[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#74
—¿A que sí? Las cebras son geniales, tesoro. — Cuando se refirió a mi música como "cha cha chá", no pude evitar soltar una carcajada. —¡FUFUFU! No te voy a mentir, me hizo muchísima gracia. Ya hasta así le voy a decir a la canción. — Negué con la cabeza mientras seguía sonriendo. Hacía bastante tiempo que no conocía a una mujer que lograra impresionarme de esa manera, y eso decía mucho. Al final, yo mismo paso media vida presentándome como una mujer porque al final me visto como quiero, me maquillo como quiero y camino con los tacones bien puestos sin que me importe lo que piense nadie. Hay pocas cosas que vea hacer a una mujer y piense Ay, eso sí que no lo hago yo.
 
Pero ella era diferente, no era por la Fruta del Diablo, ni por convertirse en cebra era su presencia y tenía esa seguridad de quien entra a un lugar y hace que todos la noten sin necesidad de levantar la voz. Una energía elegante, firme, de esas que no se aprenden. Queen energy honey —I love that, honey. En serio, tienes un aura de reina que no cualquiera carga encima. —comenté con una sonrisa sincera, apoyando el mentón sobre una mano mientras la observaba con curiosidad — Se nota cuando alguien tiene estilo. y tú tienes de sobra bebé. —
 
Amooor, quedé como un mal tercerito cuando brillitos de luciérnaga, digo Shin, de la división 75, apareció de la nada, llamó la atención de Maria y, sin previo aviso, la besó. Me quedé parpadeando un par de veces. No sabía si aquello era una declaración de amor, una forma de marcar territorio o simplemente el muchacho era así de intenso, pero, ay, tesoro la escena daba para comentar y yo que tengo una lengua venenosa honey.  Levanté ambas manos a la altura de los hombros, dejando claro que yo no tenía vela en ese entierro. —Tranquilo, tesoro, a mí no me gustan las mujeres. — dije con toda la calma del mundo, señalándome el pecho con un dedo —Tú bésala, pero más despacito, bebé. Parece que no has comido en dos semanas. — Negué con la cabeza mientras soltaba una sonrisa divertida y daba un pequeño paso hacia atrás para devolverles su espacio.
 
—Uno aquí intentando hacer una amistad bonita y ustedes montando una novela delante de mis ojos, ay, no, qué falta de respeto con el público. Al menos avisen para sacar las palomitas, honey. — Crucé los brazos con tranquilidad, todavía sonriendo. La verdad era que la situación me había tomado completamente por sorpresa, pero tampoco iba a hacer un drama por eso. Si ellos tenían sus asuntos, adelante. Yo solo había venido a conocer a la mujer cebra aunque, para ser sinceros, aquella entrada de Shin había tenido más impacto que cualquiera de las pruebas de los juegos, ya lo había visto antes, con sus brillitos y sus excentricidades, pero esto me sobrepaso.
 
—¿Vio eso, contramaestre Gaufrid? Una total falta de respeto. —comenté, girándome hacia el contramaestre que se encontraba a pocos asientos de nosotros, llevándome una mano al pecho como si acabara de presenciar la mayor tragedia romántica del siglo —Uno viene con las mejores intenciones del mundo y termina de extra en la novela de otra gente. Ay, no, honey. — Negué con la cabeza entre risas antes de acomodar nuevamente el cinturón donde descansaban mis maracas y el revólver. —Tengo un revólver pequeñito, sí, pero la verdad casi nunca lo uso a distancia. Las pocas veces que he disparado en un enfrentamiento ha sido prácticamente a quemarropa. Aunque, por alguna razón, siempre termino peleando contra gente que tiene la maldita piel de hierro o al menos eso parece. Uno dispara con toda la ilusión y lo único que consigue es gastar balas, tesoro. —  Me encogí de hombros. Algún día aprendería a sacarle verdadero provecho al arma, mientras tanto, seguía confiando mucho más en mis piernas, mis patadas y, cuando el cuerpo me lo permitía, en mi transformación.
 
Las peleas estaban por comenzar y el ambiente se sentía cada vez más eléctrico. El público no dejaba de hablar, las apuestas iban y venían y yo ya estaba listo para convertirme en el fanático más escandaloso de las gradas, sin embargo, Maria volvió a llamar mi atención. Cuando me ofreció trenzarme el cabello, la miré con los ojos brillando de emoción. —¿En serio, corazón? Ay, claro que sí. Hace muchísimo que nadie me hace unas trencitas. Si quedan bonitas, prometo presumirlas por toda la isla. —respondí, acercándome un poquito, quitándome la gorra y apartando el cabello hacia atrás para ponérselo más fácil, pero antes de que pudiera sentarme frente a ella, una voz conocida llegó desde algún punto de las gradas. Giré la cabeza siguiendo el llamado hasta encontrar al responsable.
 
—Ay, míralo. — Era el capitán Enji y, como de costumbre ya estaba desnudo, suspiré con una sonrisa resignada mientras negaba lentamente con la cabeza. —Definitivamente el apodo de sargento pervertido lo va a perseguir toda la vida. — La verdad era que ya ni me sorprendía. Después de convivir con la división 80 durante tantos meses, ese tipo de escenas habían dejado de parecerme raras. Cada uno de nosotros tenía una forma muy particular de ser, y quizá era precisamente eso lo que hacía que me sintiera tan cómodo entre ellos, éramos un grupo de completos inadaptados y, honestamente, tesoro, no lo cambiaría por nada.

Mi estupido y sensual off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]


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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Masato Ami - 30-07-2026, 04:47 PM

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