[EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas
#93
Con el combate dando comienzo, el sol abrasando la arena y el dulce y agradable sabor del vino rosado —que había estado bebiendo con la misma ligereza que cuando se trata de agua— recorriendo su garganta, Bai se acomodó como buenamente pudo en su asiento mientras escuchaba cómo el equipo de piel morena se lanzaba sobre sus rivales al tiempo que, de fondo, la charla entre Heras y Zhang captaba también su atención. Tanto era así que, cada vez que los escuchaba hablar, se giraba para mirarlos poniendo en ellos una atención tan intensa que casi parecía que les entendía aun cuando en realidad los observaba de aquella manera porque los sonidos guturales que proferían habían, poco a poco, adquirido de pronto un matiz extraño, una especie de distorsión sorda, pesada y flotante.

«¿Qué rayos?», pensó mirando hacia la arena justo cuando la morena golpeaba a Uker. «¿Están hablando en otro idioma?».

Abrumada por aquel pensamiento errado, bajó la vista hacia su jarra y observó el fondo con ahinco sin llegar a advertir que todavía quedaba en él un pozo de vino.

«Quizás sea el barullo», siguió pensando. «Sí, debe ser eso. Hay demasiada gente y todos gritan».

Levantó la mirada para luego barrer la grada y confirmar, falsamente, que todo era culpa de ellos y no del calor que se instauraba en sus orejas o el carmín que pintaba con timidez sus mejillas bronceadas.

—¿Quereis algo más? —preguntó de repente a sus compañeros tras decidir que necesitaba otro trago. O mejor dicho, que el mundo entero necesitaba girar un poco menos para que ella pudiera apreciar más el esñectáculo.

A continuación, les es hizo una seña a sus compañeros y se puso en pie, tambaleándose por dentro en busca del mercader. De esta forma, medio desiquilibrada por los primeros estragos del alcohol y medio molesta por el griterio, avanzó con torpeza entre las gradas, esquivando piernas y alas con la gracia de un junco de hierro, hasta que, al alcanzar los peldaños de la escalera, un traspié provocado por la falta de equilibrio la hizo perder el paso y derramar parte del vino directamente sobre su ropa.

—Mierda... —masculló al sentir el líquido pegajoso y tibio empapándole la clavícula y viendo cómo su pulcra pechera perdía el brillo entre lamparones rosados—. ¿Pero qué carajos...?

Miró hacia atrás, hacia el pequeño reborde de las escaleras y le lanzó una mirada que, de haber podido, lo hubiera desintegrado. Y, sin dsrse cuenta en ese momento, el hombre que se sentaba justo en asiento más cercano, la miró con la misma.

—¿Quién fue el inteligente que contruyó esta mierda? —masculló sin darse cuenta de que se le había soltado la lengua. Símbolo inequívoco de que se le estaba subiendo todo.

Después, con toda la dignidad que le quedaba, depositó la jarra en el suelo y extrajo el pañuelo de Kiyoshi para intentar limpiarse lo que le había quedado por el pecho. Y, mientras se daba pequeños toques, alzó la vista hacia la arena, distrayéndose un instante con el transcurso de la pelea al ver a Uker —el único rostro conocido entre todos ellos— golpear a su contrincante antes de lanzarse contra el rubio.

Bai parpadeó. Todo parecía moverse con un ligero retraso, como si sus ojos tardaran un segundo más en procesar la realidad.

—Eh, disculpa... —intentó llamar al vendedor levantando una mano para que le viera en cuanto este se giró hacia donde estaba ella.

Pero, como era de esperar, el hombre ni siquiera la oyó.

Así pues, tras frotarse el pecho con el pañuelo —dejando aún así muy a su pesar una pringosa y molesta película de melaza sobre la piel—, recuperó la jarra y descendió en su búsqueda. Sin embargo, habiendo transcurrido ya un buen rato desde que empezó a vaciar la jarra como si esta fuera agua de manantial, el alcohol finalmente hacía su entrada triunfal. Y es que, pese sus ojos eran conscientes de que todo seguía en su sitio, su cuerpo y su cabeza le gritaban que el mundo se movia de un lado a otro.

—Espere, espere... —le llamó de nuevo, haciéndo caso omiso a lo que sentía y bajando de dos en dos las escaleras hasta agarrar con fuerza del brazo en cuanto logró alcanzarle.

En ese instante, hubo un breve y confuso intercambio de miradas en la que el hombre parecía preguntarle qué quería y, ella, intentaba mantener el mundo a raya.

—Un momento — murmuró alzando la cabeza hacia el cielo un instante, sintiendo que sol abrazaba sus mejillas, sus orejas y su pecho —. Rellenémela, por favor —pidió, extendiendo la jarra de barro con un pulso bastante cuestionable en cuanto volvió a mirarlo.

El hombre tomó la jarra con desconfianza, aunque terminó accediendo a rellenarla y, tras un rápido intercambio de monedas, Bai se despidió con un ademán distraído para luego aferrarse al borde del pasillo y quedarse contemplando la arena mientras intentaba no perderse un solo detalle del combate.

Sin embargo, como tenia calor, continuó bebiendo con rapidez y, poco a poco, sus sentidos terminaron por nublarse por completo abriendo paso a una estática densa y arrastrada que comenzaba a apoderarse de su cabeza.

Información
Bai Mudan
PROCESAMIENTO DEL VACÍO
⚖️ Capitana del Wu Wei
฿105,000,000
Nv.23 — Silogista
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RE: [EVENTO FASE] Los Juegos del Soberano- Gradas - por Bai Mudan - 01-08-2026, 04:46 PM

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