30-07-2026, 06:38 PM
(Última modificación: 31-07-2026, 05:28 PM por Saint Sheperd Ju Peter.)
Mi nuevo, ausente de fealdad y tan lleno de incógnitas, se dirigía hacia la reina Okama, con el objetivo de endosarle una buena patada. Sin embargo, de manera muy justa, Aspros consiguió esquivar mi ofensiva con soltura.— ¿Es que se va a dedicar a huir durante toda su vida, su majestad-ton?. — pregunté con sorna, al mismo tiempo que mi rival pronunciaba una clase de palabras que no llegaba del todo a comprender hasta que pudo sentir como me empezaban a agarrar desde abajo.— ¿Cómo? — me preguntaba internamente, mientras giraba ligeramente mi única parte libre, mi cabeza, hacia mi izquierda, pudiendo ver desde el rabillo de mi ojo como una figura increíblemente bella comenzaba a emerger desde la superficie. Ese rostro, esa fisonomía, esa complexión y ese increíble sentido de la moda. No cabía duda, era Aspros.
Por pura inercia, desvié mi mirada hacia arriba, dónde debía estar la criminal. Mi vista no me engañaba… Había dos Aspros.— ¡¡Suélteme su majestad!! ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso se trata del poder de una Akuma no Mi-ton? — intentaba forcejear con mi diminuto cuerpo, intentando librarme de las suaves pero tersas manos del clon de la reina, recibiendo por parte del doble una respuesta un tanto seca y borde, con una voz más grave de lo que poseía la reina. Hasta su majestad - la original -, tuvo que llamarle la atención. Pero más importante que eso era que, mi Kenbunshoku Haki, detectaba el advenimiento de un ataque hacia mi cara.— ¡Qué se lo ha creído! — exclamé, imbuyendo toda mi cabeza con Busoshoku Haki, prácticamente a la par que recibía una técnica muy bien conocida por mi en mi rostro ennegrecido.
Gracias a que en ese momento idóneo, la copia de Aspros deshizo su agarre, desciendo verticalmente desde dónde estaba, sintiendo como mi cabeza y, por tanto, mi cuerpo en general se encontraba adormecido, como si aquel golpe hubiera adormilado cada uno de mis nervios. Mientras aterrizaba, la reina hacía la propio, realizando un descenso elegante que la posicionó junto a su doble varonil, apoyándose ella sobre su hombro derecho y levantando su pierna derecha como si de una inocente colegiala se tratara. Yo por mi parte, sentía que necesitaba descansar mi cuerpo y, en mis años de vicealcaide, había aprendido que la mejor ofensiva muchas veces era quedarse a la defensiva. Por lo que, mientras el nuevo Aspros recriminaba a su creadora que se pusiera en serio, llevé mi diestra a mi espalda, para volver a armarme con mi Lipsync, la cuál extendí hacia arriba, apuntando con los dientes de dicho arma a un espacio ubicado entre los dos okamas. Debía tener cuidado pues, con mi Kenbunshoku, era incapaz de sentir nada de parte de la creación de su majestad.
Por pura inercia, desvié mi mirada hacia arriba, dónde debía estar la criminal. Mi vista no me engañaba… Había dos Aspros.— ¡¡Suélteme su majestad!! ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso se trata del poder de una Akuma no Mi-ton? — intentaba forcejear con mi diminuto cuerpo, intentando librarme de las suaves pero tersas manos del clon de la reina, recibiendo por parte del doble una respuesta un tanto seca y borde, con una voz más grave de lo que poseía la reina. Hasta su majestad - la original -, tuvo que llamarle la atención. Pero más importante que eso era que, mi Kenbunshoku Haki, detectaba el advenimiento de un ataque hacia mi cara.— ¡Qué se lo ha creído! — exclamé, imbuyendo toda mi cabeza con Busoshoku Haki, prácticamente a la par que recibía una técnica muy bien conocida por mi en mi rostro ennegrecido.
Gracias a que en ese momento idóneo, la copia de Aspros deshizo su agarre, desciendo verticalmente desde dónde estaba, sintiendo como mi cabeza y, por tanto, mi cuerpo en general se encontraba adormecido, como si aquel golpe hubiera adormilado cada uno de mis nervios. Mientras aterrizaba, la reina hacía la propio, realizando un descenso elegante que la posicionó junto a su doble varonil, apoyándose ella sobre su hombro derecho y levantando su pierna derecha como si de una inocente colegiala se tratara. Yo por mi parte, sentía que necesitaba descansar mi cuerpo y, en mis años de vicealcaide, había aprendido que la mejor ofensiva muchas veces era quedarse a la defensiva. Por lo que, mientras el nuevo Aspros recriminaba a su creadora que se pusiera en serio, llevé mi diestra a mi espalda, para volver a armarme con mi Lipsync, la cuál extendí hacia arriba, apuntando con los dientes de dicho arma a un espacio ubicado entre los dos okamas. Debía tener cuidado pues, con mi Kenbunshoku, era incapaz de sentir nada de parte de la creación de su majestad.
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