilla, un pedazo de carne jugosa que cualquier mujer quisiera deleitarse.
Ofreciendo llevarme a casa no dude en asentir con la cabeza ante tal ofrecimiento, pero al escuchar su comentario sobre mis instintos salvajes, sin duda me sonroje como un tomate pues ahora su impresión sobre mi era la de una chica traviesa, pero ese no era el caso. Omitiendo las emociones que quieren desbordar, comencé a caminar a su ritmo mientras lo escuchaba hablar, sus preguntas eran inquisidoras pero a la vez sus manera de explicarse eran un tanto cómico, sin duda era un empezar un tanto único, extraordinario pero sobre todo…tan malintencionado, cualquiera podría sacar sus propias conclusiones.
Si suelo dormir en el cuartel, pero debido a mi extraña condición de quitarme la ropa…me suelen enviar a casa para…tranquilizarme– confesé abiertamente mientras continuamos con nuestro andar, apenas estaba comenzando mi camino en la marina y ya tenía ciertas complicaciones que debía de tolerar, ante el juego de palabras y las ideas alocadas que salieron de los labios del rubio, simplemente me reí por bajo mientras seguíamos un camino desolado, oscuro y frío, el único sonido que se podía apreciar era el de nuestros pasos al caminar sobre la tierra semi humedad, pero aun asi la compañia no era del todo mala.
Y…¿Usted qué hace tan tarde por las calles, regresa de cumplir alguna tarea? – tratando de que la conversación no muriera, mi mano seguia apretando el bicep del hombre, quien hasta ahora habia demostrador ser lo que muchos hombres no era: un caballero digno de la compañia de una gentil e inocente dama (como yo).
Con un gesto totalmente digno de un caballero, me sorprendí un poco cuando su mano tomó gentilmente mi mano para guiarla hacia otra parte de su cuerpo, precisamente a su brazo, cuando mis dedos tocaron la superficie de aquella masa firme, no pude evitar quedarme maravillada ante semejante cuerpazo, al sentir como el músculo se tensaba bajo mis dedos no pude evitar apretarlo para comprobar de que también fueran reales –Madre de Dios…– dije asombrada ante tal atributo, no era fanática de los bíceps, pero había que reconocer que el sujeto era una maravilla, un pedazo de carne jugosa que cualquier mujer quisiera deleitarse.
Ofreciendo llevarme a casa no dude en asentir con la cabeza ante tal ofrecimiento, pero al escuchar su comentario sobre mis instintos salvajes, sin duda me sonroje como un tomate pues ahora su impresión sobre mi era la de una chica traviesa, pero ese no era el caso. Omitiendo las emociones que quieren desbordar, comencé a caminar a su ritmo mientras lo escuchaba hablar, sus preguntas eran inquisidoras pero a la vez sus manera de explicarse eran un tanto cómico, sin duda era un empezar un tanto único, extraordinario pero sobre todo…tan malintencionado, cualquiera podría sacar sus propias conclusiones.
Si suelo dormir en el cuartel, pero debido a mi extraña condición de quitarme la ropa…me suelen enviar a casa para…tranquilizarme– confesé abiertamente mientras continuamos con nuestro andar, apenas estaba comenzando mi camino en la marina y ya tenía ciertas complicaciones que debía de tolerar, ante el juego de palabras y las ideas alocadas que salieron de los labios del rubio, simplemente me reí por bajo mientras seguíamos un camino desolado, oscuro y frío, el único sonido que se podía apreciar era el de nuestros pasos al caminar sobre la tierra semi humedad, pero aun asi la compañia no era del todo mala.
Y…¿Usted qué hace tan tarde por las calles, regresa de cumplir alguna tarea? – tratando de que la conversación no muriera, mi mano seguia apretando el bicep del hombre, quien hasta ahora habia demostrador ser lo que muchos hombres no era: un caballero digno de la compañia de una gentil e inocente dama (como yo).

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