[Priv. | Pasado] Los niños del mar
#15

30 de Invierno, Año 16 ❥ Reino de Samba - Zona Humilde

Don't give me no lover, if he ain't got the stones. 'Cause I need a man who will fight for his own

─ ♚ ─

Si Barald no cedía la katana en ese momento…

Nyx lo sabía…

Y estaba demasiado segura de que él también lo sabía…

Ellos…

¿No fue ella quien definió un “esto” entre la distancia que apenas se sostenía entre ambos? ¿Ese espacio que podría significar una tregua, una alianza o…un gran problema? Porque ella se había parado a la orilla del acantilado y él, Barald Kane, como el maldito rey de la muerte, había tenido el descaro de mirarla de regreso con el desafío por el frente.

¿Acaso no había leído todas las señales correctamente? Si, si lo había hecho.

Y él también lo había hecho.

Mientras sus labios se sostenían jadeantes en los contrarios y los dedos de una de sus manos se aferraban a la gabardina que lo obligaba a mantenerse a esa escasa distancia, espero que le entregase el arma. Percibió el movimiento de su mano donde reposaba la de ella, mientras Nyx intentaba, sin éxito, dejar de desear nuevamente sus labios. Mientras Nyx intentaba, sin éxito, tratar de obviar la huella que había dejado la mano de la escolta sobre su cuello y como ese gesto casi le hace suspirar por ansia. Mientras Nyx intentaba, sin éxito…

Fue esa sonrisa…

Esa maldita sonrisa que se posicionó en la boca de Barald Kane la que le hizo contener el aliento contra sus labios mientras sus ojos del color del mar, registraban cada detalle. Justo ahí, justo en esa expresión que acababa de hacerse un espacio propio en sus recuerdos, como todo lo que lo rodeaba a ese hombre, fue el punto exacto de no retorno para ella.

Y esa maldita labia cargada de seductora arrogancia…

Estaba decidida a arrancársela a besos.

Permitió que guiara su mano sobre su hombro, sabiendo que aquello era otra declaración de guerra entre ambos. Él no iba a ceder y ella…tampoco.

Volvió a acortar la distancia mientras ella no podía dejar de mirarlo, cuando las manos de él fueron sobre su cintura, Nyx registro el calor abrasador de ese gesto, la amplitud de esos dedos hábiles que le permitían manejar el acero con insultante habilidad y la fuerza del agarre sobre la tela de su blusa, encendiendo su piel. Fue la boca del pirata la que reclamo la suya esta vez y ella respondió con esa ansia de fuego que ya no podía, ni le interesaba seguir manteniendo a raya. Mientras la mano de ella, esa que él había posicionado sobre su hombro, iba directo hacia su nuca para reclamarlo contra su cuerpo, impidiendo que escapara del choque hambriento de sus labios, de su lengua tibia y húmeda que recorría cada espacio de su boca.

Mordió el labio inferior de Barald y su boca se deslizó hacia el cuello del pirata a penas los dedos hábiles del espadachín recorrieron la línea de su columna, y, cuando la tensión de sus dedos se hundió sin dudas sobre sus nalgas, ese pulso eléctrico le contrajo el vientre, y la recorrió como un latido caliente hasta la punta de los pies.

El mundo entero perdió el suelo bajo los pies de Nyx, en el instante que sus manos la levantaron como si el peso de su orgullo no fuera nada para él. Y el cuerpo de la escolta, esta vez acorralándola con esa precisión devastadora que no daba espacio para escapar, la hizo volver a contener el aliento. Sentir la masa muscular del cuerpo de Kane sosteniéndola en el aire y ella asegurándose, con malicia calculada, de presionar sus curvas exactamente sobre su excitación latente en ese agarre, logró arrancarle un jadeo ahogado a sus labios carmesí que tuvo que tragarse contra el cuello del pirata.

Se apretó aún más contra su torso mientras la mano que sostenía su gabardina iba hacia el cuello; el mar de sus ojos se encontró con el fuego de los contrarios cuando su nariz rozó la suya – Las chicas buenas se quedan en casa esperando milagros, Kane – susurró ella con ese tono de voz tomado por la tensión y el deseo, revelando en sus palabras, un poco más de sí misma ante él – Y tú y yo sabemos que yo no soy el tipo de criatura que rezaría ni por su propia alma –  El volvió a besarla y ella presionó con fuerza sus piernas contra las caderas contrarias aprisionándola contra ella, rozándolo constantemente contra ella. Las manos de Nyx se colaron con descaro bajo la tela pesada de esa gabardina, presionando las palmas contra la camiseta negra buscando el calor vivo que cubría la prenda, arrastrando el inicio del abrigo para abrirlo hasta la altura de los hombros del pirata.

Cuando él se separó de ella para asegurar, con esa tentadora confianza, que podría no ser solo su escolta, Nyx le sonrió con esa belleza que teñía el carmesí de sus labios.

Había una promesa devoradora en el mar de sus ojos.

El movimiento fue lento y totalmente premeditado. El taco de sus botas presionaron contra las nalgas del pirata, encargándose que el calor y la fricción de su propio sexo se presionaran contra el contrario. En ese movimiento, donde sus cuerpos se frotaban uno contra el otro sin tregua, ella se encargo de ascender pausadamente, asegurándose que la calidez de su vientre y el peso de su pecho amplio rozara contra la ropa del contrario para quedar impresos en su recuerdo. Fue su boca, la que descendió contra la piel ardiente de su garganta – Ya quisieras ser algo más que mi escolta, Kane – buscando, con el roce de sus labios el pulso acelerado de su cuello mientras sus dedos se enterraban en ese sedoso cabello azabache, tirando con la fuerza justa para no dejarlo retroceder.

Ahora, Barald Kane, estaba a su merced.

– Porque vas a necesitar mucho más que un agarre firme y un beso que me robe el aliento si pretendes doblegarme – Su boca se apodero de la piel de su cuello, devorándola con esos besos lentos como si quisiera saborear cada espacio libre. Su nariz volvió a embriagarse de esas notas masculinas, acariciando con la punta el recorrido contra su piel, y al llegar al punto exacto donde su sangre latía, succionó.

Luego, delineó con la punta de su lengua la línea de su mandíbula.

– Y ya que estas decidido a no dormir – Esta vez, fue su lengua tibia la que ascendió hasta el lóbulo de su oreja. Atrapando el cartílago suavemente entre sus labios, sopló su aliento tibio sin piedad ¿le causaría un escalofrió? Estaba por descubrirlo – ¿Cuándo empiezas a morder, Barald? – jugueteó con sus palabras anteriores soltando su cabello y saboreo cada letra de su nombre en su boca. Esta vez su mirada fue hacia el frente y se posó sobre sus ojos, donde el fuego que ambos habían iniciado ya era una tormenta sin control – Porque quiero que me folles tan duro que hagas que se me olvide el maldito nombre –

La boca de Nyx volvió a devorar la contraria sin pedir permiso, no pensaba darle un segundo extra para procesar. Si Barald Kane quería salir victorioso de ese encuentro, tendría que dejar de lado todo el control ¿no la había llamado impulsiva? Estaba equivocado. Ella no era impulsiva, solo era fuego y tormenta y ese hombre, había cometido la insensates de pararse de frente.

Y el roce de sus cuerpos a través de las telas de sus ropas era el recuerdo constante, el destino inevitable, la similitud de dos almas que habían creado una intimidad tan salvaje que, si ella no tuviese las piernas firmemente enredadas alrededor de sus caderas, no lo creería. Su boca se encargó de tomar cada espacio de la contraria con esa sed inagotable, mientras sus manos se deslizaban desde su cuello hacia la amplitud de su espalda. Sus uñas se clavaron contra la musculatura del espadachín, lentamente, las yemas de sus dedos buscando los relieves de esa espalda curtida por el entrenamiento, esta vez era ella quien buscaba grabar cada línea de esa espalda bajo sus manos.

Y la firmeza con la que las manos de Kane la sujetaban y moldeaban desde los glúteos, para presionarse mas contra su calor, hizo que Nyx arqueara la espalda. Jadeando volvió a separarse de él con ese mordisco lento, castigador y totalmente hambriento.

Ella solo era fuego y tormenta.

Y iba a consumirlo entero antes de que amaneciera.

Léeme
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RE: [Priv. | Pasado] Los niños del mar - por Nyxara Archeron - 03-08-2026, 06:10 AM

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