28-07-2026, 05:21 PM
Estar sola… no ayudaba tanto como pensaba.
Observé la preparación de la carpa, centrándome en pequeños detalles como la manera de poner en pie y sujetar los postes que sostendrían la inmensa tela dorada. La llegada de materiales, las piezas empleadas, los ajustes y comprobaciones… Procuraba atender a cada mínima novedad, pero la parte más profunda de mi mente me distraía con un murmullo tan incesante como el de la tormenta que nos sacudió antes de llegar hasta tan alto, como aquella música que traía una canción imposible de comprender tras el estruendo de la lluvia y los truenos.
Al menos, la soledad me daba el permiso de no tener que sonreír ante los demás.
Cuando comenzó el espectáculo, al menos la situación mejoró. La música de Miyori y la letra de la canción de Maki lograban competir con aquel ruido mental que no quería escuchar, llegando incluso a ahogarlo un poco más bajo las superficiales olas de aquel extraño mar. Aunque no con tanta efusividad, mi aplauso acompañó al de la multitud cuando esta celebró el final.
El dirigente habla una vez más, apoyado por el pueblo. Emocionado como siempre, anuncia la segunda fase junto con un recordatorio de las normas. Sin embargo, antes del combate presenta a una nueva personalidad que no tarda en hacerse notar con sus sombra sobre la arena. “Kuraku Nata”… ¿Quién será? ¿De qué conflicto han hablado…?
El lunarian no tarda en tomar la palabra. Ya desde el principio captó mi curiosidad. ¿Siete años? ¿Incluso siendo su raza originaria de esta misma isla? Y llegó también por los mismos juegos por los que estamos hoy aquí. Era pirata, como la mayoría de los participantes de este año. Al parecer, este lugar le había cambiado…
Mis ojos se abren al tiempo que me inclino hacia delante con un interés multiplicado al tiempo que asimilaba esas palabras clave. «¿Los birkanianos… eran esclavos?». No puedo evitar mirar a mi alrededor, pues no me ha dado esa impresión en ningún momento. ¡¿Y lo ha logrado en tan sólo siete años?! No tengo la menor idea de qué es el Scrum, pero Kuraku se ha ganado de inmediato toda mi admiración. Incluso por mucho que quedara por cambiar, por construir, por aceptar a aún más razas, sólo hace falta mirar a las gradas para saber…
Giro mi rostro con curiosidad ante el rubio inmenso que se acerca a donde estoy. Sin duda alguna se trata del mismo que compartió grupo con Shin y que participó en la misma prueba que Kael. ¿Quizás quería buscar también un sitio más despejado desde el que poder mirar a la arena? Aunque parece que me mira a mí… ¿Querrá que me vaya a otro lugar para tener más espacio él…?
Mis aguamarinas quedan completamente expuestas cuando veo con rotunda sorpresa que pone una rodilla en tierra como un caballero de esos que he leído en historias. Un contraste curioso, viendo que está muy lejos de vestir una armadura. Sin embargo, el detalle se me olvida en cuanto alza su mano para acercarla a mí, pero la frena en el mismo momento en el que mis hombros se tensan un poco debido al gran tamaño de la misma y sin estar aún completamente segura de sus intenciones. En ningún momento desvío la mirada de sus iris azules, que me observan con intensidad. Al menos, no me da ninguna sensación de que tenga malas inten…
―Eres la obra de arte más bella que he visto jamás.
―¿Eh…?
Mi asombro se renueva con esas palabras tan inesperadas, un piropo que no habría esperado de alguien con esa apariencia de rudísimo guerrero. ¿Qué debería respon…?
―Si me lo pidieras, te entregaría el mundo en llamas. Conquistaría islas a tu nombre.
―¡¿Eh?!
Analizo un instante su rostro, pues no parece que esté bromeando, pero una afirmación así… Finalmente, se me termina por escapar una risita. ¡No, no creo que lo diga en serio! Iba a preguntarle que y si le pidiera mejor acabar con la esclavitud y ayudar a que todos sean felices, pero evito hablar en cuanto él trata de presentarse. De hecho, no logra hacerlo, ya que otro tipo (uno que normalmente me parecería bastante grande pero que resultaba muy pequeño a su lado) lo llamó de nuevo. Un momento, ¿no es el del acantilado…?
Antes de poder intervenir de nuevo, el buccaneer me pide un segundo para hablar con su compañero, a lo que asiento con una sonrisa amable.
… ¿Hablar?
Mis manos vuelan enseguida a mis orejas ante tremenda voz durante el grito, y más aún estando tan cerca. ¡Qué cambio tan drástico con respecto a cómo me ha hablado a mí! Me esfuerzo para contener una nueva risita de diversión cuando admite abiertamente que estaba tratando de ligar conmigo. Ya había habido otros muchos que lo habían intentado a lo largo de mi vida, pero aunque sin duda se ha acercado a mí por mi apariencia (como todos los que me comparan con cosas que pueden ser consideradas caras) y eso no me gusta, lo de conquistar islas en mi nombre había sido bastante original, y al menos no ha tenido la actitud arrogante de otros muchos que daban por hecho que caería rendida a sus pies por fuerza, dinero, belleza, poder o cualquier otra tontería que se le pareciera. ¿Quizás podríamos llegar a ser amigos…?
Cuando la conversación termina debido a la participación de otro compañero, sonrío cortésmente de nuevo ante la renovada disculpa. Sin embargo, mis orejas se alzan ligeramente más ante la palabra “velada”. ¡¿Acaso iba a invitarme a cenar?! Oh, y por lo visto Ubbe resulta que es su hermano, curioso… Supongo que tiene sentido, por el tamaño de ambos.
Cuando se está marchando y va ya varios grandes pasos por debajo, me pongo en pie y me despido de él con la mano.
―¡Hasta la vista, Sigurd! ―exclamo, evidenciando que conozco su nombre. ¡Me sé todos los carteles de “se busca”!―¡Me llamo Nyra, desea suerte a tu hermano Ubbe de mi parte! ¡¡Y nada de quemar el mundo!! ―río finalmente siguiendo aquella broma antes de marcharme.
También yo me marcho en ese momento, camino al lugar en el que nos sentamos los marines cuando llegamos. Kael me está esperando y, conociéndolo, es capaz de venir a buscarme si me retraso más de quince segundos…
Sin embargo, aunque me doy prisa, aún me retrasaría un poquito más. Concretamente, cuando veo a Uker y Jin compartiendo equipo durante el combate. ¡Uker y Jin! No puedo evitar sonreír un poco al verlos. Lo siento por Sigurd y Ubbe, pero esos dos forman parte de mi pasado y me resulta una curiosa jugada del destino. ¿Quizás se hicieran amigos después de combatir juntos?
Me doy aún más prisa para llegar al lugar acordado, y consigo hacerlo justo cuando está comenzando el combate.
―Siento llegar con las justas ―me disculpo retomando el aliento al tiempo que me siento al lado libre de Kael y lo saludo a él y a Stroud con la mano, siendo que estaban hablando hasta el momento.
Mis pupilas viajan por los asientos, buscando al resto de marines, y no puedo evitar cierto alivio al ver que Shin no está por allí. La culpa es lo siguiente que siento. ¿Cómo puedo alegrarme de que no esté mi mejor amigo…? Por un instante vuelve a mí la imagen de aquel beso y regresan las nauseas y el ya conocido peso en el pecho. ¿Se habrá ido con ella…? De nuevo, durante unos segundos casi olvido respirar. ¿Por qué? ¿No me había empezado a encontrar ya mejor…?
Contengo un suspiro con una inspiración profunda y trato de disimular observando el combate, notando ese barro extraño sobre Uker. ¿Así que se ha comido una de esas frutas…?
―¿De qué estabais hablando? ―inquiero mientras observo al par que me acompaña, buscando una distracción con la conversación.
Kael dijo que quería hablarme de algo, pero no sé si querrá hacerlo delante de Stroud…
Observé la preparación de la carpa, centrándome en pequeños detalles como la manera de poner en pie y sujetar los postes que sostendrían la inmensa tela dorada. La llegada de materiales, las piezas empleadas, los ajustes y comprobaciones… Procuraba atender a cada mínima novedad, pero la parte más profunda de mi mente me distraía con un murmullo tan incesante como el de la tormenta que nos sacudió antes de llegar hasta tan alto, como aquella música que traía una canción imposible de comprender tras el estruendo de la lluvia y los truenos.
Al menos, la soledad me daba el permiso de no tener que sonreír ante los demás.
Cuando comenzó el espectáculo, al menos la situación mejoró. La música de Miyori y la letra de la canción de Maki lograban competir con aquel ruido mental que no quería escuchar, llegando incluso a ahogarlo un poco más bajo las superficiales olas de aquel extraño mar. Aunque no con tanta efusividad, mi aplauso acompañó al de la multitud cuando esta celebró el final.
El dirigente habla una vez más, apoyado por el pueblo. Emocionado como siempre, anuncia la segunda fase junto con un recordatorio de las normas. Sin embargo, antes del combate presenta a una nueva personalidad que no tarda en hacerse notar con sus sombra sobre la arena. “Kuraku Nata”… ¿Quién será? ¿De qué conflicto han hablado…?
El lunarian no tarda en tomar la palabra. Ya desde el principio captó mi curiosidad. ¿Siete años? ¿Incluso siendo su raza originaria de esta misma isla? Y llegó también por los mismos juegos por los que estamos hoy aquí. Era pirata, como la mayoría de los participantes de este año. Al parecer, este lugar le había cambiado…
Mis ojos se abren al tiempo que me inclino hacia delante con un interés multiplicado al tiempo que asimilaba esas palabras clave. «¿Los birkanianos… eran esclavos?». No puedo evitar mirar a mi alrededor, pues no me ha dado esa impresión en ningún momento. ¡¿Y lo ha logrado en tan sólo siete años?! No tengo la menor idea de qué es el Scrum, pero Kuraku se ha ganado de inmediato toda mi admiración. Incluso por mucho que quedara por cambiar, por construir, por aceptar a aún más razas, sólo hace falta mirar a las gradas para saber…
Giro mi rostro con curiosidad ante el rubio inmenso que se acerca a donde estoy. Sin duda alguna se trata del mismo que compartió grupo con Shin y que participó en la misma prueba que Kael. ¿Quizás quería buscar también un sitio más despejado desde el que poder mirar a la arena? Aunque parece que me mira a mí… ¿Querrá que me vaya a otro lugar para tener más espacio él…?
Mis aguamarinas quedan completamente expuestas cuando veo con rotunda sorpresa que pone una rodilla en tierra como un caballero de esos que he leído en historias. Un contraste curioso, viendo que está muy lejos de vestir una armadura. Sin embargo, el detalle se me olvida en cuanto alza su mano para acercarla a mí, pero la frena en el mismo momento en el que mis hombros se tensan un poco debido al gran tamaño de la misma y sin estar aún completamente segura de sus intenciones. En ningún momento desvío la mirada de sus iris azules, que me observan con intensidad. Al menos, no me da ninguna sensación de que tenga malas inten…
―Eres la obra de arte más bella que he visto jamás.
―¿Eh…?
Mi asombro se renueva con esas palabras tan inesperadas, un piropo que no habría esperado de alguien con esa apariencia de rudísimo guerrero. ¿Qué debería respon…?
―Si me lo pidieras, te entregaría el mundo en llamas. Conquistaría islas a tu nombre.
―¡¿Eh?!
Analizo un instante su rostro, pues no parece que esté bromeando, pero una afirmación así… Finalmente, se me termina por escapar una risita. ¡No, no creo que lo diga en serio! Iba a preguntarle que y si le pidiera mejor acabar con la esclavitud y ayudar a que todos sean felices, pero evito hablar en cuanto él trata de presentarse. De hecho, no logra hacerlo, ya que otro tipo (uno que normalmente me parecería bastante grande pero que resultaba muy pequeño a su lado) lo llamó de nuevo. Un momento, ¿no es el del acantilado…?
Antes de poder intervenir de nuevo, el buccaneer me pide un segundo para hablar con su compañero, a lo que asiento con una sonrisa amable.
… ¿Hablar?
Mis manos vuelan enseguida a mis orejas ante tremenda voz durante el grito, y más aún estando tan cerca. ¡Qué cambio tan drástico con respecto a cómo me ha hablado a mí! Me esfuerzo para contener una nueva risita de diversión cuando admite abiertamente que estaba tratando de ligar conmigo. Ya había habido otros muchos que lo habían intentado a lo largo de mi vida, pero aunque sin duda se ha acercado a mí por mi apariencia (como todos los que me comparan con cosas que pueden ser consideradas caras) y eso no me gusta, lo de conquistar islas en mi nombre había sido bastante original, y al menos no ha tenido la actitud arrogante de otros muchos que daban por hecho que caería rendida a sus pies por fuerza, dinero, belleza, poder o cualquier otra tontería que se le pareciera. ¿Quizás podríamos llegar a ser amigos…?
Cuando la conversación termina debido a la participación de otro compañero, sonrío cortésmente de nuevo ante la renovada disculpa. Sin embargo, mis orejas se alzan ligeramente más ante la palabra “velada”. ¡¿Acaso iba a invitarme a cenar?! Oh, y por lo visto Ubbe resulta que es su hermano, curioso… Supongo que tiene sentido, por el tamaño de ambos.
Cuando se está marchando y va ya varios grandes pasos por debajo, me pongo en pie y me despido de él con la mano.
―¡Hasta la vista, Sigurd! ―exclamo, evidenciando que conozco su nombre. ¡Me sé todos los carteles de “se busca”!―¡Me llamo Nyra, desea suerte a tu hermano Ubbe de mi parte! ¡¡Y nada de quemar el mundo!! ―río finalmente siguiendo aquella broma antes de marcharme.
También yo me marcho en ese momento, camino al lugar en el que nos sentamos los marines cuando llegamos. Kael me está esperando y, conociéndolo, es capaz de venir a buscarme si me retraso más de quince segundos…
Sin embargo, aunque me doy prisa, aún me retrasaría un poquito más. Concretamente, cuando veo a Uker y Jin compartiendo equipo durante el combate. ¡Uker y Jin! No puedo evitar sonreír un poco al verlos. Lo siento por Sigurd y Ubbe, pero esos dos forman parte de mi pasado y me resulta una curiosa jugada del destino. ¿Quizás se hicieran amigos después de combatir juntos?
Me doy aún más prisa para llegar al lugar acordado, y consigo hacerlo justo cuando está comenzando el combate.
―Siento llegar con las justas ―me disculpo retomando el aliento al tiempo que me siento al lado libre de Kael y lo saludo a él y a Stroud con la mano, siendo que estaban hablando hasta el momento.
Mis pupilas viajan por los asientos, buscando al resto de marines, y no puedo evitar cierto alivio al ver que Shin no está por allí. La culpa es lo siguiente que siento. ¿Cómo puedo alegrarme de que no esté mi mejor amigo…? Por un instante vuelve a mí la imagen de aquel beso y regresan las nauseas y el ya conocido peso en el pecho. ¿Se habrá ido con ella…? De nuevo, durante unos segundos casi olvido respirar. ¿Por qué? ¿No me había empezado a encontrar ya mejor…?
Contengo un suspiro con una inspiración profunda y trato de disimular observando el combate, notando ese barro extraño sobre Uker. ¿Así que se ha comido una de esas frutas…?
―¿De qué estabais hablando? ―inquiero mientras observo al par que me acompaña, buscando una distracción con la conversación.
Kael dijo que quería hablarme de algo, pero no sé si querrá hacerlo delante de Stroud…
Kuroshiro
