27-07-2026, 11:39 PM
[personajeinvalido=3941]
Stroud ignoró deliberadamente la pregunta acerca de su participación en los combates consiguientes, si bien el joven Omuyaga podría intuir que, en efecto, no se veía capacitado. El joven comandante se limpió otro goterón de sudor de la frente, entornando los ojos, mientras el de pelo azabache hablaba. El rubio tenía varias teorías sobre su interlocutor, y esperaba poder confirmar, al menos, alguna de ellas a través de aquella conversación, plagada de más detalles de los que podría haberse supuesto a simple vista, y en la que parecía estar asegurándose de dejar plenitud de espacio para que el soldado Omuyaga revelase algo de su forma de ser. Era la manera en que solía abordar conversaciones como aquella, para bien y para mal. Si bien sus ojos volvían a estar clavados en la arena y en todo cuando se desenvolvía sobre ella, sus oídos estaban vivamente focalizados en cada palabra que el soldado dejaba escapar con un metódico cuidado que no llegaba a hacerse evidente.
Permaneció impertérrito mientras Kael hablaba, sin dejar entrever, en lo frío de su expresión, ninguna nota, ni de condena ni de aprobación frente a sus palabras. Tanto era así, de hecho, que uno hubiera podido llegar a dudar si, de hecho, estaba escuchando una sola palabra de lo que decía. Continuaba fumando de Saltfin a intervalos cuasirregulares, dejando sobradamente que el humo se dispersase del todo antes de pasar a la siguiente, saboreando cada calada con un paladar que empezaba a desarrollarse y a adquirir un gusto por el tabaco refinado y el buen fumar. Kael, entretanto, desviaba su discurso con sagacidad, de la negligencia fruto de la laxitud, y la dureza de Impel Down, hasta la obtusa perspectiva de potenciales fuentes de información. ¿Decía lo que pensaba, o lo que creía que quería oír? De alguna forma, le daba la impresión de que Kael contaba con que se hiciese esa pregunta, y con que llegaría a una respuesta, o que pretendía hacerlo. Ya lo descubriría.
Cuando su interlocutor mencionó a aquellos que creen estar fingiendo, Stroud relajó su postura, cruzándose de piernas y colocando su tobillo derecho sobre la rodilla izquierda, y acomodando su espalda contra el respaldo del asiento, para, finalmente, volver a dirigir su mirada con atención al Omuyaga y escuchar el resto de su soliloquio, mientras sus ojos grises examinaban los del azabache a medida que hablaba. En efecto, no le faltaba razón. Los criminales, en su imprudencia, eran excelentes fuentes de información, pero también podían resultar peligrosos en la misma medida en que se los subestimase o, simplemente, se los tuviese por más imbéciles de lo estrictamente necesario. Con la mayoría era difícil no acertar, por descontado, pero el mundo de la piratería también albergaba sus sorpresas, y eso era algo que Stroud hacía tiempo que había aprendido.
Dio una nueva calada de su pipa antes de responder a la pregunta final de Kael, tomándose unos instantes para meditar su respuesta, que acabó esculpiendo con honestidad. "Parece que se fía mucho de lo que largan los piratas, soldado Omuyaga," acusó Stroud, arqueando una ceja mientras el humo de desvanecía frente a su cara y esbozando una casi imperceptible sonrisa. No desarrolló sus palabras, y, en su lugar, se dispuso a responder a la pregunta que había planteado el joven. "La manera en que yo procedería... implicaría una serie de cambios de raíz, empezando por el simple hecho de que esta isla no esté sujeta a la Justicia del mundo. Pero eso es irrelevante," concluyó, consciente de que aquello podía derivar fácilmente en una verborrea interminable que nadie quería escuchar, ni él quería articular. Le fatigaba sobremanera dar pábulo a especulaciones hipotéticas sin base alguna en la realidad. "Figúrese que le digo lo que intuye que opino," dijo repentinamente con franqueza, "¿quién cree que apoyaría una decisión así?," inquirió, volviendo a alzar una ceja y dando otra calada de su pipa para dar algunos instantes de reflexión a Kael, sin dejar de observarlo con atención. "¿Quién, de todos?," volvió a preguntar, haciendo un gesto con su mano izquierda y trazando un arco sobre toda la multitud, Marines incluidos, que se agolpaba en las gradas del estadio. "La información de la que habla es fundamental, eso no se lo va a discutir nadie," concedió, "pero la información es solo una de las piezas. Y no estoy seguro de que tengamos la última pieza del conjunto," dijo crípticamente, volviendo a clavar sus ojos en la arena, donde un Lunarian conocido como Kuraku había comenzado a dar un discurso al público. Fue a seguir hablando, pero optó por escuchar la intervención del misterioso hombre. Su labor parecía haber sido innegablemente titánica, pero ningún lugar debería haber llegado jamás a algo así. Mucho menos debería haber necesitado que un solo hombre descendiese sobre él para corregirlo.
Stroud escuchó el estallido de aplausos sin sumarse a él, aunque tampoco había desaprobación en su rostro. Kuraku había hecho lo correcto: había destruido aquella estructura miserable y había devuelto la dignidad a quienes habían sido tratados como herramientas, y, sobre todo, había demostrado una entereza excepcional, algo que no podía hacer sino respetar. "Escuche cómo cuentan la historia, soldado Omuyaga," dijo mientras el gentío bullía en aplausos y vítores, "durante generaciones, existió aquí una aberración a plena vista. No podría haber estado más a plena vista, de hecho. Y nadie fue capaz de acabar con ella hasta que apareció alguien lo bastante fuerte y decidido, todo lo fuerte y decidido que una empresa como esta merecía. Y ahora, no les queda otra que confiar en que continúe por ese camino," razonó, interrumpiendo sus palabras para dar una calada lenta y pausada. "Un sistema injusto que ha tenido la fortuna de caer en las manos de un justo. ¿Qué pasará cuando no haya alguien como él? ¿Qué justicia puede traerles el Emperador?"
Stroud ignoró deliberadamente la pregunta acerca de su participación en los combates consiguientes, si bien el joven Omuyaga podría intuir que, en efecto, no se veía capacitado. El joven comandante se limpió otro goterón de sudor de la frente, entornando los ojos, mientras el de pelo azabache hablaba. El rubio tenía varias teorías sobre su interlocutor, y esperaba poder confirmar, al menos, alguna de ellas a través de aquella conversación, plagada de más detalles de los que podría haberse supuesto a simple vista, y en la que parecía estar asegurándose de dejar plenitud de espacio para que el soldado Omuyaga revelase algo de su forma de ser. Era la manera en que solía abordar conversaciones como aquella, para bien y para mal. Si bien sus ojos volvían a estar clavados en la arena y en todo cuando se desenvolvía sobre ella, sus oídos estaban vivamente focalizados en cada palabra que el soldado dejaba escapar con un metódico cuidado que no llegaba a hacerse evidente.
Permaneció impertérrito mientras Kael hablaba, sin dejar entrever, en lo frío de su expresión, ninguna nota, ni de condena ni de aprobación frente a sus palabras. Tanto era así, de hecho, que uno hubiera podido llegar a dudar si, de hecho, estaba escuchando una sola palabra de lo que decía. Continuaba fumando de Saltfin a intervalos cuasirregulares, dejando sobradamente que el humo se dispersase del todo antes de pasar a la siguiente, saboreando cada calada con un paladar que empezaba a desarrollarse y a adquirir un gusto por el tabaco refinado y el buen fumar. Kael, entretanto, desviaba su discurso con sagacidad, de la negligencia fruto de la laxitud, y la dureza de Impel Down, hasta la obtusa perspectiva de potenciales fuentes de información. ¿Decía lo que pensaba, o lo que creía que quería oír? De alguna forma, le daba la impresión de que Kael contaba con que se hiciese esa pregunta, y con que llegaría a una respuesta, o que pretendía hacerlo. Ya lo descubriría.
Cuando su interlocutor mencionó a aquellos que creen estar fingiendo, Stroud relajó su postura, cruzándose de piernas y colocando su tobillo derecho sobre la rodilla izquierda, y acomodando su espalda contra el respaldo del asiento, para, finalmente, volver a dirigir su mirada con atención al Omuyaga y escuchar el resto de su soliloquio, mientras sus ojos grises examinaban los del azabache a medida que hablaba. En efecto, no le faltaba razón. Los criminales, en su imprudencia, eran excelentes fuentes de información, pero también podían resultar peligrosos en la misma medida en que se los subestimase o, simplemente, se los tuviese por más imbéciles de lo estrictamente necesario. Con la mayoría era difícil no acertar, por descontado, pero el mundo de la piratería también albergaba sus sorpresas, y eso era algo que Stroud hacía tiempo que había aprendido.
Dio una nueva calada de su pipa antes de responder a la pregunta final de Kael, tomándose unos instantes para meditar su respuesta, que acabó esculpiendo con honestidad. "Parece que se fía mucho de lo que largan los piratas, soldado Omuyaga," acusó Stroud, arqueando una ceja mientras el humo de desvanecía frente a su cara y esbozando una casi imperceptible sonrisa. No desarrolló sus palabras, y, en su lugar, se dispuso a responder a la pregunta que había planteado el joven. "La manera en que yo procedería... implicaría una serie de cambios de raíz, empezando por el simple hecho de que esta isla no esté sujeta a la Justicia del mundo. Pero eso es irrelevante," concluyó, consciente de que aquello podía derivar fácilmente en una verborrea interminable que nadie quería escuchar, ni él quería articular. Le fatigaba sobremanera dar pábulo a especulaciones hipotéticas sin base alguna en la realidad. "Figúrese que le digo lo que intuye que opino," dijo repentinamente con franqueza, "¿quién cree que apoyaría una decisión así?," inquirió, volviendo a alzar una ceja y dando otra calada de su pipa para dar algunos instantes de reflexión a Kael, sin dejar de observarlo con atención. "¿Quién, de todos?," volvió a preguntar, haciendo un gesto con su mano izquierda y trazando un arco sobre toda la multitud, Marines incluidos, que se agolpaba en las gradas del estadio. "La información de la que habla es fundamental, eso no se lo va a discutir nadie," concedió, "pero la información es solo una de las piezas. Y no estoy seguro de que tengamos la última pieza del conjunto," dijo crípticamente, volviendo a clavar sus ojos en la arena, donde un Lunarian conocido como Kuraku había comenzado a dar un discurso al público. Fue a seguir hablando, pero optó por escuchar la intervención del misterioso hombre. Su labor parecía haber sido innegablemente titánica, pero ningún lugar debería haber llegado jamás a algo así. Mucho menos debería haber necesitado que un solo hombre descendiese sobre él para corregirlo.
Stroud escuchó el estallido de aplausos sin sumarse a él, aunque tampoco había desaprobación en su rostro. Kuraku había hecho lo correcto: había destruido aquella estructura miserable y había devuelto la dignidad a quienes habían sido tratados como herramientas, y, sobre todo, había demostrado una entereza excepcional, algo que no podía hacer sino respetar. "Escuche cómo cuentan la historia, soldado Omuyaga," dijo mientras el gentío bullía en aplausos y vítores, "durante generaciones, existió aquí una aberración a plena vista. No podría haber estado más a plena vista, de hecho. Y nadie fue capaz de acabar con ella hasta que apareció alguien lo bastante fuerte y decidido, todo lo fuerte y decidido que una empresa como esta merecía. Y ahora, no les queda otra que confiar en que continúe por ese camino," razonó, interrumpiendo sus palabras para dar una calada lenta y pausada. "Un sistema injusto que ha tenido la fortuna de caer en las manos de un justo. ¿Qué pasará cuando no haya alguien como él? ¿Qué justicia puede traerles el Emperador?"
Off

![[Imagen: 7oac6oR.gif]](https://i.imgur.com/7oac6oR.gif)
![[Imagen: pDWijAU.png]](https://i.imgur.com/pDWijAU.png)