03-08-2026, 02:53 AM
(Última modificación: 03-08-2026, 03:11 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3941]
Los vocablos de Miyori respecto al tipo de relación compartida con Eros, generaron simpatía en los rasgos del castaño. Como todo buen veedor de la verdad, entendía que siempre se trataba de algo complicado o una historia tan extensa como las olas en el mar.

“Baia baia… guacamaya...”
Su mirada cómplice quedó como un mero recuerdo o una malinterpretación más en los canales del tiempo. Pronto, las interacciones pasaron de mano a mano has que, la voz de Eros silencio el ruido para dar paso a su presentación formal.
La sorpresa se tornó visible en el rostro del castaño, al ver las educadas formas con las que el capitán de los Sepultura presentaba a su grupo. Cada uno de los presentes o el ausente que se encontraba batallando, eran en su interior personas muy agradables. Aun, pese a lo que se pudiera llegar imaginar por las toscas interacciones del médico cascarrabias.
Incluso ahora, que el hombre topo hablaba de forma tan solemne, Kiyoshi no temía interrumpir con enojo al no comprender la naturaleza de sus palabras.

“Kekeke te doy la razón, son bastante efusivos kekeke. Tienes una tripulación grandiosa, Bro.”
Respondió con agrado y respeto, ahora que podía comprender mejor la personalidad de cada uno de ellos.
Barald no tardó en ser el siguiente que ofreciera su opinión al respecto. La sonrisa del de ojos color miel se mantuvo en apoyo a las palabras del subcapitán, el mismo que tras presentarse, tomó cigarrillo y fuego, para alzarse por sobre los asientos hasta alcanzar a Varo Ganchin y agradecerle por el vino.
La voz de Miyori llamó la atención de Ryota, se le veía como una persona bondadosa y maternal, pues incluso en ese momento preguntó por quién deseaba algo de postre. “Felicidades, Eros, no solo tienes una gran tripulación, ella también es grandiosa.” Alabo la suerte del otro capitán. Ya que le agradaba comprobar que no se había equivocado al creer que era un buen hombre; pues nadie hablaría tan bien de los suyos, ni tendría tanta suerte en los romances si no lo fuera.
La duda sobre el Haki, el hecho mágico formulado por el amor se convirtió en una divertida malinterpretación cuando paso del vos a vos, cada uno de ellos, mas ebrios que el otro, dieron su propio significado a las palabras y como buen borracho que se daba cuenta de un momento elocuente, tan solo pudo reír.
Entonces Barald retomó el asiento a su lado para hacerle saber de sus excesivos gastos en lo que llevaba del torneo.
¿Acaso había dicho trabajar?
La mirada de Ryota no tardó en reflejar su honesta opinión de tal idea, como si la sola existencia de la palabra fuera considerada como el peor insulto hacia su persona. ¿Acaso era tan malo gastarse un par de milloncitos en apuestas? ¿Una que otra compañía femenina o amigos? Si, quizás él no los hubiese conseguido, ni supiera como el peli engro dio con tanto dinero, no obstante eran amiguis y los amiguis debían compartir.

“Bro, eso no es lo mío… no me pidas que trabaje… soy alérgico… lo mio es gastar...”
Lágrimas comenzaron a aflorar de los lagrimales en un Ryota ya dominado por el alcohol. Parecía una de sus actuaciones para ganarse el favor del adinerado espadachín. “Además tu eres rico, vamos préstame tu dinero no seas mala onda. Solo un poquito, te lo pagaré cuando me robe la casa de oro…” Sin embargo, debido al poder del licor, hablaba en serio.
De repente, el asombro de la gente se escuchó con un gran “OHHHHHHHH” Kiyoshi corto las conversaciones y todos los presentes incluidos Ryota observo directo a la arena. El pobre Toxzco había sido interrumpido por todos los presentes, durante varias veces en su intento por presentarse, no obstante, el único que supo escuchar su nombre real seria el agradable Varo Ganchin, con quien parecieron compartir un fino gusto por el vocabulario.
¿Podían creer que eso desanimaría al gordis? Para nada, puesto que parecía ser la persona más agradable y positiva sobre la faz de la Tierra.
De regreso a la arena, todos presenciaron el final del combate. Las fuertes palabras de El Dirigente terminaron con la pelea, dando paso a las puntuaciones.
Ryota escuchó el resultado en medio de los vítores y gritos de las gradas. Su compañera había perdido frente a Uker y el novio de Tezca, hecho que remarcó Kiyoshi tras alabar la fuerza de la luchadora.
Sin voltearlo a ver, con su visión aún sobre la arena, la expresión de sus ojos se ocultó por la sombra generada por sus cabellos y tras solo un par de segundos, se giró para ver al médico.

“Qué bueno, ahora nuestras opiniones valen lo mismo el uno para el otro.”
Dicho eso, le sacó la lengua como si fuera un niño de cinco años y volvió su mirada a Barald. “Cuídame el asiento, bro.” Sin más, emprendió una carrera por las gradas, pasando junto al asiento de Cardan, que no dudó en saltar a su cuello para envolverse y acompañarlo. El viperino animal, podía entender las intenciones del castaño, quien cruzó por las escaleras para descender rápidamente en dirección a las gradas.
Su trayecto le permitió pasar junto a Uker cuando este último ascendía. Ryota siguió de largo, no tuvieron que cruzar miradas ni haki para entender los motivos detrás del comportamiento del otro. Uno solo estaba participando en el torneo y el contrario estaba preocupado por su nakama.
Los últimos escalones antes de llegar al suelo de arena se hicieron más largos cuando la vio. No vio sus heridas, tan solo se concentró en el rostro ajeno y al cruzar sus miradas sonrió de sobremanera.
Sin mediar palabras, broma o algún saludo, cuando llego hasta ella, la choco envolviéndola entre sus brazos con un efusivo abrazo. El avance de ambos se detuvo en el momento de su encuentro, por instantes, solo fueron ellos tres en ese gran coliseo. “Fue una gran pelea.” Opino apoyando su frente contra la de ella, cubriendo el momento en que sus labios se cruzaron. “Esos bastardos son duros.” Sonrió, ahora desplazando sus brazos sobre la figura femenina y cuando ella se diera cuenta, sentiría que era alzada en los brazos del castaño, para llevarla consigo hasta uno de los asientos cercanos.
“No soy muy bueno con esto, así que espero no empeorarlo.” Menciono al dejarla caer suavemente sobre el lugar y tomar del morral que ella cargaba. A continuación, Cardan se desplazó para ubicarse al otro costado, mientras el varón buscaba el kit mediano para tratar con cuidado las heridas en su cuerpo. Una vez tenerlo a mano, primero uso el antiséptico, luego las vendas…
No era el trabajo más prolijo, sin embargo, tuvo cuidado de no ajustar mucho las vendas de pierna y hombro.
Ryota guardó silencio durante el tratamiento. De fondo, las palabras de las diferentes autoridades se escuchaban e incluso el mismísimo emperador, que era alabado con tanta fuerza, hizo acto de aparición, sorprendiendo al público en general. No obstante, la atención del pirata estuvo en ella. No los ignoraba; tan solo no volvió la mirada hasta que por fin terminó.
La abultada venda daba enseñanza de una obvia inexperiencia, pero al menos la sangre se veía detenida. “¿Cómo lo sientes?” Pregunto, alzando la vista para verla. La expresión de Runin dibujó una sonrisa en los labios de Ryota, ella siempre era de esa forma, orgullosa, fuerte, confiada, quizás por eso sintió la necesidad de correr a su lado en ese momento, frente a una derrota así.
La diestra del capitán se posó sobre el hombro ajeno cuando se levantó con dirección a las gradas.

“Si te vuelves más fuerte, haré una sola cosa que quieras. Es una apuesta.”
Tales palabras, fueron las mismas que Runin usó en sobert, justo antes de que él decidiera viajar a Karate para aprender el Hashokken. Ahora era su momento de motivarla, de darle una razón para convertir aquella derrota en el impulso que necesitaba para avanzar al siguiente nivel. Sabía que, a partir de allí, los enemigos en presentarse serían tan fuertes o incluso más que el espadachín.
Sin decir más, adoptó una pose de cunclillas sobre el primer escalón. “Vamos, súbete, te llevaré en mi espalda porque hoy eres la reina, querida.” Sonrió, esperando que ella aceptara su gesto y ambos pudieran volver a las gradas con sus compañeros, los Hanu Mahana y sus vecinos, los Sepultura.
Una vez allí, se agachó para que pudiera ponerse de pie por sí misma y recibir el cariño de los suyos.
Los vocablos de Miyori respecto al tipo de relación compartida con Eros, generaron simpatía en los rasgos del castaño. Como todo buen veedor de la verdad, entendía que siempre se trataba de algo complicado o una historia tan extensa como las olas en el mar.

“Baia baia… guacamaya...”
Su mirada cómplice quedó como un mero recuerdo o una malinterpretación más en los canales del tiempo. Pronto, las interacciones pasaron de mano a mano has que, la voz de Eros silencio el ruido para dar paso a su presentación formal.
La sorpresa se tornó visible en el rostro del castaño, al ver las educadas formas con las que el capitán de los Sepultura presentaba a su grupo. Cada uno de los presentes o el ausente que se encontraba batallando, eran en su interior personas muy agradables. Aun, pese a lo que se pudiera llegar imaginar por las toscas interacciones del médico cascarrabias.
Incluso ahora, que el hombre topo hablaba de forma tan solemne, Kiyoshi no temía interrumpir con enojo al no comprender la naturaleza de sus palabras.

“Kekeke te doy la razón, son bastante efusivos kekeke. Tienes una tripulación grandiosa, Bro.”
Respondió con agrado y respeto, ahora que podía comprender mejor la personalidad de cada uno de ellos.
Barald no tardó en ser el siguiente que ofreciera su opinión al respecto. La sonrisa del de ojos color miel se mantuvo en apoyo a las palabras del subcapitán, el mismo que tras presentarse, tomó cigarrillo y fuego, para alzarse por sobre los asientos hasta alcanzar a Varo Ganchin y agradecerle por el vino.
— Eso es lo que hace que un grupo sea especial, no tienen que ser perfectos, solo tienen que cuidarse entre ustedes. —
La voz de Miyori llamó la atención de Ryota, se le veía como una persona bondadosa y maternal, pues incluso en ese momento preguntó por quién deseaba algo de postre. “Felicidades, Eros, no solo tienes una gran tripulación, ella también es grandiosa.” Alabo la suerte del otro capitán. Ya que le agradaba comprobar que no se había equivocado al creer que era un buen hombre; pues nadie hablaría tan bien de los suyos, ni tendría tanta suerte en los romances si no lo fuera.
La duda sobre el Haki, el hecho mágico formulado por el amor se convirtió en una divertida malinterpretación cuando paso del vos a vos, cada uno de ellos, mas ebrios que el otro, dieron su propio significado a las palabras y como buen borracho que se daba cuenta de un momento elocuente, tan solo pudo reír.
Entonces Barald retomó el asiento a su lado para hacerle saber de sus excesivos gastos en lo que llevaba del torneo.
¿Acaso había dicho trabajar?

La mirada de Ryota no tardó en reflejar su honesta opinión de tal idea, como si la sola existencia de la palabra fuera considerada como el peor insulto hacia su persona. ¿Acaso era tan malo gastarse un par de milloncitos en apuestas? ¿Una que otra compañía femenina o amigos? Si, quizás él no los hubiese conseguido, ni supiera como el peli engro dio con tanto dinero, no obstante eran amiguis y los amiguis debían compartir.

“Bro, eso no es lo mío… no me pidas que trabaje… soy alérgico… lo mio es gastar...”
Lágrimas comenzaron a aflorar de los lagrimales en un Ryota ya dominado por el alcohol. Parecía una de sus actuaciones para ganarse el favor del adinerado espadachín. “Además tu eres rico, vamos préstame tu dinero no seas mala onda. Solo un poquito, te lo pagaré cuando me robe la casa de oro…” Sin embargo, debido al poder del licor, hablaba en serio.
De repente, el asombro de la gente se escuchó con un gran “OHHHHHHHH” Kiyoshi corto las conversaciones y todos los presentes incluidos Ryota observo directo a la arena. El pobre Toxzco había sido interrumpido por todos los presentes, durante varias veces en su intento por presentarse, no obstante, el único que supo escuchar su nombre real seria el agradable Varo Ganchin, con quien parecieron compartir un fino gusto por el vocabulario.
¿Podían creer que eso desanimaría al gordis? Para nada, puesto que parecía ser la persona más agradable y positiva sobre la faz de la Tierra.
De regreso a la arena, todos presenciaron el final del combate. Las fuertes palabras de El Dirigente terminaron con la pelea, dando paso a las puntuaciones.
Ryota escuchó el resultado en medio de los vítores y gritos de las gradas. Su compañera había perdido frente a Uker y el novio de Tezca, hecho que remarcó Kiyoshi tras alabar la fuerza de la luchadora.
Sin voltearlo a ver, con su visión aún sobre la arena, la expresión de sus ojos se ocultó por la sombra generada por sus cabellos y tras solo un par de segundos, se giró para ver al médico.

“Qué bueno, ahora nuestras opiniones valen lo mismo el uno para el otro.”
Dicho eso, le sacó la lengua como si fuera un niño de cinco años y volvió su mirada a Barald. “Cuídame el asiento, bro.” Sin más, emprendió una carrera por las gradas, pasando junto al asiento de Cardan, que no dudó en saltar a su cuello para envolverse y acompañarlo. El viperino animal, podía entender las intenciones del castaño, quien cruzó por las escaleras para descender rápidamente en dirección a las gradas.
Su trayecto le permitió pasar junto a Uker cuando este último ascendía. Ryota siguió de largo, no tuvieron que cruzar miradas ni haki para entender los motivos detrás del comportamiento del otro. Uno solo estaba participando en el torneo y el contrario estaba preocupado por su nakama.
Los últimos escalones antes de llegar al suelo de arena se hicieron más largos cuando la vio. No vio sus heridas, tan solo se concentró en el rostro ajeno y al cruzar sus miradas sonrió de sobremanera.

Sin mediar palabras, broma o algún saludo, cuando llego hasta ella, la choco envolviéndola entre sus brazos con un efusivo abrazo. El avance de ambos se detuvo en el momento de su encuentro, por instantes, solo fueron ellos tres en ese gran coliseo. “Fue una gran pelea.” Opino apoyando su frente contra la de ella, cubriendo el momento en que sus labios se cruzaron. “Esos bastardos son duros.” Sonrió, ahora desplazando sus brazos sobre la figura femenina y cuando ella se diera cuenta, sentiría que era alzada en los brazos del castaño, para llevarla consigo hasta uno de los asientos cercanos.
“No soy muy bueno con esto, así que espero no empeorarlo.” Menciono al dejarla caer suavemente sobre el lugar y tomar del morral que ella cargaba. A continuación, Cardan se desplazó para ubicarse al otro costado, mientras el varón buscaba el kit mediano para tratar con cuidado las heridas en su cuerpo. Una vez tenerlo a mano, primero uso el antiséptico, luego las vendas…

No era el trabajo más prolijo, sin embargo, tuvo cuidado de no ajustar mucho las vendas de pierna y hombro.
Ryota guardó silencio durante el tratamiento. De fondo, las palabras de las diferentes autoridades se escuchaban e incluso el mismísimo emperador, que era alabado con tanta fuerza, hizo acto de aparición, sorprendiendo al público en general. No obstante, la atención del pirata estuvo en ella. No los ignoraba; tan solo no volvió la mirada hasta que por fin terminó.
La abultada venda daba enseñanza de una obvia inexperiencia, pero al menos la sangre se veía detenida. “¿Cómo lo sientes?” Pregunto, alzando la vista para verla. La expresión de Runin dibujó una sonrisa en los labios de Ryota, ella siempre era de esa forma, orgullosa, fuerte, confiada, quizás por eso sintió la necesidad de correr a su lado en ese momento, frente a una derrota así.
La diestra del capitán se posó sobre el hombro ajeno cuando se levantó con dirección a las gradas.

“Si te vuelves más fuerte, haré una sola cosa que quieras. Es una apuesta.”
Tales palabras, fueron las mismas que Runin usó en sobert, justo antes de que él decidiera viajar a Karate para aprender el Hashokken. Ahora era su momento de motivarla, de darle una razón para convertir aquella derrota en el impulso que necesitaba para avanzar al siguiente nivel. Sabía que, a partir de allí, los enemigos en presentarse serían tan fuertes o incluso más que el espadachín.
Sin decir más, adoptó una pose de cunclillas sobre el primer escalón. “Vamos, súbete, te llevaré en mi espalda porque hoy eres la reina, querida.” Sonrió, esperando que ella aceptara su gesto y ambos pudieran volver a las gradas con sus compañeros, los Hanu Mahana y sus vecinos, los Sepultura.
Una vez allí, se agachó para que pudiera ponerse de pie por sí misma y recibir el cariño de los suyos.
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