27-07-2026, 08:21 AM
[personajeinvalido=3941]
No hizo caso a la reacción de Akira, porque más allá del orgullo existía algo que lo dominaba por completo en ese momento, y estando tan cerca de la victoria en la fase inicial no iba a ser menos, dispuesto a felicitar al rubio incluso si se ubicaba en puestos bajos de la tabla, porque puntuar significaba quedar primeros ante un montón de competidores que se movían bajo el mismo deseo, imponerse a los demás.
Concentrado, aguardó el regreso de Raito al cubículo y prestó atención a los circos del Dirigente, elevando las expectativas en el público y haciéndolos vibrar de la emoción. Ese trabajo sabía hacerlo a la perfección, era un completo maestro en el arte de manejar a las masas y generar tensión antes de desvelar la información clave, al punto en donde inclusive él, tan estoico y confiado, quería acelerar sus palabras para conocer el resultado parcial previo al paso a la última parte del evento.
Restando pocos misterios en el tintero, empezó con la tarea de pasar a datos estadísticos el desempeño de los participantes, sorprendiendo a los espectadores una vez más con la ruptura de un nuevo récord por parte del subcapitán de los Sepultura, Kiyoshi. Se alegró del resultado dado por Miyori, aunque no tuvo demasiado tiempo para pensar, porque cuando se desveló que Mahou, última integrante del equipo nueve, falló en darle a la mosca, y se aseguró que Akira lo consiguió, a nivel matemático todo estaba dicho.
Su sonrisa no pudo ocultarse, sin embargo se mantuvo en silencio aún y cuando los demás gritaban por la victoria. No era el malestar dominándolo, menos evidente en su imagen que en comparación de Miyamoto, se trataba de algo mucho más crucial en la mente de una persona tan competitiva como Hasegawa Shin; los Juegos del Cielo todavía no habían terminado. Recibe el golpe en la espalda por parte de Haakon, lo que consigue impulsarlo hacia delante, y es ahí cuando finalmente reconoce el mérito del rubio —Supiste aprovechar tu momento. Así se hace. —su sonrisa confiada se mantiene viva, dándole con el puño sobre el pecho al contrario, sin fuerza ni mucho menos, era sólo un toque al marine, quien supo abandonar sus intereses en pos de beneficiar al equipo.
Ante ellos, se abrió la puerta a lo existente más allá en el torneo. El Dirigente anunció la ronda de combates, la posibilidad de recuperar compañeros perdidos a lo largo de las pruebas y también, una hora de descanso. Esperaba que esta última alcanzase para terminar de recuperarse del cruento estado viral en su cuerpo.
Lo inesperado recayó en la extraña categoría que tendrían las peleas, siendo la normativa un dos contra dos entre los equipos nueve y cinco, contra el uno y dos. Del ganador, quien mejor desempeño obtuviera le daría la oportunidad a los suyos de competir en la final, eligiendo a un nuevo representante. Acto que los actuales líderes del torneo debían replicar, instante donde el gesto del albino se ensombreció ligeramente, girándose al resto de su grupo.
El detalle, es que alguien faltaba.
—¿Ah? ¿Y Ryota? —ladeó la cabeza —¿Se asustó? —replicó el gesto hacia el otro lado, momento en donde recordó lo que le había respondido sobre los motivos tras ser un pirata —¡Momento! ¿Nos ha robado? —palpó sus pertenencias, y suspiró de alivio al darse cuenta de que no fue el caso. Esa sensación no duró mucho más, la enorme presión que ejercía la presencia de Sigurd se llevó toda su atención. A penas y llegó a escuchar del concierto, aunque consiguió ser plenamente consciente de ello.
La voz del buccaneer se hace escuchar con un peso sublime. Tal y como pronunciaba su discurso, desencajando el hacha del suelo y colocándola en su hombro, suponía que iba a postularse él mismo como representante del equipo, y entendiendo la visceral personalidad de aquel hombre, se preparaba mentalmente para buscar argumentos lógicos con tal de convencerlo de lo contrario. Sin embargo, mientras era engullido por las sombras, escuchó lo imposible.
Los ojos del marine se abrieron con sorpresa, separando sus labios al quedarse sin habla pero, de todas formas, querer contestar. Ese silencio fue aprovechado por Sigurd, explicando a los dos presentes restantes el motivo tras su elección y con ello, regalándole una advertencia que sólo remarcó la oscuridad que aquel gigante de siete metros proyectaba sobre sí mismo.
Entonces, lo entendió. Hablaba en serio, con el detalle de que aquel encuentro pareció forjarse por los finos hilos del destino, ganara o perdiera. Porque ambos resultados le servían a un sanguinario como Haakon, tanto por la decepción de depositar su fe en alguien que creía sumamente poderoso, o en su defecto, la confirmación de sus creencias, bajo un condicionante muy puntual en su retorcida lógica guerrera.
Ensombrecido por la silueta del pirata, lo miró hacia arriba por primera vez desde que el contrario tomó esa posición, manteniendo su característica sonrisa impasible. Tras su sentencia final, sólo la espalda del imponente sujeto quedó visible ante las iris cerúleas de Shin —Oye, Sigurd. —la frase que tanto repitió a lo largo de las pruebas para referirse a él, esta vez dicha sin elevar demasiado el tono de voz —Pretendo iluminar todas las sombras del mundo. Más allá de todo, ¿crees que alguien como yo se escondería? —él también le dio la espalda, ahora rodeado por los rayos del sol, más vivos que nunca. —Nunca peleo pensando en la derrota. —afirmó. A pesar de que en el fondo conoce y respeta esa posibilidad, nunca la aceptaría como consecuencia final.
—Akira, te mereces que te responda algunas de tus preguntas. —sus manos temblaban, aunque la sensación de malestar en su cuerpo parecía amainar gradualmente —Apúntalas, ¿okey? —aún sonriente, lo mira a los ojos a través de sus gafas de sol —Primero necesito recuperarme de esto. —le mostró los efectos del súbito estado que los invadió en ese mismo movimiento involuntario de sus dedos.
Conociendo que deberá informar al Dirigente la decisión del equipo, le venía bien pasarse por los puestos a beber un poco de agua.
Cuando todo se preparaba para el concierto y, luego de un breve paseo en el sector gastronómico, Shin volvió con un poco de agua, bebiéndola y refrescando su cuerpo, relajando esas sensaciones molestas hasta que finalmente se topó de frente con lo inevitable; informar su decisión al afamado "favorito de la gente", quien se encontraba en la zona céntrica de los cubículos. Recortó las distancias con suma naturalidad, llevando su chaqueta enganchada en los dedos índice y medio de su mano libre y colgándola al hombro, con ese brazo flexionado.
Haciendo gala de su falta absoluta de vergüenza, lo saludó a la distancia, observando su silla plegable, la sombrilla y el refrigerio. Sí que estaba gozándose el descanso. —¡Yõ, Dirigente! —exclamó, con una sonrisa de oreja a oreja y cerrando los ojos detrás de las gafas —Cumpliendo lo que pediste, venía a informarte que seré el representante del equipo seis en la final. Espero que disfrutes de la música, ahí arriba hiciste un gran trabajo. —señaló con el mentón el cielo sobre el cielo, lugar desde donde animó a toda Shandora con su inigualable carisma.
Hecho el trabajo, no tardó en avanzar hacia las gradas, teniendo presente que a mitad del descanso iniciaría el concierto. Decidió sentarse exactamente donde lo hizo al principio, y sólo cuando la decisión estuvo tomada, caminando hacia el sector en cuestión, pensó en ella. ¿También volvería a su lugar?
No vio a demasiados conocidos al llegar. Quizás a una mujer calva llena de cicatrices que le trajo ciertos recuerdos de Karate, pero Merlot no se encontraba por ningún lado, y fue entonces que cuando menos se dio cuenta, su vista se mantuvo fija en la arena, allí donde le juró a Shandora que sería el mejor marine de la historia, haciendo gala de su velocidad y exhibiendo una pequeña parte de lo que sus habilidades le permitían hacer.
El mundo comenzó a apagarse. Perdió la noción del asombroso lugar donde se encontraba, y recordó las palabras de Sigurd, regalándole la confianza del equipo por sobre él. Algún día le devolvería ese favor, enfrentándolo para mostrarle que hasta los monstruos tienen sus límites, sin embargo, primero debía atravesar el desafío que recaía sobre sus hombros, mismos desde donde su chaqueta protocolar colgaba, sin colocarse las mangas. En el bolsillo interno de la susodicha reposaban sus gafas de sol, llegados a cierto punto comenzaron a molestarle y prefirió quitárselas.
Al menos hasta que escuchó el apellido de María, en voz del mismo hombre que la animó a besarlo más atrás en aquella tarde. Mencionó a Maki también, y pronto, sus ojos, hasta ahora fijos en el escenario, se dirigieron de soslayo hasta el lado del movimiento. La música los invadía, alentando a las pulsaciones de su corazón con esas distinguibles vibraciones ocasionadas por instrumentos de viento, pero desde luego, lo que llamó su atención al margen de las pequeñas interacciones que sostenían entre ellos, fue la sirena.
Desde las palabras de Sigurd, se había convertido en una sombra, amalgamado con las formas que aquel sujeto evocó sobre él, y sin embargo, en tan sólo una frase, Merlot le recuerda cuál es su destino, y que nunca debe dejarse llevar por esas extrañas sensaciones de presión en su pecho. Magia, ¿así le llaman? A esas alturas lo desconocía, especialmente porque la mayoría de sus pensamientos se apagan cuando la mira a los ojos y escucha las ocurrencias que sólo a ella se le pasan por la cabeza.
Podría volver a atravesar infinitos kilómetros de mares, y la chica frente a él volver a cambiar su apariencia, pero seguiría reconociendo esa forma de ser, única en su tipo. Irrepetible. Por ello no pudo hacer otra cosa más que sonreír ante su pregunta, y acercarse un poco más, víctima del magnetismo que siempre los atrapaba en una burbuja.
Durante breves segundos, se hizo el silencio entre ellos. ¿Sería ese el momento? Donde por fin pudiese enseñarle como se hace lo que intentó en el cubículo, donde pudiese contarle las aventuras que lo arrastraron hasta atravesar el cielo, y también, preguntarle a la Reina de las Estrellas la historia alrededor de Betelgeuse. Su corazón así lo sentía, el único problema... es que una voz los interrumpe, rompiendo la burbuja que los aisló del resto, haciendo más fuerte el volumen de la música y los vítores que ofrecían los habitantes de Shandora. ¿Para más inri? El marine más tramposo del que tenía recuerdos era el culpable, haciendo que Shin frunza el ceño automáticamente.
El Comandante se pone de pie, encarando al pelirrojo y totalmente dispuesto a responderle sus... ¿delirantes palabras? —¿Navidad? ¿Qué es eso, BerBer? ¿Tienes fiebre? —ladeó la cabeza hacia ambos lados a cada nueva palabra que decía, hasta que, obvio, contestó a su apodo —Luces... sí, desde luego prefiero ser una a que me salgan por los ojos y la boca. Eres mi copia barata, tramposo. —sonríe con una tranquilidad bastante irritante, lamentaba que Merlot lo estuviese viendo así —No te ayudaré a resolver los problemas que te buscaste solo, y por lo que veo, también se lo hiciste a Nyra... —negó con la cabeza —Y pensar que la marina se permitió a un Contramaestre tan débil... —bufó, creyendo, ahora sí, que mínimamente podría despedirse de Merlot, aún entre el júbilo de la música. Pero ese mismo magnetismo que los unió, la gravedad, les indicaba que todavía no era el momento, pues Masato llegaba de la misma manera escandalosa que antes.
Los halagos del alado son abundantes, y Shin se dedica a esperar con suma tranquilidad. No es hasta que la segunda interrupción se relaja un poco que por fin llama la atención de la sirena, porque estaba seguro de dos cosas. Una, no podría relajarse junto a alguien tan hiperactivo como Masami, y dos, estaba el tirador tramposo de la sesenta, participante de un equipo rival, no se fiaba un pelo.
—Eh, María. —esperó a que voltee, mirando a sus orbes como si estuviese intentando comprobar que seguía ahí. Con la decisión tomada, y sin ápice de duda, recortó las distancias de la misma manera que la indiscreta pirata hizo en el cubículo, sintiendo su fragancia, inmerso en una cercanía que podría volverse adictiva. Sujetó su rostro a la altura del mentón con un roce electrizante, y por fin reclamó el beso que ella le había intentado robar tras la prueba de Céfiro. En su mejilla, peligrosamente cerca de la comisura de sus labios.
Al separarse unos centímetros, siguió tan cerca que su voz no necesitó elevarse.—Vaya... parece que yo también tengo mala puntería... —un susurro cálido, con el tono más relajante que podía emitir su voz, sabiendo que aferrarse aún más a esa burbuja sería imposible. Por eso, primero deslizó la yema de sus dedos en una caricia sutil por su piel hasta soltarla, como si le costara romper aquel contacto, y luego, se alejó, devolviéndole el espacio personal. —¿Recordarás mi número de Den Den Mushi si te lo digo? —cuestionó, y a pesar de lo que ella dijese, se lo terminaría recitando antes de darse la vuelta.
Su naturalidad tras semejante acto de descaro era escalofriante.
—Dado que mis compañeros marines son expertos en interrumpir, les daré el gusto. —se gira a ellos, mirando a un hombre con el mismo color de cabello que Merlot —¡Y tú! Si que tienes buen gusto, no cambies. —lo señala con extrema soltura, sujetando la chaqueta con sus dedos y colgándola a su hombro otra vez, dispuesto a abandonar aquel sector de las gradas. —No olvides la historia sobre Betelgeuse, María, quiero escucharla. —sonrió, imaginando qué podría ser —Yo tampoco olvidaré lo que tengo pensado para ti. —aún sin dar el primer paso, y completamente de espaldas, le recitó una última frase, solamente para ella.
Y sin dar pistas, manteniendo la incertidumbre del misterio, empezó a alejarse de la zona, buscando un sector donde los alados abundasen. Al final, y tras caminar un poco, se apoyó en una pared en las gradas, observando de pie el resto del espectáculo. Vio a Maki, a Miyori dar un paso más en su sueño y a The Cupids, lo estaban dando todo, haciendo valer el espectáculo musical tras el deportivo, y reavivando el bienestar de su cuerpo, algo que parecía imposible luego de ese instante en el cubículo. Se podría decir que estaba al cien por ciento otra vez, más allá de que en un susurro que sólo era audible para él centró su atención en la chica de cabello anaranjado. —Recuerda este día, MiyoMiyo. Alcanzaste el cielo. —su sonrisa no podía ocultarse.
¿Qué más daba? Nunca temió tratar a las personas buenas como se merecían, moriría defendiendo ese ideal. Poco a poco se iba relajando más después de tantos estímulos, una paz mental que realmente necesitaba antes de volver a la arena, a por su enfrentamiento en la final. Primero, obvio, tendría que ver a los otros equipos desafiarse por un lugar en ese último combate. ¿Lucharía Bertram? El tramposo le caía mal, dudaba mucho poder perdonar semejante acto de cobardía, para Hasegawa y su crianza, un guerrero nunca debe desconfiar de sus virtudes, y mucho menos esconderse en alguien más al intentar resolver las consecuencias de sus actos. Por suerte, estaba en otra División, aunque podría encontrárselo como oponente más tarde.
Era una ruleta, ¿él? Sólo debía esperar un poco más.
En algún momento volvería a moverse.
No hizo caso a la reacción de Akira, porque más allá del orgullo existía algo que lo dominaba por completo en ese momento, y estando tan cerca de la victoria en la fase inicial no iba a ser menos, dispuesto a felicitar al rubio incluso si se ubicaba en puestos bajos de la tabla, porque puntuar significaba quedar primeros ante un montón de competidores que se movían bajo el mismo deseo, imponerse a los demás.
Concentrado, aguardó el regreso de Raito al cubículo y prestó atención a los circos del Dirigente, elevando las expectativas en el público y haciéndolos vibrar de la emoción. Ese trabajo sabía hacerlo a la perfección, era un completo maestro en el arte de manejar a las masas y generar tensión antes de desvelar la información clave, al punto en donde inclusive él, tan estoico y confiado, quería acelerar sus palabras para conocer el resultado parcial previo al paso a la última parte del evento.
Restando pocos misterios en el tintero, empezó con la tarea de pasar a datos estadísticos el desempeño de los participantes, sorprendiendo a los espectadores una vez más con la ruptura de un nuevo récord por parte del subcapitán de los Sepultura, Kiyoshi. Se alegró del resultado dado por Miyori, aunque no tuvo demasiado tiempo para pensar, porque cuando se desveló que Mahou, última integrante del equipo nueve, falló en darle a la mosca, y se aseguró que Akira lo consiguió, a nivel matemático todo estaba dicho.
Avanzaron en primer lugar.
Su sonrisa no pudo ocultarse, sin embargo se mantuvo en silencio aún y cuando los demás gritaban por la victoria. No era el malestar dominándolo, menos evidente en su imagen que en comparación de Miyamoto, se trataba de algo mucho más crucial en la mente de una persona tan competitiva como Hasegawa Shin; los Juegos del Cielo todavía no habían terminado. Recibe el golpe en la espalda por parte de Haakon, lo que consigue impulsarlo hacia delante, y es ahí cuando finalmente reconoce el mérito del rubio —Supiste aprovechar tu momento. Así se hace. —su sonrisa confiada se mantiene viva, dándole con el puño sobre el pecho al contrario, sin fuerza ni mucho menos, era sólo un toque al marine, quien supo abandonar sus intereses en pos de beneficiar al equipo.
Ante ellos, se abrió la puerta a lo existente más allá en el torneo. El Dirigente anunció la ronda de combates, la posibilidad de recuperar compañeros perdidos a lo largo de las pruebas y también, una hora de descanso. Esperaba que esta última alcanzase para terminar de recuperarse del cruento estado viral en su cuerpo.
Lo inesperado recayó en la extraña categoría que tendrían las peleas, siendo la normativa un dos contra dos entre los equipos nueve y cinco, contra el uno y dos. Del ganador, quien mejor desempeño obtuviera le daría la oportunidad a los suyos de competir en la final, eligiendo a un nuevo representante. Acto que los actuales líderes del torneo debían replicar, instante donde el gesto del albino se ensombreció ligeramente, girándose al resto de su grupo.
El detalle, es que alguien faltaba.
—¿Ah? ¿Y Ryota? —ladeó la cabeza —¿Se asustó? —replicó el gesto hacia el otro lado, momento en donde recordó lo que le había respondido sobre los motivos tras ser un pirata —¡Momento! ¿Nos ha robado? —palpó sus pertenencias, y suspiró de alivio al darse cuenta de que no fue el caso. Esa sensación no duró mucho más, la enorme presión que ejercía la presencia de Sigurd se llevó toda su atención. A penas y llegó a escuchar del concierto, aunque consiguió ser plenamente consciente de ello.
La voz del buccaneer se hace escuchar con un peso sublime. Tal y como pronunciaba su discurso, desencajando el hacha del suelo y colocándola en su hombro, suponía que iba a postularse él mismo como representante del equipo, y entendiendo la visceral personalidad de aquel hombre, se preparaba mentalmente para buscar argumentos lógicos con tal de convencerlo de lo contrario. Sin embargo, mientras era engullido por las sombras, escuchó lo imposible.
'Propongo al hijo de la luz como nuestro representante en la prueba final.'
Los ojos del marine se abrieron con sorpresa, separando sus labios al quedarse sin habla pero, de todas formas, querer contestar. Ese silencio fue aprovechado por Sigurd, explicando a los dos presentes restantes el motivo tras su elección y con ello, regalándole una advertencia que sólo remarcó la oscuridad que aquel gigante de siete metros proyectaba sobre sí mismo.
Entonces, lo entendió. Hablaba en serio, con el detalle de que aquel encuentro pareció forjarse por los finos hilos del destino, ganara o perdiera. Porque ambos resultados le servían a un sanguinario como Haakon, tanto por la decepción de depositar su fe en alguien que creía sumamente poderoso, o en su defecto, la confirmación de sus creencias, bajo un condicionante muy puntual en su retorcida lógica guerrera.
Demostrar que puede matarlo.
Ensombrecido por la silueta del pirata, lo miró hacia arriba por primera vez desde que el contrario tomó esa posición, manteniendo su característica sonrisa impasible. Tras su sentencia final, sólo la espalda del imponente sujeto quedó visible ante las iris cerúleas de Shin —Oye, Sigurd. —la frase que tanto repitió a lo largo de las pruebas para referirse a él, esta vez dicha sin elevar demasiado el tono de voz —Pretendo iluminar todas las sombras del mundo. Más allá de todo, ¿crees que alguien como yo se escondería? —él también le dio la espalda, ahora rodeado por los rayos del sol, más vivos que nunca. —Nunca peleo pensando en la derrota. —afirmó. A pesar de que en el fondo conoce y respeta esa posibilidad, nunca la aceptaría como consecuencia final.
—Akira, te mereces que te responda algunas de tus preguntas. —sus manos temblaban, aunque la sensación de malestar en su cuerpo parecía amainar gradualmente —Apúntalas, ¿okey? —aún sonriente, lo mira a los ojos a través de sus gafas de sol —Primero necesito recuperarme de esto. —le mostró los efectos del súbito estado que los invadió en ese mismo movimiento involuntario de sus dedos.
Conociendo que deberá informar al Dirigente la decisión del equipo, le venía bien pasarse por los puestos a beber un poco de agua.
Cuando todo se preparaba para el concierto y, luego de un breve paseo en el sector gastronómico, Shin volvió con un poco de agua, bebiéndola y refrescando su cuerpo, relajando esas sensaciones molestas hasta que finalmente se topó de frente con lo inevitable; informar su decisión al afamado "favorito de la gente", quien se encontraba en la zona céntrica de los cubículos. Recortó las distancias con suma naturalidad, llevando su chaqueta enganchada en los dedos índice y medio de su mano libre y colgándola al hombro, con ese brazo flexionado.
Haciendo gala de su falta absoluta de vergüenza, lo saludó a la distancia, observando su silla plegable, la sombrilla y el refrigerio. Sí que estaba gozándose el descanso. —¡Yõ, Dirigente! —exclamó, con una sonrisa de oreja a oreja y cerrando los ojos detrás de las gafas —Cumpliendo lo que pediste, venía a informarte que seré el representante del equipo seis en la final. Espero que disfrutes de la música, ahí arriba hiciste un gran trabajo. —señaló con el mentón el cielo sobre el cielo, lugar desde donde animó a toda Shandora con su inigualable carisma.
Hecho el trabajo, no tardó en avanzar hacia las gradas, teniendo presente que a mitad del descanso iniciaría el concierto. Decidió sentarse exactamente donde lo hizo al principio, y sólo cuando la decisión estuvo tomada, caminando hacia el sector en cuestión, pensó en ella. ¿También volvería a su lugar?
![[Imagen: c8079b7a-e528-45ed-8666-b7ea4cfd1892.png]](https://i.ibb.co/N6mvKLmR/c8079b7a-e528-45ed-8666-b7ea4cfd1892.png)
La espera se hacía eterna.
No vio a demasiados conocidos al llegar. Quizás a una mujer calva llena de cicatrices que le trajo ciertos recuerdos de Karate, pero Merlot no se encontraba por ningún lado, y fue entonces que cuando menos se dio cuenta, su vista se mantuvo fija en la arena, allí donde le juró a Shandora que sería el mejor marine de la historia, haciendo gala de su velocidad y exhibiendo una pequeña parte de lo que sus habilidades le permitían hacer.
El mundo comenzó a apagarse. Perdió la noción del asombroso lugar donde se encontraba, y recordó las palabras de Sigurd, regalándole la confianza del equipo por sobre él. Algún día le devolvería ese favor, enfrentándolo para mostrarle que hasta los monstruos tienen sus límites, sin embargo, primero debía atravesar el desafío que recaía sobre sus hombros, mismos desde donde su chaqueta protocolar colgaba, sin colocarse las mangas. En el bolsillo interno de la susodicha reposaban sus gafas de sol, llegados a cierto punto comenzaron a molestarle y prefirió quitárselas.
Veía al mundo en todo su esplendor.
Con sólo un objetivo en mente.
Al menos hasta que escuchó el apellido de María, en voz del mismo hombre que la animó a besarlo más atrás en aquella tarde. Mencionó a Maki también, y pronto, sus ojos, hasta ahora fijos en el escenario, se dirigieron de soslayo hasta el lado del movimiento. La música los invadía, alentando a las pulsaciones de su corazón con esas distinguibles vibraciones ocasionadas por instrumentos de viento, pero desde luego, lo que llamó su atención al margen de las pequeñas interacciones que sostenían entre ellos, fue la sirena.
Desde las palabras de Sigurd, se había convertido en una sombra, amalgamado con las formas que aquel sujeto evocó sobre él, y sin embargo, en tan sólo una frase, Merlot le recuerda cuál es su destino, y que nunca debe dejarse llevar por esas extrañas sensaciones de presión en su pecho. Magia, ¿así le llaman? A esas alturas lo desconocía, especialmente porque la mayoría de sus pensamientos se apagan cuando la mira a los ojos y escucha las ocurrencias que sólo a ella se le pasan por la cabeza.
Podría volver a atravesar infinitos kilómetros de mares, y la chica frente a él volver a cambiar su apariencia, pero seguiría reconociendo esa forma de ser, única en su tipo. Irrepetible. Por ello no pudo hacer otra cosa más que sonreír ante su pregunta, y acercarse un poco más, víctima del magnetismo que siempre los atrapaba en una burbuja.
'¿Eres inalcanzable ahora, Malvavisco?'
—Estoy justo aquí, María.
Su mano se elevó con suavidad a la altura de su rostro.
Sin previo aviso, le dio un toque sutil en la frente, sonriéndole con una dulzura que creía olvidada.
—Sólo tienes que mirarme.
Durante breves segundos, se hizo el silencio entre ellos. ¿Sería ese el momento? Donde por fin pudiese enseñarle como se hace lo que intentó en el cubículo, donde pudiese contarle las aventuras que lo arrastraron hasta atravesar el cielo, y también, preguntarle a la Reina de las Estrellas la historia alrededor de Betelgeuse. Su corazón así lo sentía, el único problema... es que una voz los interrumpe, rompiendo la burbuja que los aisló del resto, haciendo más fuerte el volumen de la música y los vítores que ofrecían los habitantes de Shandora. ¿Para más inri? El marine más tramposo del que tenía recuerdos era el culpable, haciendo que Shin frunza el ceño automáticamente.
El Comandante se pone de pie, encarando al pelirrojo y totalmente dispuesto a responderle sus... ¿delirantes palabras? —¿Navidad? ¿Qué es eso, BerBer? ¿Tienes fiebre? —ladeó la cabeza hacia ambos lados a cada nueva palabra que decía, hasta que, obvio, contestó a su apodo —Luces... sí, desde luego prefiero ser una a que me salgan por los ojos y la boca. Eres mi copia barata, tramposo. —sonríe con una tranquilidad bastante irritante, lamentaba que Merlot lo estuviese viendo así —No te ayudaré a resolver los problemas que te buscaste solo, y por lo que veo, también se lo hiciste a Nyra... —negó con la cabeza —Y pensar que la marina se permitió a un Contramaestre tan débil... —bufó, creyendo, ahora sí, que mínimamente podría despedirse de Merlot, aún entre el júbilo de la música. Pero ese mismo magnetismo que los unió, la gravedad, les indicaba que todavía no era el momento, pues Masato llegaba de la misma manera escandalosa que antes.
Los halagos del alado son abundantes, y Shin se dedica a esperar con suma tranquilidad. No es hasta que la segunda interrupción se relaja un poco que por fin llama la atención de la sirena, porque estaba seguro de dos cosas. Una, no podría relajarse junto a alguien tan hiperactivo como Masami, y dos, estaba el tirador tramposo de la sesenta, participante de un equipo rival, no se fiaba un pelo.
—Eh, María. —esperó a que voltee, mirando a sus orbes como si estuviese intentando comprobar que seguía ahí. Con la decisión tomada, y sin ápice de duda, recortó las distancias de la misma manera que la indiscreta pirata hizo en el cubículo, sintiendo su fragancia, inmerso en una cercanía que podría volverse adictiva. Sujetó su rostro a la altura del mentón con un roce electrizante, y por fin reclamó el beso que ella le había intentado robar tras la prueba de Céfiro. En su mejilla, peligrosamente cerca de la comisura de sus labios.
Al separarse unos centímetros, siguió tan cerca que su voz no necesitó elevarse.—Vaya... parece que yo también tengo mala puntería... —un susurro cálido, con el tono más relajante que podía emitir su voz, sabiendo que aferrarse aún más a esa burbuja sería imposible. Por eso, primero deslizó la yema de sus dedos en una caricia sutil por su piel hasta soltarla, como si le costara romper aquel contacto, y luego, se alejó, devolviéndole el espacio personal. —¿Recordarás mi número de Den Den Mushi si te lo digo? —cuestionó, y a pesar de lo que ella dijese, se lo terminaría recitando antes de darse la vuelta.
Su naturalidad tras semejante acto de descaro era escalofriante.
—Dado que mis compañeros marines son expertos en interrumpir, les daré el gusto. —se gira a ellos, mirando a un hombre con el mismo color de cabello que Merlot —¡Y tú! Si que tienes buen gusto, no cambies. —lo señala con extrema soltura, sujetando la chaqueta con sus dedos y colgándola a su hombro otra vez, dispuesto a abandonar aquel sector de las gradas. —No olvides la historia sobre Betelgeuse, María, quiero escucharla. —sonrió, imaginando qué podría ser —Yo tampoco olvidaré lo que tengo pensado para ti. —aún sin dar el primer paso, y completamente de espaldas, le recitó una última frase, solamente para ella.
—La próxima vez que nos veamos, hay algo que debo mostrarte.
Y sin dar pistas, manteniendo la incertidumbre del misterio, empezó a alejarse de la zona, buscando un sector donde los alados abundasen. Al final, y tras caminar un poco, se apoyó en una pared en las gradas, observando de pie el resto del espectáculo. Vio a Maki, a Miyori dar un paso más en su sueño y a The Cupids, lo estaban dando todo, haciendo valer el espectáculo musical tras el deportivo, y reavivando el bienestar de su cuerpo, algo que parecía imposible luego de ese instante en el cubículo. Se podría decir que estaba al cien por ciento otra vez, más allá de que en un susurro que sólo era audible para él centró su atención en la chica de cabello anaranjado. —Recuerda este día, MiyoMiyo. Alcanzaste el cielo. —su sonrisa no podía ocultarse.
¿Qué más daba? Nunca temió tratar a las personas buenas como se merecían, moriría defendiendo ese ideal. Poco a poco se iba relajando más después de tantos estímulos, una paz mental que realmente necesitaba antes de volver a la arena, a por su enfrentamiento en la final. Primero, obvio, tendría que ver a los otros equipos desafiarse por un lugar en ese último combate. ¿Lucharía Bertram? El tramposo le caía mal, dudaba mucho poder perdonar semejante acto de cobardía, para Hasegawa y su crianza, un guerrero nunca debe desconfiar de sus virtudes, y mucho menos esconderse en alguien más al intentar resolver las consecuencias de sus actos. Por suerte, estaba en otra División, aunque podría encontrárselo como oponente más tarde.
Era una ruleta, ¿él? Sólo debía esperar un poco más.
En algún momento volvería a moverse.
Let there be light
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