02-08-2026, 07:50 AM
Lo reconoció. ¡El marine lo reconoció! ¿Cómo era eso posible? Siendo él un simple “médico” ni siquiera debería tener un cartel de recompensa y ¡Bah! ¿A quién engañaba? Se lo merecía desde hace años, pero sea como sea, eso no lo hacía sentirse menos nervioso ante la presencia de un emisario de la ley, sin importar en donde estuvieran, aunque lo peor de todo ello era la familiaridad con la que Merlot le hablaba al mink. A veces olvidaba el nulo sentido del peligro que podía tener su compañera y como esta podía arrastrarlo a situaciones demasiado…extravagantes.
¿Y ahora qué se supone que haría él?
En medio de los cortos tragos que dio a su cerveza, pudo escuchar la voz del marine leopardo con demasiada claridad, aun en medio del griterío de la multitud. Estaba seguro de que, de estar en otro tipo de isla, estaría muerto y más aún porque… ¿De verdad olía tanto a menta? Aspiró un poco de la esencia que quedó impregnada en la única manga de su túnica y lo cierto es que, para él, el olor era apenas perceptible, aunque no es que su olfato fuera una eminencia precisamente, entonces… ¿El mink si podía percibirlo solo con su perfume?... ¿Acaso debía dejar de usarlo? ¡No, no, no! No podía imaginarse un solo día alejado de ese preciado aroma.
Suspiró y se hundió aún más en su asiento, dejando que el marine tomara por completo el control de la conversación, lo que al final derivó en un diálogo más formal y decente del que pudo haber imaginado, incluso uno con algo de razón, pues era cierto que en esas tierras tendrían que suprimir cualquier instinto de rivalidad que pudiera haber, más en medio de aquellos juegos, de hecho, la actitud del angelical custodio pelinaranja que lo recibió fue suficiente para comprobarlo: no dejarían pasar comportamientos inadecuados, aun así, el pelirrosa no pudo hacer más que morderse la lengua para evitar responderle al leopardo, más aún porque al final de sus palabras sintió la inmensa necesidad de aclararle que el no le arrancaría a nadie las amígdalas…no gratis, al menos.
Menos mal que Maki llegó con la chica Melón a salvarlo de aquello…bueno, eso había creído hasta que escuchó la descabellada propuesta de su capitana, una propuesta que no solo lo hizo saltar de su asiento si no que lo llevó a tomar más de un sorbo de su cerveza que, al final, fue demasiado alcohol en muy poco tiempo para su sistema…el suficiente para que su reticencia inicial de entablar conversación con un miembro de la marina se fuera por la cañería, aunque…lo cierto es que no esperó escuchar una respuesta de su parte.
—¡JA! ¡Lo ven! Incluso el marine piensa que… ¿Eh? Espera… ¿Qué? —Tuvo que dar otro sorbo a su cerveza para analizar mejor, según él, las palabras dichas por aquel leopardo, incluso parpadeó un par de veces antes de procesar tan sincero consejo, aunque, al final de todo, el pelirrosa terminó suspirando casi cansado… ¿Qué podía esperar de la marina? Suponía que a ellos no les quedaba de otra que soportar a sus compañeros de división, a fin de cuentas, no es que pudieran elegir a su grupo…siempre supo que alguien más debía asignárselos.
—¡Ah! No sé porque pregunté, en la marina siempre son tan rectos y justos que ni siquiera les permiten elegir a sus propios compañeros, aunque…Jmmm…Supongo que en algo tienes razón —. Se encogió de hombros antes de mirar a la pelinaranja a la que invitó a sentarse a su lado por un momento. —Aquí entre nos, supongo que podía aceptar tu consejo extraoficial, marine…Me estas cayendo bien, así que espero que no tengamos que arrancarnos las amígdalas, aunque… ¿Te confieso algo? La única manera en que yo le arranque las amígdalas a alguien o cualquier otro órgano, sería solo si me pagaran. Soy un simple médico, marine…no un salvaje —. Le sonrió, como si nada, aunque esa mueca carente de significado real quedó oculta tras el velo que apenas se alzaba cuando intentaba beber algo de la cerveza que…que en algún momento se terminó. Tuvo que pedir otra a la chica de las bebidas que pasaba de vez en cuando cerca de su asiento.
Tuvo la suerte de que la conversación no siguiera, bueno, al menos no de momento, pues la voz de Miyori, en ese preciso instante, captó toda la atención del médico, quien, ahora, intentaba grabar en su mente las palabras de la chica naranja… ¿Se conocían? ¡Claro! Se supone que algo así le había dicho en el sendero, pero lo cierto es que solo podía recordar el incidente del pseudo-suicidio, el violín y unos cañones resonando contra el puerto mientras él, junto a otra persona, que suponía debía ser esta chica naranja, miraban desde un faro como si fueran emperadores mirando desde un palco.
—Jmmm…familia pesquera, sí…viene bien que sepan de navegación, eso nos serviría y seguro también podrías ayudarnos a conseguir mejores peces cuando estemos en alta mar, aunque Merlot y Maki son unas aburridas vegetarianas…aunque he visto a Maki comer bolitas de pulpo, así que no sé que tan vegetariana sea realmente —. Como solía suceder casi todo el tiempo, el médico terminó enlazando una idea con otra que derivaba en una conversación que poco o nada tenía que ver con la inicial. No era su culpa, simplemente, solía ser así de distraído. —Como sea, con que sepas navegar y usar el arco es más que suficiente, además…
No pudo terminar de hablar cuando escuchó que la pelinaranja se llamaba torpe a sí misma. En ese instante el médico no pudo hacer más que soltar una carcajada que hizo que la jarra de cerveza en su mano se estremeciera, haciendo que algo del líquido terminara regado sobre el suelo y sobre sus zapatos…lo lamentaría cuando estuviera en sus cinco sentidos.
—¿Torpe? ¿Has visto a Maki o a Merlot? ¡JA! No es que nos caractericemos por ser los más listos, además, mírame a mi…ni siquiera puedo recordar como te llamas y mira…je…ahora soy amigo de un marine peluche —. Intentó señalar a su lado, a donde creía que estaba Kibai, pero no se había dado cuenta que el mink había saltado hacia atrás para poder hablar con otro de sus compañeros marines y tampoco es que se fijara en el momento, pues el combate dio inicio por todo lo alto, haciendo que su atención fuera de Miyori a la arena y luego a…¿Maki?
—¡OYE, IGUANA! —Llamó a su capitana al verla tan cerca de la baranda. —¡ALÉJATE DE AHÍ! ¡No pienso gastar vendas ni alcohol en heridas que pueden evitarse! —Llamó la atención de la calva mujer, pero algo le decía que sus palabras caerían en saco roto. —Ves…Naranjita, con este tipo de cosas tengo que lidiar.
El sonido de un den den mushi ajeno lo hizo centrarse de nuevo en un punto distinto de todo lo que ocurría a su alrededor. Primero vio que Miyori sacaba el caracolito para responder una llamada y él, mientras tanto, hizo un gesto de desinterés con su mano cuando ella se disculpó por atender, lo que finalizó en el médico con su atención puesta de regreso sobre el combate.
Todo ocurría muy rápido.
Los golpes. Los huesos crujiendo. La carne de aquella mujer que fue compañera de Merlot, abriéndose ante el corte de una espada. El barro cubriendo la arena y el enorme cuerpo del hombre de chocolate que ahora era mitad bestia. Sus ojos apenas podían seguir los sucesos, pero lo intentaba, todo mientras que seguía bebiendo de aquel elixir de licor que tenía entre sus manos y que poco a poco empezaba a hacerlo menos consciente de su alrededor.
No se dio cuenta cuando Maki, al igual que Miyori, también se fue, perdiéndose ambas entre las gradas y dejándolo a él con dos marines sentados justo a sus espaldas, aunque, a estas alturas, poco o nada le importaba; sin embargo, a pesar de su embriaguez, una presencia autoritaria y una semi sombra a su lado lo hicieron alzar la cabeza y fijarse en que, Merlot, nuevamente, llegaba a su lado… ¿Cómo? ¿Cuándo? Y tras eso venía acompañado de un marine rubio con cabellos picudos.
Alzó una ceja. Estaba ebrio, pero no tanto como para entender que algo estaba pasando, más aún cuando su compañera le lanzó un… ¿Halago? ¿O fue un insulto? Al marine mink negro que había aparecido detrás de él en algún momento y que hablaba con su nuevo e improvisado amigo, el mink leopardo cuyo nombre no sabía.
El médico, confundido, miró al mink leopardo, luego a Merlot, luego al otro mink de pelaje oscuro y al final, sus ojos se centraron en una bandeja de dátiles que el marine dorado le estaba ofreciendo y que el pirata no dudó en agradecer, pues apenas se dio cuenta de que se moría de hambre.
En algún punto terminó tomando un puñado de dátiles rellenos y luego, justo cuando pensaba llevarse los frutos a la boca, la retahíla de maullidos empezó.
—¿Qué? —Su puño se cerró para no botar los dátiles y su boca, en cambio, se abrió para soltar una carcajada que le siguió al shock inicial… ¿Maullidos? ¿En serio Merlot le estaba hablando a un mink con maullidos? —¡Oye, sirena, no creo que…!
Su diálogo, dicho entre risas entrecortadas, se vio interrumpido por algo inesperado, por algo que no pensó en escuchar nunca en su vida… ¿Cómo se supone que pudiera reaccionar ante una situación así?
¿Debía reírse o preocuparse?
Sus ojos se abrieron de par en par por la sorpresa, al igual que su boca, que parecía querer decir algo, pero que no terminaba de formular… ¿Desde cuándo existía el idioma michi?
Fue entonces, cuando su mente aun procesaba todo lo que ocurría, que se dio cuenta del peso sobre su hombro, de la jarra de cerveza chocando contra la suya y de la risa descontrolada del mink a su lado…una risa que le resultó demasiado contagiosa, pues el médico ya no pudo contenerse de lo que en verdad pesaba.
Soltó una carcajada, una muy buena carcajada, lo suficiente para que los dátiles que tenía en la mano terminaran dentro de su jarra de cerveza y que esa misma jarra terminara en el suelo cuando su mano cedió y no pudo sostener más aquella bebida que terminó desperdigada sobre sus zapatos y los de cualquiera que estuviera cerca.
—¡NO PUEDE SER, HABLAN MICHI! —Se apoyó sobre la cabeza de Kibai, mientras que una de sus manos golpeaba su propio muslo sin mucho control, en un intento vano por aminorar la risa que para estas alturas era imposible de ignorar. —No puedo…No me digas… ¿Tú también hablas michi, gatote? —Le preguntó al leopardo entre risas antes de que un pelirrojo se acercara y… ¿Ladrara?
Otra carcajada más… ¿Qué era esto?
¿En qué momento todos se habían decidido comunicar como animales?
¿El Detergente acaso había anunciado una prueba de la que él no estaba anuente?
Debía ser eso y si era así iba perdiendo, porque al igual que el mink a su lado, no podía parar de reír hasta el punto en que su estómago dolía como si hubiera estado haciendo abdominales toda la tarde.
—Es…es lo máximo…Que Merlot casi nos mate subiendo ese condenado chorro de agua ha valido toda la pena del mundo, si no… ¿Cuándo hubiera podido escuchar semejante conversación? —Su risa empezó a parar cuando el mink al que tenía de apoyo se levantó de su asiento y Hyak, al escuchar lo que iba a comprar, se sintió con la suficiente confianza para hacerle también un encargo. —¡Tráeme una a mi también, gatote! Disfrutemos de esta tregua como debe ser...Yo te espero —. Dicho eso, el pelirrosa le guiñó un ojo al mink y luego se acomodó mejor en su asiento, subiendo sus piernas para apoyarlas en el respaldar de la silla de enfrente y recostando su cabeza sobre sus propios brazos, mientras que ahora se detenía para mirar de regreso a Merlot, al mink negro y al marine pelirrojo quien, curiosamente, se le hacía vagamente familiar.
El pelirrosa entrecerró sus ojos, como si el gesto pudiera ayudar a recordar al chico que… ¡Oh, MIERDA! ¿También lo conocía? ¿De dónde? Si le habló con esa confianza y fue tan específico… ¿Habrá sido compañero suyo cuando se infiltró en una base de la marina en Baterilla o acaso habrá sido un paciente? No, no…en verdad no podía recordarlo con exactitud por más que el color rojo de su cabello le dijera que sí.
—Jmmm…Marine, quisiera poder decir lo mismo, pero… ¿No me confundes con alguien más? Si soy médico y sí te me haces, vagamente, familiar, pero no logro dar con tu rostro… ¿Puedes recordarme en donde nos hemos visto antes? Aunque, puedo adelantarte mi respuesta a tu pregunta: Mis pacientes están…bien…vivos, por supuesto, soy un excelente cirujano ¿Sabes? No hay manera que no sobrevivan a un trasplante que realice yo —. Los “donantes”, por otro lado, esos no solían contarla, pero el marine no preguntó por ellos, así que no valía la pena mencionarlo y mucho menos estando Merlot tan cerca…ella no debía enterarse de nada, de hecho…ahora que lo pensaba, tal vez debía preguntarle cómo estaba, porque luego de escucharla hablar michi, debía estar o muy ebria o muy drogada.
—Merlot, hermosa —. Ahora fue el turno del médico de incorporarse hasta quedar a un lado de su compañera y colocar uno de sus brazos sobre sus delicados hombros. —¿Estas bien? Creí que el malestar de la arena se te había pasado… ¿Estas aluciando o desde cuando hablas michi? Creo que ni yo estoy tan ebrio como para inventarme un idioma felino… ¿No quieres acompañarme a buscar algo para comer? ¿O puedes hacerme unas trenzas como a…? —Miró a un pelinegro que acompañaba al marine pelirrojo, también era marine, pero curiosamente, lucía bastante relajado y, además, le parecía bastante atractivo como para ignorarlo. —¿Quién es el guapo de las trenzas? —Le sonrió al chico, más con la mirada que con la boca, pues esta seguía oculta tras el velo que se había negado a quitarse a pesar de que su identidad era más que evidente.
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