01-08-2026, 12:53 PM
Me encontraba en inferioridad numérica, una inferioridad numérica que se agravaba por el mero hecho de que no era capaz de sentir el aura del clon de su majestad. Sí, estaba en inferioridad numérica pero… ¿Estaban hablando entre ellos estando yo armada? ¿Tan confiados estaban de que tenían la sartén por el mango? Sí, me empezaba a notar cansada, pero de ahí a creerse que ya tenían la victoria en sus manos… Esa sensación de menosprecio, esa manera de subestimarme… Era la misma sensación que había sufrido durante toda mi vida. Una sensación que era distinta a la de haber nacido con esta notoria fealdad. Sí, era el hecho de sentir continuamente como la gente te juzgaba, sentir como, continuamente, devaluaban tu trabajo por el mero hecho de poseer un cuerpo diminuto. Alguien que era inofensivo a simple vista… Algo que mi maravilloso, estupendísimo y recto jefe, ¡el mejor del mundo sea dicho! No se tragó. El fue la única persona - junto al jefe de la guardia, Steiner - que supo ver el valor y la fuerza que residía en mi interior. Y no pensaba defraudarlos, ni a ellos… Ni a mi misma.
Empuñé a mi tenedor con mi derecha, pasando el haki que cubría anteriormente mi cabeza a imbuir el cubierto, presentando ahora el negro característico digno del Busoshoku. Aferré mi mano con más fuerza que nunca, y cambié mi objetivo. Ya no apuntaba hacia un punto intermedio entre los dos Aspros, sino que pasé a dirigir los dientes de mi arma hacia el escote del clon de su majestad.— Sigo aquí, ¿habéis acabado-ton? — pregunté con una notoria molestia, pasando a lanzar mi arma con furia hacia la real e inigualable reina Okama, momento en el que aún seguian discutiendo entre ellas.
Al momento de lanzar a Lipsync, los pocos metros que separaban mi diminuto cuerpo del normativo y deslumbrante cuerpo de la copia, en el recorrido de mi arma le seguía una estela que reflejaba el mismísimo arco iris, hasta que, una vez los dientes de mi arma ensartaron el pecho del falso Aspros, una explosión de purpurina tuvo lugar.— Perdónenme por interrumpirles, sus majestades, pero toda esta situación me estaba molestando-ton. — recriminé, mientras sacaba de mi cinturón un látigo diminuto enrollado. Aún sentía que mi cuerpo no se movía como yo quería y, estando ahora mi arma perforante clavada en el pecho de la copia de la reina… Debía estar lo más preparada posible para su siguiente movimiento.
Empuñé a mi tenedor con mi derecha, pasando el haki que cubría anteriormente mi cabeza a imbuir el cubierto, presentando ahora el negro característico digno del Busoshoku. Aferré mi mano con más fuerza que nunca, y cambié mi objetivo. Ya no apuntaba hacia un punto intermedio entre los dos Aspros, sino que pasé a dirigir los dientes de mi arma hacia el escote del clon de su majestad.— Sigo aquí, ¿habéis acabado-ton? — pregunté con una notoria molestia, pasando a lanzar mi arma con furia hacia la real e inigualable reina Okama, momento en el que aún seguian discutiendo entre ellas.
Al momento de lanzar a Lipsync, los pocos metros que separaban mi diminuto cuerpo del normativo y deslumbrante cuerpo de la copia, en el recorrido de mi arma le seguía una estela que reflejaba el mismísimo arco iris, hasta que, una vez los dientes de mi arma ensartaron el pecho del falso Aspros, una explosión de purpurina tuvo lugar.— Perdónenme por interrumpirles, sus majestades, pero toda esta situación me estaba molestando-ton. — recriminé, mientras sacaba de mi cinturón un látigo diminuto enrollado. Aún sentía que mi cuerpo no se movía como yo quería y, estando ahora mi arma perforante clavada en el pecho de la copia de la reina… Debía estar lo más preparada posible para su siguiente movimiento.
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