[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#73
Cuando Kibai saltó el banco de madera y se dejó caer a su lado como si fuera lo más normal del mundo, ofreciéndole la cantimplora con esa sonrisa abierta, Moja se quedó parado un milisegundo. Agarró la botella de metal con la mano derecha, sopesándola. Le dio un trago largo, sintiendo el agua fresca bajarle por la garganta seca, y le devolvió el recipiente a Kibai con un asentimiento brusco de cabeza.

El mink guepardo se puso a hablarle de Jin Inuzuka, de Little Garden y de no sé qué historia sobre una espada especial que el yakuza acababa de desenvainar. Moja miró la jarra de cerveza que Kibai había pedido para él a un vendedor y, tras dudarlo un segundo, la tomó por el asa. La espuma le manchó un poco el hocico al darle un sorbo corto, amargo.

Por dentro, a Moja le estaba dando un vuelco el pecho. Sentía una presión extraña detrás de las orejas, esa misma sensación pesada que llevaba arrastrando desde hacía casi dos años. Se le vino a la cabeza, como un fogonazo doloroso y repentino, el recuerdo de Seraphine. Aquella skypiean de más de tres metros con sus alas blancas y su presencia imponente, la mujer de la que se había enamorado perdidamente allá en el South Blue... y cómo todo se había ido al garete cuando descubrió que era una revolucionaria. La traición le había rajado el alma, convirtiéndolo en un soldado huraño, reservado, que prefería no cruzar más de dos palabras con nadie para no volver a encariñarse ni sentirse vulnerado.

Pero joder, ya había pasado bastante tiempo. Estaba en Skypiea, rodeado de nubes y de marinos que, a su manera, estaban dando la cara por la institución. No podía quedarse encerrado en su propia concha de silencio para siempre. Si no empezaba a hablar con sus propios compañeros de división como Kibai, ¿con quién demonios lo iba a hacer?

Se reajustó la gorra blanca con un tironazo seco, carraspeando para aclararse la voz, que le sonó rasposa y torpe por la falta de uso en conversaciones largas. Se obligó a apretar las mandíbulas y soltar las palabras, aunque le costara un mundo mantener el hilo sin trabarse.

-Gracias por... por la bebida, Kibai- dijo Moja, mirando de reojo la jarra antes de volver a clavar sus ojos amarillos en la pista. -Y sobre esa espada... tienes razón. El brillo ese no es normal. Tiene aura de arma graduada o alguna mierda rara de artesanos del Mar Azul.-

Abajo, la pelea era un caos absoluto de barro, sangre y cortes a traición.

El yakuza del barro, Jin, intentó hacer una filigrana rara para asfixiar al dinosaurio Ubbe cubriéndole la cara, pero el buccaneer, en lugar de entrar en pánico, empezó a manotear la masa informe como un descosido, agarrando y apretando el barro contra su propio pecho gigante a pura fuerza bruta. Mientras tanto, Uker, el cocinero de los Sepultura que se había librado del barro tras los golpes de la chica Kuja, se lanzó como una exhalación a por Runin, encajándole dos tajos limpios: uno en el hombro y otro en la pierna que hicieron brotar la sangre a borbotones sobre la arena batida.

Moja dio otro sorbo a la cerveza, dejando escapar un bufido de aire caliente por la nariz. Apoyó los codos en las rodillas, forzándose a seguir hablando con Kibai, atropellándose un poco con los tiempos pero poniendo todo de su parte.

-Míralos... Menuda carnicería- masculló el mink pantera, señalando la pista con el cuello de la jarra. -La chica de las Kuja, la Runin esa... se ha confiado pero tiene un par de ovarios bien puestos. Le han metido dos tajos finos en la pierna y el hombro, la sangre le está chorreando hasta el tobillo y la tía ni se rinde ni pide auxilio. Ha saltado hacia atrás para armar la guardia otra vez.-

Moja hizo una pausa, tragando saliva y mirando a Kibai de reojo para comprobar si lo estaba escuchando, antes de continuar con la misma insistencia hosca:

-Y el gigante de los trescientos millones... el Ubbe ese. Se está peleando contra un charco. El Jin intenta ahogarlo y el tío lo abraza como si fuera un saco de patatas. Si la Kuja no aguantas unos segundos más a Uker, el del barro va a terminar desgastándolos a los dos. Qué forma más desordenada de pelear tienen los piratas, coño. Cero táctica, todo a base de dolor y rabia.-

Moja volvió a beber de la jarra, sintiendo que el pecho se le destensaba un poco tras soltar semejante parrafada. Le costaba la misma vida articular tantas frases seguidas, pero al menos estaba ahí, en el banco, compartiendo el análisis del combate con otro marine de la Sesenta en lugar de pudrirse a solas en su propia amargura.

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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Moja - 30-07-2026, 11:19 AM

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