04-08-2026, 07:58 AM
No pensó que, por una vez, el cocinero de los Sepultura, no solo aceptaría sus palabras y su mano, sino incluso le brindaría utilidad a algo en lo que él no había logrado ver. Sintió algo de alivio y gratitud, aunque no se lo fuera a admitir nunca a ese hombre. La mención de la muchacha de cabellos blancos le hizo sentir un poco de extrañeza después de tanto tiempo, y escucharlo hablar de ella como si la conociera le dio esa nostalgia que había apartado. —A ella le encantan los combates, pero no el derramamiento de sangre, tienes razón. — elevó su diestra, con el cigarrillo todavía entre sus labios, no lo miró directamente a los ojos y, sin embargo, sí que habló.
Observó entonces a la acompañante, Miyori, para observarla de reojo, y luego a Uker. —Los dejo tranquilos. — Dejó al hombre tranquilo, tratando de enfocarse por completo en el rubio, acercándose a él. No pasó por alto la conversación que se dio entre ellos. ¿Familiares? Vaya, qué de vueltas daba la vida... Qué curioso.
Sus pensamientos fueron interrumpidos, esta vez, por otra persona. Un... muy claramente ebrio Eros, a quien contempló, arqueando una ceja ante la ya incansable forma de pronunciar mal el apellido de su Clan. Podría responder, o podría no hacerlo, pero viendo el estado en que se encontraba, elevó sus hombros y se decidió a responder, dando una nueva calada al cigarrillo que lo acompañaba. Claro que, al no haber estado allí hasta entonces, desconocía por completo la conversación que se había llegado a dar respecto al Haki.
Contempló ahora al individuo, de arriba abajo. ¿Siquiera recordaría lo que hablaba una vez el alcohol dejara de hacer efecto? Cerró los ojos unos instantes, manteniéndose tranquilo, dando una nueva calada, con la diestra entre sus labios y el cigarrillo. No sentía ganas de quedar mal frente a Tezca, suficiente había tenido con ese combate, por eso, finalmente, retirando el cigarrillo y dejando salir el humo del tabaco, pudo hablar, abriendo sus ojos frente al hombre de menor altura.
El cómo y qué más eran cosas que no iba a pronunciar, por ahora solo estaba allí para prestar atención a una sola persona. La forma en que le contestó le pareció divertida, ese hombre siempre sabía qué decir y en qué momento... Elevó su zurda, acomodando su mano a un lado de su rostro, sintiendo un alivio sobre sus hombros.
Podría recordarle las veces que le había mencionado sobre el alcohol, pero decidió solo divertirse viéndolo. ¿Quién iba a impedirle que bebiera cuando parecía pasárselo tan bien? —¿Ahora nos volvemos formales, Norova? — No negaría que el no saber de qué tipo de conversación se refería era... complicado. ¿Estaba molesto por haber mantenido su habilidad como sorpresa? Era algo que prefería más bien contarle en privado, no frente a dos tripulaciones distintas, y con la mayoría borrachos. —¿Condiciones? — No sabía qué parecía tratar de decir, ¿estaba también tan borracho? —También me apetece beber un poco...
De nuevo, el hombre habló con Barald, y lo observó, en silencio, para luego volver la mirada en el rubio, ya que lo jalaba hacia el área de comida. Lo acompañó, mirando hacia atrás, sacudiendo la mano a modo de despedida, al menos temporal, de los que los habían acompañado. Un momento... ¿Se iban a quedar a solas...? Tragó saliva, volviendo la mirada hacia el rubio. No. No allí. No tendrían tampoco demasiado tiempo. —Tezca... — Un momento, ¿hipopótamo? Eso fue algo que lo dejó completamente fuera de lugar, confundido. —¿Cómo que carne de hipopótamo? ¿Siquiera venden aquí? ¿Y por qué específicamente carne de hipopótamo? — Sentía, de repente, que por haber salido a la arena a combatir, había perdido totalmente el hilo de lo que transcurría. Sin embargo se dejó arrastrar hasta el área de comida. Ya que también disfrutaban del alcohol, él también aprovecharía quizás para comparar algo.
—¿Qué te apetece comer a ti, Tezca? — Pronunció, ahora más cerca de él, tratando de esquivar algunas personas que estaban atentos a la arena, buscando el momento para poder hablar. Carraspeó, al menos una vez llegaron hasta la zona de comidas, observando qué era lo que podían pedir. Un momento, ¿habían aceptado el resto? Si así era, también compraría lo que fuera que pidieran y, si no, solo los obsequiaría con aperitivos. Tezca podía pedir todo lo que quisiera.
Volvió la mirada en el rubio, mirándolo de reojo, con un poco de incomodidad, algo inseguro. Carraspeó, ahora evitando su mirada. —Hace poco que lo conseguí... — Murmuró, al fin, sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos. —Lo de... mi habilidad quiero decir. — Hablaba, por supuesto, de su Akuma. —Es una larga historia, pero quería dejártelo como sorpresa. ¿Estás molesto? — dio una nueva calada, al menos la última que le quedaba del cigarrillo, respirando profundamente. —Siento que mereces que te dedique una victoria mejor de la que he hecho, la verdad. Uker fue quien al final hizo todo el trabajo. Yo todavía... — Elevó su otra mano, la libre, observándola, ahora siendo total y completamente normal, no como en la arena. —Todavía no lo controlo...— A duras penas había tenido tiempo, cierto, solo en el barco para poder controlar esa forma y conseguir pasar de una masa deforme a... Bueno, poder ser él mismo.
Al fin, elevó la mirada, ahora buscando la del rubio bajo sus gafas, buscando el tacto de su mano, de nuevo, con las palabras atragantadas en un sepulcral silencio, pero antes de siquiera encontrar sus ojos, y disfrutar viendo su aura, volvió a desviar incómodo la mirada, sin atreverse a mirarlo directamente.

—Alguien tenía que contenerlo, sin duda. Hiciste un gran trabajo.
Observó entonces a la acompañante, Miyori, para observarla de reojo, y luego a Uker. —Los dejo tranquilos. — Dejó al hombre tranquilo, tratando de enfocarse por completo en el rubio, acercándose a él. No pasó por alto la conversación que se dio entre ellos. ¿Familiares? Vaya, qué de vueltas daba la vida... Qué curioso.
Sus pensamientos fueron interrumpidos, esta vez, por otra persona. Un... muy claramente ebrio Eros, a quien contempló, arqueando una ceja ante la ya incansable forma de pronunciar mal el apellido de su Clan. Podría responder, o podría no hacerlo, pero viendo el estado en que se encontraba, elevó sus hombros y se decidió a responder, dando una nueva calada al cigarrillo que lo acompañaba. Claro que, al no haber estado allí hasta entonces, desconocía por completo la conversación que se había llegado a dar respecto al Haki.

—Te lo dije, Capitán Eros. No quiero quedarme estancado, y estoy seguro de que tú tampoco.
Contempló ahora al individuo, de arriba abajo. ¿Siquiera recordaría lo que hablaba una vez el alcohol dejara de hacer efecto? Cerró los ojos unos instantes, manteniéndose tranquilo, dando una nueva calada, con la diestra entre sus labios y el cigarrillo. No sentía ganas de quedar mal frente a Tezca, suficiente había tenido con ese combate, por eso, finalmente, retirando el cigarrillo y dejando salir el humo del tabaco, pudo hablar, abriendo sus ojos frente al hombre de menor altura.

—No te equivocas, sí lo fue, pero no es lo único que he conseguido.
El cómo y qué más eran cosas que no iba a pronunciar, por ahora solo estaba allí para prestar atención a una sola persona. La forma en que le contestó le pareció divertida, ese hombre siempre sabía qué decir y en qué momento... Elevó su zurda, acomodando su mano a un lado de su rostro, sintiendo un alivio sobre sus hombros.

—Me refiero a que tú también parece que bebiste. ¿Cómo puedes hacerlo sin mí?
Podría recordarle las veces que le había mencionado sobre el alcohol, pero decidió solo divertirse viéndolo. ¿Quién iba a impedirle que bebiera cuando parecía pasárselo tan bien? —¿Ahora nos volvemos formales, Norova? — No negaría que el no saber de qué tipo de conversación se refería era... complicado. ¿Estaba molesto por haber mantenido su habilidad como sorpresa? Era algo que prefería más bien contarle en privado, no frente a dos tripulaciones distintas, y con la mayoría borrachos. —¿Condiciones? — No sabía qué parecía tratar de decir, ¿estaba también tan borracho? —También me apetece beber un poco...
De nuevo, el hombre habló con Barald, y lo observó, en silencio, para luego volver la mirada en el rubio, ya que lo jalaba hacia el área de comida. Lo acompañó, mirando hacia atrás, sacudiendo la mano a modo de despedida, al menos temporal, de los que los habían acompañado. Un momento... ¿Se iban a quedar a solas...? Tragó saliva, volviendo la mirada hacia el rubio. No. No allí. No tendrían tampoco demasiado tiempo. —Tezca... — Un momento, ¿hipopótamo? Eso fue algo que lo dejó completamente fuera de lugar, confundido. —¿Cómo que carne de hipopótamo? ¿Siquiera venden aquí? ¿Y por qué específicamente carne de hipopótamo? — Sentía, de repente, que por haber salido a la arena a combatir, había perdido totalmente el hilo de lo que transcurría. Sin embargo se dejó arrastrar hasta el área de comida. Ya que también disfrutaban del alcohol, él también aprovecharía quizás para comparar algo.
—¿Qué te apetece comer a ti, Tezca? — Pronunció, ahora más cerca de él, tratando de esquivar algunas personas que estaban atentos a la arena, buscando el momento para poder hablar. Carraspeó, al menos una vez llegaron hasta la zona de comidas, observando qué era lo que podían pedir. Un momento, ¿habían aceptado el resto? Si así era, también compraría lo que fuera que pidieran y, si no, solo los obsequiaría con aperitivos. Tezca podía pedir todo lo que quisiera.
Volvió la mirada en el rubio, mirándolo de reojo, con un poco de incomodidad, algo inseguro. Carraspeó, ahora evitando su mirada. —Hace poco que lo conseguí... — Murmuró, al fin, sin atreverse a mirarlo directamente a los ojos. —Lo de... mi habilidad quiero decir. — Hablaba, por supuesto, de su Akuma. —Es una larga historia, pero quería dejártelo como sorpresa. ¿Estás molesto? — dio una nueva calada, al menos la última que le quedaba del cigarrillo, respirando profundamente. —Siento que mereces que te dedique una victoria mejor de la que he hecho, la verdad. Uker fue quien al final hizo todo el trabajo. Yo todavía... — Elevó su otra mano, la libre, observándola, ahora siendo total y completamente normal, no como en la arena. —Todavía no lo controlo...— A duras penas había tenido tiempo, cierto, solo en el barco para poder controlar esa forma y conseguir pasar de una masa deforme a... Bueno, poder ser él mismo.
Al fin, elevó la mirada, ahora buscando la del rubio bajo sus gafas, buscando el tacto de su mano, de nuevo, con las palabras atragantadas en un sepulcral silencio, pero antes de siquiera encontrar sus ojos, y disfrutar viendo su aura, volvió a desviar incómodo la mirada, sin atreverse a mirarlo directamente.
Cajita de Tabaco
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