03-08-2026, 03:43 AM
Había estado conteniendo el enorme gigante frente a él durante todo el combate, logrando así evitar que Uker saliera mal del combate, brindándole por completo la confianza (solo por esta vez), de que pudiera vencer a la morena de cabello oscuro. Aparentemente, gracias al Akuma de su jefe, había logrado que ese gigante se enfocara específicamente en él. Hubiera preferido un combate dirigido más en otra dirección, pero ese enorme hombre (si es que se le podía llamar así a esa transformación), le había impedido poder hacer nada. Su barro había logrado disminuir la velocidad de sus golpes, eso era algo que él mismo había apreciado. Lo bueno era que, incluso si su atención aparentaba estar en Ubbe, su Kenbunshoku le permitía, afortunadamente, poder ver que Uker estaba yendo por buen camino, con movimientos firmes y seguros, sin ningún tipo de problema. Ese hombre era muy bueno peleando, algo que debía tomar en cuenta... No como aquella vez que lo “conoció”. Una lástima que claramente no quisiera tratar de mantener un contacto con él.
En ese momento lo escuchó, el Den-Den Mic, frenando al fin ese combate. Su cuerpo, que había seguido envolviendo a Ubbe, cesó al instante, ahora regresando, con la misma lentitud con la que se transformaba, en el cuerpo del propio Jin después de una liberación que daba fin al combate. Dejó salir un suspiro, ligeramente frustrado. Sabía. Lo sabía. Si hubiera aguantado un poco más, muy seguramente habría podido terminar con él, hubiera podido desenvainar las dos armas... Dio un par de pasos hacia atrás, contemplando de reojo al Dirigente. No había logrado dañar a nadie, tampoco moverse, ni se sintió útil en ese combate, incluso con todo lo que su jefe le había brindado. Estaba preparado para recibir una derrota como respuesta, descendiendo la cabeza, derrotado. No solo era por su Jefe... también el hecho de que Tezca lo observara, quería ver qué tanto había mejorado...
Ni las peleas con Eros, ni ese mismo combate habían logrado hacer sentir victoria alguna. ¿Qué tanto había estado perdiendo el tiempo esos años? ¿Acaso seguiría estancado? Su katana, la Black Jack, fue posicionada en la zona de su pecho, elevando la vaina y volteándolo directamente hacia sí mismo. El barro cubrió por completo la belleza de la katana, que lentamente iba introduciéndose en el interior de su cuerpo y desvaneciéndose de la vista de todos por completo, esperando que se pronunciase la resolución final del combate.
Abrió los ojos, elevando la cabeza. ¿Había ganado? No, pero el mérito no era suyo, sino más bien de... Sus ojos se voltearon hacia el cocinero que había alzado el brazo izquierdo. Era una victoria, sin lugar a duda, merecida. No había sido él, había sido Uker el verdadero ganador de ese increíble combate. Era indiscutible.
Sus ojos se elevaron, buscando la mirada de Ubbe, nombre que había escuchado cuando los presentaron para el combate. Se había distanciado de él, pero ahora volvía a retomar distancias con el enorme Buccaner. Mostró respeto hacia el hombre, un respeto que supo, merecía. Seguramente el resultado habría resultado muy distinto si el varón no se hubiera enfocado en él. Por supuesto y, debida a su altura, que ahora veía que volvía a adoptar la forma de Buccaner, esos más de cuatro metros, tuvo que elevar la cabeza para poder buscar su rostro. Esas gafas tan características impedían que viera sus ojos y, sin embargo, aprovechó para elevar su diestra, ahora completamente transformado en su cuerpo humano, sin un atisbo de barro en su cuerpo, y la alzó hacia arriba, extendiendo su mano hacia el hombre de Gafas.
No le importaba si había derrota o victoria, él había sido más rápido y listo, con ese poco tiempo que ni siquiera se conocían. Si aceptaba su mano, la apretaría (aunque muy posiblemente, en comparación, su mano fuera enana), con firmeza y seguridad. En caso contrario, descendería el brazo. —Espero poder volver a encontrarme con usted algún día, señor Ubbe, esta vez para pelear sin interrupciones.
Se volteó, con intención de felicitar a Uker... Pero ese condenado idiota ya se había ido. Rodó los ojos, ni siquiera Runin estaba allí. Hubiera preferido no recurrir a ello, pero activó su Kenbunshoku alrededor de unos 40m y caminó hacia las gradas. Runin sabía que iría directamente hacia donde estaría Tezca, él mismo también tenía esa misma intención, pero al caminar algunos pasos, frenó en seco, volteando la mirada hacia Ubbe. Comenzó a mencionar números en voz alta, mirándolo directamente y sonrió con cierta diversión, ¿quizás algo de desafío? Es posible, se había quedado con ganas de más.
Le dio la espalda, caminando calmadamente al frente, buscando entre la gente y las gradas la mirada de su amado. —Y también por si quiere tomar algo, invitaré yo. Me parece usted un individuo de lo más interesante.
Ahora sí, prosiguió su camino hacia las gradas, pero la inseguridad volvió a golpearlo una vez más. ¿Con qué cara iba a contemplar a Tezca? ¿Qué era lo que podía decirle? Es cierto que había una victoria, y eso no impedía que la dedicatoria de la misma fuera directa a él pero... ¿Era posible? Miró desde lo lejos, viendo su aura, tan preciosa como él, reconociéndola al instante. Frenó en seco, de nuevo, con las palabras de su jefe en la cabeza.
Apretó los labios, cerrando los ojos unos segundos, parando a medio camino, en absoluto silencio. Apretó la mandíbula y los puños, sintiendo una nueva urgencia: el mono de fumar. Su mano se acomodó en el bolsillo, buscando el cigarrillo y mechero. ¿Que dónde había ido a parar el que llevaba en el combate? Obviamente habría caído probablemente por la arena, no se iba a molestar a buscarlo. Con el cigarrillo entre sus labios, comenzó a encenderlo, incómodo, con un solo pensamiento en mente:
¿Lo estaría viendo desde algún dispositivo? ¿Le habría llegado a sus oídos o le llegaría cómo había resultado el combate? Lo bueno era que, fuera como fuese, había logrado destacar, no como peleador, pero sí como semifinalista. Había dado la cara incluso para el combate. Sí, lo había hecho. Respiró hondo, mirando al frente, con el cigarrillo humeando entre sus labios, buscando de nuevo esa aura tan característica de Tezca. Lo acompañaban más personas, entre ellas, reconoció el aura de Eros, la cual ya había visto previamente, incluso la del propio Kiyoshi. Respiró hondo... Pero vio otra aura que reconoció, más ahora con el combate; el de Runin. Uker parecía haberse separado de ella, si es que no había ido con ella. Tampoco sabía si Ubbe le seguiría o no, pero si lo hacía, era más que bienvenido. Por el momento se acercó hasta donde estaba Runin, dándole un par de palmadas en el hombro, tragándose su orgullo, queriendo evitar que esos pensamientos se vieran reflejados en su rostro. Le sonrió con su característica expresión segura, introduciendo su mano en el interior del traje, mostrándole, en ese momento, lo que tenía entre sus manos. Unos vendajes que entregó a la joven, sabiendo que la hemorragia podría resultar peligrosa en ella.
Si prefería hacerlo sola, se lo permitiría, esperaría de momento la respuesta... Respuesta que posiblemente llegaría más tarde, dado que, en ese momento, ya habían llegado, al fin. En un inicio evitó mirar a Tezca, algo dudoso por la reacción o las palabras de bienvenida que fuera a tener después de semejante combate, pero apreciando que la tripulación de los Sepultura parecía estar... Curiosamente... ¿Borrachos? ¿Qué se había perdido durante el combate? —Quién iba a decir que os lo estaríais pasando tan bien sin mí.
También reconoció a la muchacha de cabellos naranjas, arqueando una ceja. ¿Conocía a alguien de allí? Quizás, no sabía a qué se debía su presencia, pero la contempló con calma, con la misma sonrisa con la que se había presentado. —Bienvenida a usted también señorita... Hmmm... ¿Hoshino? — Sí, recordaba que se había presentado como Miyori Hoshino. —Espero que disfrute de nuestra compañía.
Ve entonces a Uker al lado de la muchacha, lo observa en silencio, largo y prolongado, con una corta pausa, y extiende su mano. Sabe que probablemente lo rechazará, pero es mínimo lo que va a hacer.
No quería enfrentamientos, ni rivalidades, ni estupideces, solo la felicitación de un hombre que consideró en ese momento había hecho una gran labor, mucho mejor que él. No importaba si rechazaba su mano. Fuera lo que fuese, la conversación no iba a prolongarse, no quería que existieran tensiones entre ellos, y menos en un momento de jolgorio y algarabía, al menos según lo que estaba viendo.
Finalmente buscó a Tezca con la mirada, preparado para lo que fuera a venir, momento en que esa sonrisa se transformó en una cargada de calidez, la única que mostraba frente a él. Se acercó, pudiendo oler el alcohol.
Bueno, tampoco es que hubiera peligro. ¿Se enfadaría por haber mantenido como sorpresa su akuma? ¿O quizás no le gustaría el combate que había realizado? Dio una calada, tratando de, con eso, mantener la misma calma y expresión. No supo qué decir tampoco. ¿Saludar? ¿Fingir que se unía? A diferencia de otros individuos, nunca sabía bien qué hacer con él... Abrió los labios para hablar, decir cualquier cosa... Hasta que una nueva interrupción lo frenó, obligándolo a voltearse. Aparecían nuevas caras en la arena, que desconocía y... Un momento, ¿se acababa de presentar como el Emperador? No es que hubiera hablado demasiado, pero sus ojos analizaron al individuo con seguridad. No podría ser un cualquiera... Era imposible que fuera un cualquiera. Daba paso a los juegos, a la final, por ello no hubo mucho que poder ver. ¿Más adelante podría hacerlo? Ya vería...
Volvió, de nuevo, el foco en Tezca, observándolo en silencio, con la misma sonrisa de nuevo. —¿No tienes hambre? — habló, por fin, logrando que las palabras salieran de su boca, acomodándose a su lado, observando también al resto de los que se encontraban allí. —¿Alguien más tiene hambre? Os invito a lo que os apetezca, solo dadme algo de lo que hayáis estado bebiendo, me apetece una copa. — Fue cuando apreció, de nuevo, a aquel hombre-mapache, parpadeando. Todavía no lo conocía, pero le observó y sacudió la mano como saludo. —Creo que no nos conocemos. Espero que lo esté pasando bien.
Fue cuando su oído capta algo interesante, curioso, que le hace voltear la mirada ligeramente en dirección hacia Miyori y Uker, específicamente, en Uker.
— ¡Y HASTA AQUÍ EL COMBATE, DAMAS Y CABALLEROS! —
En ese momento lo escuchó, el Den-Den Mic, frenando al fin ese combate. Su cuerpo, que había seguido envolviendo a Ubbe, cesó al instante, ahora regresando, con la misma lentitud con la que se transformaba, en el cuerpo del propio Jin después de una liberación que daba fin al combate. Dejó salir un suspiro, ligeramente frustrado. Sabía. Lo sabía. Si hubiera aguantado un poco más, muy seguramente habría podido terminar con él, hubiera podido desenvainar las dos armas... Dio un par de pasos hacia atrás, contemplando de reojo al Dirigente. No había logrado dañar a nadie, tampoco moverse, ni se sintió útil en ese combate, incluso con todo lo que su jefe le había brindado. Estaba preparado para recibir una derrota como respuesta, descendiendo la cabeza, derrotado. No solo era por su Jefe... también el hecho de que Tezca lo observara, quería ver qué tanto había mejorado...

“Sigo siendo un maldito inútil.”
Ni las peleas con Eros, ni ese mismo combate habían logrado hacer sentir victoria alguna. ¿Qué tanto había estado perdiendo el tiempo esos años? ¿Acaso seguiría estancado? Su katana, la Black Jack, fue posicionada en la zona de su pecho, elevando la vaina y volteándolo directamente hacia sí mismo. El barro cubrió por completo la belleza de la katana, que lentamente iba introduciéndose en el interior de su cuerpo y desvaneciéndose de la vista de todos por completo, esperando que se pronunciase la resolución final del combate.
— ¡ONIZUKA JIIIIIIIIIN Y RACKHAM UUUUUUUUUKER! —

—¿Qué...?
Abrió los ojos, elevando la cabeza. ¿Había ganado? No, pero el mérito no era suyo, sino más bien de... Sus ojos se voltearon hacia el cocinero que había alzado el brazo izquierdo. Era una victoria, sin lugar a duda, merecida. No había sido él, había sido Uker el verdadero ganador de ese increíble combate. Era indiscutible.
Sus ojos se elevaron, buscando la mirada de Ubbe, nombre que había escuchado cuando los presentaron para el combate. Se había distanciado de él, pero ahora volvía a retomar distancias con el enorme Buccaner. Mostró respeto hacia el hombre, un respeto que supo, merecía. Seguramente el resultado habría resultado muy distinto si el varón no se hubiera enfocado en él. Por supuesto y, debida a su altura, que ahora veía que volvía a adoptar la forma de Buccaner, esos más de cuatro metros, tuvo que elevar la cabeza para poder buscar su rostro. Esas gafas tan características impedían que viera sus ojos y, sin embargo, aprovechó para elevar su diestra, ahora completamente transformado en su cuerpo humano, sin un atisbo de barro en su cuerpo, y la alzó hacia arriba, extendiendo su mano hacia el hombre de Gafas.

—Lo ha hecho sublime, señor Ubbe. Ha sido difícil lograr envolver todo su cuerpo. Se enfocó en una mejor táctica.
No le importaba si había derrota o victoria, él había sido más rápido y listo, con ese poco tiempo que ni siquiera se conocían. Si aceptaba su mano, la apretaría (aunque muy posiblemente, en comparación, su mano fuera enana), con firmeza y seguridad. En caso contrario, descendería el brazo. —Espero poder volver a encontrarme con usted algún día, señor Ubbe, esta vez para pelear sin interrupciones.
Se volteó, con intención de felicitar a Uker... Pero ese condenado idiota ya se había ido. Rodó los ojos, ni siquiera Runin estaba allí. Hubiera preferido no recurrir a ello, pero activó su Kenbunshoku alrededor de unos 40m y caminó hacia las gradas. Runin sabía que iría directamente hacia donde estaría Tezca, él mismo también tenía esa misma intención, pero al caminar algunos pasos, frenó en seco, volteando la mirada hacia Ubbe. Comenzó a mencionar números en voz alta, mirándolo directamente y sonrió con cierta diversión, ¿quizás algo de desafío? Es posible, se había quedado con ganas de más.

—Por si quiere contactar conmigo, es mi Den-Den Mushi.
Le dio la espalda, caminando calmadamente al frente, buscando entre la gente y las gradas la mirada de su amado. —Y también por si quiere tomar algo, invitaré yo. Me parece usted un individuo de lo más interesante.
Ahora sí, prosiguió su camino hacia las gradas, pero la inseguridad volvió a golpearlo una vez más. ¿Con qué cara iba a contemplar a Tezca? ¿Qué era lo que podía decirle? Es cierto que había una victoria, y eso no impedía que la dedicatoria de la misma fuera directa a él pero... ¿Era posible? Miró desde lo lejos, viendo su aura, tan preciosa como él, reconociéndola al instante. Frenó en seco, de nuevo, con las palabras de su jefe en la cabeza.
“No hagas que me arrepienta.”
Apretó los labios, cerrando los ojos unos segundos, parando a medio camino, en absoluto silencio. Apretó la mandíbula y los puños, sintiendo una nueva urgencia: el mono de fumar. Su mano se acomodó en el bolsillo, buscando el cigarrillo y mechero. ¿Que dónde había ido a parar el que llevaba en el combate? Obviamente habría caído probablemente por la arena, no se iba a molestar a buscarlo. Con el cigarrillo entre sus labios, comenzó a encenderlo, incómodo, con un solo pensamiento en mente:

“Lo siento... No he sido capaz de hacer nada más...”
¿Lo estaría viendo desde algún dispositivo? ¿Le habría llegado a sus oídos o le llegaría cómo había resultado el combate? Lo bueno era que, fuera como fuese, había logrado destacar, no como peleador, pero sí como semifinalista. Había dado la cara incluso para el combate. Sí, lo había hecho. Respiró hondo, mirando al frente, con el cigarrillo humeando entre sus labios, buscando de nuevo esa aura tan característica de Tezca. Lo acompañaban más personas, entre ellas, reconoció el aura de Eros, la cual ya había visto previamente, incluso la del propio Kiyoshi. Respiró hondo... Pero vio otra aura que reconoció, más ahora con el combate; el de Runin. Uker parecía haberse separado de ella, si es que no había ido con ella. Tampoco sabía si Ubbe le seguiría o no, pero si lo hacía, era más que bienvenido. Por el momento se acercó hasta donde estaba Runin, dándole un par de palmadas en el hombro, tragándose su orgullo, queriendo evitar que esos pensamientos se vieran reflejados en su rostro. Le sonrió con su característica expresión segura, introduciendo su mano en el interior del traje, mostrándole, en ese momento, lo que tenía entre sus manos. Unos vendajes que entregó a la joven, sabiendo que la hemorragia podría resultar peligrosa en ella.

—¿Aceptaría esto como regalo por el combate, señorita Runin? ¿Me dejaría ayudarla?
Si prefería hacerlo sola, se lo permitiría, esperaría de momento la respuesta... Respuesta que posiblemente llegaría más tarde, dado que, en ese momento, ya habían llegado, al fin. En un inicio evitó mirar a Tezca, algo dudoso por la reacción o las palabras de bienvenida que fuera a tener después de semejante combate, pero apreciando que la tripulación de los Sepultura parecía estar... Curiosamente... ¿Borrachos? ¿Qué se había perdido durante el combate? —Quién iba a decir que os lo estaríais pasando tan bien sin mí.
También reconoció a la muchacha de cabellos naranjas, arqueando una ceja. ¿Conocía a alguien de allí? Quizás, no sabía a qué se debía su presencia, pero la contempló con calma, con la misma sonrisa con la que se había presentado. —Bienvenida a usted también señorita... Hmmm... ¿Hoshino? — Sí, recordaba que se había presentado como Miyori Hoshino. —Espero que disfrute de nuestra compañía.
Ve entonces a Uker al lado de la muchacha, lo observa en silencio, largo y prolongado, con una corta pausa, y extiende su mano. Sabe que probablemente lo rechazará, pero es mínimo lo que va a hacer.

—Has hecho un increíble combate, Uker. A Akura le habría encantado verte.
No quería enfrentamientos, ni rivalidades, ni estupideces, solo la felicitación de un hombre que consideró en ese momento había hecho una gran labor, mucho mejor que él. No importaba si rechazaba su mano. Fuera lo que fuese, la conversación no iba a prolongarse, no quería que existieran tensiones entre ellos, y menos en un momento de jolgorio y algarabía, al menos según lo que estaba viendo.
Finalmente buscó a Tezca con la mirada, preparado para lo que fuera a venir, momento en que esa sonrisa se transformó en una cargada de calidez, la única que mostraba frente a él. Se acercó, pudiendo oler el alcohol.

—¿Tú también, Tezca?
Bueno, tampoco es que hubiera peligro. ¿Se enfadaría por haber mantenido como sorpresa su akuma? ¿O quizás no le gustaría el combate que había realizado? Dio una calada, tratando de, con eso, mantener la misma calma y expresión. No supo qué decir tampoco. ¿Saludar? ¿Fingir que se unía? A diferencia de otros individuos, nunca sabía bien qué hacer con él... Abrió los labios para hablar, decir cualquier cosa... Hasta que una nueva interrupción lo frenó, obligándolo a voltearse. Aparecían nuevas caras en la arena, que desconocía y... Un momento, ¿se acababa de presentar como el Emperador? No es que hubiera hablado demasiado, pero sus ojos analizaron al individuo con seguridad. No podría ser un cualquiera... Era imposible que fuera un cualquiera. Daba paso a los juegos, a la final, por ello no hubo mucho que poder ver. ¿Más adelante podría hacerlo? Ya vería...
Volvió, de nuevo, el foco en Tezca, observándolo en silencio, con la misma sonrisa de nuevo. —¿No tienes hambre? — habló, por fin, logrando que las palabras salieran de su boca, acomodándose a su lado, observando también al resto de los que se encontraban allí. —¿Alguien más tiene hambre? Os invito a lo que os apetezca, solo dadme algo de lo que hayáis estado bebiendo, me apetece una copa. — Fue cuando apreció, de nuevo, a aquel hombre-mapache, parpadeando. Todavía no lo conocía, pero le observó y sacudió la mano como saludo. —Creo que no nos conocemos. Espero que lo esté pasando bien.
Fue cuando su oído capta algo interesante, curioso, que le hace voltear la mirada ligeramente en dirección hacia Miyori y Uker, específicamente, en Uker.
Hoshino Zeiren, ese era el nombre de mi tío según mi padre. ¿Acaso tiene algo que ver contigo?

"Interesante..."
Cajita de Tabaco
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