28-07-2026, 07:45 AM
(Última modificación: 28-07-2026, 07:47 AM por Hyákinthos.)
El olor a menta se expandió por la habitación, sobreponiéndose a los perfumes; sin embargo, lejos de resultar desagradable, resultaba relajante, al menos para el médico pelirrosa quien, mientras esperaba con calma al sol rubio a quien apenas conocía, se recostó con confianza en medio de la cama, dejando que el aroma mentolado lo distrajera del paso del tiempo.
Si no tuviera su fiel frasco con esencia de menta, seguramente, se habría dormido, pero sus ansias por sentir el aroma por más tiempo, estando consciente de ello, lo mantuvo despierto hasta que la puerta del baño se abrió, liberando el vapor de su interior y revelando al hermoso hombre que lo acompañaba en medio de aquella tragedia apestosa en la que un extraño los había envuelto sin querer.
Sonrió al verlo y más aún al escuchar su pregunta, una que lo obligó a negar con la cabeza mientras que se hacía a un lado para darle espacio en la cama al otro hombre. —No he recolectado, aunque créeme que no me molesta hacerlo. Poder ir al mercado para encontrar las mejores hojas de menta es algo que disfruto y algo que me gusta hacer por mi cuenta ¿Sabes? Es importante para mi conseguir las mejores hojas para extraer su esencia y hacer este perfume —. Extendió su mano para que el rubio pudiera tomar de entre ellas el pequeño frasco oscuro que contenía la esencia culpable del nuevo aroma de la habitación. —¿Te molesta? Espero que no, yo adoro el aroma, me recuerda a…No sé que exactamente, pero me recuerda algo, me hace sentir seguro —. Se encogió de hombros, desinteresado, como si no acabara de revelar un dato que otra persona pudiera considerar como un detalle personal.
—Perdona… ¿He hablado demasiado? Jeje, me parece que me he desviado en nuestro objetivo inicial —. En lugar de darle más espacio al rubio, el médico prefirió moverse hasta el borde de la cama en donde el otro hombre, Sol, como le diría de ahora en adelante, estaba sentado. —¿En qué estábamos preguntas? Jmmm…tu dime —. Susurró desde su espalda, acomodándose mejor tras el chico para luego dejar caer sus brazos, perezosamente, alrededor de su cuello hasta que cayeran por su torso, en donde se entretuvo jugando con la piel húmeda del otro hombre. —Puede que en esto…o no lo sé, tengo pésima memoria —. Aunque lo dijo a modo de broma, eso era algo muy cierto.
No fue capaz de decir más palabras, sobraban, dejaría que sus acciones hablaran, pues luego de su última frase su cuerpo se apegó más al del rubio, desde su espalda y su abrazo se intensificó más, permitiendo que su mentón quedara reposando sobre el hombro ajeno, lo suficientemente cerca de la oreja para dejar un mordisco leve en el lóbulo, nada que hiriera, simplemente deseaba probar el sabor de aquel desconocido que se le hacía tan conocido al mismo tiempo.
Fue en ese instante, por culpa de ese pensamiento, que abrió levemente sus ojos, que en algún momento había cerrado y al ver las hebras doradas de cabello que caían sobre la espalda ajena como una cascada bañada por la luz matutina, no pudo evitar pensar en un recuerdo que debía estar muerto y muy muy muy enterrado, logró ver, en su mente, por un breve segundo, una cabellera similar, con hebras que caían sobre su rostro y lo hacían reír por las cosquillas.
El recuerdo, que fue tan leve, lo sobresaltó lo suficiente como para que decidiera cambiar de posición de un momento a otro, sin avisar. Sus brazos dejaron de abrazar a su improvisado casi amante para tomarlo por los hombros y hacer que cayera sobre el colchón…Bueno, mejor dicho, para que una parte de su cuerpo cayera sobre el colchón y la otra, su cabeza, terminara apoyada sobre los muslos del pelirrosa, quien se inclinó hacia adelante en ese momento, haciendo que su largo cabello cubriera los rostros de ambos como si se tratara de una cortina que los separara del resto del mundo.
—Lo siento, no suelo ser tan brusco la primera vez, a menos que me lo pidan, pero…
Tuvo que cortar sus palabras mientras que sus manos se movían para tomar las mejillas ajenas entre sus dedos, acariciando con suavidad, como si tocara seda o los pétalos de una frágil flor, todo mientras que su mirada se paseaba por el rostro ajeno, buscando esa familiaridad del pasado que creía haber encontrado, pero que no podía interpretar ni reconocer del todo. La situación se le hacía tan confusa.
—…Creo que te conozco y no, no lo digo para coquetear, porque creo que ese paso ya no es necesario en este punto —. Sonrió de medio lado, aunque con más dulzura de la que pretendió en un inicio, aunque, eso sí, sin dejar de juguetear con la piel ajena con una de sus manos y con los mechones de cabellos dorados con la otra. —Lo digo porque de verdad siento que te he visto antes…antes de…no sé de qué exactamente, dime, Sol… ¿Has estado antes en otro océano? En el Grand Line, por ejemplo, ya sabes, el cementerio de piratas…quisiera poder decirte nombres de Islas en las que he estado, pero por desgracia, siempre he sido malo en geografía —. Por no decir que era malo con los nombres en general.
—¡Ah! Perdona, creo que tu intención no era hablar, pero…no puedo evitarlo cuando siento que nos conocemos de otra vida —. Podía sonar romántico, pues todo lo decía mientras acariciaba su rostro con la parsimonia en la que lo haría un viejo amante, pero lo cierto es que a pesar de lo suave de su tono y de la calidez de sus palabras, que bien podrían malinterpretarse como poesía barata, el médico solo buscaba encontrar una verdad que creía escondida y que, por un instante, tuvo la esperanza de poder encontrar gracias al hombre que ahora yacía sobre él, de una manera bastante inocente si pensaba en lo que planeaban hacer en un inicio.
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