[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#70
Tras haberse acabado la cerveza que la tal Maki le había entregado, Kibai pensó en buscar otra, pero desechó la idea, al menos por el momento. Si bien aquella bebida le resultaba refrescante y agradable al paladar, no dejaba de ser una bebida alchólica, y aunque toda a quella situación invitaba a la fiesta y al jolgorio más que a permaneer en alerta constanta, y más aún tras el mensaje clarificador que les había dado el Custodio, el min aún no se sentía cómodo del todo dejando que sus sentidos se abotargasen. De modo que, echando mano de su propia cantimplora, bebió varios tragos de agua cómodamente recostado en su asiento mientras escuchaba la amena música que el grupo traído por el Emperador tocaba, acompañado por la propia maki y una joven pelirroja al violín.

En ese instante, un olor que le resultaba familiar llegó a sus fosas nasales, una mezcla de olor a humano con algo más. Casi al mismo tiempo una voz sonó a su espalda.

— Señor, se puede mover… quiero sentarme aquí… por favor —

El mink resistió la tentación de poner los ojos en blanco mientras se daba la vuelta para encontrarse de cara con María Merlot. La estrafalaria, ya todas luces igual de loca semisirena le miró a los ojos y al fin pareció hacer la conexión, cosa que sorprendió a Kibai, teniendo en cuenta que la primera vez que había visto a aquella joven se encontraba organizando un divorcio de dos pimenteros en una tienda mientras un desgraciado trataba de abusar de ella. En esta ocasión lucía un color de pelo rosa chicle adornado con una corona dorada, bastante diferente al celeste con el que la hbaía conocido, y se vestía con un vaporoso conjunto púrpura y dorado que dejaba bastante poco a la imaginación y arrancaba alguna que otra mirada de entre el público. MM comenzó a parlotear de inmediato con su agotadora cadencia habitual, pero el mink ya sabía a qué atenerse. En medio de una de las frases acerca de a saber qué comparación entre un leopardo y una cebra, Kibai cerró ambos brazos sobre la espalda de la joven, cortando el flujo interminable de palabras saliendo de su boca al pegar la cara de MM contra su pecho.

— Yo también me alegro mucho de verte MM, hace mucho tiempo desde Whiskey Peak, en efecto, te veo bien, eso me tranquiliza. Qué te has hecho en el pelo? Y si, he visto tu carrera, impresionante, casi diría que serías capaz de dejarme atrás si quisiera darte caza. — le dijo rascádole suavemente la parte de arriba de la cabeza. — Algún día tendremos que echar una carrera, aunque tendrás que esconderte primero o no tendrá gracia.

Soltando a la joven semisirena, Kibai la dejó pasar y proseguir con su inacabable conversación con el aire y cualquiera que lo respirase, antes de esta se girase hacia el joven vestido con una túnica y el cabello del mismo color rosa que la acompañaba.

— Te dejo con Kiwi el mejor gatito que he conocido.

— La mato, yo la mato... — pensó el mink notando como las garras de la mano derecha le picaban, pugnando por salir, pero se forzó a respirar hondo y relajarse. Al fin y al cabo, estaban en territorio de uno de los Sichibukais, y habían dicho que nada de hostilidades, y tampoco era cuestión de empezarlas él por aquello. Tomando asiento de nuevo, contempló el concierto mientras el joven se sentaba cerca de él.

Este, que cubría la mayor parte de su rostro con un velo que solo apartaba para darle tragos a su propia jarra de cerveza intercaló sus ojos con los esmeralda de Kibai antes de darse cuenta de que lo habían dejado relamente solo y tratar de llamar la anteción, gritando a MM por un extraño apodo.

— En realidad, debería ser solamente semi-sirena no, Hyákinthos? — preguntó el mink recalcando el nombre que ya conocía, tanto por los carteles como por el propio anuncio de El Dirigente en las pruebas, a la vez que esbozaba una sonrisa que dejaba ver a la perfección sus colmillos. — María siempre ha tenido demasiada tendencia al caos totalmente desorganizado. Por cierto, ese velo no te da demasiado calor? No te preocupes, podría localizarte con los ojos cerrados gracias a toda esa menta que consumes, así que ver tu cara no cambiará mucho, pero no debes de preocuparte, estamos en las tierras de su Excelencia el Emperador Zarutsuki, diría que es casi un llamado a la cordialidad para todas las partes. Creo que deberíamos tomarlo como un regalo, no crees? Una ocasión única e irrepetible en la que todos podremos beber y festejar tranquilamente sin la tentación de arrancarnos las amígadalas de cuajo los unos a los otros...

Elevando su cantimplora hacia el gran zigurat dorado que presidía la arena, Kibai dio un nuevo trago al recipiente mientras el concierto llegaba a su fin. Imitando al joven de pelo rosado, el mink se puso en pie, dedicando un cortés pero sonoro aplauso hacia todos los músicos intervinientes. Sin lugar a dudas había sido una actuación excepcional. La joven pelirroja también debía de ser conocida de Hyákinthos, pues se acercó a ellos firmemente agarrada de Maki. Al parecer esta última la había invitado a unirse a su tripulación de piratas. Una auténtica lástima, aquella joven parecía tan inocente... Un rostro angelical enmarcado por una cabellera de color naranja, y un mote de Melones que, siendo totalmente honesto consigo mismo, Kibai pensó que le venía al pelo. Una brisa empujó el aire a traves del cabello de la joven en su dirección, inundando al mink con un fresco y cítrico aroma a naranja. Con una media sonrisa, recordó a otra joven pelirroja con la que había compartido algunas frutas, bastante tiempo atrás. Se preguntó momentáneamente qué habría sido de ella y si habría logrado entrar en la Marina como era su deseo, pero fue rapidamente sacado de sus pensamientos por el alboroto que estaba ocurriendo a su lado. Al parecer, su improvisado compañero no estaba muy de acuerdo con aquella decisión, pues incluso venció su reticencia a hablarle cuando recibió la noticia.

— ...no podemos aceptar a alguien, así como así… ¿No es así, marine? ¿Acaso aceptarían a alguien en su división sin siquiera conocerlo de nada? Porque yo creo que no…

— Pues te equivocarias. — respondió Kibai recordando su propio reclutamiento. — Yo apenas conocía a mis compañeros cuando me nombraron chef y explorador de mi División. Y a otro de mis compañeros apenas lo conocí me enfrenté a él en combate, y después hemos seguido siendo compañeros tan tranquilamente.  Así que mi consejo, totalmente extraoficial y que solo diré en esta isla, es que si todos os necesitáis, continuéis juntos.

Mientras hablaban, captó a su espalda un nuevo aroma, esta vez bastante más familiar, el de Moja. Girándose levemente, vio como el mink pantera se sentaba un par de gradas por encima de él. Arqueando las cejas en un sincerísimo gesto de sorpresa, Kibai escuchó como Moja le soltaba la frase más larga que le había oído decir nunca. La reacción no hubiese sido más extraña que si Stroud se hubiese puesto a bailar la conga agitando las maracas de Masami. De un salto, Kibai sobrepasó las gradas, ignorando los comentarios de sus ocupantes, para dejarse caer suavemente al lado de Moja.

— Aquí tienes compañero, después de semejante discurso, tienes que estar seco. — le dijo con una amplia sonrisa ofreciéndole la cantimplora. Acto seguido, hizo un gesto hacia la arena, a la vez que escuchaba a un claramente embriagado Eros gritar obscenidades hacia su compañero de tripulación. — No subestimes nunca una Akuma no mi. Ese tío es Jin Inuzuka, estuvo en Little Garden cuando Sohem apareció, y al parecer lo ha acogido bajo su ala. En ese entonces no parecía tener esas habilidades, así que si las ha conseguido después a buen seguro serán algo bastante potent...

Las palabras de Kibai murieron en su garganta cuando Inuzuka desenvainó su arma. El mink se puso en pie, entrecerrando los ojos.

— Esa espada... No sé de dónde cojones ha sacado ese malnacido algo como eso, Moja, pero te aseguro que no es un arma corriente.

Su propia mano estaba apretada sobre el pomo de Raimei, y todo su cuerpo se tensaba con la emoción que solo un espadachín podría entender. Aquello podría darle una idea del nivel de varios formidables oponentes, ya fuese en aquella isal o en algún futuro. Estaba ese Jin, Maki,también claro, Uker de los Sepultura, Barald, que había sido eliminado junto al propio Kibai en la prueba del bastión... Y Bai, por supuesto. Sin duda una buena lista de emocionantes duelos se abría ante él. Mientras tanto, el combate continuaba desarrollándose y prometía ser increíble, de modo que el mink chasqueó los dedos hacia unos de los vendedores, le alargó una de las jarras de cerveza a Moja por si continuaba sintiéndose igual de parlanchín y se aprestó a seguir viendo el espectáculo.

La Caja de Pandora
[Imagen: gvCFAP2.png]


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Kibai - 30-07-2026, 02:40 AM

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