01-08-2026, 09:40 AM
La situación en la arena no dejaba que desear. Uker había sido sacado del fango de Jin a golpes. Parecía que tanto el hombre de la fruta prehistórica, Ubbe, como la chica de los Hanu Mahana, Runin, habían hecho gala de su superioridad física. Sin embargo, Uker pareció recomponerse y ahora era Runin la que adolecía de un par de tajos que parecían haberle causado grandes daños. Jin permanecía en su forma intangible mientras su oponente lo intentaba golpear. La imagen de estos dos contrastaba con la del otro emparejamiento. En un lado, sangre y cortes violentos. En el otro, la imagen de un chico chapoteando en un charco. El poder que otorgan las frutas logia es increíble. La capacidad de convertir tu cuerpo en un elemento, evitando así los golpes de tus oponentes, sería algo muy molesto para enfrentarlos. Si tan solo existiera una manera de contrarrestar aquello...
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Intenté recolocar mi sombrero. El ala frontal recuperó su altura normal, aunque visto desde el frente, mi sombrero había quedado claramente ladeado. Sentí la forma en la que Eros había vuelto a comportarse como un llamado de atención. No podía permitir que el resto de los allí presentes pensasen que yo era como cualquiera de los brutos que poblaba Jaya. No, debía mostrarles mis modales. Sin embargo, mi estado de embriaguez era evidente, por lo que decidí tomar esa actitud que tienen los chiquillos que se han tomado un par de copas a escondidas en una celebración familiar. No hablaría. Si no abría la boca, nadie notaría que estaba ebrio.
De tal manera, me limité a asentir con la mano en el ala de mi sombrero, con gesto de gratitud, cada vez que los allí presentes hacían mención hacia mi. Cuando Miyori rechazó la bebida, asentí. Cuando Texca se ofreció a comprar carne de hipopótamo, asentí. Cuando Kiyoshi me reprendió por haber infectado a todos, asentí. Y acto seguido, me arrepentí. ¿Lo habrá tomado como burla? La apuesta de Ryota, asentí. Kiyoshi llamándome ludópata, asentí. Dos veces. Tenía razón.
Mi plan estaba surtiendo efecto. O eso pensaba yo, pues la imagen que debía proyectar desde fuera no sería distinta de la de aquellos muñecos con un muelle en el cuello. Otro dato que no tuve en cuenta, es que alcohol y movimientos repetidos de cabeza no son muy amigos. Comencé a ver algo borroso. En un principio, alzando mis cejas y entornando algo los ojos bastaba. Pero como los allí presentes no cesaron en sus referencias hacia mi, mi visión se fue nublando aún más, llegando incluso a ver ahora a cuatro Tezcas, dos gordos con barba y dos de figura estilizada. Tuve que cerrar mi ojo derecho para reducir aquella duplicidad a la mitad. Dos Tezcas bastaban.
El capitán de los Hanu Mahana nos presentó a los distintos miembros que lo acompañaban. Todos de lo más variopinto, como ya nos había demostrado aquella tripulación. No supe si fue a causa del alcohol, pero empezaba a encontrarlos cómicos. A todos y cada uno de ellos, salvo al Tezcas gordo, el cual se dispuso a presentarse.
—Al fin alguien con un vocabulario rico y cuidado. Me llena de orgullo conocer a vuesa merced, señor
Mi intento de reverencia supuso una perdida de compostura total, pues la subida se produjo con un balanceo poco elegante que a punto estuvo de llevarme al suelo. Había surgido un tema de conversación. Uno en el que algunos formulaban la idea de que Miyori era la pareja sentimental de Eros. El repentino cambio de actitud del capitán aportaba más peso a ese lado de la balanza. La negativa de la chica revirtió la situación, pero sus dudas al definir lo que realmente eran, volvió a ponerla en equilibrio. Ese debate para mí era intrascendente. No así sus siguientes palabras.
—Eros, será que ella esté hablando de... —miré a mí capitán, con un ojo aún cerrado—. Sí, no cabe duda. Ella debe saber más acerca de eso. Afortunados... Embrujados... Aprender a mirar algo que otros no pueden ver... Eso es. Lo hemos encontrado, capitán. Ella debe estar hablando de...—mi efusividad contrastó con mi anterior pasividad. Alcé los brazos en un movimiento brusco de celebración, recolocando de manera fortuita mi sombrero. Y es que el alcohol te hace pensar que eres más elocuente—. Haki!
¿Sería ella la solución a aquel enigma que veníamos buscando desde hacia unas semanas?
Antología
