01-08-2026, 06:07 AM
De hombre a semi topo, de semi topo a topo completo, y de topo completo nuevamente a hombre.
Ese era Eros Focalor.
SIn proponérmelo, terminé siendo la embajadora de la paz, aquello que parecía el comienzo de un enfrentamiento se calmó en cuanto me recibieron entre los suyos, Los Juanita Marina, que no poco después descubrí su verdadero nombre, y los tripulantes de Eros, Los Sepultureros.
Al menos me alegraba saber que las circunstancias que temía no eran como las había imaginado, no había señales de aquel desánimo que esperaba encontrar, de hecho, no encontré ninguna expresión triste sino todo lo contrario, solo una conducta cordial de su parte, invitándome incluso a quedarme un poco más.
Con gusto acepté y lo seguí hasta sentarme a su lado, dejando el estuche del violín sobre el respaldar de la grada, junto a mis piernas. — Muchas gracias por el ofrecimiento pero soy pésima con el alcohol… — respondí con una sonrisa gentil como algo nerviosa al rechazar al mink de rasgos de… ¿hurón?, creo, recuerdo… haberlo visto en la prueba de certeza, y ahora él me extendía la botella de vino para que yo pudiese servirme una copa — Me pongo ebria demasiado rápido
En ese momento sostenían una conversación peculiar sobre hipopótamos y el consumo de su carne, aquello me resultaba bastante extraño pero no soy una persona que acostumbre a cuestionar los gustos de los demás, cada quién con sus culturas. Fue entonces cuando Tezca me hizo una pregunta respecto a la pelea que se desarrollaba en la arena del estadio, lo que me llevó a dirigir la mirada hacia los competidores. — Es difícil seguirles el rastro con la velocidad que tienen en cada movimiento pero debo admitir que la joven Runin hasta el momento ha demostrado ser muy fuerte, al igual que los demás participantes, tiene sus propias cualidades, pero ella en particular me ha dejado bastante sorprendida.
Mi atención se vio atraída por las palabras de Kiyoshi quien parecía haber llegado a una conclusión propia y finalmente expresó una idea bastante peculiar… refiriéndose a mí como la amante de su capitán, junto a esa ocurrencia también se sumó un joven de cabello castaño llamado Ryota, quien directamente me identificó como la novia de Eros, por supuesto, semejante insinuación provocó que mi rostro entero adquiriera un intenso tono rojizo debido a la vergüenza.
— No es así, nosotros somos… — me detuve por un instante, incapaz de encontrar una respuesta adecuada, ¿Qué éramos realmente?, ¿amigos?, no estaba segura de poder llamarlo así, nos conocimos cuando yo era demasiado pequeña, hablamos una única vez… ¿Conocidos?, tampoco parecía correcto, sabía que era un sepulturero que ahora era un pirata… pero había mucho más que desconocía de él. — Es complicado, bueno no... Es larga historia.
— ¿Qué tiene de malo usar arco? — pregunté mientras observaba mi arma, sin comprender del todo cuál era el defecto o la razón por la que me asociaban con el chico que había quedado en segundo lugar en la prueba de certeza, después de unos segundos, dirigí mi atención hacia el chico burbujas con una sonrisa amable de mi parte. — Por cierto, felicidades por haber quedado en primer lugar en la prueba de certeza, lo hiciste genial.
La pelea en la arena estaba cada vez más encendida, a cada segundo que pasaba, nuevas y grandiosas habilidades eran reveladas ante mis ojos, y me parecía increíble observar cómo ambas tripulaciones animaban con fervor a sus compañeros desde aquel lugar. Tanto Tezca como Ryota apoyaban a quienes parecían ser sus parejas, y aquel sentimiento me resultaba admirable. Sus palabras estaban llenas de confianza, una confianza absoluta nacida de reconocer realmente las capacidades de la persona que amaban.
La respuesta del joven castaño ante el cuestionamiento de Kiyoshi pronto me hizo pensar en la verdad que se escondía detrás de sus palabras, “El embrujo del amor puede llegar a volvernos un poco ciegos”, no puedo decir que lo comprendo por completo pues ese sentimiento nunca ha florecido en mí, pero sí puedo estar de acuerdo con sus palabras por que he visto cómo otras personas actúan bajo los efectos de ese extraño embrujo, cómo cambia su manera de pensar y cómo sus decisiones son guiadas por aquello que sienten.
— Supongo que cuando alguien significa mucho para ti, es difícil verlo igual que los demás, quizás no es que uno sea ciego… simplemente se aprende a mirar algo que otros no pueden ver. — Sonreí tenuemente mientras me encontraba perdida recordando los días del ayer junto a mi familia, en Baterilla, en la música. — Afortunados los embrujados. — Asentí con la cabeza mientras miraba ahora a Tezca y Ryota quienes no mostraban pudor alguno para alentar a sus compañeros, sus parejas.
Después de algunas interacciones más, mi atención terminó regresando hacia el joven sepulturero, había permanecido demasiado callado, fue entonces cuando lo vi ponerse en pie, preparándose para hablar frente a ambos grupos sobre aquello que llevaba tiempo dando vueltas en su mente.
Comenzó defendiendo a los hipopótamos para luego dirigir sus palabras hacia su tripulante del rifle, reprendiendo ciertas actitudes y comportamientos. Yo permanecí en completo silencio, escuchándolo atentamente, mi mirada no se apartaba de él, observaba cómo poco a poco iba tejiendo y formando con sus palabras todos aquellos pensamientos que él había guardado desde mi llegada. Imponiendo el orden que supongo creyó se había perdido.
Al finalizar su presentación, volvió a sentarse, manteniendo la mirada fija en quienes entregaban todo de sí para ganar aquella semifinal, pero mis ojos azules no se apartaban de él, de aquel joven de cabello largo y azulado cuyo rostro sombrío contrastaba con la calidez de sus palabras, hablaba de sus compañeros con un orgullo sincero, con una confianza que solo alguien que realmente los valoraba podía demostrar.
¿Acaso eso no era un tipo de amor también?
— Eso es lo que hace que un grupo sea especial, no tienen que ser perfectos, solo tienen que cuidarse entre ustedes. — Bajé la mirada hacia el suelo aunque poco a poco mis ojos terminaron dirigiéndose nuevamente hacia la arena de combate, por un instante, recordé a mis antiguos compañeros de tripulación, la forma tan dolorosa en la que nos separamos y la soledad que llegó después de ellos.
Ese tipo de lazos todavía son algo que no conozco del todo pero creo que deben ser tan fuertes como los de una familia.
Son eternos.
— Ah… — en ese momento recordé los snacks que había comprado en el mercado de Shandora, me incliné un poco, buscando en el estuche de mi violín la bolsita de compras. — ¿Alguien quiere un poco de mermelada?, es de naranja.
Ese era Eros Focalor.
SIn proponérmelo, terminé siendo la embajadora de la paz, aquello que parecía el comienzo de un enfrentamiento se calmó en cuanto me recibieron entre los suyos, Los Juanita Marina, que no poco después descubrí su verdadero nombre, y los tripulantes de Eros, Los Sepultureros.
Al menos me alegraba saber que las circunstancias que temía no eran como las había imaginado, no había señales de aquel desánimo que esperaba encontrar, de hecho, no encontré ninguna expresión triste sino todo lo contrario, solo una conducta cordial de su parte, invitándome incluso a quedarme un poco más.
Con gusto acepté y lo seguí hasta sentarme a su lado, dejando el estuche del violín sobre el respaldar de la grada, junto a mis piernas. — Muchas gracias por el ofrecimiento pero soy pésima con el alcohol… — respondí con una sonrisa gentil como algo nerviosa al rechazar al mink de rasgos de… ¿hurón?, creo, recuerdo… haberlo visto en la prueba de certeza, y ahora él me extendía la botella de vino para que yo pudiese servirme una copa — Me pongo ebria demasiado rápido
En ese momento sostenían una conversación peculiar sobre hipopótamos y el consumo de su carne, aquello me resultaba bastante extraño pero no soy una persona que acostumbre a cuestionar los gustos de los demás, cada quién con sus culturas. Fue entonces cuando Tezca me hizo una pregunta respecto a la pelea que se desarrollaba en la arena del estadio, lo que me llevó a dirigir la mirada hacia los competidores. — Es difícil seguirles el rastro con la velocidad que tienen en cada movimiento pero debo admitir que la joven Runin hasta el momento ha demostrado ser muy fuerte, al igual que los demás participantes, tiene sus propias cualidades, pero ella en particular me ha dejado bastante sorprendida.
Mi atención se vio atraída por las palabras de Kiyoshi quien parecía haber llegado a una conclusión propia y finalmente expresó una idea bastante peculiar… refiriéndose a mí como la amante de su capitán, junto a esa ocurrencia también se sumó un joven de cabello castaño llamado Ryota, quien directamente me identificó como la novia de Eros, por supuesto, semejante insinuación provocó que mi rostro entero adquiriera un intenso tono rojizo debido a la vergüenza.
— No es así, nosotros somos… — me detuve por un instante, incapaz de encontrar una respuesta adecuada, ¿Qué éramos realmente?, ¿amigos?, no estaba segura de poder llamarlo así, nos conocimos cuando yo era demasiado pequeña, hablamos una única vez… ¿Conocidos?, tampoco parecía correcto, sabía que era un sepulturero que ahora era un pirata… pero había mucho más que desconocía de él. — Es complicado, bueno no... Es larga historia.
— ¿Qué tiene de malo usar arco? — pregunté mientras observaba mi arma, sin comprender del todo cuál era el defecto o la razón por la que me asociaban con el chico que había quedado en segundo lugar en la prueba de certeza, después de unos segundos, dirigí mi atención hacia el chico burbujas con una sonrisa amable de mi parte. — Por cierto, felicidades por haber quedado en primer lugar en la prueba de certeza, lo hiciste genial.
La pelea en la arena estaba cada vez más encendida, a cada segundo que pasaba, nuevas y grandiosas habilidades eran reveladas ante mis ojos, y me parecía increíble observar cómo ambas tripulaciones animaban con fervor a sus compañeros desde aquel lugar. Tanto Tezca como Ryota apoyaban a quienes parecían ser sus parejas, y aquel sentimiento me resultaba admirable. Sus palabras estaban llenas de confianza, una confianza absoluta nacida de reconocer realmente las capacidades de la persona que amaban.
La respuesta del joven castaño ante el cuestionamiento de Kiyoshi pronto me hizo pensar en la verdad que se escondía detrás de sus palabras, “El embrujo del amor puede llegar a volvernos un poco ciegos”, no puedo decir que lo comprendo por completo pues ese sentimiento nunca ha florecido en mí, pero sí puedo estar de acuerdo con sus palabras por que he visto cómo otras personas actúan bajo los efectos de ese extraño embrujo, cómo cambia su manera de pensar y cómo sus decisiones son guiadas por aquello que sienten.
— Supongo que cuando alguien significa mucho para ti, es difícil verlo igual que los demás, quizás no es que uno sea ciego… simplemente se aprende a mirar algo que otros no pueden ver. — Sonreí tenuemente mientras me encontraba perdida recordando los días del ayer junto a mi familia, en Baterilla, en la música. — Afortunados los embrujados. — Asentí con la cabeza mientras miraba ahora a Tezca y Ryota quienes no mostraban pudor alguno para alentar a sus compañeros, sus parejas.
Después de algunas interacciones más, mi atención terminó regresando hacia el joven sepulturero, había permanecido demasiado callado, fue entonces cuando lo vi ponerse en pie, preparándose para hablar frente a ambos grupos sobre aquello que llevaba tiempo dando vueltas en su mente.
Comenzó defendiendo a los hipopótamos para luego dirigir sus palabras hacia su tripulante del rifle, reprendiendo ciertas actitudes y comportamientos. Yo permanecí en completo silencio, escuchándolo atentamente, mi mirada no se apartaba de él, observaba cómo poco a poco iba tejiendo y formando con sus palabras todos aquellos pensamientos que él había guardado desde mi llegada. Imponiendo el orden que supongo creyó se había perdido.
Al finalizar su presentación, volvió a sentarse, manteniendo la mirada fija en quienes entregaban todo de sí para ganar aquella semifinal, pero mis ojos azules no se apartaban de él, de aquel joven de cabello largo y azulado cuyo rostro sombrío contrastaba con la calidez de sus palabras, hablaba de sus compañeros con un orgullo sincero, con una confianza que solo alguien que realmente los valoraba podía demostrar.
¿Acaso eso no era un tipo de amor también?
— Eso es lo que hace que un grupo sea especial, no tienen que ser perfectos, solo tienen que cuidarse entre ustedes. — Bajé la mirada hacia el suelo aunque poco a poco mis ojos terminaron dirigiéndose nuevamente hacia la arena de combate, por un instante, recordé a mis antiguos compañeros de tripulación, la forma tan dolorosa en la que nos separamos y la soledad que llegó después de ellos.
Ese tipo de lazos todavía son algo que no conozco del todo pero creo que deben ser tan fuertes como los de una familia.
Son eternos.
— Ah… — en ese momento recordé los snacks que había comprado en el mercado de Shandora, me incliné un poco, buscando en el estuche de mi violín la bolsita de compras. — ¿Alguien quiere un poco de mermelada?, es de naranja.
Amphitrite Toca la Canción
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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