07-12-2023, 07:30 PM
Kovashi se palpaba las manos, no podía evitar temblar, la sensación era horrenda a un nivel que rozaba sus viejos recuerdos. Cada vez que notaba algún tipo de tembleque, se agarraba una mano con la otra y la apretaba con fuerza hacia su propio cuerpo. Escuchó hablar a Enma, también le estaba afectando, incluso a su particular habilidad de logia. Era el momento perfecto para soltar un chiste, pero no llegó. Kovashi se alejó un poco del grupo hasta llegar a una bolsa depositada tras un barril. Abrió la misma y sacó una botella de ron a medio terminar. Le sacó el corcho con la boca. Y se lo bebió de un trago. Sintió como la garganta le quemaba hasta el punto de que a cualquiera no acostumbrado al fuerte licor, le hubiera dado arcadas. Pero por suerte al Shimatsu le gustaba esa sensación. Le calmaba.
— Si tenemos que estar aquí más tiempo, no podemos quedarnos en el barco. — Comentó, algo más suelto. — Puede que cerca de aquellos cráneos gigantes existan algún tipo de cuevas o yo qué coño sé. — Escupió sobre la cubierta. Tocó con un dedo la madera del barco, como siempre se formó un cubo de aquel material, pero era muchísimo más ligero, tardó más en formarse y titubeaba en el aire. Lo volvió a depositar en su lugar. — Mi habilidad también se ha visto afectada. — Nuevamente el tembleque. Otra vez que se agarró las manos.
No estaba bien, pero hacer ver su situación real no ayudaría a nadie. Comenzó a sentir como le caía sudor frío por el rostro. Se quitó la chaqueta, completamente agujereada. Después hizo lo mismo con la camisa, la cual se colocó en el cuello a modo de toalla. — Qué calor. — No hacía calor, pero la temperatura de su cuerpo subía a una velocidad digna de ser medida. ¿Los miedos se vencían así, no? En uno de sus solitarios viajes con khruner, el espadachín leyó un libro de Alfred Honchingikn, un autor ya fallecido que hablaba de la derrota de las debilidades. Kovashi pensó instintivamente en aquel libro, en su contenido. Fue lo que le movía a hablar. A decidir que lo mejor sería ir a la isla, donde estaban las avispas. Sí, la lectura se volvía bizarra conforme uno avanzaba, pero la clave de aquello era el enfrentamiento. Si uno decide ir hacia el problema, era posible que en un futuro, desapareciera.
El temor contra el coraje.
— Si tenemos que estar aquí más tiempo, no podemos quedarnos en el barco. — Comentó, algo más suelto. — Puede que cerca de aquellos cráneos gigantes existan algún tipo de cuevas o yo qué coño sé. — Escupió sobre la cubierta. Tocó con un dedo la madera del barco, como siempre se formó un cubo de aquel material, pero era muchísimo más ligero, tardó más en formarse y titubeaba en el aire. Lo volvió a depositar en su lugar. — Mi habilidad también se ha visto afectada. — Nuevamente el tembleque. Otra vez que se agarró las manos.
No estaba bien, pero hacer ver su situación real no ayudaría a nadie. Comenzó a sentir como le caía sudor frío por el rostro. Se quitó la chaqueta, completamente agujereada. Después hizo lo mismo con la camisa, la cual se colocó en el cuello a modo de toalla. — Qué calor. — No hacía calor, pero la temperatura de su cuerpo subía a una velocidad digna de ser medida. ¿Los miedos se vencían así, no? En uno de sus solitarios viajes con khruner, el espadachín leyó un libro de Alfred Honchingikn, un autor ya fallecido que hablaba de la derrota de las debilidades. Kovashi pensó instintivamente en aquel libro, en su contenido. Fue lo que le movía a hablar. A decidir que lo mejor sería ir a la isla, donde estaban las avispas. Sí, la lectura se volvía bizarra conforme uno avanzaba, pero la clave de aquello era el enfrentamiento. Si uno decide ir hacia el problema, era posible que en un futuro, desapareciera.
El temor contra el coraje.
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