06-08-2026, 09:05 AM
El Mink leopardo le llamo por su nombre, pero. Su uniforme, su uniforme le provocaba un cosquilleo poco agradable, seguro le conocía por los dichosos carteles de recompensa. Quiso ignorarlo, pero no podía, era tremendamente galante, tanto en su desplante físico como en su elocuencia, no parecía agresivo como los demás Marines, pero no confiaba en él, es más, no confiaba en ningún tipo con uniforme, no le atraían en absoluto, y aunque podía tener situaciones al límite y sensuales con ellos. Sí que se desencantaba rápido. Kibai, el valiente, había anotado un número del brazo de Bai, quizás pensando que era de la hermosa Diosa de Bronce, pero era el número de Maki. Uno que había anotado antes de llegar a la gran ciudad dorada. Era muy probable que la desgraciada recibiera la llamada, que le pidieran reunirse en algún lugar y fuera armada hasta los dientes mientras el marine quizás iría con el pecho al aire y con una rosa entre los dientes. Maki no tenia idea de la situación ni tampoco que habían obtenido su numero por un mero descuido.
El combate continuaba con el excelente despliegue de poder del marine de la luz, su furia se dispersaba en partículas lumínicas y peleaba con explosiones que desplegaban un millar de relámpagos de luz, etérea y hermosa. Pero por otro lado estaba Bartolomew, el campeón de Merlot, aquello divirtió a Maki. Ella casi siempre terminaba apostando por los marines y ver a Merlot inclinándose por el gigantón tenía su gracia, habrá visto algo extraño o especial o algun DON en el gigantesco DON de los sandwicheros del nuevo munDON?
Pero cosas extrañas sentía en el combate, aunque estaba ebria, podía ver como los ataques del Bucanner parecían tener un efecto sobre el cuerpo del marine, como si el enorme Zoan pudiera golpear las estrellas con sus puños y partirlas en pedazos. Demonios. Quiso aguzar la vista mientras… demonios le caía la caca de pájaro, el doctor de caramelo no hacía más que escupir cerveza entre carcajadas, como si la Pelon´t fuera parte del espectáculo principal medio condicionada por la tontería, le extendió la comida al tonto inútil de Cherry, se había burlado de ella todo el día… y finalmente Maki cayó casi de rodillas, cansada, harta, deseando dormir, plácidamente, el alcohol le había llegado hasta las piernas y solo… solo deseaba descansar un rato… saco un pañuelo de su bolsillo ya con las manos más libres se limpió, un par de espectadores le ayudaron con algo de alcohol gel y otro con un pañuelo limpio, suspiro entonces, se tanteó los bolsillos por pura costumbre. La billetera seguía ahí. Las armas también. El orgullo... bueno, ese probablemente seguía pegado a la mierda del pájaro que acababa de limpiarse de la cabeza y se derrumbó sobre el hermoso hombre de caramelo apenas se le acerco, le abrazo lo mejor que pudo mientras le susurro al oído. —Vamos deja de burlarte de mí no crees que ha sido un día de mierda?… mejor llévame allá donde esta Merlot o la dulce niña de los enormes melones, vamos a preguntarle si quiere viajar con nosotras… que te parece?— Maki saludo a la gente que le ayudo con un lindo gesto levantando dos dedos sobre su ceja, mientras bebía la ultima de las cervezas, la que le había andado el enorme hombre de chocolate. Se sentía… alegre, pero débil, las emociones del día, ojalá llegaran pronto a su fin. Sin embargo, incluso con la cabeza embotada por la cerveza, sus ojos seguían viajando una y otra vez al campo de batalla. Había algo en aquel marine de luz que le incomodaba. No era miedo, tampoco admiración, era esa sensación desagradable de cuando un combate rompía las reglas que conocía. Si un puño podía alcanzar la luz... el puño del gigante, entonces el mundo seguía escondiendo monstruos mucho más interesantes de los que imaginaba. Sonrió apenas. Una sonrisa perezosa se le escapó entre el mareo y las burbujas de cerveza que aún le zumbaban en la cabeza. Tendría que volver después, sobria claro, para averiguar cómo demonios funcionaba aquello que usaba, esa maldita técnica de Barto para partirles el culo a esos “hechiceros elementales”.
Sus brazos caían sobre los fuertes hombros de Cherry y apegaba mucho su rostro a él. Desde hace mucho que le conocía, y cada vez sentía que era una persona confiable, un sueño de hombre, pero… Gei, demasiado Gei y corrupto, vender cosas que estaban dentro de otras personas era increíblemente malo. Pero… pagaban las facturas muchas veces. —Vamos… llévame con Merlot, seguro esta en problemas mi rosado corcel.— Dijo apunando a donde veía o creía ver una cabellera rosa al viento y subiéndose a su espalda sin su consentimiento.
La música del festival comenzaba a mezclarse con el rugido del combate. Para Maki ya era imposible distinguir una cosa de la otra. Todo giraba despacio. El cielo blanco de Skypiea parecía inclinarse sobre ella mientras apoyaba todo su peso en Cherry. Cerró un ojo, luego el otro. Solo un minuto... solo uno. Después se acomodaria. Nadie necesitaba saber que aquella vez el enemigo más duro de la Reina de Espadas no había sido un marine, un gigante o un monstruo... sino unas cuantas cervezas de más.
El combate continuaba con el excelente despliegue de poder del marine de la luz, su furia se dispersaba en partículas lumínicas y peleaba con explosiones que desplegaban un millar de relámpagos de luz, etérea y hermosa. Pero por otro lado estaba Bartolomew, el campeón de Merlot, aquello divirtió a Maki. Ella casi siempre terminaba apostando por los marines y ver a Merlot inclinándose por el gigantón tenía su gracia, habrá visto algo extraño o especial o algun DON en el gigantesco DON de los sandwicheros del nuevo munDON?
Pero cosas extrañas sentía en el combate, aunque estaba ebria, podía ver como los ataques del Bucanner parecían tener un efecto sobre el cuerpo del marine, como si el enorme Zoan pudiera golpear las estrellas con sus puños y partirlas en pedazos. Demonios. Quiso aguzar la vista mientras… demonios le caía la caca de pájaro, el doctor de caramelo no hacía más que escupir cerveza entre carcajadas, como si la Pelon´t fuera parte del espectáculo principal medio condicionada por la tontería, le extendió la comida al tonto inútil de Cherry, se había burlado de ella todo el día… y finalmente Maki cayó casi de rodillas, cansada, harta, deseando dormir, plácidamente, el alcohol le había llegado hasta las piernas y solo… solo deseaba descansar un rato… saco un pañuelo de su bolsillo ya con las manos más libres se limpió, un par de espectadores le ayudaron con algo de alcohol gel y otro con un pañuelo limpio, suspiro entonces, se tanteó los bolsillos por pura costumbre. La billetera seguía ahí. Las armas también. El orgullo... bueno, ese probablemente seguía pegado a la mierda del pájaro que acababa de limpiarse de la cabeza y se derrumbó sobre el hermoso hombre de caramelo apenas se le acerco, le abrazo lo mejor que pudo mientras le susurro al oído. —Vamos deja de burlarte de mí no crees que ha sido un día de mierda?… mejor llévame allá donde esta Merlot o la dulce niña de los enormes melones, vamos a preguntarle si quiere viajar con nosotras… que te parece?— Maki saludo a la gente que le ayudo con un lindo gesto levantando dos dedos sobre su ceja, mientras bebía la ultima de las cervezas, la que le había andado el enorme hombre de chocolate. Se sentía… alegre, pero débil, las emociones del día, ojalá llegaran pronto a su fin. Sin embargo, incluso con la cabeza embotada por la cerveza, sus ojos seguían viajando una y otra vez al campo de batalla. Había algo en aquel marine de luz que le incomodaba. No era miedo, tampoco admiración, era esa sensación desagradable de cuando un combate rompía las reglas que conocía. Si un puño podía alcanzar la luz... el puño del gigante, entonces el mundo seguía escondiendo monstruos mucho más interesantes de los que imaginaba. Sonrió apenas. Una sonrisa perezosa se le escapó entre el mareo y las burbujas de cerveza que aún le zumbaban en la cabeza. Tendría que volver después, sobria claro, para averiguar cómo demonios funcionaba aquello que usaba, esa maldita técnica de Barto para partirles el culo a esos “hechiceros elementales”.
Sus brazos caían sobre los fuertes hombros de Cherry y apegaba mucho su rostro a él. Desde hace mucho que le conocía, y cada vez sentía que era una persona confiable, un sueño de hombre, pero… Gei, demasiado Gei y corrupto, vender cosas que estaban dentro de otras personas era increíblemente malo. Pero… pagaban las facturas muchas veces. —Vamos… llévame con Merlot, seguro esta en problemas mi rosado corcel.— Dijo apunando a donde veía o creía ver una cabellera rosa al viento y subiéndose a su espalda sin su consentimiento.
La música del festival comenzaba a mezclarse con el rugido del combate. Para Maki ya era imposible distinguir una cosa de la otra. Todo giraba despacio. El cielo blanco de Skypiea parecía inclinarse sobre ella mientras apoyaba todo su peso en Cherry. Cerró un ojo, luego el otro. Solo un minuto... solo uno. Después se acomodaria. Nadie necesitaba saber que aquella vez el enemigo más duro de la Reina de Espadas no había sido un marine, un gigante o un monstruo... sino unas cuantas cervezas de más.
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