27-07-2026, 12:05 AM
[personajeinvalido=3941]
Había algo muy curioso sobre el Sepulturero, y es que no se le daba la mar de bien entender aquello que no se le explicaba en detalle. Por eso quizás cuando escuchó las normativas del siguiente evento se mantuvo de pie, en el cubículo cuatro, medio afiebrado por la enfermedad de Varo. Su virulencia era algo conocido, reptaba por el cuerpo como escalofríos, hacía doler su estómago, le daba una sensación gélida pese a la fiebre que tenía en ese momento y, aun así, no era por la enfermedad que se sentía aquejado en ese momento. No escuchó las indicaciones para el equipo cuatro, sin importar cuantas veces rebobinara las palabras del Dirigente en su cabeza, no había tales indicaciones.
¿Entonces?
Vio como tanto Miyori como Naruze le dedicaban unas palabras. Vio sus labios moverse, pero el sonido que vibraba en sus oídos era un pitido fino y sostenido que lo aturdía. Era como el aullido del mar en una tormenta, como el ruido de las velas sin izar azotándose contra los mástiles, una y otra vez el sonido ensordecedor se repetía en sus oídos ¿Era un grito una palabra? Una voz, repetía una y otra voz.
Perdiste.
Los músculos de su diestra se tensaron con tanta violencia que sangre comenzó a brotar de su mano clavando sus propias garras por unos momentos, aunque sin notarlo, antes de suspirar dejando escapar la frustración de su pecho con lo que finalmente se convirtió una risa pronunciada aunque silenciosa.
Aún no era suficiente.
— Con que si… Si… Perdimos, es verdad, perdimos —Fue todo lo que respondió el capitán, visiblemente decepcionado pese a la sonrisa que intentaba regalarle a sus compañeros. Asintió con la cabeza, no había muchas más palabras que poder dedicarles, no tenía la entereza en ese momento para hilar palabras. Asintió con la cabeza antes de girar sobre sus talones, y entonces comenzó a caminar nuevamente en dirección a las gradas ¿Con qué cara vería a sus compañeros? Confiaba tanto en su fuerza, y ahora que su fuerza era poco más que una mentira ¿Qué significaba eso en su propia confianza?
— Espero nos crucemos luego... Fue divertido, si —Espetó forzando una sonrisa para sus compañera del Equipo 4 antes de retirarse mordiendo su labio inferior.
Cuando puso un pie en las gradas, notó a lo lejos la presencia de sus compañeros. Comenzó a andar como alma en pena que vagaba por el purgatorio hasta que su andar fue detenido por un mink de ropajes blanquecinos, ¿Enemigo en tregua? Al levantar la mirada lo recordó, había lucha previamente a su lado. Le dedicó unas palabras con familiar, palabras que en ese momento Eros no hubiese pensado eran para él de no estar su nombre firmemente redactado en el mensaje. Pensó en responder, notó que Kiyoshi mismo había oído las palabras respondiendo con soltura por él.
Eros simplemente se encogió de hombros. — Mala fama, quizás. Sí. Los piratas de la Sepultura no somos salvajes, así que no se preocupe, con o sin custodios no es como si fuésemos a mancillar una ciudad mítica por nuestros caprichos —Aclaró en respuesta al mink el capitán de los piratas, suspirando nuevamente para dedicarle una reverencia con la cabeza entonces procediendo a tomar asiento junto al médico y su gente para observar el torneo.
Su expresión se mantuvo imperturbable, inalterable. Blanco lienzo impávido y absorto en la música, la fanfarria y el despliegue musical que ahora mismo acompañaba la derrota de su gente.
Cruzó los brazos, sonrió ligeramente ante las palabras de su segundo al mando. Con la manga de su saco se quitó esas lágrimas cristalinas que nublaban su vista, no era momento de llorar, ya no tenía derecho a llorar.
Sabía que Uker aún tenía posibilidades de remontar, era la última esperanza y quizás el as bajo la manga de los Piratas de la Sepultura. Ordenó sus pensamientos, como responsable por el rumbo del grupo no podía permitirse algo como un berrinche infantil que fuera a nublar su juicio, había mucho en juego. — Por divertido que haya sido éste recreo no nos olvidemos de nuestros objetivos, de la vida real… Fue un buen torneo, confío en que de haber estado juntos hubiese sido otro cantar —Entonces llevó la mirada a sus tripulantes, uno a uno.
— Hemos visto el nivel de nuestros rivales, espero que esto nos ayude a crecer y no detenernos… Al menos, con el mejor tirador de la Grand Line, ya tenemos parte de nuestros objetivos cumplidos. No podemos bajar los brazos aún. No ahora. No aquí. —Estaba molesto, su mirada se mantenía sobre el escenario mientras hablaba, puntualmente en la musa a quien también le había fallado. Quería que fuese como un remedio, un elixir que calmase sus penas. Quizás con esas palabras se estaba hablando a sí mismo, quizás era él quien más necesitaba esas palabras.
— Más fuerte… Tengo que ser más fuerte.
Había algo muy curioso sobre el Sepulturero, y es que no se le daba la mar de bien entender aquello que no se le explicaba en detalle. Por eso quizás cuando escuchó las normativas del siguiente evento se mantuvo de pie, en el cubículo cuatro, medio afiebrado por la enfermedad de Varo. Su virulencia era algo conocido, reptaba por el cuerpo como escalofríos, hacía doler su estómago, le daba una sensación gélida pese a la fiebre que tenía en ese momento y, aun así, no era por la enfermedad que se sentía aquejado en ese momento. No escuchó las indicaciones para el equipo cuatro, sin importar cuantas veces rebobinara las palabras del Dirigente en su cabeza, no había tales indicaciones.
¿Entonces?
Vio como tanto Miyori como Naruze le dedicaban unas palabras. Vio sus labios moverse, pero el sonido que vibraba en sus oídos era un pitido fino y sostenido que lo aturdía. Era como el aullido del mar en una tormenta, como el ruido de las velas sin izar azotándose contra los mástiles, una y otra vez el sonido ensordecedor se repetía en sus oídos ¿Era un grito una palabra? Una voz, repetía una y otra voz.
Perdiste.
Los músculos de su diestra se tensaron con tanta violencia que sangre comenzó a brotar de su mano clavando sus propias garras por unos momentos, aunque sin notarlo, antes de suspirar dejando escapar la frustración de su pecho con lo que finalmente se convirtió una risa pronunciada aunque silenciosa.
Aún no era suficiente.
— Con que si… Si… Perdimos, es verdad, perdimos —Fue todo lo que respondió el capitán, visiblemente decepcionado pese a la sonrisa que intentaba regalarle a sus compañeros. Asintió con la cabeza, no había muchas más palabras que poder dedicarles, no tenía la entereza en ese momento para hilar palabras. Asintió con la cabeza antes de girar sobre sus talones, y entonces comenzó a caminar nuevamente en dirección a las gradas ¿Con qué cara vería a sus compañeros? Confiaba tanto en su fuerza, y ahora que su fuerza era poco más que una mentira ¿Qué significaba eso en su propia confianza?
— Espero nos crucemos luego... Fue divertido, si —Espetó forzando una sonrisa para sus compañera del Equipo 4 antes de retirarse mordiendo su labio inferior.
Cuando puso un pie en las gradas, notó a lo lejos la presencia de sus compañeros. Comenzó a andar como alma en pena que vagaba por el purgatorio hasta que su andar fue detenido por un mink de ropajes blanquecinos, ¿Enemigo en tregua? Al levantar la mirada lo recordó, había lucha previamente a su lado. Le dedicó unas palabras con familiar, palabras que en ese momento Eros no hubiese pensado eran para él de no estar su nombre firmemente redactado en el mensaje. Pensó en responder, notó que Kiyoshi mismo había oído las palabras respondiendo con soltura por él.
Eros simplemente se encogió de hombros. — Mala fama, quizás. Sí. Los piratas de la Sepultura no somos salvajes, así que no se preocupe, con o sin custodios no es como si fuésemos a mancillar una ciudad mítica por nuestros caprichos —Aclaró en respuesta al mink el capitán de los piratas, suspirando nuevamente para dedicarle una reverencia con la cabeza entonces procediendo a tomar asiento junto al médico y su gente para observar el torneo.
Su expresión se mantuvo imperturbable, inalterable. Blanco lienzo impávido y absorto en la música, la fanfarria y el despliegue musical que ahora mismo acompañaba la derrota de su gente.
Cruzó los brazos, sonrió ligeramente ante las palabras de su segundo al mando. Con la manga de su saco se quitó esas lágrimas cristalinas que nublaban su vista, no era momento de llorar, ya no tenía derecho a llorar.
Sabía que Uker aún tenía posibilidades de remontar, era la última esperanza y quizás el as bajo la manga de los Piratas de la Sepultura. Ordenó sus pensamientos, como responsable por el rumbo del grupo no podía permitirse algo como un berrinche infantil que fuera a nublar su juicio, había mucho en juego. — Por divertido que haya sido éste recreo no nos olvidemos de nuestros objetivos, de la vida real… Fue un buen torneo, confío en que de haber estado juntos hubiese sido otro cantar —Entonces llevó la mirada a sus tripulantes, uno a uno.
— Hemos visto el nivel de nuestros rivales, espero que esto nos ayude a crecer y no detenernos… Al menos, con el mejor tirador de la Grand Line, ya tenemos parte de nuestros objetivos cumplidos. No podemos bajar los brazos aún. No ahora. No aquí. —Estaba molesto, su mirada se mantenía sobre el escenario mientras hablaba, puntualmente en la musa a quien también le había fallado. Quería que fuese como un remedio, un elixir que calmase sus penas. Quizás con esas palabras se estaba hablando a sí mismo, quizás era él quien más necesitaba esas palabras.
— Más fuerte… Tengo que ser más fuerte.
Ataud
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
