[T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu
#28
Cambio de narrador

 
El polvo del Galleon's Grotto todavía no se ha rendido del todo al aire, y flota bajo en volutas perezosas cuando Shinkae Sae fija sus ojos en Ashura con brutal quietud en contraste a sus palabras. A veinte metros de distancia, ninguno de los dos mueve un músculo de más. La muchedumbre, que apenas segundos antes había retrocedido en desbandada ante la sola presencia de la oni, se detiene a unos cincuenta metros del cráter, y la curiosidad, más fuerte que el miedo, les ancla allí, formando un anillo irregular entre los escombros amarillentos y las fachadas de piedra que flanquean la calle. En el norte, sobre el tejado que se alza a cuarenta metros de donde antes estaba Tenoch, dos siluetas permanecen inmóviles, una en pie y la otra hincada de rodilla, sus auras completamente ocultas bajo un dominio absoluto sobre su voluntad, invisibles para cualquier percepción ajena a la vista. Son Itsuka y Mutsumi, quienes hace apenas un instante estaban siendo lanzadas en el aire, arrastradas por la violencia del ataque de Tenoch, sus cuerpos girando sin control hasta estrellarse contra el muro de piedra de un edificio a veinte metros de distancia, un piso por encima de donde se encontraban, para caer después sobre el balcón escalonado que las recibió, salvándolas de un desplome mayor gracias a la propia arquitectura terraceada de Hachinosu.
 
Tenoch, satisfecho con el resultado de su ráfaga, asumiendo que el trabajo con este par ya estaba hecho, aparta la mirada de ellas y comienza a girar en el aire, virando su atención de vuelta hacia el cráter, hacia su capitán. Es en ese exacto resquicio, mientras la certeza del deber cumplido lo distrae y su espalda queda expuesta al tejado, cuando Itsuka y Mutsumi, ocultan su presencia de dos formas: tras el amparo del muro que las recibió, y con él, velan por completo sus auras al Kenbunshoku Haki, desapareciendo una vez más de cualquier percepción que las buscase – “Aquí vamos, Itsuka” – susurra una de ellas, la que está en pie, sin apartar el ojo de la mira de su rifle que colgaba de su hombro desde el inicio, listo para ser descargado – “Preparada, Mutsumi” – responde la otra, aún hincada, con el arma ya recostada contra el hombro y el dedo rozando el gatillo.
 
Es en ese instante, antes siquiera de que las dos hermanas terminen de acomodar el peso sobre sus rodillas, cuando Shinkae Sae, con su propio Kenbunshoku extendido sobre el cráter y sus alrededores, percibe el aleteo violento con el que Tenoch se ha lanzado sobre el tejado del norte, el eco de un ataque que se libera lejos de ella pero que resuena, nítido, en su percepción. Es esa certeza, la de que su bando ha entrado ya en combate, la que rompe su quietud – “¡Ríndete de una vez, perro del gobierno!” – ruge, y el Den Den Mushi que aún sostiene en su mano derecha amplifica su voz hasta que retumba contra las fachadas de piedra circundantes, un instante antes de que lo arroje a un lado sin mirar dónde cae, liberando ambas manos para lo que viene. Ella flexiona las rodillas, planta con fuerza su pie izquierdo contra el suelo de piedra agrietándolo bajo el peso, y se impulsa hacia adelante en una zancada que devora los veinte metros de distancia en apenas un par de segundos, su enorme cuerpo inclinado hacia el frente, los hombros bajos, el cabello blanco azotándose hacia atrás con la velocidad del impulso. A tres metros de Ashura, echa el brazo derecho hacia atrás, el puño ya cerrado dentro del guante grueso y curtido, tensando el hombro, el bíceps, el antebrazo entero en un solo movimiento que comprime toda la potencia de su cuerpo de doce metros en un único impacto, más contundente que cualquiera de sus golpes anteriores. El Haki de Armamento oscurece el guante, endurece los nudillos hasta volverlos casi negros, y el puño se lanza en línea recta hacia el rostro de Ashura, cerrando lo que resta de distancia con la misma furia contenida de quien golpea sabiéndose respaldada, sabiéndose acompañada, sabiéndose, en su fuero interno, superior en número.
 
Es el eco de esa misma voz, resonando aún por encima del gentío, lo que confirma a Tenoch que el capitán está ya bajo ataque, y con la espalda aún vuelta hacia el tejado, ajeno a lo que se oculta tras aquel muro, no hace ademán alguno de voltear de nuevo. Itsuka y Mutsumi actúan sin necesidad de más palabras entre ellas. Ambas comparten la fisonomía de su raza skypieana, de estatura y complexión similares a las de cualquier humano, un par de alas pequeñas plegadas contra la espalda, inútiles para el vuelo, y el cabello recogido, en las dos, en los característicos picos capilares rematados por una esfera que las delatarían de no ser porque sus auras siguen completamente ocultas al Haki de Observación de cualquiera que las buscase. Itsuka, en pie, abre ligeramente las piernas para asentar mejor su peso, encaja la culata del rifle contra el hueco de su hombro derecho, apoya la mano izquierda bajo el cañón y cierra el ojo izquierdo, fijando el derecho tras la mira con una calma absoluta. Mutsumi, sostenida sobre su rodilla derecha, apoya el codo sobre la pierna flexionada para estabilizar el arma, replicando el mismo gesto con una precisión. Ambas tensan el dedo índice sobre el gatillo y el aire entre ellas y Tenoch se comprime con el disparo simultáneo de dos balas explosivas, imbuidas de un Haki de Armamento que las envuelve en un tinte apenas perceptible, endureciendo su trayectoria contra cualquier viento que pudiera desviarlas, ambas apuntando a una de las alas del pegaso. El eco de sus pasos se escucha por el edificio tras el repicar de sus balas contra las alas de aquel pegaso metrosexual de las montañas, escapando dentro del edificio y reubicándose.
 

 
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RE: [T8, P.A.] Una tormenta sobre Hachinosu - por Fuguwu - 08-08-2026, 10:46 PM

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