Flores que no conocen la guerra [Pasado] [Miyori]
#6
Esa sensación…
pesadez,
dolor,
cansancio…
Otra vez…

Efímero fue aquella sensación del cuál me mantuvo distante, serena y calmada, envuelta en un manto de oscuridad fría, permanecí completamente inmóvil, obligándome a respirar en profundas bocanadas al sentir escaso el aire, mi cuerpo estaba tendido sobre un suelo que olía a pura humedad combinada en óxido, todo mi cuerpo dolía y cada músculo protestaba al sentir el mínimo movimiento ejercido sobre ellos, incluso mis huesos parecían quebrarse al intentar levantarme, y mi corazón golpeaba con tanta fuerza contra mi pecho en cada latido cobarde a la sensación de verme llegando al final de mis días.

Intenté moverme con paciencia, lentitud, agonizante ante el dolor que ejercía en mis extremidades, incluso el simple peso de mi cabeza parecían negarse a obedecerme, apenas conseguí extender una mano hasta encontrar la pared más cercana, me apoyé contra ella para lentamente ponerme en pie a como pude. Conozco este lugar, sé exactamente dónde estoy y sé perfectamente lo que pronto sucedería, mis piernas temblaban ante el terror que sentía, mi garganta raspara áspera por la sequedad al intentar hablar, pero no era necesario, no había voces, ni pasos, ni respiraciones cerca, solo el constante sonido de un “Tic Toc”

Era un sonido metálico del collar alrededor de mi cuello era lo único que emergía en aquella soledad del vacío, recordándome con cada pulso el verdadero significado de ser una esclava.

Estaba sola en ese lugar, de nuevo, de nuevo, de nuevo…
¿por qué estoy aquí de nuevo?

El ritmo de aquel sonido comenzó a alterarse, aquel tic…toc… que antes parecía lejano empezó a acelerarse poco a poco, volviéndose más intenso, más presente, hasta llenar por completo aquella habitación oscura de su ruido desenfrenado, hasta convertirse en una presión insoportable que atravesaba mis oídos y chocaba contra mi mente. Cerré los ojos con fuerza, intentando resistirlo pero el dolor se volvió demasiado, mis fuerzas desaparecieron lentamente, mis piernas dejaron de sostenerme, y una vez más, mi cuerpo terminó desplomándose contra el suelo.

Frío, completamente frío…
Aquella sensación gélida calaba rápidamente sobre mi cuerpo hasta sentir que toda mi esencia era prisionera de su tortura, mi piel ardía por el choque de temperatura, mis huesos dolían y el respirar se había convertido en un esfuerzo doloroso mientras mis manos temblaban sin poder detenerse, ambas sobre mi pecho como si intentaran robar el poco calor que les quedaba en las palmas, ahí estaba otra vez… sucumbida ante aquel momento que me arrebató la fuerza, mi confianza, el momento que me hizo sentir pequeña e inútil.

— ¡¡¡¡MIYORI!!!! — siempre los recuerdo llamándome, sus voces regresan una y otra vez, como ecos atrapados en aquel momento, el instante en se preocuparon por mí, el mismo momento en que luchaban contra aquel ser corrupto que encontró placer en quebrar nuestras mentes, en obligarnos a enfrentarnos entre nosotros como si nuestras vidas fueran un simple juego para su deleite. Mis dientes chocaban entre sí, soportando, mi cuerpo temblaba ante la desesperación de querer levantarme, de querer correr hacia ellos, de querer proteger a mis compañeros que seguían luchando mientras yo permanecía incapaz de hacer algo.

¿Qué puedo hacer? ¿Qué se supone que debo hacer?
Las preguntas se repetían en mi mente mientras el aire comenzaba a faltarme, respirar dolía, cada bocanada era una lucha contra aquella sensación de hielo que se extendía por mi interior, congelando hasta las pocas fuerzas que tenía, congelando mi voluntad, y aun así… solo quería ayudarlos.

Sentí que estaba a punto de morirme pero al abrir los ojos con desesperación, la oscuridad desapareció, ya no estaba en aquel lugar, me encontraba nuevamente en aquella habitación de paredes blancas, donde enormes ventiladores arrastraban corrientes heladas que se mezclaban con una fina capa de niebla sobre el suelo, la pureza de aquel sitio contrastaba con la pesadilla de la que acababa de escapar, era casi imposible comprender cómo había pasado de una sala oscura y vacía a un lugar tan limpio, tan silencioso…

Pero mi verdadero desconcierto no estaba en el cambio de escenario, estaba en mis manos, sosteniendo mi arco, la cuerda permanecía tensa y la flecha apuntaba directamente hacia aquella dirección frente a mí. Un enorme mazo, el arma perteneciente al Wotan de piel azul, aquel mismo que luchaba por la libertad de quienes habían vivido encadenados, de quienes habían cargado con el peso de una vida sin elección, pero esta vez no representaba protección, no estaba levantándose para liberar a alguien.

El enorme mazo mantenía atrapado contra el suelo a aquel Gyojin asesino, y entonces lo escuché… un sonido débil, un sollozo, el gimoteo desesperado de alguien que lloraba clemente.

¡¡ME RINDO, POR FAVOR, PIEDAD!! – gritó desesperado, llorando, cubriendo su rostro ante la vergüenza de haber sido utilizado, expresaba asegurado el ser solamente una víctima.

Mis manos se aferraron con fuerza a la madera del arco, debía disparar, sabía que debía hacerlo… está mintiendo. Arnold es alguien malo, él intentó matarnos, no, no solo eso, él quería que nosotros mismos acabáramos uno con otros, ante ese recuerdo mis dedos temblaban alrededor del arco mientras mi mente repetía una y otra vez la misma orden, debo hacerlo, tengo que hacerlo, él está intentando engañarme, ya viví esto antes…

“Os lo juro que no miento, yo solo quiero salir con vida y dejar de torturar para que no me torturen a mí…” — Mis manos temblaban, la madera se había convertido en una extensión de mi propio sufrimiento, las astillas se clavaban en mi palma hasta hacerme sangrar pero aun así no podía soltarlo, aunque toda mi convicción me gritaba que era un engaño, cerré los ojos… estaba confundida, aturdida, ¿Y si realmente era alguien obligado a hacer cosas horribles? ¿Y si no actuaba por maldad sino por miedo? ¿si simplemente hacía lo que hacía porque temía morir a manos de aquellos que decían ser sus dueños? no podía culparlo, no podía juzgarlo, pero tampoco podía ignorar lo que había hecho, y esa contradicción me estaba destruyendo.

Mis lágrimas comenzaron a caer en silencio, mientras mi mente estaba confrontando dos verdades que no quería aceptar, entonces… lo escuché, su risa rompió el silencio y al principio comenzó como un sonido bajo, imperceptible, después fue escalando hasta convertirse en una carcajada llena de burla y crueldad, abrí los ojos lentamente y entonces lo ví, sus ojos carmesí estaban clavados directamente en los míos.

— Pobre niña tonta… — su tono de voz era mucho más grave, llena de odio, resentimiento, burla… — ¿Acaso sientes pena por mí?

De nuevo, comenzó a reír a todo pulmón a pesar de que el mazo le presionaba su abdomen, a pesar de que sabía que en mis manos tenía un arma apuntando a él, yo no era una amenaza, y no planeaba serlo realmente. Dejé caer el arco junto con su flecha al congelado suelo.

— El problema de creer que todos pueden ser buenos es que algún día morirás intentando convencer a alguien que jamás quiso dejar de ser malo.

El silencio volvió a devorarlo todo, la niebla cubrió la habitación hasta convertirla en un vacío blanco mientras aquellas palabras se incrustaban en mi pecho como fragmentos de cristal, ¿en qué momento la verdad deja de ser verdad? ¿cuándo una mentira se vuelve indistinguible de ella? ¿quién decide dónde termina el bien y dónde comienza el mal?, mi corazón se niega a aceptar que exista alguien incapaz de albergar una sola chispa de bondad, me niego a creer que una vida pueda quedar tan vacía que ya no recuerde lo maravilloso que es vivir… crecer… amar.

Con lentitud…
Recobré la consciencia que había perdido tras días sin dormir, había intentado huir de eso, había intentado escapar de ese momento por miedo a volver a esos sueños que no eran más que recuerdos repitiéndose una y otra vez… siempre regresando para recordarme la misma herida, para recordarme lo ingenua que soy.

Respiré profundo, con calma, sin emitir sonido alguno, la brisa fresca acarició mi mejilla y movió algunos mechones de mi fleco mientras aún atrapada entre la ensoñación y la realidad, contemplaba un cielo despejado y hermoso. Por primera vez en días encontré la calma que había perdido, dejé que las lágrimas nacidas durante aquel sueño terminara de recorrer descendiendo por mi rostro, y al mirar a mi alrededor, comprendí dónde estaba, con quién me encontraba… y el acto egoísta de haber usado a aquel desconocido joven de cabello azabache como apoyo durante mi caída.

— Lo siento… — susurré mientras me incorporaba lentamente, quedando sentada frente a él pero de espalda, solo por un instante, quería evitar que me viese limpiando mis lágrimas, intentando verme menos desastrosa. Cuando sentí que estaba mejor, volví mi mirada junto una tenue sonrisa hacia aquel joven que había cuidado de mí mientras tenía esas pesadillas blancas. — No quise ser una molestía, pero… gracias.
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RE: Flores que no conocen la guerra [Pasado] [Miyori] - por Miyori Hoshino - 02-08-2026, 10:09 PM

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