[Pasado] Un glorioso día de pesca
#14
Mis labios se quedaron esperando un beso que no llegó. Estábamos tan cerca, tan unidos, yo podía sentir su respiración y él la mía. En cualquier película, ahora sería el momento perfecto. Pero yo no iba a dar el primer paso, eso estaba más que claro. Me relamí el labio inferior y volví a ocultar mis dientes serrados tras una sonrisa. Tenía que salir de él. Igual es que en el aspecto romántico soy una anticuada, o demasiado clásica, o incluso romántica, pero estas cosas se supone que las hace el hombre, ¿o no? Y la verdad es que tratándose de mi primer beso, no quería que fuera forzado o que después se generase un ambiente raro que incomodase a ambos. Yo quería, y parecía que él también, pero como no estoy segura, pues es mejor esperar.

Entonces comenzó a contarme un poco sobre lo que había pasado en su vida en relación a otras razas, centrándose concretamente en los minks. Se ve que estuvo un tiempo viviendo con ellos y con eso, valorando sus costumbres y su cultura. Cada frase que soltaba se me hacía interesante, me quedaba embobada mirando sus gestos faciales: cómo achinaba un poco los ojos cuando se concentraba, cómo elevaba las cejas cuando hablaba con seguridad, cómo dejaba escapar pequeños suspiros al acabar una frase. No podía hacer más que sonreír mientras le escuchaba hablar desde el corazón. Dirigió su mano hacia el interior de su camisa para sacar de algún bolsillo una petaca, desenrroscarla y dar un trago. Luego me la ofreció a mí. No acostumbraba a beber alcohol, podría contar con los dedos de una mano las veces que lo he hecho: cuando tenía 15, que me puse malísima con unos amigos y se me quitaron las ganas de volver a beber siendo menor; cuando cumplí los 18, que ya me creía mayor y capaz de soportarlo -no fue así-; y una última vez cuando estuve... en ese lugar, y me obligaron a ello. El problema es que no se controlar hasta cuando parar, y con muy poco ya me emborracho.

Pero no iba a rechazárselo, así que agarré la petaca y le di un trago también, un poco más corto que el de él. Era fuerte, no sabía distinguir qué era en concreto, pero no pude contener un pequeño escalofrío que sacudió todo mi cuerpo. Qué vergüenza. - Lo siento, es que no suelo beber mucho. - Reí, un poco nerviosa y avergonzada por aquella reacción. - Qué fuerte. - Susurré, mientras le devolvía la petaca y volvía a reírme. Continué escuchándole, tenía una voz dura, llena de una masculinidad y hombría que no podía evitar sentirme atraída por cada cosa que me contaba. El pobre se disculpó, pensándose que me estaba aburriendo, cuando la verdad es que podría seguir escuchándole hablar de cualquier cosa durante horas. - No te preocupes. - Y sonreí. - Me gusta oírte. - Que poco me costó ser sincera, aunque enseguida noté como mis mejillas se volvían aún más rojas.

- Nunca he tratado con un mink. - Me sinceré, igual alguien puede pensar que por estar en condiciones parecidas, somos dos razas super amigas. - Pero creo que para ellos es más sencillo acostumbrarse a otras culturas, o al menos convivir con ellas y viceversa. - Él se había abierto, y pensé que ahora era mi turno. - Me explico, los gyojins vivimos tan apartados del mundo. Nos encontramos en una isla remota, hundida bajo kilómetros de océano, a la que es prácticamente imposible acceder por cuestiones físicas pero también es muy difícil salir. Hay miedo, tanto de salir como de que entren. Vivimos encerrados por nosotros mismos. La gente allí no conoce lo que es un árbol, no lo han visto nunca, ni el sol, ni las nubes, no saben qué se siente cuando la brisa te pega en la cara. - Estaba empezando a soltarme demasiado, pero no podía parar ahora. - Lo que quiero decir es que, esa es nuestra cultura: quedarnos encerrados, proteger nuestro hogar, y que no entre nada de fuera que pueda alterar eso. Pero no es lo correcto. No puede ser que los niños gyojin tengan miedo desde tan pequeños a descubrir algo tan maravilloso como es el exterior. Hay culturas que hay que cambiarlas. Por eso estoy aquí, intentando aportar un granito de arena, para luego volver un día con ellos y abrirles los ojos, decirles que tenemos que cambiar, salir, relacionarnos con los demás. Sino, nunca nos verán como si fueramos normales. - Creí que me había expresado bien. Me había puesto igual demasiado intensita, pero al fin y al cabo estaba hablando de mi motivación, de mi gente. O igual es que el alcohol me hacía efecto más rápido de lo que pensaba. Le miré, tenía ganas de ver cual era su respuesta y esperaba no haberle aburrido o que le pareciese una tontería.
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RE: [Pasado] Un glorioso día de pesca - por Derya Tyhr - 15-08-2023, 11:26 AM

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