Permíteme conocer cómo es tu alma [Priv. Tezca] [Pasado] [+18]
#7
Un olor familiar.

Sí, era esa remembranza de un tiempo inalcanzable en lo que pensaba cada vez que el aroma mentolado llegaba a sus fosas nasales.

Justo como las palabras que el rubio pronunció: La casa del viejo siempre olía a hierbas.

No sabía porque exactamente, pero esas palabras también le hicieron eco en su memoria, como si conociera un sitio con una descripción similar, pero antes de analizar demasiado, sacudió su cabeza, descartando la idea… ¿Cómo no iba a reconocer lugares así? Siendo médico, al ir de botica en botica, claro que daría con alguna cuyo aroma herbal fuera más evidente incluso para alguien con tan mal olfato como él.

—Jmmm…no, no te entiendo, ¿Quién es “el viejo”? —Finalmente, desvió al conversación, pasando de un terreno conocido a uno desconocido, en donde el foco de atención se desviaba del aroma a aquella información que el rubio había soltado sin querer o quizá queriendo, no podía saberlo. —Apenas nos conocemos ¿Recuerdas? No sé de quién me hablas —. Aunque, de todos modos, seguro lo olvidaría por más que se lo repitiera más de una vez. —Y cambiando de tema, si quieres que impregne tu cuarto de menta, no me molestaría hacerlo las veces que me lo pidas, adoro el olor, como dije, además…así me darías excusa para visitarte nuevamente y memorizar cada detalle de ti, porque no quisiera tener que olvidar tu rostro tan rápido… ¿Sabes? —No era una propuesta indecente, no exactamente, pues el médico solo podía rogarles a los cielos por no olvidar tan bello rostro, pero por más que quisiera poder recordarlo al día siguiente, sabía que, como con todos, el recuerdo se iría difuminando más temprano que tarde.

Un abrazo. Un mordisco. La cabeza ajena sobre sus muslos.

Todo pasó en un abrir y cerrar de ojos.

Ahora que ambos se encontraban frente a frente y que el rubio se encargaba de bajar el mentón del pelirrosa, haciendo que este último se estremeciera, la habitación misma pareció tomar un tinte más íntimo, uno que se reforzó cuando el médico, a pesar de escuchar las palabras tan seguras del otro hombre, quien, por supuesto, decía no conocerlo, se dejó caer apenas sobre el otro para dejar un beso casi inocente sobre los labios ajenos, apenas juntando la piel antes de separarse y dejar de sentir el tacto, tanto de los labios como de las manos que antes sostenían su mentón.

Entonces, al ver que otro hombre se recostaba en una mejor posición sobre la cama, el médico alcanzó a colocarse sobre él, dejando que su peso se distribuyera bien al recostarse sobre el otro cuerpo para no concentrarse en una sola zona.

La mano recorriendo su espalda lo hizo reaccionar, de hecho, lo llevó a que su propia mano ahora recorriera el torso ajeno, desde el medio de la clavícula hasta un par de dedos más abajo del ombligo, para luego “regresar”, trazando un camino tortuosamente lento sobre la piel ajena, todo mientras escuchaba aquel intento de análisis sobre su persona.

No pudo hacer más que sonreír de medio lado.

—¿Eso crees? —Finalmente se decidió a hablar, aunque aquella pregunta haya salido como un murmullo cercano a los labios ajenos, casi probando, nuevamente el dulzor que estos le prometían. —No estoy pensando en alguien más, Sol —. No se resistió más a la tentación y dejó caer sus labios sobre los otros. Su piel se erizó, saboreó el néctar que la otra boca le daba y pronto su lengua se atrevió a lamer apenas un poco para hacer que el rubio abriera la boca, algo que el pelirrosa aprovechó para dejar un mordisco suave sobre el labio inferior del otro hombre antes de separarse apenas unos centímetros en los que solo un hilillo de saliva los dejó unidos.

—Pero tienes razón en algo, tal vez te confundo con un fantasma del pasado…Lo siento, mi memoria me impide ver más allá con claridad, pero…eres tan…tan parecido a un recuerdo tan lejano y difuso como un sueño, que pensaría que hemos pasado más de una vida juntos —. Suspiró al mismo tiempo que sus manos se enredaban en el liso cabello dorado y su cuerpo bajaba un poco, lo suficiente para que su rostro dejara de encarar directamente al otro hombre, para permitirse dejar besos sobre la línea del mentón, besos que bajaron al cuello en donde se detuvo justo bajo el lóbulo de la oreja para morder el espacio que conectaba el cuello con la cabeza antes de detenerse para susurrar algo importante al oído del otro chico o, bueno, algo que al menos a él sí que le pareció importante.

—Y no te preocupes, no tengo novio, nadie vendrá a este cuarto a reclamarte —. Bajó de nuevo, los besos volvieron y esta vez sus manos se unieron a la ejecución de este arte, acariciando los costados del rubio con la delicadeza de quien trataba a una flor. —Además, el último que tuve si me prestaba atención, demasiada tal vez —. El médico detuvo los besos y se sentó sobre el regazo del rubio para mirarlo desde arriba, aunque sus manos en ningún momento descuidaron las caricias que parecían ser casuales, aunque eran muy bien planificadas, a fin de cuentas, tenía un buen conocimiento en el cuerpo humano. —Pero ya no importa ¿Sabes? Fue asesinado hace poco —. Su voz se quebró al recordar el asesinato, aunque luego, por inercia, terminó mordiendo sus propios labios con fuerza, casi tanto para romperse la piel… ¿Por qué? Cualquiera podría interpretarlo como tristeza, pero había algo mucho más oscuro detrás de todo ello, algo que era casi imperceptible en una mirada que empezaba a verse llorosa.

—Lo dije en el muelle…mala semana —. Su voz volvía a quebrarse, incluso sus ojos empezaron a lagrimear más… ¿Cómo no creerle su drama? Aunque si había sentimientos de por medio con el difunto, eran más que nada de interés, como cuando pierdes un objeto importante que sabes que no vas a recuperar, a fin de cuentas, el pelirrosa, aunque hermoso y encantador, solía tratar al resto como simples objetos, a veces útiles, a veces inútiles o, bien, mercancía, a veces barata y a veces cara. Su antiguo novio fue ambos, estaba siendo un objeto bastante útil hasta que por sus palabras le tocó convertirse en mercancía cara…una lástima, ganó berries, pero perdió a un excelente ayudante.

—Lo siento…mal momento para mencionarlo ¿No? —Esbozó una sonrisa que flaqueó, ahora su mirada bajó, al igual que sus hombros, su expresión, en general, lucía más vulnerable, incluso tuvo que usar el dorso de su mano para limpiar las lágrimas de cocodrilo que empezaban a chorrear por sus mejillas y, aunque todo fuera un acto bien montado, lo cierto es que se veía tan real que sería casi imposible no empatizar con el “delicado e inocente” pelirrosa. 
Nadie sospecharía que el asesino de su ex pareja era él mismo.
[Imagen: hyakocheja.png]
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RE: Permíteme conocer cómo es tu alma [Priv. Tezca] [Pasado] - por Hyákinthos - 02-08-2026, 09:12 AM

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