05-08-2026, 09:39 PM
Ante mis amenazas e intentos de disuasión a la reina de Kamabakka, aquel que seguía apresándome con la fuerza y pasión de un gavilán, respondió que yo era su mayor muro, con una seriedad envidiable, para añadir, tras alzarme a la altura de su cabeza, que jamás podría compartir celda con su versión original, tomándoselo su majestad como un ataque a su persona.— ¿Problemas en el paraíso-ton? — pregunté con sorna - y también por enterarme un poco del drama que podría existir entre una copia y su creador -, mientras la fuerza y presión que seguía ejerciendo en cada uno de los músculos de mi cara se desvaneció, haciendo que mi rostro, lentamente, volviera a ser el adefesio que era, salvo que era no llevaba gafas.
Seguidamente, la okama más deslumbrante del mundo entero - muy a mi pesar -, hizo una pregunta que, por un segundo, hizo que se me helara la sangre. Desde luego, que desde que nos habíamos separado, no había vuelto a saber de ellos, ¿tantos problemas le estaban dando dos simples moscas al impecable alcaide y al impresentable de Tucrow? — Llevar a un preso tan valioso como puede ser una de las manos de la revolución lleva su tiempo, su majestad-ton. — dediqué a la copia de Aspros una mirada un tanto traviesa.— Ya sabrá, hay un largo trecho entre el nivel 1 y el 6… Y en cuanto a su capitán, deberían estar ultimando los preparativos para llevarlo hacia Marineford-ton. — expliqué, intentando también autoconvencerse de que esa era la razón por la que aún no se habían presentado en el lugar. El alcaide confiaba en mí para terminar con la reina Okama, y por eso no se había dignado a importunarse. Debía responder a sus expectativas como era debido.
Mientras yo seguía intentando zafarme de las bellas manos del doppelgaynger, su majestad comenzó a declinar nuevamente mi oferta. No sé que le veía de malo en estar encerrada en la mejor prisión del mundo, y con una celda completamente decorada por y para ella. Era un trato que muchos de los prisioneros del lugar les habría gustado tener. Lo que sí me sorprendió fue su siguiente pregunta, ¿que me fuera con ellos a Momoiro? ¿Que cantáramos un lipsync en condiciones para determinar quién de las dos era la misma reina? Una parte de mí, una parte de mi herido corazoncito del tamaño de una lenteja, se sintió algo calentito debido a las palabras de la reina. Mi kenbunshoku me permitía ver que sus palabras no eran mentira, aquella propuesta era genuina. De verdad me aceptaba como una de las suyas. ¿Me iría mejor si alguien con el status y reputación de Aspros me reconocía como una okama de renombre? Descendí mi mirada hacia mi pecho, hacia el lugar dónde debía estar mi corazón cuando - aunque estando oculta entre las manos del clon - sentí que era lo que descansaba sobre este. La placa que me identificaba como vicealcalde. La placa que reflejaba el juramento que hice con la intención de proteger al mundo de los criminales que residían en esta prisión, además de subyugarlos. La placa que simbolizaba, no sólo mis valores, sino también a la primera persona que me aceptó tal y como era, sin importar mi tamaño, mi orientación sexual o mi fealdad. Por mucho que mi verdadero sueño estuviera lejos de este lugar… Había veces que el deber se debía priorizar ante el deseo.— Aprecio la oferta, su majestad, de todo corazón-ton. — me sinceré, notando en ese momento como el agarre del clon de Aspros se debilitaba, aprovechando ese momento para forcejear todo cuanto pude, quedando liberado de este, subiéndome velozmente hacia las manos que me apresaban hasta hace poco para, seguidamente, soltar el látigo hacie el suelo e impulsarme en un veloz salto que me dejaría a unos 3 metros sobre la cabeza de su majestad.— Pero debo rechazarla. — musité, de forma inaudible para nadie, comenzando en ese momento a descender, a toda velocidad, mientras mi cuerpo giraba hacia delante, con la cola extendida antepuesta, imbuyéndola en mi haki de armadura.
— Disfrute de este último baile tal y como yo lo hice, su majestad. — pensé, conforme iba descendiendo, hasta que mi cola, una vez que estuvo a la distancia suficiente, golpeó como un martillo el cielo de su cabeza, haciendo que un sonido hueco y una nube de polvo a los pies de Aspros se desplegara por todo el nivel. Era mi mejor ataque, un ataque que debería dejarlo noqueado pero que, para mi desgracia, no podría ser capaz de cerciorarme si aquello era así o no. Sentía como había hecho uso de todas mis fuerzas, como había gastado hasta el último ápice de energía que me quedaba. Mi cuerpo dejaba de responderme, a la par que mi visión se empezaba a emborronar, al igual que mi conocimiento. Si con ese ataque no era capaz de derrotarlo… Más le valía al menos escapar de una pieza.
Seguidamente, la okama más deslumbrante del mundo entero - muy a mi pesar -, hizo una pregunta que, por un segundo, hizo que se me helara la sangre. Desde luego, que desde que nos habíamos separado, no había vuelto a saber de ellos, ¿tantos problemas le estaban dando dos simples moscas al impecable alcaide y al impresentable de Tucrow? — Llevar a un preso tan valioso como puede ser una de las manos de la revolución lleva su tiempo, su majestad-ton. — dediqué a la copia de Aspros una mirada un tanto traviesa.— Ya sabrá, hay un largo trecho entre el nivel 1 y el 6… Y en cuanto a su capitán, deberían estar ultimando los preparativos para llevarlo hacia Marineford-ton. — expliqué, intentando también autoconvencerse de que esa era la razón por la que aún no se habían presentado en el lugar. El alcaide confiaba en mí para terminar con la reina Okama, y por eso no se había dignado a importunarse. Debía responder a sus expectativas como era debido.
Mientras yo seguía intentando zafarme de las bellas manos del doppelgaynger, su majestad comenzó a declinar nuevamente mi oferta. No sé que le veía de malo en estar encerrada en la mejor prisión del mundo, y con una celda completamente decorada por y para ella. Era un trato que muchos de los prisioneros del lugar les habría gustado tener. Lo que sí me sorprendió fue su siguiente pregunta, ¿que me fuera con ellos a Momoiro? ¿Que cantáramos un lipsync en condiciones para determinar quién de las dos era la misma reina? Una parte de mí, una parte de mi herido corazoncito del tamaño de una lenteja, se sintió algo calentito debido a las palabras de la reina. Mi kenbunshoku me permitía ver que sus palabras no eran mentira, aquella propuesta era genuina. De verdad me aceptaba como una de las suyas. ¿Me iría mejor si alguien con el status y reputación de Aspros me reconocía como una okama de renombre? Descendí mi mirada hacia mi pecho, hacia el lugar dónde debía estar mi corazón cuando - aunque estando oculta entre las manos del clon - sentí que era lo que descansaba sobre este. La placa que me identificaba como vicealcalde. La placa que reflejaba el juramento que hice con la intención de proteger al mundo de los criminales que residían en esta prisión, además de subyugarlos. La placa que simbolizaba, no sólo mis valores, sino también a la primera persona que me aceptó tal y como era, sin importar mi tamaño, mi orientación sexual o mi fealdad. Por mucho que mi verdadero sueño estuviera lejos de este lugar… Había veces que el deber se debía priorizar ante el deseo.— Aprecio la oferta, su majestad, de todo corazón-ton. — me sinceré, notando en ese momento como el agarre del clon de Aspros se debilitaba, aprovechando ese momento para forcejear todo cuanto pude, quedando liberado de este, subiéndome velozmente hacia las manos que me apresaban hasta hace poco para, seguidamente, soltar el látigo hacie el suelo e impulsarme en un veloz salto que me dejaría a unos 3 metros sobre la cabeza de su majestad.— Pero debo rechazarla. — musité, de forma inaudible para nadie, comenzando en ese momento a descender, a toda velocidad, mientras mi cuerpo giraba hacia delante, con la cola extendida antepuesta, imbuyéndola en mi haki de armadura.
— Disfrute de este último baile tal y como yo lo hice, su majestad. — pensé, conforme iba descendiendo, hasta que mi cola, una vez que estuvo a la distancia suficiente, golpeó como un martillo el cielo de su cabeza, haciendo que un sonido hueco y una nube de polvo a los pies de Aspros se desplegara por todo el nivel. Era mi mejor ataque, un ataque que debería dejarlo noqueado pero que, para mi desgracia, no podría ser capaz de cerciorarme si aquello era así o no. Sentía como había hecho uso de todas mis fuerzas, como había gastado hasta el último ápice de energía que me quedaba. Mi cuerpo dejaba de responderme, a la par que mi visión se empezaba a emborronar, al igual que mi conocimiento. Si con ese ataque no era capaz de derrotarlo… Más le valía al menos escapar de una pieza.
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