25-07-2026, 06:47 PM
(Última modificación: 25-07-2026, 07:05 PM por Stroud Nanashi.)
Entre los piratas, la lealtad al capitán y a la tripulación de uno era uno de los listones morales que jamás se ponían en cuestión, y, de hacerse, uno se exponía al escarnio y, con toda probabilidad, a caer en el ostracismo, incluso entre las banderas negras. En aquel mundo en que mandaban el oro y los cañones, pero en el que la lealtad era la moneda de cambio última, nada era peor que ser llamado amotinado.
"Os puedo llevar hasta Rocky Port, claro," afirmó Grin, alzando una ceja, "pero nada garantiza que esté allí. Diablos, ¡ni siquiera sé si seguirá en Hachinosu!," exclamó ante la petición de Tenoch. El hombre parecía cansado, pero deseoso de echar un cable a lo que pudieran disponer de él los señores Mushoku. Sin embargo, el tono de Ashura al dirigirse a él pareció ser uno radicalmente distinto, y mucho menos amable, como hubiese cabido esperar de la Catástrofe en persona. "Nadie dice que no ganase el combate, señor Ashura," dijo con naturalidad. "Lo que he dicho es que el espadachín se cargó a todos mis hombres, aunque sí, salió con vida." Su aura se mantenía inmutable, con aquella misma desidia honesta que lo había caracterizado desde su irrupción en escena. No pareció, sin embargo, ni lo más mínimamente perturbado ante la rabia que parecía estar concentrándose en Ashura, como un volcán tuerto. "Todo el mundo sabe lo de la explosión, capitán Ashura," afirmó, "ha sido la comidilla de Hachinosu estos días. Otra cosa es que se sepa quién fue. Eso es más complicado," aseguró, dando un delicado sorbito de su botella de ron antes de continuar. "Aunque, si se refiere al ataque en el Galleon's Grotto," acompañó sus palabras de un ademán con la botella hacia la montaña de escombros, cuya polvareda ya comenzaba a disiparse, y bajo la cual ya no era posible distinguir aura alguna, probablemente debido al fallecimiento de quien hubiese sobrevivido a la calamidad. "No era difícil atar cabos. Un par de críos le dicen al señor Quetzalli que hay unos Marines en la isla... ¡En medio de todo esto! Y vengo para encontrarme mi querido Grotto reducido a escombros." Hizo un gesto, uniendo repetidamente las yemas de sus nudosos dedos índices mientras arqueaba una ceja, observando a Ashura. "Las cuentas salen solas, capitán."
"¡Vamos, vamos, Grin, no hay que ser tan tímido!," declamó repentinamente una voz femenina que se aproximaba a través de una de las calles aledañas, desde el sur, mientras todo el gentío allí acumulado empezaba a cuchichear ante un ambiente que no hacía más que tensarse. Y toda cuerda podía tensarse... hasta que no daba más de sí. "¡Lo que hiciste fue espectacular! ¡Ni siquiera sé si yo misma hubiera podido! Pero hiciste lo correcto, nos hubieran acabado fastidiando el plan. ¡Gli gli! Bueno, yo sí hubiera podido, ¡pero eres la Octava Hoja! ¡Más lobos, hombre! Ya que nos has jodido el plan, llévalo a gala. Ashura te ha pillado." La portadora de aquella voz era, a todas luces, una enorme y hermosa Oni de piel roja como el magma, de pelo de un blanco cegador, con una marca sobre su frente y cuernos que protuberaban desde su cabeza, que vestía un kimono simple, tradicional y elegante, y que casi llegaba hasta la azotea de algunos de los edificios con sus doce metros de altura. Su voz sonaba, atronadora, como un huracán que se aproximaba desde quién sabe qué rincón de Hachinosu. La mujer sujetaba un Den Den Mushi con su mano derecha, enguantada, y dijo algo a través del mismo, comunicándose a distancia con alguien más mientras se tapaba la boca con su otra mano. Grin pareció más sorprendido que nadie ante la llegada de la enorme y demoníaca mujer, manteniendo sus brazos en jarra y observando cómo llegaba con toda parsimonia, evidenciando que no se encontraba precisamente en un apuro. "¡Soy Shinkae Sae, Séptima Mano! Me voy a tomar la libertad de hablar en nombre de la Sexta Hoja y de la Quinta Mira, que son un poco más tímidos, ¡qué le vamos a hacer!," comenzó a hablar, ahora sí, como dirigiéndose a toda la muchedumbre como si fuera una gran audiencia en un estadio mientras caminaba. Su mirada se clavó entonces en Tenoch y Ashura, que se encontraban a unos veinte metros ya de su posición. "Ashura y Quetzalli Junior... O como os queráis llamar. Shichibukai...," la palabra salió de su boca como un esputo, con un profundo asco que se manifestó en cada una de las sílabas de la palabra, "traidores a la piratería. Lo más negro de las banderas negras, lo más amotinado entre los amotinados y lo más ruin del Gobierno Mundial. Como portavoz puntual de la Confederación Hundida, declaro formalmente la isla de Hachinosu como propiedad de la piratería, y no de ningún perro del gobierno," informó, haciendo un gesto hacia una de las azoteas circundantes. Sobre uno de los tejados, a una distancia de 40 metros en línea recta desde la posición de Tenoch, al norte, se alzaban dos siluetas más, una en pie y la otra hincando una rodilla. Y, tal y como se había aglomerado, la multitud empezó a deshacerse como un azucarillo, temiendo lo que pudiese estar por venir.
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