08-08-2026, 06:13 AM
(Última modificación: 08-08-2026, 07:34 AM por Ryota Miyamoto.)
[personajeinvalido=3941]
El solo hecho de que Eros hubiese preguntado para acercarse al corcel negro tras felicitarlos por su participación, dibujó una sonrisa en Ryota al ver que también era alguien que apreciaba a los animales. Mas no le contesto, tan solo observo con agrado, puesto que Tocho Morocho no era suyo. Era un compañero más de la tripulación, así que él sería el único con la potestad de permitir que le acariciaran.
La mano extendida de Eros fue olfateada con desconfianza en primera instancia, pero el haberse mantenido al margen, respetando la decisión del animal, le ayudó a que este último no lo viera como una amenaza. Tocho morocho permitió que le acariciara y de paso se acercó un poco al lugar donde Eros se encontraba, atrás de los puestos de los hanu mahana, para escarbar con su hocico en el lugar donde se escondía la mermelada que Miyori ofreció con anterioridad.
De dar con ella, comenzaría a lamer el frasco con agrado.
Ya estándo sentados Ryota y Runin.
La dulzura, cariño y cuidados con los que Runin le trató, confortaron su corazón. Allí, entre los placeres de la cercanía, Ryota sintió cómo las preocupaciones se desvanecían gracias a las acarameladas palabras de quien lo abrazaba contra ella.
El alcohol que fungió como un desencadenante de problemas, ahora funcionaba de otra manera, brindando al de ojos color miel una visión única difícil de ignorar. Por instantes, en medio del apoyo, la empatía y una complicidad única, lo que observo no fue una mujer, sino una diosa de la bondad.
Tan brillante que su sola presencia le cegaba, obligándolo a descender la mirada para resguardarla en medio de aquella superficie suave que podría hacer fuerte al guerrero más débil.
O al menos, eso hacía hasta que la mano de la diosa atrapó su nariz impidiéndole respirar con normalidad. Los ojos de Ryota se abrieron de par en par, llevando toda su atención a la mujer que lo apresaba. “¿Aburrirhsme?” Dijo como pudo al entender el argumento, ¿podría alguien aburrirse de tener dinero?
Tras el pequeño llamado de atención, su rostro fue tomado por ambas manos que lo elevaron un poco mas al rostro de la morena.
Susurro embelesado por la brillante promesa que, de manera tan segura, la amazona realizaba.
Quizás no obtendría su casa construida en oro, pero contar con el dulce apoyo de la morena era un premio incluso más grande. Ryota sabía que Runin tenía razón, aún la tenía a ella y a sus nakamas, que avanzarían sin miedo al borde del filo por cumplir las absurdas ambiciones de su capitán.
Tan leales, fuertes y…
Hijos de p$”#%
El hormigueo en su pierna helo la sangre del pirata, obligándole a enderezar su espalda contra el respaldo de su asiento. No se movió, no hizo movimientos bruscos, tan solo se quedó estático aferrado a su asiento. “Vamohs… alguien… quien shea… aiuda…” Musitó entre dientes con esfuerzo, esperando que Runin o Barald pudiera ayudarle deshaciéndose de la araña que escalaba por su pierna.
No obstante, ninguno de los dos fue su héroe. Cardan, se adelantaría a todos para vestirse como héroe y dio un coletazo a la pequeña araña, lanzándola hacia alguna parte de la arena. “Shhh shhh” fue como un de nada en idioma serpentino que dio la piton blanco para volver a reptar sobre su ama y descansar cómoda en el regazo de la mujer.
“Fuuuuuu… lehs prometo que vi la muerhte ehsta vez…” Suspiró aliviado. “Grashias bro, te debo una…” Se relajo entonces en su asiento, justo a tiempo para escuchar la voz de Tezca, quien acababa de llegar.
La comida fue entregada con cuidado a cada uno de ellos. “Kekeke la comida gratihs ehs la mejor.” Dijo Ryota al enterarse que no había sido el rubio quien pagó. “Grashias, la verdad shi tenía algo de hambre…” Exclamó, con el paquete en manos junto al cubierto. Fue entonces que Tezca habló sobre la pelea que acontecía frente a todos. “Ehs verdad… la pelea…” Pensó, elevando el rostro para ver el motivo de su estadía en ese lugar.
“Ahora que lo mencionahs, dijo que lohs conocía cuando eshtabamohs en los cubículosh, también dijo que dijishte que erahs el capitán de la tripulashion kekeke eres un cabron.” Rio para sí mismo sin verse molesto en absoluto. “Kekeke pero sha te molehste musho, ashi que ehstamos a mano.” Dijo con agrado hacia el de mechones largos. “Ademahs, me trajiste una delishiosa comida, ashi que ehstamos a mano…” Sonrió antes de disponerse a abrir el envoltorio, pero en ese momento fue interrumpido por las palabras de Eros en los asientos a su espalda, donde se encontraban los sepulturas.
Reacciono al combate tras las palabras de Eros, dejando escapar un tono cargado de sorpresa. Ryota no esperaba esa superioridad por parte del otro luchador; debía ser alguien incluso muchísimo más fuerte que el vikingo para que este último hubiese permitido que el de mechones blancos se presentara a la final. “Me pregunto si hubiera terminado igual… bueno, pensar en eso no tiene sentido porque no estoy peleando.” Resto interés a su pensamiento, para brindarlo a algo más importante.
Su comida.
Por lo que podía oler, se trataba de un clásico de la gastronomía del sur: salchipapa. Sin esperar más, Ryota abrió el recipiente para poder ver la exquisitez con la que Skypia los recibía.
Si se parecía a la que hacían en baterílla, debía ser tan deliciosa y llena de diferentes toppings que terminaría agradeciendo desde lo más profundo de su alma a Tezca y su novio.
Muchas papas pálidas, ensalada y una salchicha… una miserable salchicha en un mar de papas… ¿Acaso a eso podría llamársele salchipapas? ¿No sería más bien papas con una salchicha? ¿Les habrían visto la cara de genios a la pareja? O fielmente, ¿los pobres Skypianos creían en su pobre inocencia que eso era una salchipapa?

“Me pierdes, Skypiea, me pierdes…”
Agarró varias papas en su mano con total indignación, para luego meterlas a su boca. No desperdiciaría la comida, no obstante, le dolía en el corazón que eso en algún lugar del mundo fuera llamado una salchipapa.
Dejando de lado el robo a mano armada que le hicieron a Jin y a Tezca, una conocida canción comenzó a escucharse entre las gradas. El rostro de Ryota se giró para ver cómo la mujer de mechones cobrizos, iniciaba la melodía desplazándose por diferentes lugares para llevar la música y el júbilo a quienes vitoreaban la masacre que se estaba dando en el campo de batalla.

“Mushica, amigosh, buena co… dejémoshlo en comida y show, no eshta tan mal haber venido a Skypiea”
Vestimenta
El solo hecho de que Eros hubiese preguntado para acercarse al corcel negro tras felicitarlos por su participación, dibujó una sonrisa en Ryota al ver que también era alguien que apreciaba a los animales. Mas no le contesto, tan solo observo con agrado, puesto que Tocho Morocho no era suyo. Era un compañero más de la tripulación, así que él sería el único con la potestad de permitir que le acariciaran.
La mano extendida de Eros fue olfateada con desconfianza en primera instancia, pero el haberse mantenido al margen, respetando la decisión del animal, le ayudó a que este último no lo viera como una amenaza. Tocho morocho permitió que le acariciara y de paso se acercó un poco al lugar donde Eros se encontraba, atrás de los puestos de los hanu mahana, para escarbar con su hocico en el lugar donde se escondía la mermelada que Miyori ofreció con anterioridad.
De dar con ella, comenzaría a lamer el frasco con agrado.
Ya estándo sentados Ryota y Runin.
La dulzura, cariño y cuidados con los que Runin le trató, confortaron su corazón. Allí, entre los placeres de la cercanía, Ryota sintió cómo las preocupaciones se desvanecían gracias a las acarameladas palabras de quien lo abrazaba contra ella.
El alcohol que fungió como un desencadenante de problemas, ahora funcionaba de otra manera, brindando al de ojos color miel una visión única difícil de ignorar. Por instantes, en medio del apoyo, la empatía y una complicidad única, lo que observo no fue una mujer, sino una diosa de la bondad.

Tan brillante que su sola presencia le cegaba, obligándolo a descender la mirada para resguardarla en medio de aquella superficie suave que podría hacer fuerte al guerrero más débil.
O al menos, eso hacía hasta que la mano de la diosa atrapó su nariz impidiéndole respirar con normalidad. Los ojos de Ryota se abrieron de par en par, llevando toda su atención a la mujer que lo apresaba. “¿Aburrirhsme?” Dijo como pudo al entender el argumento, ¿podría alguien aburrirse de tener dinero?
Tras el pequeño llamado de atención, su rostro fue tomado por ambas manos que lo elevaron un poco mas al rostro de la morena.
—No necesitas un deseo, solo pídenos algo y te ayudaremos a obtenerlo. —

“Shalve diosa Runin… mi alma ehs tuya… mataría porhs ti…”

“Shalve diosa Runin… mi alma ehs tuya… mataría porhs ti…”
Susurro embelesado por la brillante promesa que, de manera tan segura, la amazona realizaba.
Quizás no obtendría su casa construida en oro, pero contar con el dulce apoyo de la morena era un premio incluso más grande. Ryota sabía que Runin tenía razón, aún la tenía a ella y a sus nakamas, que avanzarían sin miedo al borde del filo por cumplir las absurdas ambiciones de su capitán.
Tan leales, fuertes y…
- Bro, cuidado, tienes una araña en el pie. -


Hijos de p$”#%
El hormigueo en su pierna helo la sangre del pirata, obligándole a enderezar su espalda contra el respaldo de su asiento. No se movió, no hizo movimientos bruscos, tan solo se quedó estático aferrado a su asiento. “Vamohs… alguien… quien shea… aiuda…” Musitó entre dientes con esfuerzo, esperando que Runin o Barald pudiera ayudarle deshaciéndose de la araña que escalaba por su pierna.
No obstante, ninguno de los dos fue su héroe. Cardan, se adelantaría a todos para vestirse como héroe y dio un coletazo a la pequeña araña, lanzándola hacia alguna parte de la arena. “Shhh shhh” fue como un de nada en idioma serpentino que dio la piton blanco para volver a reptar sobre su ama y descansar cómoda en el regazo de la mujer.
“Fuuuuuu… lehs prometo que vi la muerhte ehsta vez…” Suspiró aliviado. “Grashias bro, te debo una…” Se relajo entonces en su asiento, justo a tiempo para escuchar la voz de Tezca, quien acababa de llegar.
La comida fue entregada con cuidado a cada uno de ellos. “Kekeke la comida gratihs ehs la mejor.” Dijo Ryota al enterarse que no había sido el rubio quien pagó. “Grashias, la verdad shi tenía algo de hambre…” Exclamó, con el paquete en manos junto al cubierto. Fue entonces que Tezca habló sobre la pelea que acontecía frente a todos. “Ehs verdad… la pelea…” Pensó, elevando el rostro para ver el motivo de su estadía en ese lugar.
“Ahora que lo mencionahs, dijo que lohs conocía cuando eshtabamohs en los cubículosh, también dijo que dijishte que erahs el capitán de la tripulashion kekeke eres un cabron.” Rio para sí mismo sin verse molesto en absoluto. “Kekeke pero sha te molehste musho, ashi que ehstamos a mano.” Dijo con agrado hacia el de mechones largos. “Ademahs, me trajiste una delishiosa comida, ashi que ehstamos a mano…” Sonrió antes de disponerse a abrir el envoltorio, pero en ese momento fue interrumpido por las palabras de Eros en los asientos a su espalda, donde se encontraban los sepulturas.
— ¡Teehehehehe! ¡Lo tocó! ¡Lo está tocando!

“No sholo lo eshta tocando, le ehsta dando una ver%$#%guiza… ah shu puta madre… esho le va a dar dejar trauma…”

“No sholo lo eshta tocando, le ehsta dando una ver%$#%guiza… ah shu puta madre… esho le va a dar dejar trauma…”
Reacciono al combate tras las palabras de Eros, dejando escapar un tono cargado de sorpresa. Ryota no esperaba esa superioridad por parte del otro luchador; debía ser alguien incluso muchísimo más fuerte que el vikingo para que este último hubiese permitido que el de mechones blancos se presentara a la final. “Me pregunto si hubiera terminado igual… bueno, pensar en eso no tiene sentido porque no estoy peleando.” Resto interés a su pensamiento, para brindarlo a algo más importante.
Su comida.
Por lo que podía oler, se trataba de un clásico de la gastronomía del sur: salchipapa. Sin esperar más, Ryota abrió el recipiente para poder ver la exquisitez con la que Skypia los recibía.
Si se parecía a la que hacían en baterílla, debía ser tan deliciosa y llena de diferentes toppings que terminaría agradeciendo desde lo más profundo de su alma a Tezca y su novio.

Muchas papas pálidas, ensalada y una salchicha… una miserable salchicha en un mar de papas… ¿Acaso a eso podría llamársele salchipapas? ¿No sería más bien papas con una salchicha? ¿Les habrían visto la cara de genios a la pareja? O fielmente, ¿los pobres Skypianos creían en su pobre inocencia que eso era una salchipapa?

“Me pierdes, Skypiea, me pierdes…”
Agarró varias papas en su mano con total indignación, para luego meterlas a su boca. No desperdiciaría la comida, no obstante, le dolía en el corazón que eso en algún lugar del mundo fuera llamado una salchipapa.
Dejando de lado el robo a mano armada que le hicieron a Jin y a Tezca, una conocida canción comenzó a escucharse entre las gradas. El rostro de Ryota se giró para ver cómo la mujer de mechones cobrizos, iniciaba la melodía desplazándose por diferentes lugares para llevar la música y el júbilo a quienes vitoreaban la masacre que se estaba dando en el campo de batalla.

“Mushica, amigosh, buena co… dejémoshlo en comida y show, no eshta tan mal haber venido a Skypiea”
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