25-07-2026, 06:59 AM
Aquello empezaba a ser un juego demasiado fácil, porque a medida que pasaban tiempo juntos los gestos ajenos trazaban tendencias imposibles de ignorar. Sabía cuando se sentía confiada y también, los instantes en que esa sensación de poder se le escurría entre los dedos, víctima de una maldición que jamás lo atacó a él, ni siquiera en su infancia; los sonrojos. Verla así le hizo detectar al instante que con su suposición sobre el servicio de trabajadoras sexuales dio de lleno en el blanco, siguiendo esa línea hasta dar con la mentira escondida entre sus relatos verídicos, descubriendo que nunca había experimentado nada sexual y lo más extraño de todo, compartían profesión.
No tuvo mucho más tiempo para reflexionar, porque ante las exclamaciones que no la dejaban tan bien parada, Kagura se abalanzó sobre sus labios, intentando silenciarlo y llegando demasiado tarde a la tarea. Por supuesto, Hasegawa aprovechó ese contacto, manteniendo su misma sonrisa confiada y mirándola a los ojos cuando volvió a su lugar —No puedes parar de tocarme... espero que no te mal acostumbres. —reconoció, relamiéndose los labios con una soltura indiscreta, como si en su imaginación el resultado de esa noche ya estuviese ocurriendo frente a sus ojos.
Al final, la chica de cabellos anaranjados le dejó pocos espacios de su cuerpo que reconstruir desde el desconocimiento.
Exclama odio, más no el suficiente para levantarse de la mesa y abandonarlo. Por algo seguía ahí, a sabiendas de los riesgos impuestos mediante sus condiciones, manteniendo el juego, uno del cual podría escapar en cualquier momento, porque al margen de lo que podría creerse, respetaría las negativas de cualquier dama, por más libertinas que pudiesen parecer. —Eso, hasta el fondo, Gury. ~ —la anima mientras le dedica el trago que representa su derrota, recibiéndolo sumamente feliz, tanto que entrecerraba los ojos, pareciendo cerrados, enfocado en la marine pervertida hasta que cumplió con su palabra, no dejando ni una gota en el vaso.
No sólo soltó un pequeño gemido, suave, sino que también se relamió los labios, embriagándolo con el aroma a alcohol, fresco y con ese toque divertido, como si representara la antesala de una historia cuyo desenlace resultaba demasiado evidente a ojos del albino. Aunque no había demasiado tiempo para pensar, porque el desafío seguía y sus sentidos debían estar enfocados si pretendía enlazar dos victorias consecutivas, dejando el asunto prácticamente decidido desde el principio.
Lo bueno, es que antes de su turno, debía arriesgarse por una de las tres opciones que le ofreció, y los cebos funcionaron a la perfección. Shin permitió que les sirvieran la comida antes de soltar la información que marcaría la desgracia máxima para Kagura, esperando incluso a que de el primer bocado, haciendo ver su agrado por el sabor de lo que eligió, y luego de que tragara abrió la boca, declarándole el resultado de su elección —Te equivocaste. La mentira es que nunca fui derrotado en combate, incluso un prodigio como yo tiene sus días malos. —no eran recuerdos agradables, y justamente reconocer algo que va tan en contra de su ego abrió el error de la contraria —Creo que te toca beber de nuevo. —se encogió de hombros, sonriente.
En ese instante volvió a acercarse a la chica, recortando las distancias hasta casi dejar pegadas las sillas, listo de cara a una nueva ronda. Mencionó escapes al bosque, ser una cocinera experta y un supuesto hermano mayor uniéndose a alguna tripulación pirata. El albino arqueó una ceja casi de inmediato, y no tardó en hacerle saber el motivo —A este paso, sí. Creo que no sabes jugar a lo que tú mismo propusiste. —la mano de Shin se dirigió con suavidad a uno de los muslos de la chica, siguiendo el hilo de su última pregunta —Pero estarás sobria cuando eso pase. Si no lo disfrutas, entonces no tiene sentido... —levemente, trazó una línea hacia arriba, alejando sus dedos antes de que el contacto se volviera demasiado peligroso.
—Dado que dos de las opciones son demasiado circunstanciales, la mentira es que eres cocinera. Y encima experta. —como si nada hubiese pasado hace segundos, se encogió de hombros con extrema naturalidad —Si tienes un hermano o salías al bosque, son historias a las que le echaste demasiada imaginación, o simplemente pasaron. —afirmó el motivo de su elección, enseñándole la manera en que expuso lo que era falso.
Entre dos anécdotas elaboradas, se decantó por la ficticia habilidad sencilla, confiando en su nueva victoria.
—Bien, princesa, sigamos. —gradualmente iba mostrándose más sensual, cariñoso e inclusive amable, sin abandonar los dejes pícaros que la molestaban e irritaban, envolviéndola en su encanto como una araña tejiendo su red. —Veamos, qué te cuento... —miró hacia arriba únicamente con sus iris, no elevó la cabeza al cielo, y tras unos instantes pareció haberse decidido.
—Fui criado por un padre demasiado amoroso y una madre sumamente estricta. —la miró a los ojos y volvió a acercarse, sujetándole el mentón con los dedos índice y pulgar —En este momento, estoy pensando en qué posición voy a ponerte cuando terminemos con esta excusa para seducirte, digo... jugar. —sonrió, alejándose tan pronto como recortó las distancias —Me educaron como espadachín y, aún así, no tengo técnicas que mezclen ese dominio con el poder de mi fruta. —recostándose sobre la silla, se cruzó de brazos. —Sin presiones, para nada se te están terminando las oportunidades... —declaró, sumamente confiado.
Esperaba tenerla en la cornisa del precipicio que ella misma provocó.
No tuvo mucho más tiempo para reflexionar, porque ante las exclamaciones que no la dejaban tan bien parada, Kagura se abalanzó sobre sus labios, intentando silenciarlo y llegando demasiado tarde a la tarea. Por supuesto, Hasegawa aprovechó ese contacto, manteniendo su misma sonrisa confiada y mirándola a los ojos cuando volvió a su lugar —No puedes parar de tocarme... espero que no te mal acostumbres. —reconoció, relamiéndose los labios con una soltura indiscreta, como si en su imaginación el resultado de esa noche ya estuviese ocurriendo frente a sus ojos.
Al final, la chica de cabellos anaranjados le dejó pocos espacios de su cuerpo que reconstruir desde el desconocimiento.
Exclama odio, más no el suficiente para levantarse de la mesa y abandonarlo. Por algo seguía ahí, a sabiendas de los riesgos impuestos mediante sus condiciones, manteniendo el juego, uno del cual podría escapar en cualquier momento, porque al margen de lo que podría creerse, respetaría las negativas de cualquier dama, por más libertinas que pudiesen parecer. —Eso, hasta el fondo, Gury. ~ —la anima mientras le dedica el trago que representa su derrota, recibiéndolo sumamente feliz, tanto que entrecerraba los ojos, pareciendo cerrados, enfocado en la marine pervertida hasta que cumplió con su palabra, no dejando ni una gota en el vaso.
No sólo soltó un pequeño gemido, suave, sino que también se relamió los labios, embriagándolo con el aroma a alcohol, fresco y con ese toque divertido, como si representara la antesala de una historia cuyo desenlace resultaba demasiado evidente a ojos del albino. Aunque no había demasiado tiempo para pensar, porque el desafío seguía y sus sentidos debían estar enfocados si pretendía enlazar dos victorias consecutivas, dejando el asunto prácticamente decidido desde el principio.
Lo bueno, es que antes de su turno, debía arriesgarse por una de las tres opciones que le ofreció, y los cebos funcionaron a la perfección. Shin permitió que les sirvieran la comida antes de soltar la información que marcaría la desgracia máxima para Kagura, esperando incluso a que de el primer bocado, haciendo ver su agrado por el sabor de lo que eligió, y luego de que tragara abrió la boca, declarándole el resultado de su elección —Te equivocaste. La mentira es que nunca fui derrotado en combate, incluso un prodigio como yo tiene sus días malos. —no eran recuerdos agradables, y justamente reconocer algo que va tan en contra de su ego abrió el error de la contraria —Creo que te toca beber de nuevo. —se encogió de hombros, sonriente.
En ese instante volvió a acercarse a la chica, recortando las distancias hasta casi dejar pegadas las sillas, listo de cara a una nueva ronda. Mencionó escapes al bosque, ser una cocinera experta y un supuesto hermano mayor uniéndose a alguna tripulación pirata. El albino arqueó una ceja casi de inmediato, y no tardó en hacerle saber el motivo —A este paso, sí. Creo que no sabes jugar a lo que tú mismo propusiste. —la mano de Shin se dirigió con suavidad a uno de los muslos de la chica, siguiendo el hilo de su última pregunta —Pero estarás sobria cuando eso pase. Si no lo disfrutas, entonces no tiene sentido... —levemente, trazó una línea hacia arriba, alejando sus dedos antes de que el contacto se volviera demasiado peligroso.
—Dado que dos de las opciones son demasiado circunstanciales, la mentira es que eres cocinera. Y encima experta. —como si nada hubiese pasado hace segundos, se encogió de hombros con extrema naturalidad —Si tienes un hermano o salías al bosque, son historias a las que le echaste demasiada imaginación, o simplemente pasaron. —afirmó el motivo de su elección, enseñándole la manera en que expuso lo que era falso.
Entre dos anécdotas elaboradas, se decantó por la ficticia habilidad sencilla, confiando en su nueva victoria.
—Bien, princesa, sigamos. —gradualmente iba mostrándose más sensual, cariñoso e inclusive amable, sin abandonar los dejes pícaros que la molestaban e irritaban, envolviéndola en su encanto como una araña tejiendo su red. —Veamos, qué te cuento... —miró hacia arriba únicamente con sus iris, no elevó la cabeza al cielo, y tras unos instantes pareció haberse decidido.
—Fui criado por un padre demasiado amoroso y una madre sumamente estricta. —la miró a los ojos y volvió a acercarse, sujetándole el mentón con los dedos índice y pulgar —En este momento, estoy pensando en qué posición voy a ponerte cuando terminemos con esta excusa para seducirte, digo... jugar. —sonrió, alejándose tan pronto como recortó las distancias —Me educaron como espadachín y, aún así, no tengo técnicas que mezclen ese dominio con el poder de mi fruta. —recostándose sobre la silla, se cruzó de brazos. —Sin presiones, para nada se te están terminando las oportunidades... —declaró, sumamente confiado.
Esperaba tenerla en la cornisa del precipicio que ella misma provocó.
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