15-08-2023, 10:19 AM
— Mi nombre es Kovashi Shimatsu — Respondí casi sin dar espacio entre la pregunta y mi contestación. — Derya ... — Miré su rostro, su cabello, el perfil que tenía tan encantador cuando se avergonzaba. ¿Por qué a los hombres solían atraerles las mujeres inocentes? era un pensamiento recurrente cuando me encontraba a alguna como ella. Poco tenía que ver con la indefensión, era una gyojin y bastante grande, de un sopapo podía volar a cualquiera, pero su físico y su cuerpo no iban acorde al canon de belleza de las mujeres, por lo menos humanas, que marcaban la tendencia. — Se os intenta cazar porque sois valiosos — Llegaba tarde la respuesta, pero la tenía en la mente — Sois un producto en esta parte del mundo, es algo que tenéis que valorar y sobre todo asumir — Duras declaraciones, pero ciertas. No solía andarme con chiquilladas cuando se hablaba de los tratos que ofrecía la vida real. — Yo he estado en lugares donde dominaban otras especies, por ejemplo los mink — Suspiré.
— Y para ellos yo solo era comida, con suerte, en muchas ocasiones se creían que no sabía ni hablar — Sacudí mi cabello, dejando que este cayera sobre mi cara, estaba mojado, no se sostenía el tupé. — Pero no los juzgue, cambié la situación para que me vieran capaz, en ningún momento les hice ver que estaban actuando mal. Ante otras culturas uno es invitado, hay que aceptarlas por muy crueles que sean con uno mismo. — Saqué del interior de mi camisa una petaca, la desenrosqué y le metí un trago. Después se la ofrecí amistosamente a Derya. — Eso o mandarlos a tomar por el culo, pero vaya, yo comprendí que ellos no eran el problema, ese venía de mucho más arriba, de una estructura de poder sistémico. —
Ya me estaba metiendo en temas que me estiraban la lengua, dios, como odiaba hacer eso sin haberlo meditado antes. — En fin, perdona por la chapa — Estiré las piernas. Rara vez podía estarme quieto. — Me cuesta poco soltar la lengua.
— Y para ellos yo solo era comida, con suerte, en muchas ocasiones se creían que no sabía ni hablar — Sacudí mi cabello, dejando que este cayera sobre mi cara, estaba mojado, no se sostenía el tupé. — Pero no los juzgue, cambié la situación para que me vieran capaz, en ningún momento les hice ver que estaban actuando mal. Ante otras culturas uno es invitado, hay que aceptarlas por muy crueles que sean con uno mismo. — Saqué del interior de mi camisa una petaca, la desenrosqué y le metí un trago. Después se la ofrecí amistosamente a Derya. — Eso o mandarlos a tomar por el culo, pero vaya, yo comprendí que ellos no eran el problema, ese venía de mucho más arriba, de una estructura de poder sistémico. —
Ya me estaba metiendo en temas que me estiraban la lengua, dios, como odiaba hacer eso sin haberlo meditado antes. — En fin, perdona por la chapa — Estiré las piernas. Rara vez podía estarme quieto. — Me cuesta poco soltar la lengua.
